miércoles, 31 de diciembre de 2025

video sobre el libro


 Este es el enlace en el que podéis ver el video sobre el libro:

https://youtu.be/pxSdEiVvPEk

El libro se puede adquirir en Amazon

video sobre el libro

 


Este es el enlace al video que hay en YouTube sobre este libro:

 https://youtu.be/pDhI5HRqA6g


Se puede adquirir en Amazon

domingo, 28 de diciembre de 2025

Brigitte Bardot, in memoriam

 Hoy ha fallecido Brigitte Bardot, una importante actriz francesa. En su memoria, he aquí lo que dice Manuel Román en Libertad Digital::


 

Se esperaba hace unos meses este final de Brigitte Bardot, a los noventa y un años cumplidos el pasado septiembre. Había permanecido tres semanas en octubre en un hospital de Tolón, sureste de Francia, debido a una intervención quirúrgica vinculada con una grave enfermedad, que no fue especificada en los partes médicos. Todavía a su avanzada edad, cuando hacía casi cincuenta años que estaba alejada del cine y vivía en soledad en "La Madrague", su casa de siempre en Saint-Tropez, la Costa Azul, era el gran mito de antaño y cualquier chisme o noticia relacionada con ella, generalmente relacionada con su defensa de los animales, el racismo o la extrema derecha del país galo, era recogida por los medios informativos. De ahí que ahora, en su adiós definitivo, muchos hayamos coincidido en considerarla la leyenda eterna.

Fue el 28 de septiembre de 1934 cuando Brigitte Bardot nació en París en el seno de una familia acomodada. El padre era industrial y la madre interesada por montar una tienda de modas. Ambiente en el que, muy jovencita, ya demostraba sus gustos artísticos realizando diseños. Se adentró con pocos años en el mundo de la danza: ser bailarina acaparaba sus sueños. Probó como modelo en su propia casa, luciendo vestidos que su madre vendía a sus amigas. Y también comenzó a ser objeto de reportajes gráficos, lo que la condujo a su debut en el cine en 1952 cuando rodó "Le Trou Normand", de Jean Boyer, junto a un cómico muy afamado, Bourvil, exhibiéndose con un bikini blanco. Por entonces apareció en la portada de "Elle". Llamó la atención de un joven director cinematográfico y guionista, Roger Vadim. Arrancó las páginas de la publicación donde ella venía retratada y se la mostró a otro colega y productor, Marc Allégret, citándola para una audición. De la que salió contratada. Su padre no estaba muy conforme con que una de sus dos hijas, Brigitte (la otra era Mijanou, con la que en los últimos años no se hablaba) se dedicara al cine.

El caso es que con quince años ella y Vadim, veintiuno se aventuraron a rodar Y Dios creó la mujer, no sin enfrentarse a problemas de financiación, hasta que con muy poco dinero optaron por empezar la película, en la que Brigitte era Juliette, una adolescente con aspecto juvenil, que venía a representar los primeros tiempos de la emancipación femenina. El veterano Curd Jürgens y el galán Jean-Louis Trintignant compartían con ella el reparto. El escándalo cuando se estrenó superó los resultados de la crítica, poco favorables. Además, la censura metió la tijera. Razones tenía en aquel 1952 porque una de las secuencias prohibidas fue la de la escena de un "cunnilingus". En cambio en los Estados Unidos el filme hizo furor. Y en la historia del cine, sobre todo el francés, quedó como un símbolo de la libertad sexual en la pantalla. Ni qué decir que los cines españoles tardaron en exhibirla mucho tiempo. En el recuerdo de los buenos cinéfilos queda la famosa escena del sensual mambo que bailaba encima de una mesa. Erotismo puro.

Lo de Brigitte Bardot en el cine fue como reza uno de nuestros añejos refranes: Llegar y besar el santo. Porque aquella película de Vadim la convirtió en una estrella, a la que impuso la abreviatura de su nombre en las carteleras: B.B. Que hizo fortuna. Él se convirtió en su marido aquel mismo año. Ella se paseó triunfadora por la alfombra roja de La Croisette, en el Festival de Cannes. Y París match lo celebró como la aparición en las pantallas francesas de "La nueva Leslie Caron", que había sido, por cierto, compañera suya cuando estudiaban danza en una academia.

Transcurría 1957 cuando su marido, Roger Vadim, "se olió la tostada", digamos que olor "a cuerno quemado". Resulta que durante los años que duró su unión matrimonial, su mujer la había estado engañando, no con uno sino con dos hombres. Uno, precisamente su compañero en "Y Dios creó la mujer", Jean-Louis Trintignant, que estuvo acostándose con ella unas cuantas temporadas, no obstante estando casado con una muy interesante actriz, Stéphane Audran. Es posible que haciendo recuento de sus amantes, Trintignant fue el hombre al que más amó. Pero es que también B.B. traicionó a Vadim: con Gilbert Bécaud, el creador de "Et maintenant". O sea que, en el amor, la Bardot iba por libre.

Entre tanto en Madrid la productora de Benito Perojo buscaba una actriz francesa para protagonizar un guion escrito por Luis García Berlanga, que iba a dirigirlo: "Novio a la vista". En esa gestión surgió el nombre de Brigitte Bardot. Pero estaba comprometida con otro rodaje. Y en su lugar desde París llegó Josette Arno, actriz ascendente, que cumplió su papel. Perojo y Berlanga se "tiraban de los pelos" después.

Año 1959, cuando fue protagonista de Babette se va a la guerra: ya era una estrella internacional. Su director fue Christian-Jaque. El argumento giraba ambientado en la II Guerra Mundial. El galán de B.B era Jacques Charrier, entonces de moda. Simpatizaron en seguida, al punto de que sin haber terminado el rodaje quedó embarazada. El 11 de enero de 1960 dio a luz a Nicolás. No le hizo maldito caso conforme el bebé fue creciendo, quedando al cuidado de sus abuelos paternos. Charrier tuvo que ocuparse de su manutención y educación.

Brigitte declaró en una entrevista algo verdaderamente cruel: "Hubiera preferido parir a un perrito en vez de a un hijo". Y nunca más se quedaría embarazada. "No nací para ser madre", sentenció. Y añadió una barbaridad: "Aquello fue para mí como tener un tumor canceroso".

Entre el divorcio con el que fue sin duda alguna su Pigmalión, Roger Vadim y su maternidad, Brigitte atravesó por un proceso depresivo que la llevó a querer suicidarse. No sería la primera vez en su poco a poco alocada vida. El cine la salvó, porque en la década de los 60 y parte de los primeros 70 protagonizó la mayor parte de su filmografía. Jean-Luc Godard, que era uno de los creadores de la llamada "nouvelle vague", la nueva ola que cambió muchos esquemas del cine europeo, la dirigió en Le méprise (El desprecio), adaptando una novela de Alberto Moravia, emparejándola con Michel Piccoli, un sólido actor. Se rodó en Roma. De 1965 era "¡Viva María!".

La filmografía de B.B, no es muy extensa, que comparamos su fama con las películas que hizo: sólo cuarenta, aunque escuchábamos en Radio Nacional que le calculaban cincuenta. Me guío por la prensa francesa. La década de los 70 comenzó para ella intensa, con Las petroleras, de 1971, el año asimismo de El bulevar del ron

En 1973 se reencontró con Roger Vadim. La había perdonado. Dirigiéndola ese año en "Si don Juan fuese mujer", también conocida por su título original "Don Juan 73". Que fue una de las últimas películas de la estrella, junto a un galán muy interesante llamado Maurice Ronet, bien conocido de los españoles por haber sido pareja en el cine y en la vida real de Sara Montiel. Tenía entonces B.B. treinta y ocho años y una intensa vida sentimental.

En esos momentos de su carrera Brigitte ya había conocido muchos hombres que la amaron. A sus dos matrimonios ya reseñados, con Vadim y Charrier, añadamos que en 1966 conoció a un playboy de nacionalidad alemana, fotógrafo y también empresario de éxito. No era un chulo como se le atribuyó en muchos reportajes de prensa. Un seductor, sí, con un raro atractivo, de rostro llamativo con unos dientes que sobresalían de sus labios y una figura como de portero de discoteca. Un cuerpo de armario, que se dice. La protegía. Pareja asidua en esos años. Invitados en cualquier fiesta de gala que sucediera en París, donde residían. Tres años les duró esa vida de lujo y de lujuria.

Pero, hasta entonces, la lista de amantes superaba la cifra de tres o cuatro docenas, de nombres que no nos dirían nada en estas calendas. Algunos, sí como el más seductor de los divos norteamericanos, Warren Beatty. Se dijo que con Alain Delon también hubo roces, pero ambos negaron haberse acostado. Serge Gainsbourg, el compositor maldito, se compenetró mucho con ella con sus ideas ácratas o izquierdista. Se reunían a menudo en aquel histórico 1968 revolucionario en París en la Maison des Arts, a orillas del Sena. Despotricaban sobre lo divino y lo humano. Se amaron. Y él hasta le compuso una de sus más escandalosas melodías, porque Brigitte también añadió a su vida artística la faceta de cantante, aunque con relativo éxito. Nos referimos a "Je t'aime moi non plus". Que grabó pero luego desistió de darla a conocer. Serge se la proporcionaría luego a su siguiente pareja, Jane Birkin y con ella armaron un buen lío en todos los programas de radio, prohibida en España largo tiempo.

Una canción popularizada por Edith Piaf retrata bastante la personalidad de Brigitte Bardot: "Non, no regrette rien". Porque B.B, decía esto de sí misma: "Nunca fingí, no me arrepiento de nada". Ni de sus desmanes, vida atrabiliaria, escandalosa, ni de otras obsesiones como la defensa de los animales contra viento y marea, hasta presidir una fundación por ella creada. ¿Cabe más rareza la de dar la murga continuamente para que nadie atentara contra la vida de las focas recién nacidas?

No era una actriz excelsa, por supuesto: la obligaron a desempeñar papeles descabellados. Ahora se ha dicho de ella en Francia que fue como una mezcla de calendario erótico y diosa antigua. Pero cautivó a millones de corazones desde la pantalla, con sus jóvenes curvas, una gracia voluptuosa cuando miraba a la cámara, un mohín seductor con sus labios, mujer magnética que electrizaba tanto a hombres como a mujeres.

Jean Cocteau la retrató así: "Vive como todos los demás, sin ser como nadie". Charles De Gaulle quiso conocerla y a la cita en el Elíseo ella acudió con pantalones y chaqueta militar, sus cabellos sueltos, al aire. Un pequeño secreto: era rubia de bote; sus cabellos naturales, de color castaño.

También Pablo Picasso sintió deseos de pintarla, cuando B.B. iniciaba su escalada al éxito. Y quedó para la eternidad desde un cuadro del genio que la plasmó con sus cabellos recogidos en moño cubista.

Estaba ya muy cansada del cine cuando rodando en 1973 la que iba a ser su última película, nunca estrenada en España, "L'histoire très bonne et trés joyeuse de Colinot Trousse-Chemise", le dijo a su agente artística: "Pero ¿qué hago yo aquí en estos estudios, con un turbante en la cabeza que me hace ridícula? ¡No actuaré más!".

Y cumplió su palabra cuando aún no había cumplido cuarenta años.

Brigitte Bardot pasó por etapas en las que también estaba harta de la vida. Y no sólo quiso suicidarse, como dijimos, en 1960. Repitió una escena parecida el 28 de septiembre de 1983 coincidiendo con su cuarenta y nueve cumpleaños. Se tomó un tubo entero de somníferos. Tuvieron que aplicarle una bomba estomacal. Salvó su vida de milagro. También cuando padeció cáncer de mama. Lo curioso es que siempre decía que no necesitaba a los médicos.

Publicó cinco libros. Y una sola vez protagonizó la obra teatral, "L'Invitation au château", de Jean Anouilh.

Defensora a ultranza del feminismo, a su modo y manera. En eso fue una adelantada. Lo que no le impedía en su momento admirar a Marilyn Monroe, con quien coincidió en una recepción en el palacio de Buckingham con Isabel II.

Viajó bastante. En España rodó varias películas. La primera de ellas en Ronda y Almería, año 1957, Los joyeros del claro de luna, encabezando un reparto internacional con Alida Valli, Stephen Boyd y nuestro Fernando Rey. El guion era de Roger Vadim, todavía casado con B.B., a la que impuso al productor como protagonista. Hubo escenas de peligro, con un coche a toda velocidad. A Brigitte la dobló la especialista de siempre.

B.B. volvió a rodar en nuestro país en 1968: Shalako, filme de acción junto a Sean Connery, delante de ella en el reparto. El director fue Edward Dmytryk. Presupuesto, cinco millones de dólares. Iba a hacerse en México, pero la Bardot impuso España, en este caso, Almería. En el mejor hotel de Aguadulce ocupó una planta entera solo para ella y Günther Sachs, su marido. Llevaba este séquito: secretaria, chófer negro particular, mánager personal, fotógrafo particular y un empresario suyo. Los exteriores fueron en Gérgal, Tabernas, las playas de Mónsul, Roquetas de Mar y Aguadulce.

En 1971 volvimos a tenerla entre nosotros, para filmar Las petroleras, cuyo realizador fue Christian-Jaque. Un western. Brigitte Bardot mano a mano con otra gran estrella, Claudia Cardinale. La rivalidad entre ambas llegó, según el argumento, a peleas físicas. Los exteriores se fijaron en Almería, Burgos y Daganzo (Madrid). Sesenta millones de pesetas se recaudaron en las taquillas españolas. La coproducción contó entre otros actores conocidos con José Luis López Vázquez, hombre educado, exquisito siempre, quien comentó no haber cruzado ni un breve saludo con la antipática B.B.

Quien tampoco le tuvo simpatía alguna fue José Luis de Vilallonga. Publicó que la había conocido en Venecia, yendo ella de la mano de un novio fugaz, el cantante Sacha Distel. Se hicieron amigos, contaba él, y la definía como una pequeña burguesa, no muy inteligente "pero dotada de un tremendo sentido común rayano en el cinismo". Al preguntarle sobre los hombres que había tenido, respondió: "Me he movido siempre en el mundo del cine y la verdad es que en él no he encontrado hombres de calidad extraordinaria. Se acercan otros no a una mujer cualquiera, sino a una superstar que soy yo".


Le gustaba mucho el dinero. Avariciosa, siempre siguiendo la opinión de Villalonga. Observó en Saint-Tropez que se servía de amigos y vecinos para no gastar un franco en los pedidos al mercado. Era, por cierto, vegetariana. Le pidió José Luis opinión sobre B.B. a una parapsicóloga. Su estudio decía que acabaría la vida de la estrella en la más completa soledad, prematuramente envejecida, rodeada de toda clase de animales, amargada y abandonada por todos aquellos que vivieron a costa de su fama.


Más o menos, acertó en algunas cosas. En soledad, no del todo porque contrajo su cuarto matrimonio con Bernard d'Ormale, ex senador de Jean Marie Le Pen, líder del Frente Nacional, el 16 de agosto de 1992. Con él ha vivido hasta la fecha y compartiendo las ideas políticas del marido pasó hace tiempo a ser votante del partido ahora en manos de la hija de aquel, de extrema derecha. Tiempo hacía que B.B. se había radicalizado y fue multada por algunas de sus declaraciones racistas.


Entre elogios y críticas, Brigitte Bardot quedará para la historia del espectáculo como una mujer que revolucionó el cinema de los años 50 y 60, siempre independiente e inconformista.


viernes, 19 de diciembre de 2025

Mecenazgo cultural: Pedro de Ursúa, 500 años


 

La asociación que dirijo, Asociación Cultural Literatura y Sociedad, ha presentado a la comisión de mecenazgo del Gobierno de Navarra el proyecto PEDRO DE URSÚA, 500 AÑOS, con motivo del V centenario del nacimiento de este conquistador navarro.

Se nos ha declarado de interés social por lo que, quien lo desee puede colaborar en este proyecto cultural y recibir, a cambio, importantes desgravaciones fiscales.

En la web https://www.culturanavarra.es/es/quiero-ser-mecenas se indica lo siguiente:

SI ERES UN PARTICULAR, tendrás derecho a una deducción de la cuota del IRPF del 80% en los primeros 250 euros donados en cada periodo impositivo y del 40% en el resto de las aportaciones.

Si donas 250 euros, tendrás derecho a deducir en tu declaración del IRPF 200 euros (80% de 250 euros).
Si donas 1.000 euros, tendrás derecho a deducir en tu declaración del IRPF: 200 en relación con los 250 primeros euros donados y otros 300 tras aplicar una deducción en cuota del 40% a los 750 euros restantes.

SI ERES EMPRESA tendrás una deducción de los importes de las donaciones en la base imponible del Impuesto de Sociedades (IS) –con carácter general las donaciones no son gasto deducible– y una deducción del 30% de la cuota líquida en los primeros 300 euros aportados en cada periodo impositivo, y del 20% en los importes siguientes.

Si perteneces a una empresa con un tipo efectivo de gravamen del 20%, para una donación de 3.000 euros, tendrás derecho a deducir en tu declaración del Impuesto sobre Sociedades 1.230 euros:

  • Deducción en la base imponible de tu declaración del IS: 600 euros.
  • Deducción en la cuota del IS: 630 euros.
  • Los primeros 300, deducción en cuota del 30 %: 90 euros.
  • Los restantes 2700, deducción en cuota del 20 %: 540 euros.
  • Total beneficio fiscal: 600+630=1230 euros.

 

Si alguien colabora económicamente, se le hará el correspondiente certificado para que lo pueda presentar cuando realice la declaración de la renta.

En nuestro caso, si alguien colabora con cincuenta euros, recibirá vía IRPF cuarenta euros; es decir, el 80 % de esa cantidad y le entregaremos dos ejemplares del libro que vamos a publicar sobre Pedro de Ursúa.

En la web citada aparecerá pronto cómo colaborar con este proyecto en concreto. Pero si alguien desea más información, que no dude en ponerse en contacto conmigo.

Muchas gracias y saludos cordiales

 

JOSE ANDRES ALVARO OCARIZ

Asociación Cultural Literatura y Sociedad

Balance de este año


 

El trece de enero hablé sobre Antonio Machado y Corpus Barga en el Civivox Condestable. El 28 de enero, sobre Antonio Machado en San Sebastián. En febrero di tres charlas en Pamplona acerca de Machado. En marzo, una en Pamplona sobre el mismo tema. 

En mayo realicé la exposición sobre el Holodomor en Tudela. Presenté mi libro sobre Dionisio Ridruejo en El Burgo de Osma y no lo pude presentar en Soria capital porque ni el ayuntamiento de Soria ni la Caja Rural de Soria quisieron colaborar para sufragar los gastos  que se producían.


En junio estuve en Santander hablando de la presencia vasca en la Armada española, de Trafalgar y de Churruca. Y viajé a Orozko para hablar de Blas de Otero.

En agosto me trasladé a Palma de Mallorca para hablar sobre Tarás Shevchenko y Lesya Ukrainka.

En octubre presenté en Madrid el libro sobre Agustín Argüelles. 

En noviembre hablé en Pamplona sobre Jon Mirande y sobre la Presencia vasca en la Armada española.

En diciembre he hablado sobre Antonio Machado en el Ateneo Navarro.

Este año, además del libro sobre Dionisio Ridruejo, he publicado los siguientes:


 


Se han vendido:

22 ejemplares  de Churruca
1 del exilio navarro
3 de Balboa
8 de Iradier
10 de Blas de Otero
26 de La flecha que me asignó Cupido
8 de Trafalgar
7 de El Gran Capitán
33 de Lesya Ukrainka
37 de Tarás Shevchenko
13 de la Presencia vasca
25 de Diego de Almagro
4 de Mavka
6 del feminismo de Lesya Ukrainka
57 de Dionisio Ridruejo
7 de Uzcudun
10 de Ursúa
9 del Empecinado
12 de Argüelles
3 de Mirande
9 de Manzanares

En total, 310 ejemplares

A estos hay que añadir los que se vendieron por Amazon:

De  Argüelles, 18 libros y 1 e-book
De Mavka, 6 libros y 4 e-book
De Uzcudun, 8 libros y 1 e-book
De Ridruejo, 6 libros y 3 e-book
De Aranda, 5 libros y 1 e-book
De Shevchenko, 4 libros y 1 e-book
De Churruca, 3 libros y 1 e-book
De Luis Mariano, 4 libros
De Presencia , 4 libros
De Balboa, 1 libro y 2 e-book
De cuatro escritoras, 1 libro y 1 e-book
De Lesya, 1 libro y 1 e-book
De ppe de Viana, 2 libros
De Manzanares, 2 libros
De Almagro, 2 libros
De Navarro Villoslada, 1 e-book
Del Gran Capitán, 1 e-book
De Blas de Otero, 1 e-book
De La flecha, 1 libro
De Tovar, 1 libro
De Diego de León, 1 libro
De Petofi, 1 libro
Del feminismo, 1 libro

Lo que hace un total de 72 libros y 19 e-book

Sumados ambos, son 382 libros y 19 ebook


Muchas gracias a todos.

Que paséis unas muy felices fiestas de Navidad.


 








domingo, 30 de noviembre de 2025

Florinda Chico, la actriz de la alegría


 

Hay rostros que pertenecen al paisaje emocional de un país. Florinda Chico es uno de ellos. Su mirada viva, su gesto generoso y su voz de acento inconfundible forman parte de una memoria compartida, la de una España que aprendió a reírse de sí misma tras décadas de solemnidad y silencio. Su nombre se asocia al humor popular, pero también a una forma de verdad interpretativa: detrás del estallido de carcajadas se adivinaba siempre una ternura esencial, la del pueblo que sobrevive gracias a su ingenio.

En las décadas centrales del siglo XX, cuando el teatro y el cine español buscaban un equilibrio entre la censura, el entretenimiento y la crítica velada, Florinda Chico encarnó la vitalidad femenina en su expresión más cotidiana. Fue la mujer de barrio, la vecina, la criada, la madre sufrida o la amiga parlanchina: tipos reconocibles y entrañables, pero siempre dotados de alma. Su arte residía en elevar esos personajes —a menudo secundarios en el guion— a la categoría de protagonistas morales. Con ella, lo doméstico adquiría relieve, y lo popular se convertía en espejo de una sociedad que cambiaba a la fuerza y a la risa.

La comicidad de Florinda Chico no era sólo un instrumento del espectáculo, sino también una forma de resistencia. En sus gestos hay un pulso de verdad, una mezcla de instinto y oficio que venía de la tradición del teatro de provincias, del sainete y la revista, de ese mundo itinerante donde los actores llevaban el arte en las manos y la vida en los baúles. De ahí venía ella: de la España que conocía el polvo de las carreteras y la humildad de los camerinos improvisados.

Cuando la televisión la hizo definitivamente famosa en los años setenta, el público ya la reconocía como “una de las suyas”. No era una actriz distante ni un ídolo inaccesible: era Florinda, la del desparpajo y la bondad, la que hablaba claro y hacía reír sin malicia. Su popularidad fue profunda, transversal y duradera. Y lo fue porque representaba con verdad a la gente común, a esa España que trabajaba, que se quejaba y que reía para no llorar.

Hoy, revisar su trayectoria es también revisar una parte de la historia cultural de nuestro país: los escenarios de posguerra, el auge de la comedia cinematográfica, la eclosión televisiva y el tránsito hacia una sociedad más abierta. La vida de Florinda Chico, en suma, es una biografía del humor español, pero también una lección sobre la dignidad del oficio y la fuerza de lo cotidiano.


Se puede adquirir en Amazon


Florinda Chico fue mucho más que una actriz popular: fue el rostro de la alegría de un país. Desde los escenarios de provincias hasta las cámaras del cine y la televisión, encarnó con ternura y verdad a las mujeres de la vida real —madres, vecinas, amigas, confidentes—, esas que, con su humor y su fortaleza, sostienen el mundo sin reclamar protagonismo. Este libro recorre su vida y su obra con mirada amplia y afectuosa: desde sus primeros pasos en Don Benito hasta su consagración como una de las grandes intérpretes del costumbrismo español. A través de su filmografía, de los testimonios de quienes la conocieron y de un análisis de su arte natural y luminoso, se dibuja el retrato de una mujer que hizo del humor una forma de sabiduría. Florinda Chico pertenece a una generación de actores que, entre la censura y la esperanza, devolvieron al público la risa como consuelo y como espejo. Su legado, humilde y poderoso, sigue vivo en la memoria colectiva: cada vez que su voz suena en una reposición, cada vez que una carcajada limpia atraviesa el tiempo. Este libro —a medio camino entre la biografía, el ensayo y el homenaje— celebra la verdad sencilla de una actriz irrepetible, que supo hacer de la vida cotidiana un acto de arte.


viernes, 21 de noviembre de 2025

18 de diciembre, Antonio Machado en Pamplona

El 18 de diciembre daré una charla sobre Antonio Machado con motivo del 150 aniversario de su nacimiento.

Llevaré también ejemplares de mi libro sobre Machado. 


 


Quienes no puedan asistir, ya saben que lo pueden adquirir en  Amazon.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Diego de Almagro en You Tube


 

https://youtu.be/T7tbh1z2Lu8

Este es el enlace de YuoTube donde se puede ver el video sobre el libro.

Se puede adquirir en Amazon.


En Almagro noticias

 

https://almagronoticias.com/diego-de-almagro-renace-550-anos-despues/

“Una nueva luz sobre Diego de Almagro: el 550 aniversario de su nacimiento inspira un libro que rescata la figura más trágica y olvidada de la conquista del Perú” José Andrés Álvaro Ocáriz publica “Diego de Almagro, el destino trágico de un conquistador”, la obra que reivindica la figura del insigne almagreño en el 550 aniversario de su nacimiento

PorAlmagroNoticias

15 de noviembre de 2025




Con motivo del 550 aniversario del nacimiento de Diego de Almagro, una de las figuras esenciales —y, paradójicamente, más oscurecidas— de la conquista del Perú, el escritor José Andrés Álvaro Ocáriz presenta su nueva obra: “Diego de Almagro, el destino trágico de un conquistador”. El libro, ya disponible, reivindica la memoria del conquistador manchego y Adelantado de Chile, cuya vida estuvo marcada por una combinación de grandeza, lealtad y tragedia.

Una obra para comprender la otra cara de la conquista

A lo largo de sus páginas, Álvaro Ocáriz reconstruye con rigor y sensibilidad la trayectoria vital de Diego de Almagro, nacido hacia 1475 en la localidad manchega que lleva su nombre. Hijo de una familia humilde, el futuro conquistador encarnó a la perfección el espíritu de los hombres que, sin títulos ni privilegios, vieron en las Indias la posibilidad de forjar un destino distinto.

La obra subraya el papel fundamental que Almagro desempeñó en la empresa conquistadora junto a Francisco Pizarro y Hernando de Luque. Aunque la posteridad haya otorgado a Pizarro un protagonismo indiscutido, el autor recuerda que sin los recursos, el empeño y el compromiso de Almagro, la conquista del Perú podría haber tenido un desenlace muy distinto.

El libro rememora su participación decisiva en los momentos clave de aquella epopeya, su nombramiento como gobernador de Nueva Toledo y su arriesgada —y legendaria— expedición hacia Chile, una de las travesías más duras y desoladoras de la historia de la exploración en América.

La lectura conduce al lector hacia el conflicto inevitable con los Pizarro, las guerras civiles del Perú y la dramática ejecución de Almagro en Cuzco en 1538, un final que lo transformó en símbolo de resistencia y bandera de sus fieles, los llamados “almagristas”.

Lejos de construir un héroe sin fisuras, Álvaro Ocáriz propone una mirada compleja y profundamente humana: la del socio traicionado, la del explorador empujado por la ambición, la del guerrero vencido que, sin embargo, nunca renunció a su dignidad.

Un autor con una sólida trayectoria intelectual

José Andrés Álvaro Ocáriz, natural de San Sebastián, cuenta con una amplia formación académica en el ámbito de la Filología y una larga carrera docente en Aragón, Cataluña, Navarra y País Vasco. Además de haber desempeñado diversas responsabilidades en el Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra, ha publicado numerosas obras históricas y literarias, participado como jurado en premios de prestigio y ofrecido más de trescientas cincuenta conferencias y recitales poéticos tanto en España como en el extranjero.

Su prolífica producción incluye títulos dedicados a figuras esenciales de la historia, la literatura y la cultura españolas, como El Gran Capitán (2015), Vasco Núñez de Balboa (2019), Pío Baroja, el hombre que vino del mar (2021), Miguel Hernández, la voz truncada (2022), Sandor Petőfi, el poeta que murió por la libertad (2022), Presencia vasca en la Armada española (2023), El exilio navarro en América (2023) o Dionisio Ridruejo, un soriano en el corazón del Estado (2025), entre otros.

Su nuevo libro se integra en esa línea de recuperación histórica rigurosa y divulgativa.

Una obra con vocación solidaria

El proyecto tiene, además, un propósito profundamente humano: los beneficios derivados de la venta del libro se destinarán íntegramente al tratamiento de una niña de cuatro años que padece duplicidad del cromosoma 22, una enfermedad rara asociada a importantes dificultades en el desarrollo y la adquisición del lenguaje. El autor convierte así la memoria de un hombre marcado por la adversidad en un gesto de esperanza y apoyo hacia quienes hoy enfrentan sus propias batallas.

Disponibilidad

El libro “Diego de Almagro, el destino trágico de un conquistador” ya está disponible para su adquisición a través de Amazon

sábado, 1 de noviembre de 2025

Diego de Almagro, el destino trágico de un conquistador



 
Este año se cumplen 550 del nacimiento de Diego de Almagro. Por ello, le he dedicado este libro.


La Historia, en su vasto tejido de memorias y silencios, suele privilegiar a unos pocos nombres que se convierten en símbolos de épocas enteras. Así ha ocurrido con la conquista del Perú, donde la figura de Francisco Pizarro ha alcanzado la condición de arquetipo, dejando en penumbra a quienes compartieron con él las fatigas y los triunfos de la empresa. Entre esos hombres, ninguno resulta tan significativo, y al mismo tiempo tan olvidado, como Diego de Almagro, “el Viejo”, cuyo destino estuvo marcado por la grandeza y la desgracia en igual medida.

Diego de Almagro nació hacia 1475 en la localidad manchega del mismo nombre, en el seno de una familia modesta. Esa circunstancia marcaría de algún modo su existencia: la necesidad de abrirse camino sin más apoyo que su esfuerzo, su coraje y su voluntad indomable. Como tantos otros hombres de su tiempo, vio en las Indias una promesa de redención y fortuna. La aventura ultramarina ofrecía a quienes no tenían títulos ni herencias la posibilidad de forjarse un nombre y Almagro se aferró a esa esperanza.

Su camino le condujo pronto a la isla La Española y más tarde a Panamá, donde conoció a Francisco Pizarro y Hernando de Luque. Entre ellos formó la sociedad que aspiraba a la conquista del Perú, un reino del que llegaban rumores de riquezas incalculables. La alianza de estos tres hombres fue el germen de una de las gestas más trascendentales de la expansión española en América. Sin embargo, el pacto estaba destinado a tensiones irreconciliables: diferentes temperamentos, distintas ambiciones y, sobre todo, desigual fortuna, acabarían por resquebrajar la empresa común.

Diego de Almagro aportó a la sociedad algo fundamental: recursos, empeño y un compromiso sin reservas con la aventura. Pizarro era la voluntad inflexible; Luque, el respaldo financiero y eclesiástico; pero Almagro fue el socio necesario que sostuvo la empresa en sus momentos más precarios. El nombre de Almagro figura en los momentos cruciales de aquella epopeya, aunque las crónicas posteriores lo relegaran a un papel secundario.

Sin embargo, su destino no se agotó en el Perú. A él correspondió la gobernación de Nueva Toledo, cuya jurisdicción le empujó hacia el Sur en busca de nuevas tierras. La expedición a Chile constituye uno de los episodios más dramáticos de su vida: meses de penurias, hambre y desolación a través de los desiertos de Atacama y las alturas andinas, para hallar un territorio agreste y esquivo, muy distinto de las promesas de oro que le habían impulsado. La empresa fue un fracaso material, pero un testimonio de resistencia que todavía hoy impresiona.

Cuando regresó a Cuzco, cansado y desengañado, Almagro se encontró en el centro de un conflicto inevitable: la disputa con los Pizarro por la posesión de la capital incaica. Aquella rivalidad, que había germinado en los albores de la conquista, se desató con violencia en las llamadas “Guerras Civiles del Perú”. De socio leal, Almagro pasó a ser enemigo declarado; de conquistador triunfante, se convirtió en prisionero. Y, finalmente, en 1538, tras la derrota en la batalla de las Salinas, fue ejecutado en e Cuzco, en medio de súplicas por la vida que no conmovieron a sus adversarios.

El fin de Diego de Almagro fue trágico, pero no silencioso. Sus partidarios, los “almagristas”, continuaron su causa bajo la figura de su hijo, Diego de Almagro “el Mozo”, prolongando la lucha contra los Pizarro y dejando en la memoria de la época una huella de fidelidad y de rebeldía. Así, su muerte no borró su nombre: lo convirtió en bandera de resistencia, en símbolo de los que no se resignaban a quedar bajo la hegemonía de una sola familia.

¿Por qué recordar hoy a Diego de Almagro? Porque en él se refleja, con crudeza, la otra cara de la conquista: la del hombre que, pese a haber compartido la gloria de los grandes triunfos, acabó en la derrota y el olvido. Su figura nos obliga a mirar la epopeya no sólo como relato de victorias, sino también como drama humano, tejido de alianzas quebradas, pasiones desbordadas y ambiciones desmedidas. Almagro encarna la condición del conquistador sin herencia, del hombre que buscó en las Indias lo que el Viejo Mundo le había negado y que, al final, halló en aquellas tierras no riqueza ni honor duradero, sino soledad y muerte.

Este libro no pretende levantar un monumento sin grietas, ni hacer de Almagro un héroe sin tacha. Pretende, más bien, rescatar su memoria del rincón de las sombras donde suele quedar relegada y ofrecer al lector la posibilidad de contemplar la conquista desde una perspectiva distinta: la del socio traicionado, la del explorador incansable, la del adversario vencido. Porque la historia de América, en toda su complejidad, no puede comprenderse únicamente desde el relato de los vencedores.

Invito al lector a adentrarse en estas páginas con la conciencia de que la vida de Diego de Almagro no es sólo la crónica de un conquistador, sino también la parábola de una época. Una parábola donde el sueño de grandeza y la dureza del destino se entrelazan y donde la búsqueda de gloria se confunde, inevitablemente, con la tragedia.





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jueves, 30 de octubre de 2025

5 de noviembre en Pamplona


 El cinco de  noviembre a las siete de la tarde presentaré en el Ateneo Navarro el libro que he escrito con motivo del centenario del poeta Jon Mirande.

La conferencia será en euskera.

El libro se puede adquirir en Amazon. También en librerías, donde lo distribuye Elkar.

17 de octubre en Madrid


 El 17 de octubre presentamos este libro en Madrid.

Hacía dos años que no iba a Madrid. Qué caros se han puesto los hoteles.

El libro se puede adquirir en Amazon.

viernes, 26 de septiembre de 2025

El Empecinado en Pío Baroja

 



El nombre de Juan Martín Díez, conocido en la historia como el Empecinado, resuena en la memoria colectiva como uno de los símbolos más firmes de la resistencia popular frente a la invasión napoleónica. Hijo de un humilde campesino de Castrillo de Duero, soldado hecho a fuerza de necesidad y coraje, este hombre de origen modesto se convirtió en leyenda por la obstinación con que combatió al invasor y por la singular coherencia con que defendió sus convicciones, incluso cuando ello lo llevó a la desgracia final. Su figura, áspera y magnética, ha atraído la atención de historiadores, novelistas y ensayistas, que han visto en él no solo al guerrillero indomable, sino al emblema de una España viva y rebelde.

Entre quienes se ocuparon de su memoria, ocupa un lugar singular Pío Baroja. El escritor vasco, miembro destacado de la Generación del 98, no se acercó al Empecinado desde el punto de vista del historiador profesional, sino desde la sensibilidad del narrador y del ensayista que busca, en las vidas pretéritas, reflejos de su propia visión del país. La España que Baroja recorre en sus libros —contradictoria, desgarrada, heroica y a la vez trágica— encuentra en la figura del guerrillero castellano un espejo de sus tensiones y de sus grandezas.

Baroja fue un escritor fascinado por los hombres de acción, por las existencias intensas que condensan en su biografía el pulso de una época. Entre sus páginas aparecen guerrilleros, aventureros, conspiradores, forajidos y caudillos populares, a quienes otorga una dimensión literaria que trasciende lo puramente anecdótico. El Empecinado, con su obstinación y su destino, no podía faltar en ese panteón barojiano. Pero lo interesante no es solo la atención que Baroja le presta, sino la manera en que lo presenta: con una mezcla de admiración, distancia crítica y ese tono sobrio, despojado de retórica, que caracteriza su estilo.

El presente libro, al reunir los textos en que Baroja habla del Empecinado, cumple una doble función. Por un lado, rescata del conjunto de la vasta obra barojiana aquellos fragmentos en que la memoria del guerrillero castellano aparece viva, ya sea en novelas, ensayos o evocaciones históricas. Por otro, invita al lector a contemplar cómo la mirada de un escritor del 98 —escéptico, desengañado, pero sensible a la energía vital— dialoga con un héroe de la Guerra de la Independencia, cargado de romanticismo y de dramatismo.

Esta confluencia no es casual. Baroja, que tantas veces diagnosticó las flaquezas de España, también supo reconocer sus momentos de grandeza, aquellos en que la voluntad popular se alzó contra fuerzas aparentemente invencibles. En el Empecinado vio algo más que a un guerrillero: percibió la encarnación de una tenacidad colectiva, de una dignidad que no se resigna a la derrota. Pero, fiel a su estilo, no lo mitificó ni lo convirtió en estatua marmórea; lo retrató en su condición humana, con sus luces y sombras, como hombre rudo, testarudo y leal, víctima al final de la ingratitud política y de la violencia fratricida.

El lector hallará en estas páginas no un tratado exhaustivo ni una biografía completa, sino un mosaico de voces barojianas que, al referirse al Empecinado, nos revelan tanto del guerrillero como del propio Baroja. Es, en cierto modo, un doble retrato: el del héroe castellano y el del novelista que lo evoca desde su peculiar visión de la historia. Y es también una invitación a volver sobre la figura del Empecinado, a reconocer en él no sólo a un personaje del pasado, sino a un símbolo de la resistencia frente a la injusticia y la opresión, en cualquier tiempo y lugar.

La labor de rescatar y reunir estos textos tiene un valor especial. En una época en que la memoria histórica se fragmenta y se dispersa, disponer de un corpus que muestre la mirada de un gran escritor sobre un héroe nacional ofrece al lector una herramienta de reflexión y de goce literario. Quien se acerque a este volumen podrá no solo aprender algo más sobre el Empecinado, sino también redescubrir la prosa ágil, incisiva y honesta de Baroja, que sigue hablándonos con sorprendente actualidad.

Sea, pues, este libro un puente entre dos nombres ilustres de nuestra historia y de nuestra literatura. Que el ejemplo de Juan Martín Díez, convertido en emblema por su constancia y sacrificio, y la pluma de Pío Baroja, que supo dotar de sentido narrativo a la historia española, se encuentren aquí para el disfrute y la reflexión del lector. Y que, en el diálogo entre ambos, hallemos también un modo de pensar nuestro presente: con la memoria de los que lucharon, con la mirada crítica de los que escribieron, y con la conciencia de que la historia, como la literatura, es siempre una invitación a la libertad.


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