Una valiente y completa entrevista de Oriana Fallaci a Jomeini;
Entrevista de Oriana Fallaci a Jomeini: "Las
mujeres jóvenes y respetables llevan el chador. ¿La ley de las cuatro esposas?
Es progresista; nacen más mujeres que hombres".
Por Oriana Fallaci
Durante la entrevista exclusiva con el corresponsal
del Corriere, publicada el 26 de septiembre de 1979, Fallaci se quitó el velo,
calificándolo de "harapo medieval" y habló de
"segregación". "¿El chador? Quienes hicieron la revolución
llevan ese vestido", dijo Jomeini. "No son personas elegantes y
maquilladas como ella, que caminan descalzas con una multitud de hombres
detrás".
SEIS AÑOS ANTES
La decisión de Jomeini de reunirse con Oriana Fallaci,
la primera reportera occidental tras la revolución, se relacionó con la
conversación de Fallaci con el sha Mohammad Reza Pahlavi (obligado al exilio a
principios de 1979). Fallaci había hablado largamente con el monarca en 1973.
La entrevista fue publicada después en L'Europeo, que le dedicó la portada del
1 de noviembre.
El retrato del Sha, a través
de sus propias palabras en respuesta a las preguntas de la enviada, resultaba
muy crítico en la ostentación de un poder autoritario, pese a las leyes
liberales promulgadas en aquel período.
La entrevista a Jomeini que se reproduce a continuación, publicada en Corriere
della Sera el 26 de septiembre de 1979, iba precedida de una larga
introducción en forma de relato, que puede leerse aquí.
LA
ENTREVISTA
ORIANA FALLACI: Imán
Jomeini, todo el país está en sus manos: cada una de sus decisiones es una
orden. Por eso son muchos los que ya dicen: en Irán no hay libertad, la
revolución no ha traído la libertad.
RUHOLLAH JOMEINI:
«Irán no está en mis manos, Irán está en manos del pueblo, porque ha sido el
pueblo quien ha entregado el país a quien es su servidor y quiere su bien.
Usted ha podido ver claramente que, tras la muerte del ayatolá Talegani, la
gente se volcó en las calles por millones sin la amenaza de las bayonetas. Esto
significa que hay libertad. Significa también que el pueblo sigue únicamente a
los hombres de Dios. Y eso es libertad».
Permítame insistir, imán Jomeini, para explicarme
mejor. Quiero decir que hoy en Persia muchos lo definen como un dictador. Es
más, el nuevo dictador, el nuevo amo. ¿Qué responde usted: que eso le duele o
que le resulta indiferente?
«Por
una parte me duele, sí, me causa dolor, porque es injusto e inhumano llamarme
dictador. Por otra, en cambio, no me importa en absoluto, porque sé que ciertas
maldades forman parte del comportamiento humano y proceden de nuestros
enemigos. Con el camino que hemos emprendido, un camino que va contra los
intereses de las superpotencias, es normal que los siervos del extranjero me
pinchen con su veneno y me arrojen encima todo tipo de calumnias. Tampoco me
hago ilusiones de que países acostumbrados a saqueamos y a devorarnos se queden
callados y tranquilos. Oh, los mercenarios del Sha dicen muchas cosas: incluso
que Jomeini ha ordenado cortar los pechos a las mujeres. Dígame usted, que está
aquí: ¿le consta que Jomeini haya cometido una monstruosidad semejante, que
haya cortado los pechos a las mujeres?».
No,
eso no me consta, Imán. Sin embargo, usted asusta a la gente. Y también asusta
esta multitud que lo invoca. Pero ¿qué siente al oírlos gritar así, día y
noche, sabiendo que permanecen allí de pie durante horas, dejándose golpear,
sufriendo, solo para verlo un instante y aclamarlo?
«Lo
disfruto. Yo disfruto cuando los escucho y los veo. Porque son los mismos que
se alzaron para expulsar a los enemigos internos y externos, porque su aplauso
es la continuación del grito con el que expulsaron al usurpador, porque es
bueno que sigan hirviendo así. Los enemigos no han desaparecido. Mientras el
país no se estabilice, es necesario que permanezcan en guardia, encendidos,
listos para marchar y atacar de nuevo. Y además lo suyo es amor, amor
inteligente. Es imposible no disfrutarlo».
¿Amor o fanatismo, imán? A mí me
parece fanatismo, y del más peligroso, es decir, el fascista. De hecho, no son
pocos quienes hoy ven en Irán una amenaza fascista o incluso sostienen que ya
se está consolidando un fascismo en Irán.
«No,
el fascismo no tiene nada que ver, el fanatismo no tiene nada que ver. Repito
que gritan así porque me aman. Y me aman porque sienten que quiero su bien, que
actúo por su bien, es decir, para aplicar los mandamientos del Islam. El Islam
es justicia; en el Islam la dictadura es el mayor de los pecados: fascismo e
islamismo son dos contradicciones inconciliables. El fascismo se da en
Occidente, no entre los pueblos de cultura islámica».
Tal
vez no nos entendemos sobre el significado de la palabra fascismo, imán. Yo
hablo del fascismo como fenómeno popular, es decir, como lo tuvimos en Italia
cuando las multitudes aclamaban a Mussolini del mismo modo que aquí lo aclaman
a usted. Y le obedecían como aquí le obedecen a usted.
«No.
Porque nuestra masa es una masa musulmana, educada por el clero, es decir, por
hombres que predican la espiritualidad y la bondad. El fascismo aquí solo sería
posible si regresara el Sha, cosa descartada, o si llegara el comunismo. Sí, lo
que usted dice podría darse únicamente si llegara el comunismo. Gritar por mí
significa amar la libertad y la democracia».
Entonces hablemos de libertad y
de democracia, imán. Y hagámoslo de este modo. En uno de sus primeros discursos
en Qom usted dijo que el nuevo gobierno islámico garantizaría la libertad de
pensamiento y de expresión a todos, incluidos los comunistas y las minorías
étnicas. Pero esa promesa no se ha cumplido y ahora usted define a los
comunistas como «Hijos de Satán» y a los dirigentes de las minorías étnicas
sublevadas como «Mal sobre la Tierra».
«Usted
primero afirma y luego pretende que yo explique sus afirmaciones. Incluso
pretendería que yo permitiera las conspiraciones de quienes quieren llevar al
país a la anarquía y a la corrupción, como si la libertad de pensar y de
expresarse fuera libertad de conspirar y de corromper. Por tanto, respondo:
durante más de cinco meses he tolerado, hemos tolerado, a quienes no pensaban
como nosotros. Y ellos han sido libres, absolutamente libres, de hacer todo lo
que querían, de gozar plenamente de las libertades que les concedíamos. A
través del señor Bani Sadr, aquí presente, incluso invité a los comunistas a
dialogar con nosotros. Pero en respuesta quemaron las cosechas de trigo,
incendiaron las urnas de las oficinas electorales y, con armas y fusiles,
respondieron a nuestra oferta de diálogo. De hecho, fueron ellos quienes
reavivaron el problema de los kurdos. Así comprendimos que aprovechaban nuestra
tolerancia para sabotearnos, que no querían la libertad sino la licencia de
subvertir, y decidimos impedírselo. Y cuando descubrimos que, inspirados por el
antiguo régimen y por fuerzas extranjeras, apuntaban a nuestra destrucción
mediante otras conspiraciones y otros medios, los hicimos callar para prevenir
males mayores».
Cerrando los periódicos de la
oposición, por ejemplo. En aquel discurso de Qom usted también había dicho que
ser moderno significa formar hombres que tengan derecho a elegir y a criticar.
Sin embargo, el periódico Ajadegan, de
orientación liberal, ha sido clausurado. Y lo mismo ha ocurrido con todos los
periódicos de izquierda.
«El
periódico Ajadegan formaba parte de la
conspiración de la que hablaba. Mantenía relaciones con los sionistas, de
quienes recibía sugerencias para golpear a la patria y al país. Lo mismo ocurre
con todos los periódicos que el Fiscal General de la Revolución ha considerado
subversivos y ha cerrado. Periódicos que, a través de una falsa oposición,
pretendían restaurar el antiguo régimen y servir al extranjero. Los hemos
silenciado para que se supiera quiénes eran y a qué aspiraban. Y esto no va
contra la libertad. Se hace en todas partes».
No,
imán. Y, en cualquier caso, ¿cómo puede definir como «nostálgicos del Sha» a
quienes lucharon contra el Sha, fueron perseguidos por él, arrestados y
torturados? ¿Cómo puede llamarlos enemigos, cómo puede negar espacio y derecho
de existencia a una izquierda que tanto ha combatido y sufrido?
«Ninguno
de ellos ha combatido ni sufrido. Más bien han explotado para sus propios fines
el dolor del pueblo que sí combatía y sufría. Usted no está bien informada:
buena parte de la izquierda a la que alude estaba en el extranjero durante el
régimen imperial, y regresó únicamente después de que el pueblo expulsara al
Sha. Otro grupo estaba aquí, es cierto, oculto en sus guaridas clandestinas y
en sus casas, y solo después de que el pueblo derramara su sangre salieron para
servirse de esa sangre. Pero hasta ahora no ha ocurrido nada que limite su
libertad».
Perdone, imán: quiero estar
segura de haber entendido bien. Usted afirma que la izquierda no tuvo nada que
ver con la caída del Sha. Ni siquiera la izquierda que tuvo tantos arrestados,
tantos torturados, tantos asesinados. Ni los vivos ni los muertos de la
izquierda cuentan para nada.
«No
contribuyeron en nada. No sirvieron a la revolución en ningún sentido. Algunos
lucharon, sí, pero únicamente por sus ideas, por sus fines, por sus intereses.
No pesaron en absoluto en la victoria, no aportaron nada. No tuvieron ninguna
relación con nuestro movimiento ni ejercieron ninguna influencia sobre él. No,
las izquierdas nunca colaboraron con nosotros: solo nos pusieron palos en las
ruedas. Durante el régimen del Sha estaban contra nosotros tanto y del mismo
modo que lo están ahora, y hasta el punto de que su hostilidad hacia nosotros
superaba la del propio Sha: era mucho más profunda. Nuestro movimiento siempre
ha sido islámico, y las izquierdas siempre han estado contra él. No es
casualidad que la conspiración actual proceda de ellas. Y mi punto de vista es
que ni siquiera se trata de una izquierda verdadera, sino de una izquierda
artificial, creada por los estadounidenses».
¿Una
izquierda made in USA, imán?
«Sí,
engendrada y sostenida por los estadounidenses para lanzar calumnias contra
nosotros, sabotearnos y destruirnos».
De
modo que cuando usted habla del pueblo, imán, se refiere a un pueblo vinculado
exclusivamente al movimiento islámico. Pero según usted, esta gente que se ha
dejado matar por miles, por decenas de miles, ¿ha muerto por la libertad o por
el Islam?
«Por
el Islam. El pueblo ha luchado por el Islam. Y el Islam lo significa todo:
incluso aquello que en su mundo se define como libertad y democracia. Sí, el
Islam lo contiene todo. El Islam lo engloba todo. El Islam es todo».
Llegados a este punto, imán,
debo preguntarle qué entiende usted por libertad.
«La
libertad… No es fácil definir este concepto. Digamos que la libertad existe
cuando se puede elegir las propias ideas y pensarlas cuanto se quiera, sin
verse obligado a pensar otras, y vivir donde se quiera, y ejercer el oficio que
se quiera».
Entiendo…
Pensar, pues, pero no expresar ni materializar lo que se piensa. ¿Y por
democracia qué entiende usted, imán? Planteo esta pregunta con especial
curiosidad porque en el referéndum entre república o monarquía usted prohibió
la expresión República Democrática Islámica.
Eliminó la palabra “democrática” y dijo: «Ni una palabra de más, ni una palabra
de menos». El resultado es que las masas que creen en usted pronuncian la
palabra democracia como si fuera una palabrota. ¿Qué es lo que falla en este
vocablo que a nosotros, los occidentales, nos parece tan hermoso?
«Para
empezar, la palabra Islam no necesita adjetivos como el adjetivo democrático.
Precisamente porque el Islam es todo, lo significa todo. Para nosotros es
triste colocar otra palabra junto a la palabra Islam, que es perfecta. Si
queremos el Islam, ¿qué necesidad hay de especificar que queremos la
democracia? Sería como decir que queremos el Islam y que es necesario creer en
Dios. Además, esa democracia que a usted tanto le importa y que considera tan
valiosa no tiene un significado preciso. La democracia de Aristóteles es una
cosa, la de los soviéticos es otra, la de los capitalistas es otra distinta.
Por lo tanto, no podemos permitirnos introducir en nuestra Constitución un
concepto tan equívoco. Y, por último, he aquí lo que yo entiendo por democracia:
le daré un ejemplo histórico. Cuando Alí se convirtió en sucesor del Profeta y
jefe del Estado Islámico, y su reino se extendía desde Arabia Saudí hasta
Egipto, e incluía gran parte de Asia e incluso de Europa, y esta confederación
concentraba todo el poder, ocurrió que tuvo una divergencia con un judío. Y el
judío lo hizo llamar ante el juez. Y Alí aceptó la citación del juez. Y acudió.
Y al verlo entrar el juez se levantó de su asiento, pero Alí le dijo airado:
“¿Por qué te levantas cuando entro yo y no cuando entra el judío? ¡Ante el juez
los dos contendientes deben ser tratados exactamente del mismo modo!”. Luego se
sometió a la sentencia, que le fue desfavorable. Le pregunto a usted, que ha
viajado y conoce todo tipo de gobiernos y la historia: ¿puede darme un ejemplo
de democracia mejor que este?».
Imán, la democracia significa
mucho más que eso. Y así lo dicen también los persas que, como nosotros los
extranjeros, no entienden adónde quiere ir a parar su República Islámica.
«Si
ustedes, los extranjeros, no entienden, peor para ustedes. En cualquier caso,
el asunto no les concierne: no tienen nada que ver con nuestras decisiones. Y
si no lo entienden ciertos iraníes, peor para ellos. Significa que no han
comprendido el Islam».
Pero
sí han comprendido el despotismo que hoy ejerce el clero, imán. En la redacción
de la nueva Constitución, la Asamblea de Expertos ha aprobado un artículo, el
Quinto Principio, según el cual el jefe del país deberá ser la suprema
autoridad religiosa, es decir, usted, y las decisiones definitivas deberán ser
tomadas únicamente por quienes conocen bien el Corán, es decir, por el clero.
¿No significa esto que, por Constitución, la política seguirá siendo ejercida
exclusivamente por los clérigos?
«Esta
ley que el pueblo ratificará no está en absoluto en contradicción con la
democracia. Puesto que el pueblo ama al clero, confía en el clero, desea ser
guiado por el clero, es justo que la máxima autoridad religiosa supervise la
actuación del primer ministro o del presidente de la República para impedir que
se equivoquen y que vayan contra la ley, es decir, contra el Corán. O bien la
máxima autoridad religiosa, o un grupo representativo del clero. Por ejemplo,
cinco Sabios del Islam, capaces de administrar la justicia según el Islam».
Entonces
ocupémonos de la justicia administrada por el clero. Hablemos de las quinientas
ejecuciones por fusilamiento que, tras la victoria, se han llevado a cabo en
Irán. ¿Aprueba usted el modo sumario en que se celebran estos procesos, sin
abogado defensor y sin posibilidad de apelación?
«Evidentemente
ustedes, los occidentales, ignoran quiénes eran aquellos que fueron fusilados,
o fingen ignorarlo. Se trataba de personas que habían participado en masacres
en calles y plazas, o de personas que habían ordenado masacres, o de personas
que habían quemado casas, torturado, serrado piernas y brazos durante los interrogatorios.
Sí, gente que serraba vivos a nuestros jóvenes, o que los freía sobre parrillas
de hierro. ¿Qué debíamos hacer con ellos: perdonarlos, dejarlos ir? El permiso
para defenderse, para responder a las acusaciones, se lo dimos: podían replicar
lo que quisieran. Pero una vez constatada su culpabilidad, ¿qué necesidad había
o hay de apelación? Escriba lo contrario, si quiere, la pluma la tiene usted en
la mano. Pero mi pueblo no se hace esas preguntas. Y añado: si no hubiéramos
intervenido con los fusilamientos, la venganza popular se habría desatado sin
control: cualquier funcionario del régimen habría sido ejecutado. Entonces,
nada de quinientos: los muertos habrían sido miles».
De
acuerdo, pero yo no me refería necesariamente a los torturadores y asesinos de
la SAVAK. Me refería a los fusilados que no tenían nada que ver con los
crímenes del régimen, a las personas que aún hoy son ejecutadas por adulterio,
prostitución u homosexualidad. ¿Es justicia, según usted, fusilar a una pobre
prostituta, o a una mujer que engaña a su marido, o a un hombre que ama a otro
hombre?
«Si
un dedo entra en gangrena, ¿qué hay que hacer? ¿Dejar que la gangrena se
extienda a toda la mano y luego a todo el cuerpo, o cortar el dedo? Las cosas
que llevan la corrupción a un pueblo entero deben ser arrancadas de raíz, como
malas hierbas que infestan un campo de trigo. Lo sé, hay sociedades que
permiten a las mujeres entregarse al disfrute de hombres que no son sus
maridos, y a los hombres entregarse al disfrute de otros hombres; pero la
sociedad que nosotros queremos construir no lo permite. En el Islam queremos
llevar a cabo una política que purifique la sociedad, y para que eso ocurra es
necesario castigar a quienes llevan el mal corrompiendo a nuestra juventud. Les
guste o no les guste, no podemos tolerar que los malvados difundan su maldad.
Por lo demás, ¿no hacen ustedes lo mismo? Cuando un ladrón es ladrón, ¿no lo
meten en la cárcel? En muchos países, ¿no ejecutan acaso a los asesinos? ¿No
usan ese sistema porque, si permanecen libres y vivos, infectan a los demás y
ensanchan la mancha de la maldad? Sí, los malvados deben ser eliminados,
extirpados como malas hierbas. Solo extirpándolos el país se purificará».
Imán,
¿pero cómo es posible poner al mismo nivel a una bestia de la SAVAK y a un
ciudadano que ejerce su libertad sexual? Tome el caso del muchacho que ayer fue
fusilado por sodomía…
«Corrupción, corrupción. Hay que
eliminar la corrupción».
Tome
el caso de la joven de dieciocho años embarazada que hace pocas semanas fue
fusilada en Beshar por adulterio.
«¿Embarazada?
Mentiras. Mentiras como las de los pechos cortados a las mujeres. En el Islam
esas cosas no ocurren. No se fusila a mujeres embarazadas».
No
son mentiras, imán. Todos los periódicos persas hablaron del caso y en la
televisión hubo incluso un debate, porque a su amante solo le impusieron cien
latigazos.
«Si
es así, significa que merecía la pena. Yo qué sé. La mujer habrá hecho alguna
otra cosa grave; pregúntele al tribunal que la condenó. Y ahora basta de hablar
de estas cosas. Me cansa. No son asuntos importantes».
Entonces
hablemos de los kurdos que son fusilados porque quieren la autonomía.
«Esos
kurdos que son fusilados no son el pueblo kurdo. Son subversivos que actúan
contra el pueblo y contra la revolución, como el que fue fusilado ayer y que
había matado a trece personas. Yo preferiría que no se fusilara a nadie, pero
cuando capturan a un tipo como ese y lo fusilan, pues bien: me produce un gran
placer».
¿Y
cuando son detenidos, como los cinco de esta mañana, por distribuir panfletos
comunistas?
«Si
los han detenido, significa que lo merecían, que eran comunistas al servicio
del extranjero, como los falsos comunistas que actúan para América y para el
Sha. Basta. He dicho que basta de hablar de estas cosas».
De acuerdo, hablemos del Sha.
¿Fue usted, imán, quien ordenó que el Sha fuera ejecutado en el extranjero y
quien dijo que cualquiera que lo hiciera sería considerado un héroe y que, si
moría durante la acción, iría al Paraíso?
«¡No!
Yo no. Porque yo quiero que sea llevado a Irán y juzgado públicamente por
cincuenta años de delitos contra el pueblo persa, incluido el delito de
traición y el de robo de capitales. Si es asesinado en el extranjero, ese
dinero se pierde; si lo juzgamos aquí, en cambio, ese dinero lo recuperamos.
No, no, yo no quiero que sea asesinado en el extranjero. Yo lo quiero aquí,
aquí. Y para que eso ocurra rezo por su salud, como el ayatolá Modarrés rezaba
por la salud de Reza Pahlevi, el padre de este Pahlevi, que también había huido
llevándose consigo un montón de dinero. Y está claro que era menos del que se
llevó su hijo».
Pero
si el Sha devolviera el dinero, ¿dejarían de perseguirlo?
«Por
el dinero, si de verdad lo devolviera, sí: en ese sentido la cuenta quedaría
saldada. Pero por la traición a su país y al Islam, no. ¿Cómo se le puede
perdonar la masacre del 15 de Jordad, la masacre de hace dieciséis años, y la
masacre del Viernes Negro, hace un año? ¿Cómo se le puede perdonar a todos los
muertos que ha dejado tras de sí? Solo si los muertos resucitaran podría
perdonarlo, conformándome con recuperar el dinero robado al pueblo por él y por
su familia».
Y
la orden de traerlo de vuelta a Irán, mediante la acción de un comando similar
al que capturó a Eichmann en Argentina, supongo, ¿vale solo para el Sha o
también para su familia?
«Culpable es quien ha cometido
el delito. Si la familia no ha participado en ningún delito, no veo por qué
debería ser condenada. Pertenecer a la familia del Sha no es en absoluto un
crimen. Su hijo Reza, por ejemplo, no me consta que se haya manchado de
crímenes. Por lo tanto, no tengo nada contra él: puede regresar a Persia cuando
quiera y vivir allí como un ciudadano normal. Que venga».
Yo
digo que no vendrá. ¿Y Farah Diba?
«Por
ella decidirá el tribunal».
¿Y
Ashraf?
«Ashraf
es la gemela malvada del Sha, una traidora como él. Y por los crímenes que ha
cometido debe ser procesada, condenada como él».
¿Y
el ex primer ministro Baktiar? Baktiar dice que regresará a su puesto, que ya
tiene preparado un gobierno con el que sustituir a este gobierno.
«Si
Baktiar debe ser fusilado o no, todavía no puedo decirlo. Pero sé que debe ser
juzgado. Que vuelva, que vuelva: quizá junto con su nuevo gobierno. Que vuelva,
que vuelva: quizá del brazo de su Sha. Así acabarán juntos en el tribunal. Sí,
debo admitir que me gustaría mucho ver cómo traen de vuelta a Baktiar junto al
Sha, mano a mano. Lo espero».
¿A muerte también Baktiar,
entonces? Imán Jomeini, ¿ha perdonado usted alguna vez a alguien? ¿Ha sentido
alguna vez piedad, comprensión por alguien? Y, ya que estamos, ¿ha llorado
alguna vez?
«Yo
lloro, río, sufro: ¿cree usted que no soy un ser humano? En cuanto a perdonar,
he perdonado a la mayoría de los que nos hicieron daño: he concedido la
amnistía a policías, a gendarmes, a mucha gente. Siempre que, claro está, no
hubieran torturado ni cometido infamias demasiado graves. Ahora he concedido
incluso la amnistía a los kurdos rebeldes, y con ello creo haber demostrado
piedad. Pero para aquellos de los que hemos hablado no hay perdón, no hay
piedad. Ahora basta. Estoy cansado, basta».
Le
ruego, imán: debo hacerle aún muchas preguntas. Por ejemplo, sobre este chador que me han puesto encima para venir a
verlo y que usted impone a las mujeres. Dígame: ¿por qué las obliga a
esconderse como fardos bajo una prenda incómoda y absurda con la que no se
puede trabajar ni moverse? Y, sin embargo, también aquí las mujeres han
demostrado ser iguales a los hombres. Como los hombres lucharon, fueron
encarceladas, torturadas; como los hombres hicieron la revolución…
«Las
mujeres que hicieron la revolución eran y son mujeres con vestimenta islámica,
no mujeres elegantes y maquilladas como usted, que van por ahí todas
descubiertas arrastrando tras de sí un séquito de hombres. Las coquetas que se
maquillan y salen a la calle mostrando el cuello, el cabello, las formas, no
combatieron al Sha. Nunca han hecho nada bueno. Nunca saben hacerse útiles: ni
socialmente, ni políticamente, ni profesionalmente. Y esto porque, al
descubrirse, distraen a los hombres y los perturban. Luego distraen y perturban
también a las otras mujeres».
No
es verdad, imán. Y, en cualquier caso, no me refiero solo a una prenda, sino a
lo que esta representa: es decir, la segregación a la que las mujeres han sido
devueltas después de la revolución. El propio hecho de que no puedan estudiar
en la universidad con los hombres, por ejemplo, ni trabajar con los hombres, ni
bañarse en el mar o en la piscina con los hombres. Deben bañarse aparte, con el
chador. A propósito, ¿cómo se hace para
nadar con el chador?
«Todo esto no le concierne.
Nuestras costumbres no les conciernen. Si la vestimenta islámica no le gusta,
no está obligada a llevarla. Porque la vestimenta islámica es para las mujeres
jóvenes y decentes».
Muy
amable. Y, ya que me dice eso, me quito inmediatamente este estúpido trapo
medieval. Aquí está, hecho. Pero dígame: ¿una mujer que, como yo, ha vivido
siempre entre hombres mostrando el cuello, el cabello y las orejas, que ha
estado en la guerra y ha dormido en el frente con los soldados, es para usted
una mujer inmoral, una vieja indecente?
«Eso
lo sabe su conciencia. Yo no juzgo los casos personales, no puedo saber si su
vida es moral o inmoral, si se comportó bien o no con los soldados en la
guerra. Pero sé que a lo largo de mi vida siempre he tenido confirmación de lo
que he dicho. Si no existiera esta prenda, las mujeres no podrían trabajar de
manera útil y sana. Y tampoco los hombres. Nuestras leyes son leyes válidas».
¿Incluida
la ley que permite a un hombre tomar cuatro esposas, imán?
«La
ley de las cuatro esposas es una ley muy progresista y fue escrita para el bien
de las mujeres, puesto que las mujeres son más numerosas que los hombres: nacen
más mujeres que hombres, las guerras matan a más hombres que mujeres. Una mujer
necesita un hombre, ¿y qué debemos hacer, dado que en el mundo hay más mujeres
que hombres? ¿Prefiere que las mujeres sobrantes se conviertan en prostitutas o
que se casen con un hombre con varias esposas? No me parece justo que las
mujeres solas se conviertan en prostitutas porque faltan hombres. Y digo:
incluso con las duras condiciones que el Islam impone a un hombre con dos o
tres o cuatro esposas —igual trato, igual afecto e igual tiempo— esta ley es
mejor que la monogamia».
¡Pero se trata de leyes o
costumbres que datan de mil cuatrocientos años, imán Jomeini! ¿No le parece que
el mundo, mientras tanto, ha avanzado? En observancia de esas leyes, usted
incluso ha resucitado la prohibición de la música y del alcohol. Explíqueme:
¿por qué beber un vaso de vino o de cerveza cuando se tiene sed o se come es
pecado? ¿Y por qué escuchar música es pecado? Nuestros sacerdotes beben y
cantan. Incluso el Papa. ¿Significa eso que el Papa es un pecador?
«Las
reglas de sus sacerdotes no me interesan. El Islam prohíbe las bebidas
alcohólicas y punto. Las prohíbe de manera absoluta porque hacen perder la
cabeza e impiden pensar de manera sana. También la música nubla la mente,
porque lleva consigo placeres y éxtasis similares a los de las drogas. Su
música, quiero decir. Por lo general, no eleva el espíritu: lo adormece. Y
distrae a nuestros jóvenes, que resultan envenenados y dejan de preocuparse por
su país».
¿Incluso
la música de Bach, Beethoven, Verdi?
«No
sé quiénes son esos nombres. Si no nublan la mente, no estarán prohibidos.
Algunas de sus músicas no están prohibidas: por ejemplo, las marchas y los
himnos para marchar. Queremos músicas que nos exalten como las marchas, que
hagan moverse a los jóvenes en lugar de paralizarlos, que los induzcan a
preocuparse por su país. Sí, sus marchas están permitidas».
Imán
Jomeini, usted siempre se expresa en términos muy duros hacia Occidente. De
cada juicio suyo sobre nosotros se concluye que nos ve como campeones de toda
fealdad, de toda perversión. Y, sin embargo, Occidente lo acogió en el exilio y
muchos de sus colaboradores estudiaron en Occidente.
¿No
le parece que también hay algo bueno en nosotros?
«Algo
hay, sí, algo hay. Pero cuando hemos sido mordidos por la serpiente, tememos
incluso a un hilo que se parezca desde lejos a una serpiente. Y ustedes nos han
mordido demasiado. Y durante demasiado tiempo. En nosotros siempre han visto
solo un mercado, y a nosotros siempre nos han exportado solo las cosas malas.
Las cosas buenas, como el progreso material, se las han quedado para ustedes.
Sí, hemos recibido tanto mal de Occidente, tanto sufrimiento, y ahora tenemos
todas las razones para temer a Occidente, para impedir que nuestros jóvenes se
acerquen a Occidente y sean aún más influenciados por Occidente. No, no me
gusta que nuestros jóvenes vayan a estudiar a Occidente, donde son corrompidos
por el alcohol, por la música que impide pensar, por las drogas y por las
mujeres descubiertas. Sin contar que ustedes no tratan a nuestros jóvenes como
tratan a los suyos en Occidente. Porque les dan inmediatamente un diploma,
aunque sean ignorantes».
Sí, imán, pero incluso el avión
en el que ha regresado a su país es un producto de Occidente. También el
teléfono con el que se comunica desde Qom, también la televisión con la que se
dirige al país con tanta frecuencia, incluso este aire acondicionado que le
permite mantenerse fresco en el calor del desierto. Si estamos tan corruptos y
somos tan corruptores, ¿por qué usa nuestros instrumentos del mal?
«Porque
estas son las cosas buenas de Occidente. Y no les tenemos miedo y las usamos.
No tememos a su ciencia ni a su tecnología; tememos a sus ideas y a sus
costumbres, lo que significa que los tememos políticamente, socialmente. Y
queremos que el país sea nuestro, queremos que no interfieran más en nuestra
política, en nuestra economía, en nuestras costumbres y en nuestros asuntos. Y
de ahora en adelante iremos contra quienquiera que lo intente, a derecha e
izquierda, por aquí o por allá. Y ahora basta. ¡Fuera, fuera!».
Una
última pregunta, imán. En estos días que he pasado en Irán he visto mucho
descontento, mucho desorden, mucho caos. La revolución no ha traído los buenos
frutos que había prometido. El país navega en aguas oscuras y hay quien ve un
futuro muy sombrío para Irán. Incluso hay quienes ven madurar, aunque en un
futuro no inmediato, los presagios de una guerra civil o de un golpe de Estado.
¿Qué me responde?
«Esto
le respondo: nosotros somos un niño de seis meses. Nuestra revolución tiene
apenas seis meses. Y es una revolución que ha ocurrido en un país devorado por
las desgracias, como un campo de trigo infestado de langostas: estamos al
comienzo de nuestro camino. ¿Y qué esperan de un niño de seis meses que nace en
un campo de trigo infestado de langostas, después de dos mil quinientos años de
malas cosechas y cincuenta años de cosechas venenosas? Ese pasado no se puede
borrar en pocos meses, ni siquiera en pocos años. Necesitamos tiempo. Pedimos
tiempo. Y lo pedimos sobre todo a aquellos que se llaman comunistas o
demócratas o lo que sea. Son ellos los que no nos dan tiempo. Son ellos los que
nos atacan y esparcen rumores sobre guerras civiles y golpes de Estado que no
ocurrirán porque el pueblo está unido. Son ellos los que aumentan el caos.
Ellos, repito, que se llaman comunistas o demócratas o lo que sea. Y con esto
le saludo. Adiós. InshAllah».
Nel testo originale,
Oriana Fallaci utilizza la grafia KOMEINI, da noi cambiata in KHOMEINI seguendo
quella oggi maggiormente in uso sulla stampa italiana e internazionale
© Corriere della Sera
Tratto da Oriana Fallaci, Intervista con il Potere, Rizzoli, Milano 2009
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