domingo, 15 de febrero de 2015

21 de febrero en Vitoria


El 21 de febrero a las ocho de la tarde voy a dar una conferencia sobre el General Prim. El acto está organizado por el Círculo Catalán en Vitoria. Tendrá lugar en la Casa de Andalucía (c/ Juan de Arrese, 3)



domingo, 8 de febrero de 2015

3 de marzo en Tudela y 11 de marzo en Rentería


Continuamos con los actos relacionados con Luis Mariano.

El tres de marzo a las seis de la tarde daremos una charla, acompañada de un power point de cien dispositivas y de la audición de varias de sus canciones, en la Asociación de jubilados y pensionistas La Ribera, Plaza Padre Lasa (Tudela).

El once de marzo, a las seis y media de la tarde, el acto tendrá lugar en la Asociación de jubilados Beti Bizkor , del barrio Olibet  (Rentería)

 Hemos vendido ya unos 300 ejemplares de la obra. Ya sabéis que podéis pedirla en cualquier librería y, por internet, en:

 http://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/luis-mariano-cien-anos-=-cent-ans/alvaro-ocariz-jose-andres/9788461702053

Ya sabéis que forma parte del proyecto LIBRO SOLIDARIO y que, son su compra, colaboráis en una  labor social.

sábado, 7 de febrero de 2015

EL 5 DE FEBRERO, EN ABC


ABC JUEVES, 5 DE FEBRERO DE 2015 CULTURA 57

«Al Gran Capitán lo desconocen nuestros escolares, con 17 Historias distintas» José Andrés Álvaro Ocáriz

 

La obra indaga tanto en la personalidad como en su entorno militar y familiar con el propósito de divulgar a un nombre clave de la Historia

 

J. M. C.

CÓRDOBA

Lleva ya tres libros a sus espaldas y casi 170 conferencias impartidas a lo largo y ancho del país , hablando sobre diversas materias culturales y personajes históricos españoles, y no ha querido desaprovechar el V Centenario de la muerte de Gonzalo Fernández de Córdoba para darle un nuevo

brillo a este ilustre cordobés, con un lenguaje actualizado, en una publicación que verá la luz este mismo mes.

 
—¿Cómo surge esta idea suya?

 
Con motivo del centenario, me propuse que había que hacer algo sobre este personaje y  buscando sobre él me topé con un texto que escribió Manuel José Quintana, un autor romántico, que escribió acerca de la vida de los españoles ilustres, y en su libro dedica un amplio capítulo al Gran Capitán.
 

El problema con el Romanticismo es que la prosa resulta algo dura y complicada y apenas se lee. Hay, por tanto una serie de textos que se han quedado obsoletos y abandonados y como filólogo, lo he pulido para que el contenido y el mensaje pueda llegar a los lectores 200 años después, eliminando palabras que no se usa, simplificando la sintaxis, modificando el texto, pero respetando el tono épico propio del Romanticismo.

 
—¿El lector se encontrará al personaje histórico o a la persona?
 

Se va a encontrar al Gran Capitán de la Historia, el de la leyenda y las batallas. Hemos incluido 40 imágenes fotográficas para hacer más amena la lectura, y algo de iconografía, como el mapa de las batallas y su descripción con planos de las principales, como Ceriñola o Garellano. Hemos incluido

también un apéndice documental con la biografía, entre otros, de Pedro Navarro, que tanta importancia tuvo como precursor de la artillería.

 
—En el libro, entonces, se habla del entorno del Gran Capitán.

 
Sí. Creo que ese apéndice es un complemento interesante, porque no estaba él solo. Es verdad que ganó las batallas, pero detrás contó con una serie de personas que le ayudaron y que tienen

también su importancia, como Juan de Lezcano, que fue el primer almirante de España en la Historia y que mandó la flota de Vizcaya. Hay una serie de personajes importantes que hay que presentarlos también. En ese apéndice hablo de la biografía de estas personas, las batallas y un par de documentos, entre ellos cartas de Fernando el Católico.

 
—Su labor, por tanto, es puramente divulgativa más que literaria.

 
La idea, en efecto, es divulgar la figura del Gran Capitán. Se trata de modificar el estilo Quintana y ponerlo de tal modo que un lector del siglo XXI lo pueda leer con comodidad. No quiero que se me duerman con un exceso de erudición. A lo largo de los libros que he escrito, éste mi cuarto, lo que pretendo es rescatar estas personas fundamentales de nuestra historia que están un poco ahí, no en el olvido, pero sí que conviene revitalizarlos y aprovechando este centenario vamos a decir
que la serie televisiva «Isabel» está muy bien, pero hay que hacer algo más.

 
—Esa serie sirvió para desempolvar la persona del Gran Capitán, ¿no?

 
La verdad es que fue fundamental para eso. Ha sido una serie de las que no ha habido en televisión en años. Nunca antes había visto algo así. Y con los medios que hay hoy en día, ¿se ha contado, acaso, la vida de Lope de Vega? Se hizo una película, pero Lope no era como lo muestran en ella. Los ingleses hicieron su «Shakespeare in love», y eso que ni sabemos si existió ni qué amores tuvo realmente, pero ahí está. Con un Quevedo, un Calderón o un Lope de Vega y toda la gente que tenemos del Siglo de Oro, eso se ha quedado ahí y nadie lo recupera. Al Gran Capitán lo desconocen nuestros escolares, ahora que estudiamos hasta 17 historias diferentes.

 
—¿Va a participar en los actos del Centenario en la provincia de Córdoba?

 
Del 15 al 30 de marzo voy a estar en Andalucía y ya he contactado con la Cátedra Gran Capitán de Montilla, con el historiador Miguel Aguilar Portero, y hay una asociación de Córdoba que quiere hacer una presentación, pero es algo que está en el aire. En caso de hacerla, además del libro (para el que ya estoy en contacto con una librería de Córdoba y dejar allí algunos ejemplares), llevaría un powerpoint con medio centenar de diapositivas.
 
 

viernes, 6 de febrero de 2015

EL GRAN CAPITÁN

Este año se recuerda el V centenario del fallecimiento de Gonzalo Fernández de Córdoba, que pasará a la  Historia con el sobrenombre de El Gran Capitán.

Esta es la portada del libro que he escrito y que pronto saldrá ya de imprenta. A finales de este mes de febrero se podrá encontrar en las librerías

viernes, 30 de enero de 2015

12 de febrero, recital de poesía renacentista y moderna en Madrid

El jueves 12 de febrero a las siete de la tarde en la Casa de Burgos en Madrid (Augusto Figueroa 3,3º) voy a ofrecer un recital poético en memoria de Francisco Salinas, el primer músico burgalés cuyo nombre ha pasado a las páginas de la Historia.



He realizado una selección de poemas de Fray Luis (por supuesto, la Oda a Salinas), San Juan de la Cruz, Garcilaso, Santa Teresa y Cervantes.

He incluido poemas de Blas de Otero y Rafael Alberti.

De Otero, entre otros, los que dedica a Garcilaso y a Fray Luis


Imponderable palabra

Viva la música oída en casa, en una isla punteada de hippys, la  música

viva en medio de nuestra vida con Schubert a un lado y los Beatles

      al otro y en medio una canción regional con olor a madera,

yo derivo por la música y no la entiendo ni puñetera falta que

      hace,

siempre me lleva

como una almadía a lo largo de un río, como un coche descapo-

      table por una autopista a las cinco de la mañana,

a Beethoven no me atrevo

                                           a saludarle,

el hombre es imponente,

está detrás de todas las catástrofes

                                                oscilando encima de los entusiasmos,

dame la mano, Falla, llena de jardines y voces populares,

viva la música desvestida en medio del aire,

la hermosa melodía de Salinas

                    serenamente ensalzada en la imponderable

                                                                       palabra de fray Luis.   


 
Égloga

 

Un hombre escribe. La pared blanquea.

Asciende una palabra hasta la mano.

Silencio lento. El tiempo pasa en vano.

Otra palabra duda, cabecea.

 

El hombre piensa, olvida, merodea

interiormente. Contraluz lejano.

Jadea un ángel fieramente humano.

Otra palabra irrumpe y espolea.

 

El hombre aprieta la palabra, ciñe

el silencio interior. Luego, desprende

el verso sabiamente rumoroso.

 

Un extraño sentido enciende y tiñe

el papel donde olvida y donde aprende
Salicio juntamente y Nemoroso 



El que Alberti dedica a Garcilaso:




Si Garcilaso volviera, yo sería su escudero,
que buen caballero era.
Mi traje de marinero
se trocaría en guerrera
ante el brillar de su acero
que buen caballero era.
¡Qué dulce oírle, guerrero,
al borde de su estribera!
En la mano, mi sombrero;
que buen caballero era.

Y, como he dicho, la Oda a Salinas:

 

El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada,
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.

Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca, engañadora.
Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera




Ve cómo el gran maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entrambas a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él así se anega
que ningún accidente
extraño y peregrino oye o siente.

¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo,
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de continuo,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos
quedando a lo demás amortecidos

lunes, 26 de enero de 2015

El cantante Demis Roussos muere a los 68 años en Atenas

Me ha llegado esta noticia y , en homenaje a este gran cantante griego, incluyo un artículo que aparecía hoy en EL PAIS:


El cantante Demis Roussos muere a los 68 años en Atenas

 El popular músico griego vendió 60 millones de discos en todo el mundo

 El cantante griego Demis Roussos fue uno de los artistas más populares en Europa durante los años setenta. En España triunfó con epopeyas románticas del calibre de Mañanas de terciopeloAdiós, amor, adiósMorir al lado de mi amorQuiero bailar esta canción.

Durante este fin de semana, pinchaban música griega en algunas emisoras españolas, por aquello de ambientar la actualidad política; hubiera sido un buen momento para recordar a Demis Roussos. De verdadero nombre, Artemios Ventouris Roussos, el cantante moría en la noche del sábado al domingo en un hospital ateniense, con 68 años.

Cierto, los baladones de Roussos no encajaban con el drama electoral griego. Pero era el modelo del artista periférico que supo adaptarse a las necesidades del mercado paneuropeo: a partir de 1971, grabó en inglés pero también en francés, español, alemán, italiano, portugués y otros idiomas, con un enorme éxito.

La suya era también la historía de una constante reinvención. Nacido en Alejandría en 1946, el chico pronto demostró sus poderes interpretativos como solista de un coro ortodoxo. La familia Roussos dejó Egipto tras la frustrada invasión del canal de Suez por fuerzas británicas y francesas. En Grecia, el joven Roussos vivió la fiebre de los grupos pop: sus cuerdas vocales se adaptaban a la música más negroide. En 1967, recogiendo el espíritu del momento, formó Aphrodite’s Child, en compañía de otros músicos inquietos como Evangelos Papathanassiou, más conocido como Vangelis.

En Aphrodite’s Child, Roussos cantaba y tocaba el bajo. El grupo pronto entendió que no iba a prosperar en la Grecia de los coroneles, que ni siquiera toleraba las melenas masculinas. En 1968, tras ser rechazados en la frontera del Reino Unido, se instalaron en París. Allí grabaron Rain and tears, un tema basado en Pachelbel con letra de Boris Bergman, hecho a medida para el fenómeno de la chanson slow. Efectivamente, fue un impacto en toda Europa, aunque apenas se beneficiaran económicamente: obligados por las circunstancias, firmaron uno de aquellos contratos despiadados, tan típicos de la época.

Aphrodite’s Child tenía el alma dividida. Vangelis prefería los meandros del rock progresivo: el disco final del trío, publicado en 1972, era un doble álbum de temática bíblica, titulado 666, con una intervención orgásmica de la actriz Irene Papas. Por su parte, Roussos ya había comenzado su trayectoria como solista, que acentuaba las baladas. En realidad, la relación no se rompió: Demis colaboraría incluso en la banda sonora de Blade runner (1982).

Demis y su discográfica, Phonogram, intuyeron que había demanda de un europop pensado para el gran público internacional; era la misma cantera que estaba explotando Abba. A diferencia de los suecos, Roussos alardeaba de denominación de origen : en sus éxitos solía aparecer el buzuki en medio de melodías soleadas. Temas como « Mañanas de terciopelo » sugerían un Mediterráneo que recuperaba una idílica sensualidad bizantina. Se trataba, que conste, de una composición del ateniense Lakis Vlavianos, que escribiría varios de sus grandes éxitos.

Ayudaba la imagen de Demis, a medio camino entre un gurú del amor y un pope renegado : hirsuto, sonriente, carnes abundantes cubiertas por una túnica blanca. Un bon vivant: mi único encuentro con él tuvo lugar en un fabuloso restaurante indonesio de Amsterdam; aunque el local estaba en una calle peatonal, a Demis se le permitió acceder en un Rolls Royce blanco. Explicaba que viajaba demasiado para luego privarse de las delicias de cada país.

La obesidad se convertiría en un verdadero problema: llegó a bordear los 150 kilos. En 1980, inició una dieta con buenos resultados: publicaría luego libros como Cuestión de peso y La dieta disociada. Se convirtió, para su desdicha, un personaje parodiable: esa etapa coincidió con un descenso de su popularidad y episodios de depresión. No ayudó el hecho de que, en 1985, fuera uno de los pasajeros de un avión secuestrado por miembros de Hezbolá, un episodio que le obligó a replantearse sus objetivos vitales.

En las últimas décadas, trabajó mucho por los países emergentes, desde Rusia a Brasil: su romanticismo heleno no tenía fecha de caducidad. Musicalmente, probó con las músicas étnicas y las partituras clásicas (grabó un fragmento del Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo). Muy marcado por la cultura francesa, también lanzó Inmortel, con joyas de la chanson, e incluso adaptó a poetas como Baudelaire. El recopilatorio The phenomenon, una coleccción de cuatro CD publicada en 1998, revelaba que Roussos, aunque habitualmente cedía al mínimo común denominador, nunca renunció a los experimentos y los caprichos.

domingo, 11 de enero de 2015

Gayarre, el del Roncal

Quiero rendir este homenaje a Julián Gayarre, en el 125 aniversario de su fallecimiento. Nació, como mi bisabuelo Santiago, en el pueblo navarro del Roncal.

Este es un artículo que he sacado de internet:


 



Julián Gayarre: de pastor de cabras a tenor de fama mundial

Fue el mejor tenor español de su tiempo con fama acreditada en los mejores escenarios operísticos del mundo.

Manuel Román 2015-01-11

Llamó mi atención una esquela publicada en ABC el pasado 2 de enero donde se notificaba que al cumplirse los ciento veinticinco años de la muerte de Julián Gayarre su familia y la Fundación que lleva su nombre invitaban a recordarlo con una Santa Misa en su memoria. No es habitual cuando ha transcurrido tanto tiempo y sus descendientes pertenecerán a la quinta, sexta generación, y por ello me conmovió el gesto. Por otra parte merecido pues fue el mejor tenor español de su tiempo con fama acreditada en los mejores escenarios operísticos del mundo.

Por otra parte preciso es evocar que Sebastián Julián Gayarre pertenecía a una modesta familia navarra del pueblo de Roncal y hubo de trabajar en el campo a temprana edad. Su padre le instó a que eligiera: labrador en el terruño o pastor de cabras en la montaña, decidiéndose por la última opción. Tenía trece años. Con dos o tres más, creyendo don Mariano, su progenitor, que tendría mayor porvenir se fue con él a la capital, Pamplona, a la quincallería de un conocido suyo, quien lo tomó de aprendiz, para vender cintas y puntillas. Duró poco en ese puesto porque un día se embelesó contemplando el paso de la banda de música de un Regimiento y el patrón lo echó de su negocio. De allí, el rudo navarro entró en una herrería de Lumbier. Dando martillazos al yunque dióle por cantar jotas (como ya hacía en solitario cuando pastoreaba en los valles) con la admiración de sus compañeros, que lo animaron a que se inscribiera en el Orfeón pamplonés.

Así lo hizo, abandonando al poco tiempo la fragua y recibiendo clases de canto y música de quien sería su primer maestro, Conrado García, quien creyó nada más escucharlo que estaba ante una voz privilegiada; que debería pulir, estaba claro. El encuentro en aquel Orfeón con el sacerdote y eminente compositor Hilarión Eslava, que era del pueblo de Burlada y conocía al director posibilitó que la joven promesa del bel canto estudiara en Madrid con una beca de cuatro mil reales. Como la cantidad no era lo suficiente para supervivir en la capital de España, el mozo hubo de componérselas para obtener otros ingresos, en giras con un amigo cantando zarzuelas por los pueblos. No sin más sacrificios, se trasladó a Italia, recibió intensas clases de canto y así pudo por fin obtener la oportunidad de encabezar el elenco de una ópera, Elixir d´amore. Ese mismo día, 20 de septiembre de 1869, en su camarín del teatro de Varesse, había recibido un telegrama donde le notificaban la muerte de su madre. Cuando cantaba "Una furtiva lágrima", el público, que se había enterado de la triste noticia, lo acogió con emocionadas ovaciones.
Sería el principio de una triunfal carrera que duró veinte años de éxitos crecientes en Italia, Inglaterra, por supuesto España, Estados de Unidos y Sudamérica. Su consagración puede fijarse en la noche del 2 de enero de 1876 cantando "La favorita" en la Scala milanesa junto a la mezzo soprano Elena Sanz, la que fue ardiente amante del rey Alfonso XII. Otra señalada ocasión tuvo lugar en el Covent Garden londinense, tras cantar "Lohengrin". Un caballero de mediana estatura fue a su encuentro, y sin identificarse, le dijo simplemente: "Señor Gayarre: así soñé que fuera el personaje que usted acaba de representar. Lo felicito". Ante el lacónico halago y el gesto de extrañeza del tenor cuando se hubo marchado el visitante indagó para conocer su identidad: era Ricardo Wágner. Sorprende la anécdota, desde luego, pero así la hemos recogido de fuente que nos parece fiable.

Por cierto: en los primeros años de su carrera se anunciaba con su doble nombre de pila y el primer apellido, hasta que su antiguo maestro y paisano le recomendó apeara de las carteleras el primer apelativo. De modo que pasara a la historia como Julián Gayarre. Era de carácter tozudo, noble. Encontrándose de gira en tierras rusas, el Zar lo hizo llamar a su Palacio de Invierno para que cantara ante él. Nuestro compatriota simuló ante el enviado real hallarse afónico. Al día siguiente, el Zar, disculpándose, le hacía saber por carta que le rogaría encarecidamente pudiera complacerle, si su garganta lo permitía. Ante el cambio de actitud, Gayarre, cedió. No aceptaba imposiciones de nadie.

Otra anécdota suya lo sitúa en Madrid, paseando con un amigo al anochecer cuando se dieron de bruces con unos músicos callejeros a los que ningún transeúnte hacía caso. Se acercó a ellos el tenor y se dispuso a dar un recital de quince minutos con su poderosa, bellísima voz, que atrajo en ese espacio de tiempo a un buen número de curiosos, quienes "se rascaron el bolsillo" cuando el propio Gayarre y su amigo, sombrero en mano, les invitaron a ello para entregar lo recogido a aquellos humildes violinistas. Dos decenios, apuntábamos, duró la carrera operística del inmenso tenor navarro, con un repertorio de sesenta títulos, entre los que sobresalieron sus grandiosas interpretaciones en "La Gioconda", "Meyerbeer", "El Profeta", "Los Hugonotes", "Il puritani", “La africana”, “Tanahäuser”, “Lucía de Lamermoor”, “Un ballo in maschera”…

La noche del 8 de abril de 1889 en el Teatro Real de Madrid su voz se quebró de repente al dar un sí natural. "Esto se acaba", comentó a sus allegados. Eran tiempos de angustia por una aguda epidemia del llamado "dengue", una gripe que causó muchas pérdidas humanas. Julián Gayarre fallecería en su domicilio cercano al Teatro Real el 2 de enero de 1890, justo una semana antes de haber cumplido cuarenta y seis años.

Poco se sabe de su vida íntima, que él ocultó a la curiosidad pública. Interesada la ciencia médica y no pocos aficionados a la ópera por saber cómo podía articular sonidos tan bellos e inusuales, un doctor extirpó la laringe al cadáver y tras su estudio dictaminó que presentaba una deformación en la cuerda izquierda, lo que para el tenor navarro constituía una ventaja. La laringe se encuentra depositada en la Casa-Museo sita en el pueblo de Roncal. En el cementerio descansan sus restos, bajo un mausoleo obra de Mariano Benlliure. Tres películas se estrenaron sobre su vida. La primera, de 1932, interpretada por Pepe Romeu; la segunda, que es la mejor, con Alfredo Kraus de protagonista en 1959, en tanto hubo una tercera, más discreta, con José Carreras, fechada en 1986. Y, a propósito: no se tiene constancia de que exista recogida la voz de Gayarre en ninguna grabación de las que parece existían ya en su tiempo.