miércoles, 21 de enero de 2026

Prólogo de la alcaldesa de Don Benito


 

PRÓLOGO DE LA SEÑORA ALCALDESA DE DON BENITO


Natural de Don Benito, Florinda Chico es Hija Predilecta de nuestra ciudad y una de las figuras más reconocidas del panorama artístico español. Su trayectoria profesional, que abarcó cine, teatro y televisión, la convirtió en un referente de la interpretación popular gracias a su talento.

Desde muy joven mostró una gran vocación artística que la llevó a abrirse camino en un medio entonces difícil para las mujeres. Debutó en el teatro y pronto se consolidó como actriz cómica, destacando por su habilidad para conectar con el público y dotar de autenticidad y calidez a cada uno de sus personajes. Su trabajo en el cine español de los años sesenta y setenta, así como sus innumerables intervenciones en programas y series de televisión, forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.

Como alcaldesa de Don Benito, es para mí un honor subrayar el orgullo que sentimos al contar entre nuestros hijos ilustres con una artista de su talla. Florinda Chico llevó siempre con ella el nombre de nuestra tierra, y supo transmitir con humor, sencillez y humanidad la esencia de la cultura popular que forma parte de nuestra identidad.

La figura de Florinda Chico nos recuerda la riqueza cultural de Don Benito, una ciudad que ha sabido cultivar el talento y que continúa apostando con firmeza por el arte y la creatividad. Nuestra localidad ha sido tradicionalmente un crisol de expresiones culturales, desde el teatro aficionado y profesional hasta la música, la danza y las artes plásticas. Ese dinamismo cultural forma parte de nuestra ciudad.

En este contexto celebramos la publicación del libro “Florinda Chico, la actriz de la alegría”, obra del escritor y filólogo José Andrés Alvaro Ocáriz, a quien agradecemos su dedicación y su sensibilidad al retratar la vida y el arte de una mujer excepcional.

De manera aún más destacada, esta obra adquiere un valor especial al destinar sus beneficios a un proyecto solidario; un gesto que habla de la generosidad del autor y que convierte este homenaje en un acto doblemente significativo.

Invito a toda la ciudadanía a disfrutar de este merecido reconocimiento, a redescubrir a la Florinda más cercana y auténtica, y a celebrar juntos el legado de una dombenitense que supo emocionar, divertir y unir a un país entero a través de la risa.

 

Elisabeth Medina

 Alcaldesa de Don Benito

sábado, 17 de enero de 2026

Las mejores poesías de la literatura española (en mi opinión, por supuesto) Calderón de la Barca


 

En tal día como hoy, 17 de enero, pero de 1600, nacía Pedro Calderón de la Barca.


 

A un altar de Santa Teresa

La que ves en piedad, en llama, en vuelo,
ara en el suelo, al sol pira, al viento ave,
Argos de estrellas, imitada nave,
nubes vence, aire rompe y toca al cielo.

Esta pues que la cumbre del Carmelo
mira fiel, mansa ocupa y surca grave,
con muda admiración muestra süave
casto amor, justa fe, piadoso celo.

¡Oh militante iglesia, más segura
pisa tierra, aire enciende, mar navega,
y a más pilotos tu gobierno fía!

Triunfa eterna, está firme, vive pura;
que ya en el golfo que te ves se anega
culpa infiel, torpe error, ciega herejía.

 

 

A Lope de Vega Carpio

Aunque la persecución
de la envidia tema el sabio,
no reciba della agravio,
que es de serlo aprobación.
Los que más presumen son,
Lope, a los que envidia das,
y en su presunción verás
lo que tus glorias merecen;
pues los que más te engrandecen
son los que te envidian más.

 

 

(De "La Vida es Sueño")

 

Cuentan de un sabio que un día

tan pobre y mísero estaba,

que sólo se sustentaba

de unas hierbas que cogía.

¿Habrá otro, entre sí decía,

más pobre y triste que yo?;

y cuando el rostro volvió

halló la respuesta, viendo

que otro sabio iba cogiendo

las hierbas que él arrojó.

 

Quejoso de mi fortuna

yo en este mundo vivía,

y cuando entre mí decía:

¿habrá otra persona alguna

de suerte más importuna?

Piadoso me has respondido.

Pues, volviendo a mi sentido,

hallo que las penas mías,

para hacerlas tú alegrías,

las hubieras recogido.

 

 

 

Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber,
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
¿qué más os pude ofender
para castigarme más?
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?

Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma;
y teniendo yo más alma
¿tengo menos libertad?

Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas
-gracias al docto pincel-,
cuando atrevido y cruel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto:
¿y yo, con mejor instinto,
tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
¿y yo, con más albedrío,
tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le da la majestad
del campo abierto a su huida;
¿y teniendo yo más vida,
tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión,
un volcán, un Etna hecho,
quisiera arrancar del pecho
pedazos del corazón:
¿qué ley, justicia o razón
negar a los hombres sabe
privilegio tan suave,
exención tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?



Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

 

De El alcalde de Zalamea

 

Al rey la hacienda y la vida

 se ha de dar, pero el honor

 es patrimonio del alma,

 y el alma sólo es de Dios.



Entrevista de Oriana Fallaci a Jomeini


 Una valiente y completa entrevista de Oriana Fallaci a Jomeini;

Entrevista de Oriana Fallaci a Jomeini: "Las mujeres jóvenes y respetables llevan el chador. ¿La ley de las cuatro esposas? Es progresista; nacen más mujeres que hombres".

Por Oriana Fallaci

Durante la entrevista exclusiva con el corresponsal del Corriere, publicada el 26 de septiembre de 1979, Fallaci se quitó el velo, calificándolo de "harapo medieval" y habló de "segregación". "¿El chador? Quienes hicieron la revolución llevan ese vestido", dijo Jomeini. "No son personas elegantes y maquilladas como ella, que caminan descalzas con una multitud de hombres detrás".

 

SEIS AÑOS ANTES

La decisión de Jomeini de reunirse con Oriana Fallaci, la primera reportera occidental tras la revolución, se relacionó con la conversación de Fallaci con el sha Mohammad Reza Pahlavi (obligado al exilio a principios de 1979). Fallaci había hablado largamente con el monarca en 1973. La entrevista fue publicada después en L'Europeo, que le dedicó la portada del 1 de noviembre.

 

El retrato del Sha, a través de sus propias palabras en respuesta a las preguntas de la enviada, resultaba muy crítico en la ostentación de un poder autoritario, pese a las leyes liberales promulgadas en aquel período.


La entrevista a Jomeini que se reproduce a continuación, publicada en Corriere della Sera el 26 de septiembre de 1979, iba precedida de una larga introducción en forma de relato, que puede leerse aquí.


LA ENTREVISTA

ORIANA FALLACI: Imán Jomeini, todo el país está en sus manos: cada una de sus decisiones es una orden. Por eso son muchos los que ya dicen: en Irán no hay libertad, la revolución no ha traído la libertad.

RUHOLLAH JOMEINI:
«Irán no está en mis manos, Irán está en manos del pueblo, porque ha sido el pueblo quien ha entregado el país a quien es su servidor y quiere su bien. Usted ha podido ver claramente que, tras la muerte del ayatolá Talegani, la gente se volcó en las calles por millones sin la amenaza de las bayonetas. Esto significa que hay libertad. Significa también que el pueblo sigue únicamente a los hombres de Dios. Y eso es libertad».

Permítame insistir, imán Jomeini, para explicarme mejor. Quiero decir que hoy en Persia muchos lo definen como un dictador. Es más, el nuevo dictador, el nuevo amo. ¿Qué responde usted: que eso le duele o que le resulta indiferente?

 «Por una parte me duele, sí, me causa dolor, porque es injusto e inhumano llamarme dictador. Por otra, en cambio, no me importa en absoluto, porque sé que ciertas maldades forman parte del comportamiento humano y proceden de nuestros enemigos. Con el camino que hemos emprendido, un camino que va contra los intereses de las superpotencias, es normal que los siervos del extranjero me pinchen con su veneno y me arrojen encima todo tipo de calumnias. Tampoco me hago ilusiones de que países acostumbrados a saqueamos y a devorarnos se queden callados y tranquilos. Oh, los mercenarios del Sha dicen muchas cosas: incluso que Jomeini ha ordenado cortar los pechos a las mujeres. Dígame usted, que está aquí: ¿le consta que Jomeini haya cometido una monstruosidad semejante, que haya cortado los pechos a las mujeres?».

No, eso no me consta, Imán. Sin embargo, usted asusta a la gente. Y también asusta esta multitud que lo invoca. Pero ¿qué siente al oírlos gritar así, día y noche, sabiendo que permanecen allí de pie durante horas, dejándose golpear, sufriendo, solo para verlo un instante y aclamarlo?

«Lo disfruto. Yo disfruto cuando los escucho y los veo. Porque son los mismos que se alzaron para expulsar a los enemigos internos y externos, porque su aplauso es la continuación del grito con el que expulsaron al usurpador, porque es bueno que sigan hirviendo así. Los enemigos no han desaparecido. Mientras el país no se estabilice, es necesario que permanezcan en guardia, encendidos, listos para marchar y atacar de nuevo. Y además lo suyo es amor, amor inteligente. Es imposible no disfrutarlo».

¿Amor o fanatismo, imán? A mí me parece fanatismo, y del más peligroso, es decir, el fascista. De hecho, no son pocos quienes hoy ven en Irán una amenaza fascista o incluso sostienen que ya se está consolidando un fascismo en Irán.

«No, el fascismo no tiene nada que ver, el fanatismo no tiene nada que ver. Repito que gritan así porque me aman. Y me aman porque sienten que quiero su bien, que actúo por su bien, es decir, para aplicar los mandamientos del Islam. El Islam es justicia; en el Islam la dictadura es el mayor de los pecados: fascismo e islamismo son dos contradicciones inconciliables. El fascismo se da en Occidente, no entre los pueblos de cultura islámica».

Tal vez no nos entendemos sobre el significado de la palabra fascismo, imán. Yo hablo del fascismo como fenómeno popular, es decir, como lo tuvimos en Italia cuando las multitudes aclamaban a Mussolini del mismo modo que aquí lo aclaman a usted. Y le obedecían como aquí le obedecen a usted.

«No. Porque nuestra masa es una masa musulmana, educada por el clero, es decir, por hombres que predican la espiritualidad y la bondad. El fascismo aquí solo sería posible si regresara el Sha, cosa descartada, o si llegara el comunismo. Sí, lo que usted dice podría darse únicamente si llegara el comunismo. Gritar por mí significa amar la libertad y la democracia».

Entonces hablemos de libertad y de democracia, imán. Y hagámoslo de este modo. En uno de sus primeros discursos en Qom usted dijo que el nuevo gobierno islámico garantizaría la libertad de pensamiento y de expresión a todos, incluidos los comunistas y las minorías étnicas. Pero esa promesa no se ha cumplido y ahora usted define a los comunistas como «Hijos de Satán» y a los dirigentes de las minorías étnicas sublevadas como «Mal sobre la Tierra».

«Usted primero afirma y luego pretende que yo explique sus afirmaciones. Incluso pretendería que yo permitiera las conspiraciones de quienes quieren llevar al país a la anarquía y a la corrupción, como si la libertad de pensar y de expresarse fuera libertad de conspirar y de corromper. Por tanto, respondo: durante más de cinco meses he tolerado, hemos tolerado, a quienes no pensaban como nosotros. Y ellos han sido libres, absolutamente libres, de hacer todo lo que querían, de gozar plenamente de las libertades que les concedíamos. A través del señor Bani Sadr, aquí presente, incluso invité a los comunistas a dialogar con nosotros. Pero en respuesta quemaron las cosechas de trigo, incendiaron las urnas de las oficinas electorales y, con armas y fusiles, respondieron a nuestra oferta de diálogo. De hecho, fueron ellos quienes reavivaron el problema de los kurdos. Así comprendimos que aprovechaban nuestra tolerancia para sabotearnos, que no querían la libertad sino la licencia de subvertir, y decidimos impedírselo. Y cuando descubrimos que, inspirados por el antiguo régimen y por fuerzas extranjeras, apuntaban a nuestra destrucción mediante otras conspiraciones y otros medios, los hicimos callar para prevenir males mayores».

Cerrando los periódicos de la oposición, por ejemplo. En aquel discurso de Qom usted también había dicho que ser moderno significa formar hombres que tengan derecho a elegir y a criticar. Sin embargo, el periódico Ajadegan, de orientación liberal, ha sido clausurado. Y lo mismo ha ocurrido con todos los periódicos de izquierda.

«El periódico Ajadegan formaba parte de la conspiración de la que hablaba. Mantenía relaciones con los sionistas, de quienes recibía sugerencias para golpear a la patria y al país. Lo mismo ocurre con todos los periódicos que el Fiscal General de la Revolución ha considerado subversivos y ha cerrado. Periódicos que, a través de una falsa oposición, pretendían restaurar el antiguo régimen y servir al extranjero. Los hemos silenciado para que se supiera quiénes eran y a qué aspiraban. Y esto no va contra la libertad. Se hace en todas partes».

No, imán. Y, en cualquier caso, ¿cómo puede definir como «nostálgicos del Sha» a quienes lucharon contra el Sha, fueron perseguidos por él, arrestados y torturados? ¿Cómo puede llamarlos enemigos, cómo puede negar espacio y derecho de existencia a una izquierda que tanto ha combatido y sufrido?

«Ninguno de ellos ha combatido ni sufrido. Más bien han explotado para sus propios fines el dolor del pueblo que sí combatía y sufría. Usted no está bien informada: buena parte de la izquierda a la que alude estaba en el extranjero durante el régimen imperial, y regresó únicamente después de que el pueblo expulsara al Sha. Otro grupo estaba aquí, es cierto, oculto en sus guaridas clandestinas y en sus casas, y solo después de que el pueblo derramara su sangre salieron para servirse de esa sangre. Pero hasta ahora no ha ocurrido nada que limite su libertad».

Perdone, imán: quiero estar segura de haber entendido bien. Usted afirma que la izquierda no tuvo nada que ver con la caída del Sha. Ni siquiera la izquierda que tuvo tantos arrestados, tantos torturados, tantos asesinados. Ni los vivos ni los muertos de la izquierda cuentan para nada.

«No contribuyeron en nada. No sirvieron a la revolución en ningún sentido. Algunos lucharon, sí, pero únicamente por sus ideas, por sus fines, por sus intereses. No pesaron en absoluto en la victoria, no aportaron nada. No tuvieron ninguna relación con nuestro movimiento ni ejercieron ninguna influencia sobre él. No, las izquierdas nunca colaboraron con nosotros: solo nos pusieron palos en las ruedas. Durante el régimen del Sha estaban contra nosotros tanto y del mismo modo que lo están ahora, y hasta el punto de que su hostilidad hacia nosotros superaba la del propio Sha: era mucho más profunda. Nuestro movimiento siempre ha sido islámico, y las izquierdas siempre han estado contra él. No es casualidad que la conspiración actual proceda de ellas. Y mi punto de vista es que ni siquiera se trata de una izquierda verdadera, sino de una izquierda artificial, creada por los estadounidenses».

¿Una izquierda made in USA, imán?

«Sí, engendrada y sostenida por los estadounidenses para lanzar calumnias contra nosotros, sabotearnos y destruirnos».

De modo que cuando usted habla del pueblo, imán, se refiere a un pueblo vinculado exclusivamente al movimiento islámico. Pero según usted, esta gente que se ha dejado matar por miles, por decenas de miles, ¿ha muerto por la libertad o por el Islam?

«Por el Islam. El pueblo ha luchado por el Islam. Y el Islam lo significa todo: incluso aquello que en su mundo se define como libertad y democracia. Sí, el Islam lo contiene todo. El Islam lo engloba todo. El Islam es todo».

Llegados a este punto, imán, debo preguntarle qué entiende usted por libertad.

«La libertad… No es fácil definir este concepto. Digamos que la libertad existe cuando se puede elegir las propias ideas y pensarlas cuanto se quiera, sin verse obligado a pensar otras, y vivir donde se quiera, y ejercer el oficio que se quiera».

Entiendo… Pensar, pues, pero no expresar ni materializar lo que se piensa. ¿Y por democracia qué entiende usted, imán? Planteo esta pregunta con especial curiosidad porque en el referéndum entre república o monarquía usted prohibió la expresión República Democrática Islámica. Eliminó la palabra “democrática” y dijo: «Ni una palabra de más, ni una palabra de menos». El resultado es que las masas que creen en usted pronuncian la palabra democracia como si fuera una palabrota. ¿Qué es lo que falla en este vocablo que a nosotros, los occidentales, nos parece tan hermoso?

«Para empezar, la palabra Islam no necesita adjetivos como el adjetivo democrático. Precisamente porque el Islam es todo, lo significa todo. Para nosotros es triste colocar otra palabra junto a la palabra Islam, que es perfecta. Si queremos el Islam, ¿qué necesidad hay de especificar que queremos la democracia? Sería como decir que queremos el Islam y que es necesario creer en Dios. Además, esa democracia que a usted tanto le importa y que considera tan valiosa no tiene un significado preciso. La democracia de Aristóteles es una cosa, la de los soviéticos es otra, la de los capitalistas es otra distinta. Por lo tanto, no podemos permitirnos introducir en nuestra Constitución un concepto tan equívoco. Y, por último, he aquí lo que yo entiendo por democracia: le daré un ejemplo histórico. Cuando Alí se convirtió en sucesor del Profeta y jefe del Estado Islámico, y su reino se extendía desde Arabia Saudí hasta Egipto, e incluía gran parte de Asia e incluso de Europa, y esta confederación concentraba todo el poder, ocurrió que tuvo una divergencia con un judío. Y el judío lo hizo llamar ante el juez. Y Alí aceptó la citación del juez. Y acudió. Y al verlo entrar el juez se levantó de su asiento, pero Alí le dijo airado: “¿Por qué te levantas cuando entro yo y no cuando entra el judío? ¡Ante el juez los dos contendientes deben ser tratados exactamente del mismo modo!”. Luego se sometió a la sentencia, que le fue desfavorable. Le pregunto a usted, que ha viajado y conoce todo tipo de gobiernos y la historia: ¿puede darme un ejemplo de democracia mejor que este?».

Imán, la democracia significa mucho más que eso. Y así lo dicen también los persas que, como nosotros los extranjeros, no entienden adónde quiere ir a parar su República Islámica.

«Si ustedes, los extranjeros, no entienden, peor para ustedes. En cualquier caso, el asunto no les concierne: no tienen nada que ver con nuestras decisiones. Y si no lo entienden ciertos iraníes, peor para ellos. Significa que no han comprendido el Islam».

Pero sí han comprendido el despotismo que hoy ejerce el clero, imán. En la redacción de la nueva Constitución, la Asamblea de Expertos ha aprobado un artículo, el Quinto Principio, según el cual el jefe del país deberá ser la suprema autoridad religiosa, es decir, usted, y las decisiones definitivas deberán ser tomadas únicamente por quienes conocen bien el Corán, es decir, por el clero. ¿No significa esto que, por Constitución, la política seguirá siendo ejercida exclusivamente por los clérigos?

«Esta ley que el pueblo ratificará no está en absoluto en contradicción con la democracia. Puesto que el pueblo ama al clero, confía en el clero, desea ser guiado por el clero, es justo que la máxima autoridad religiosa supervise la actuación del primer ministro o del presidente de la República para impedir que se equivoquen y que vayan contra la ley, es decir, contra el Corán. O bien la máxima autoridad religiosa, o un grupo representativo del clero. Por ejemplo, cinco Sabios del Islam, capaces de administrar la justicia según el Islam».

Entonces ocupémonos de la justicia administrada por el clero. Hablemos de las quinientas ejecuciones por fusilamiento que, tras la victoria, se han llevado a cabo en Irán. ¿Aprueba usted el modo sumario en que se celebran estos procesos, sin abogado defensor y sin posibilidad de apelación?


«Evidentemente ustedes, los occidentales, ignoran quiénes eran aquellos que fueron fusilados, o fingen ignorarlo. Se trataba de personas que habían participado en masacres en calles y plazas, o de personas que habían ordenado masacres, o de personas que habían quemado casas, torturado, serrado piernas y brazos durante los interrogatorios. Sí, gente que serraba vivos a nuestros jóvenes, o que los freía sobre parrillas de hierro. ¿Qué debíamos hacer con ellos: perdonarlos, dejarlos ir? El permiso para defenderse, para responder a las acusaciones, se lo dimos: podían replicar lo que quisieran. Pero una vez constatada su culpabilidad, ¿qué necesidad había o hay de apelación? Escriba lo contrario, si quiere, la pluma la tiene usted en la mano. Pero mi pueblo no se hace esas preguntas. Y añado: si no hubiéramos intervenido con los fusilamientos, la venganza popular se habría desatado sin control: cualquier funcionario del régimen habría sido ejecutado. Entonces, nada de quinientos: los muertos habrían sido miles».

De acuerdo, pero yo no me refería necesariamente a los torturadores y asesinos de la SAVAK. Me refería a los fusilados que no tenían nada que ver con los crímenes del régimen, a las personas que aún hoy son ejecutadas por adulterio, prostitución u homosexualidad. ¿Es justicia, según usted, fusilar a una pobre prostituta, o a una mujer que engaña a su marido, o a un hombre que ama a otro hombre?


«Si un dedo entra en gangrena, ¿qué hay que hacer? ¿Dejar que la gangrena se extienda a toda la mano y luego a todo el cuerpo, o cortar el dedo? Las cosas que llevan la corrupción a un pueblo entero deben ser arrancadas de raíz, como malas hierbas que infestan un campo de trigo. Lo sé, hay sociedades que permiten a las mujeres entregarse al disfrute de hombres que no son sus maridos, y a los hombres entregarse al disfrute de otros hombres; pero la sociedad que nosotros queremos construir no lo permite. En el Islam queremos llevar a cabo una política que purifique la sociedad, y para que eso ocurra es necesario castigar a quienes llevan el mal corrompiendo a nuestra juventud. Les guste o no les guste, no podemos tolerar que los malvados difundan su maldad. Por lo demás, ¿no hacen ustedes lo mismo? Cuando un ladrón es ladrón, ¿no lo meten en la cárcel? En muchos países, ¿no ejecutan acaso a los asesinos? ¿No usan ese sistema porque, si permanecen libres y vivos, infectan a los demás y ensanchan la mancha de la maldad? Sí, los malvados deben ser eliminados, extirpados como malas hierbas. Solo extirpándolos el país se purificará».

Imán, ¿pero cómo es posible poner al mismo nivel a una bestia de la SAVAK y a un ciudadano que ejerce su libertad sexual? Tome el caso del muchacho que ayer fue fusilado por sodomía…

«Corrupción, corrupción. Hay que eliminar la corrupción».

Tome el caso de la joven de dieciocho años embarazada que hace pocas semanas fue fusilada en Beshar por adulterio.

«¿Embarazada? Mentiras. Mentiras como las de los pechos cortados a las mujeres. En el Islam esas cosas no ocurren. No se fusila a mujeres embarazadas».

No son mentiras, imán. Todos los periódicos persas hablaron del caso y en la televisión hubo incluso un debate, porque a su amante solo le impusieron cien latigazos.

«Si es así, significa que merecía la pena. Yo qué sé. La mujer habrá hecho alguna otra cosa grave; pregúntele al tribunal que la condenó. Y ahora basta de hablar de estas cosas. Me cansa. No son asuntos importantes».

Entonces hablemos de los kurdos que son fusilados porque quieren la autonomía.

«Esos kurdos que son fusilados no son el pueblo kurdo. Son subversivos que actúan contra el pueblo y contra la revolución, como el que fue fusilado ayer y que había matado a trece personas. Yo preferiría que no se fusilara a nadie, pero cuando capturan a un tipo como ese y lo fusilan, pues bien: me produce un gran placer».

¿Y cuando son detenidos, como los cinco de esta mañana, por distribuir panfletos comunistas?

«Si los han detenido, significa que lo merecían, que eran comunistas al servicio del extranjero, como los falsos comunistas que actúan para América y para el Sha. Basta. He dicho que basta de hablar de estas cosas».

De acuerdo, hablemos del Sha. ¿Fue usted, imán, quien ordenó que el Sha fuera ejecutado en el extranjero y quien dijo que cualquiera que lo hiciera sería considerado un héroe y que, si moría durante la acción, iría al Paraíso?

«¡No! Yo no. Porque yo quiero que sea llevado a Irán y juzgado públicamente por cincuenta años de delitos contra el pueblo persa, incluido el delito de traición y el de robo de capitales. Si es asesinado en el extranjero, ese dinero se pierde; si lo juzgamos aquí, en cambio, ese dinero lo recuperamos. No, no, yo no quiero que sea asesinado en el extranjero. Yo lo quiero aquí, aquí. Y para que eso ocurra rezo por su salud, como el ayatolá Modarrés rezaba por la salud de Reza Pahlevi, el padre de este Pahlevi, que también había huido llevándose consigo un montón de dinero. Y está claro que era menos del que se llevó su hijo».

Pero si el Sha devolviera el dinero, ¿dejarían de perseguirlo?

«Por el dinero, si de verdad lo devolviera, sí: en ese sentido la cuenta quedaría saldada. Pero por la traición a su país y al Islam, no. ¿Cómo se le puede perdonar la masacre del 15 de Jordad, la masacre de hace dieciséis años, y la masacre del Viernes Negro, hace un año? ¿Cómo se le puede perdonar a todos los muertos que ha dejado tras de sí? Solo si los muertos resucitaran podría perdonarlo, conformándome con recuperar el dinero robado al pueblo por él y por su familia».

Y la orden de traerlo de vuelta a Irán, mediante la acción de un comando similar al que capturó a Eichmann en Argentina, supongo, ¿vale solo para el Sha o también para su familia?

«Culpable es quien ha cometido el delito. Si la familia no ha participado en ningún delito, no veo por qué debería ser condenada. Pertenecer a la familia del Sha no es en absoluto un crimen. Su hijo Reza, por ejemplo, no me consta que se haya manchado de crímenes. Por lo tanto, no tengo nada contra él: puede regresar a Persia cuando quiera y vivir allí como un ciudadano normal. Que venga».

Yo digo que no vendrá. ¿Y Farah Diba?

«Por ella decidirá el tribunal».

¿Y Ashraf?

«Ashraf es la gemela malvada del Sha, una traidora como él. Y por los crímenes que ha cometido debe ser procesada, condenada como él».

¿Y el ex primer ministro Baktiar? Baktiar dice que regresará a su puesto, que ya tiene preparado un gobierno con el que sustituir a este gobierno.

«Si Baktiar debe ser fusilado o no, todavía no puedo decirlo. Pero sé que debe ser juzgado. Que vuelva, que vuelva: quizá junto con su nuevo gobierno. Que vuelva, que vuelva: quizá del brazo de su Sha. Así acabarán juntos en el tribunal. Sí, debo admitir que me gustaría mucho ver cómo traen de vuelta a Baktiar junto al Sha, mano a mano. Lo espero».

¿A muerte también Baktiar, entonces? Imán Jomeini, ¿ha perdonado usted alguna vez a alguien? ¿Ha sentido alguna vez piedad, comprensión por alguien? Y, ya que estamos, ¿ha llorado alguna vez?

«Yo lloro, río, sufro: ¿cree usted que no soy un ser humano? En cuanto a perdonar, he perdonado a la mayoría de los que nos hicieron daño: he concedido la amnistía a policías, a gendarmes, a mucha gente. Siempre que, claro está, no hubieran torturado ni cometido infamias demasiado graves. Ahora he concedido incluso la amnistía a los kurdos rebeldes, y con ello creo haber demostrado piedad. Pero para aquellos de los que hemos hablado no hay perdón, no hay piedad. Ahora basta. Estoy cansado, basta».

Le ruego, imán: debo hacerle aún muchas preguntas. Por ejemplo, sobre este chador que me han puesto encima para venir a verlo y que usted impone a las mujeres. Dígame: ¿por qué las obliga a esconderse como fardos bajo una prenda incómoda y absurda con la que no se puede trabajar ni moverse? Y, sin embargo, también aquí las mujeres han demostrado ser iguales a los hombres. Como los hombres lucharon, fueron encarceladas, torturadas; como los hombres hicieron la revolución…

«Las mujeres que hicieron la revolución eran y son mujeres con vestimenta islámica, no mujeres elegantes y maquilladas como usted, que van por ahí todas descubiertas arrastrando tras de sí un séquito de hombres. Las coquetas que se maquillan y salen a la calle mostrando el cuello, el cabello, las formas, no combatieron al Sha. Nunca han hecho nada bueno. Nunca saben hacerse útiles: ni socialmente, ni políticamente, ni profesionalmente. Y esto porque, al descubrirse, distraen a los hombres y los perturban. Luego distraen y perturban también a las otras mujeres».

No es verdad, imán. Y, en cualquier caso, no me refiero solo a una prenda, sino a lo que esta representa: es decir, la segregación a la que las mujeres han sido devueltas después de la revolución. El propio hecho de que no puedan estudiar en la universidad con los hombres, por ejemplo, ni trabajar con los hombres, ni bañarse en el mar o en la piscina con los hombres. Deben bañarse aparte, con el chador. A propósito, ¿cómo se hace para nadar con el chador?

«Todo esto no le concierne. Nuestras costumbres no les conciernen. Si la vestimenta islámica no le gusta, no está obligada a llevarla. Porque la vestimenta islámica es para las mujeres jóvenes y decentes».

Muy amable. Y, ya que me dice eso, me quito inmediatamente este estúpido trapo medieval. Aquí está, hecho. Pero dígame: ¿una mujer que, como yo, ha vivido siempre entre hombres mostrando el cuello, el cabello y las orejas, que ha estado en la guerra y ha dormido en el frente con los soldados, es para usted una mujer inmoral, una vieja indecente?

«Eso lo sabe su conciencia. Yo no juzgo los casos personales, no puedo saber si su vida es moral o inmoral, si se comportó bien o no con los soldados en la guerra. Pero sé que a lo largo de mi vida siempre he tenido confirmación de lo que he dicho. Si no existiera esta prenda, las mujeres no podrían trabajar de manera útil y sana. Y tampoco los hombres. Nuestras leyes son leyes válidas».

¿Incluida la ley que permite a un hombre tomar cuatro esposas, imán?

«La ley de las cuatro esposas es una ley muy progresista y fue escrita para el bien de las mujeres, puesto que las mujeres son más numerosas que los hombres: nacen más mujeres que hombres, las guerras matan a más hombres que mujeres. Una mujer necesita un hombre, ¿y qué debemos hacer, dado que en el mundo hay más mujeres que hombres? ¿Prefiere que las mujeres sobrantes se conviertan en prostitutas o que se casen con un hombre con varias esposas? No me parece justo que las mujeres solas se conviertan en prostitutas porque faltan hombres. Y digo: incluso con las duras condiciones que el Islam impone a un hombre con dos o tres o cuatro esposas —igual trato, igual afecto e igual tiempo— esta ley es mejor que la monogamia».

¡Pero se trata de leyes o costumbres que datan de mil cuatrocientos años, imán Jomeini! ¿No le parece que el mundo, mientras tanto, ha avanzado? En observancia de esas leyes, usted incluso ha resucitado la prohibición de la música y del alcohol. Explíqueme: ¿por qué beber un vaso de vino o de cerveza cuando se tiene sed o se come es pecado? ¿Y por qué escuchar música es pecado? Nuestros sacerdotes beben y cantan. Incluso el Papa. ¿Significa eso que el Papa es un pecador?

«Las reglas de sus sacerdotes no me interesan. El Islam prohíbe las bebidas alcohólicas y punto. Las prohíbe de manera absoluta porque hacen perder la cabeza e impiden pensar de manera sana. También la música nubla la mente, porque lleva consigo placeres y éxtasis similares a los de las drogas. Su música, quiero decir. Por lo general, no eleva el espíritu: lo adormece. Y distrae a nuestros jóvenes, que resultan envenenados y dejan de preocuparse por su país».

¿Incluso la música de Bach, Beethoven, Verdi?

«No sé quiénes son esos nombres. Si no nublan la mente, no estarán prohibidos. Algunas de sus músicas no están prohibidas: por ejemplo, las marchas y los himnos para marchar. Queremos músicas que nos exalten como las marchas, que hagan moverse a los jóvenes en lugar de paralizarlos, que los induzcan a preocuparse por su país. Sí, sus marchas están permitidas».

Imán Jomeini, usted siempre se expresa en términos muy duros hacia Occidente. De cada juicio suyo sobre nosotros se concluye que nos ve como campeones de toda fealdad, de toda perversión. Y, sin embargo, Occidente lo acogió en el exilio y muchos de sus colaboradores estudiaron en Occidente.

¿No le parece que también hay algo bueno en nosotros?

«Algo hay, sí, algo hay. Pero cuando hemos sido mordidos por la serpiente, tememos incluso a un hilo que se parezca desde lejos a una serpiente. Y ustedes nos han mordido demasiado. Y durante demasiado tiempo. En nosotros siempre han visto solo un mercado, y a nosotros siempre nos han exportado solo las cosas malas. Las cosas buenas, como el progreso material, se las han quedado para ustedes. Sí, hemos recibido tanto mal de Occidente, tanto sufrimiento, y ahora tenemos todas las razones para temer a Occidente, para impedir que nuestros jóvenes se acerquen a Occidente y sean aún más influenciados por Occidente. No, no me gusta que nuestros jóvenes vayan a estudiar a Occidente, donde son corrompidos por el alcohol, por la música que impide pensar, por las drogas y por las mujeres descubiertas. Sin contar que ustedes no tratan a nuestros jóvenes como tratan a los suyos en Occidente. Porque les dan inmediatamente un diploma, aunque sean ignorantes».

Sí, imán, pero incluso el avión en el que ha regresado a su país es un producto de Occidente. También el teléfono con el que se comunica desde Qom, también la televisión con la que se dirige al país con tanta frecuencia, incluso este aire acondicionado que le permite mantenerse fresco en el calor del desierto. Si estamos tan corruptos y somos tan corruptores, ¿por qué usa nuestros instrumentos del mal?

«Porque estas son las cosas buenas de Occidente. Y no les tenemos miedo y las usamos. No tememos a su ciencia ni a su tecnología; tememos a sus ideas y a sus costumbres, lo que significa que los tememos políticamente, socialmente. Y queremos que el país sea nuestro, queremos que no interfieran más en nuestra política, en nuestra economía, en nuestras costumbres y en nuestros asuntos. Y de ahora en adelante iremos contra quienquiera que lo intente, a derecha e izquierda, por aquí o por allá. Y ahora basta. ¡Fuera, fuera!».

Una última pregunta, imán. En estos días que he pasado en Irán he visto mucho descontento, mucho desorden, mucho caos. La revolución no ha traído los buenos frutos que había prometido. El país navega en aguas oscuras y hay quien ve un futuro muy sombrío para Irán. Incluso hay quienes ven madurar, aunque en un futuro no inmediato, los presagios de una guerra civil o de un golpe de Estado. ¿Qué me responde?

«Esto le respondo: nosotros somos un niño de seis meses. Nuestra revolución tiene apenas seis meses. Y es una revolución que ha ocurrido en un país devorado por las desgracias, como un campo de trigo infestado de langostas: estamos al comienzo de nuestro camino. ¿Y qué esperan de un niño de seis meses que nace en un campo de trigo infestado de langostas, después de dos mil quinientos años de malas cosechas y cincuenta años de cosechas venenosas? Ese pasado no se puede borrar en pocos meses, ni siquiera en pocos años. Necesitamos tiempo. Pedimos tiempo. Y lo pedimos sobre todo a aquellos que se llaman comunistas o demócratas o lo que sea. Son ellos los que no nos dan tiempo. Son ellos los que nos atacan y esparcen rumores sobre guerras civiles y golpes de Estado que no ocurrirán porque el pueblo está unido. Son ellos los que aumentan el caos. Ellos, repito, que se llaman comunistas o demócratas o lo que sea. Y con esto le saludo. Adiós. InshAllah».

Nel testo originale, Oriana Fallaci utilizza la grafia KOMEINI, da noi cambiata in KHOMEINI seguendo quella oggi maggiormente in uso sulla stampa italiana e internazionale

© Corriere della Sera
Tratto da Oriana Fallaci, Intervista con il Potere, Rizzoli, Milano 2009
© 2018 Mondadori Libri S.p.A., Milano / BUR Rizzoli

 

domingo, 28 de diciembre de 2025

Brigitte Bardot, in memoriam

 Hoy ha fallecido Brigitte Bardot, una importante actriz francesa. En su memoria, he aquí lo que dice Manuel Román en Libertad Digital::


 

Se esperaba hace unos meses este final de Brigitte Bardot, a los noventa y un años cumplidos el pasado septiembre. Había permanecido tres semanas en octubre en un hospital de Tolón, sureste de Francia, debido a una intervención quirúrgica vinculada con una grave enfermedad, que no fue especificada en los partes médicos. Todavía a su avanzada edad, cuando hacía casi cincuenta años que estaba alejada del cine y vivía en soledad en "La Madrague", su casa de siempre en Saint-Tropez, la Costa Azul, era el gran mito de antaño y cualquier chisme o noticia relacionada con ella, generalmente relacionada con su defensa de los animales, el racismo o la extrema derecha del país galo, era recogida por los medios informativos. De ahí que ahora, en su adiós definitivo, muchos hayamos coincidido en considerarla la leyenda eterna.

Fue el 28 de septiembre de 1934 cuando Brigitte Bardot nació en París en el seno de una familia acomodada. El padre era industrial y la madre interesada por montar una tienda de modas. Ambiente en el que, muy jovencita, ya demostraba sus gustos artísticos realizando diseños. Se adentró con pocos años en el mundo de la danza: ser bailarina acaparaba sus sueños. Probó como modelo en su propia casa, luciendo vestidos que su madre vendía a sus amigas. Y también comenzó a ser objeto de reportajes gráficos, lo que la condujo a su debut en el cine en 1952 cuando rodó "Le Trou Normand", de Jean Boyer, junto a un cómico muy afamado, Bourvil, exhibiéndose con un bikini blanco. Por entonces apareció en la portada de "Elle". Llamó la atención de un joven director cinematográfico y guionista, Roger Vadim. Arrancó las páginas de la publicación donde ella venía retratada y se la mostró a otro colega y productor, Marc Allégret, citándola para una audición. De la que salió contratada. Su padre no estaba muy conforme con que una de sus dos hijas, Brigitte (la otra era Mijanou, con la que en los últimos años no se hablaba) se dedicara al cine.

El caso es que con quince años ella y Vadim, veintiuno se aventuraron a rodar Y Dios creó la mujer, no sin enfrentarse a problemas de financiación, hasta que con muy poco dinero optaron por empezar la película, en la que Brigitte era Juliette, una adolescente con aspecto juvenil, que venía a representar los primeros tiempos de la emancipación femenina. El veterano Curd Jürgens y el galán Jean-Louis Trintignant compartían con ella el reparto. El escándalo cuando se estrenó superó los resultados de la crítica, poco favorables. Además, la censura metió la tijera. Razones tenía en aquel 1952 porque una de las secuencias prohibidas fue la de la escena de un "cunnilingus". En cambio en los Estados Unidos el filme hizo furor. Y en la historia del cine, sobre todo el francés, quedó como un símbolo de la libertad sexual en la pantalla. Ni qué decir que los cines españoles tardaron en exhibirla mucho tiempo. En el recuerdo de los buenos cinéfilos queda la famosa escena del sensual mambo que bailaba encima de una mesa. Erotismo puro.

Lo de Brigitte Bardot en el cine fue como reza uno de nuestros añejos refranes: Llegar y besar el santo. Porque aquella película de Vadim la convirtió en una estrella, a la que impuso la abreviatura de su nombre en las carteleras: B.B. Que hizo fortuna. Él se convirtió en su marido aquel mismo año. Ella se paseó triunfadora por la alfombra roja de La Croisette, en el Festival de Cannes. Y París match lo celebró como la aparición en las pantallas francesas de "La nueva Leslie Caron", que había sido, por cierto, compañera suya cuando estudiaban danza en una academia.

Transcurría 1957 cuando su marido, Roger Vadim, "se olió la tostada", digamos que olor "a cuerno quemado". Resulta que durante los años que duró su unión matrimonial, su mujer la había estado engañando, no con uno sino con dos hombres. Uno, precisamente su compañero en "Y Dios creó la mujer", Jean-Louis Trintignant, que estuvo acostándose con ella unas cuantas temporadas, no obstante estando casado con una muy interesante actriz, Stéphane Audran. Es posible que haciendo recuento de sus amantes, Trintignant fue el hombre al que más amó. Pero es que también B.B. traicionó a Vadim: con Gilbert Bécaud, el creador de "Et maintenant". O sea que, en el amor, la Bardot iba por libre.

Entre tanto en Madrid la productora de Benito Perojo buscaba una actriz francesa para protagonizar un guion escrito por Luis García Berlanga, que iba a dirigirlo: "Novio a la vista". En esa gestión surgió el nombre de Brigitte Bardot. Pero estaba comprometida con otro rodaje. Y en su lugar desde París llegó Josette Arno, actriz ascendente, que cumplió su papel. Perojo y Berlanga se "tiraban de los pelos" después.

Año 1959, cuando fue protagonista de Babette se va a la guerra: ya era una estrella internacional. Su director fue Christian-Jaque. El argumento giraba ambientado en la II Guerra Mundial. El galán de B.B era Jacques Charrier, entonces de moda. Simpatizaron en seguida, al punto de que sin haber terminado el rodaje quedó embarazada. El 11 de enero de 1960 dio a luz a Nicolás. No le hizo maldito caso conforme el bebé fue creciendo, quedando al cuidado de sus abuelos paternos. Charrier tuvo que ocuparse de su manutención y educación.

Brigitte declaró en una entrevista algo verdaderamente cruel: "Hubiera preferido parir a un perrito en vez de a un hijo". Y nunca más se quedaría embarazada. "No nací para ser madre", sentenció. Y añadió una barbaridad: "Aquello fue para mí como tener un tumor canceroso".

Entre el divorcio con el que fue sin duda alguna su Pigmalión, Roger Vadim y su maternidad, Brigitte atravesó por un proceso depresivo que la llevó a querer suicidarse. No sería la primera vez en su poco a poco alocada vida. El cine la salvó, porque en la década de los 60 y parte de los primeros 70 protagonizó la mayor parte de su filmografía. Jean-Luc Godard, que era uno de los creadores de la llamada "nouvelle vague", la nueva ola que cambió muchos esquemas del cine europeo, la dirigió en Le méprise (El desprecio), adaptando una novela de Alberto Moravia, emparejándola con Michel Piccoli, un sólido actor. Se rodó en Roma. De 1965 era "¡Viva María!".

La filmografía de B.B, no es muy extensa, que comparamos su fama con las películas que hizo: sólo cuarenta, aunque escuchábamos en Radio Nacional que le calculaban cincuenta. Me guío por la prensa francesa. La década de los 70 comenzó para ella intensa, con Las petroleras, de 1971, el año asimismo de El bulevar del ron

En 1973 se reencontró con Roger Vadim. La había perdonado. Dirigiéndola ese año en "Si don Juan fuese mujer", también conocida por su título original "Don Juan 73". Que fue una de las últimas películas de la estrella, junto a un galán muy interesante llamado Maurice Ronet, bien conocido de los españoles por haber sido pareja en el cine y en la vida real de Sara Montiel. Tenía entonces B.B. treinta y ocho años y una intensa vida sentimental.

En esos momentos de su carrera Brigitte ya había conocido muchos hombres que la amaron. A sus dos matrimonios ya reseñados, con Vadim y Charrier, añadamos que en 1966 conoció a un playboy de nacionalidad alemana, fotógrafo y también empresario de éxito. No era un chulo como se le atribuyó en muchos reportajes de prensa. Un seductor, sí, con un raro atractivo, de rostro llamativo con unos dientes que sobresalían de sus labios y una figura como de portero de discoteca. Un cuerpo de armario, que se dice. La protegía. Pareja asidua en esos años. Invitados en cualquier fiesta de gala que sucediera en París, donde residían. Tres años les duró esa vida de lujo y de lujuria.

Pero, hasta entonces, la lista de amantes superaba la cifra de tres o cuatro docenas, de nombres que no nos dirían nada en estas calendas. Algunos, sí como el más seductor de los divos norteamericanos, Warren Beatty. Se dijo que con Alain Delon también hubo roces, pero ambos negaron haberse acostado. Serge Gainsbourg, el compositor maldito, se compenetró mucho con ella con sus ideas ácratas o izquierdista. Se reunían a menudo en aquel histórico 1968 revolucionario en París en la Maison des Arts, a orillas del Sena. Despotricaban sobre lo divino y lo humano. Se amaron. Y él hasta le compuso una de sus más escandalosas melodías, porque Brigitte también añadió a su vida artística la faceta de cantante, aunque con relativo éxito. Nos referimos a "Je t'aime moi non plus". Que grabó pero luego desistió de darla a conocer. Serge se la proporcionaría luego a su siguiente pareja, Jane Birkin y con ella armaron un buen lío en todos los programas de radio, prohibida en España largo tiempo.

Una canción popularizada por Edith Piaf retrata bastante la personalidad de Brigitte Bardot: "Non, no regrette rien". Porque B.B, decía esto de sí misma: "Nunca fingí, no me arrepiento de nada". Ni de sus desmanes, vida atrabiliaria, escandalosa, ni de otras obsesiones como la defensa de los animales contra viento y marea, hasta presidir una fundación por ella creada. ¿Cabe más rareza la de dar la murga continuamente para que nadie atentara contra la vida de las focas recién nacidas?

No era una actriz excelsa, por supuesto: la obligaron a desempeñar papeles descabellados. Ahora se ha dicho de ella en Francia que fue como una mezcla de calendario erótico y diosa antigua. Pero cautivó a millones de corazones desde la pantalla, con sus jóvenes curvas, una gracia voluptuosa cuando miraba a la cámara, un mohín seductor con sus labios, mujer magnética que electrizaba tanto a hombres como a mujeres.

Jean Cocteau la retrató así: "Vive como todos los demás, sin ser como nadie". Charles De Gaulle quiso conocerla y a la cita en el Elíseo ella acudió con pantalones y chaqueta militar, sus cabellos sueltos, al aire. Un pequeño secreto: era rubia de bote; sus cabellos naturales, de color castaño.

También Pablo Picasso sintió deseos de pintarla, cuando B.B. iniciaba su escalada al éxito. Y quedó para la eternidad desde un cuadro del genio que la plasmó con sus cabellos recogidos en moño cubista.

Estaba ya muy cansada del cine cuando rodando en 1973 la que iba a ser su última película, nunca estrenada en España, "L'histoire très bonne et trés joyeuse de Colinot Trousse-Chemise", le dijo a su agente artística: "Pero ¿qué hago yo aquí en estos estudios, con un turbante en la cabeza que me hace ridícula? ¡No actuaré más!".

Y cumplió su palabra cuando aún no había cumplido cuarenta años.

Brigitte Bardot pasó por etapas en las que también estaba harta de la vida. Y no sólo quiso suicidarse, como dijimos, en 1960. Repitió una escena parecida el 28 de septiembre de 1983 coincidiendo con su cuarenta y nueve cumpleaños. Se tomó un tubo entero de somníferos. Tuvieron que aplicarle una bomba estomacal. Salvó su vida de milagro. También cuando padeció cáncer de mama. Lo curioso es que siempre decía que no necesitaba a los médicos.

Publicó cinco libros. Y una sola vez protagonizó la obra teatral, "L'Invitation au château", de Jean Anouilh.

Defensora a ultranza del feminismo, a su modo y manera. En eso fue una adelantada. Lo que no le impedía en su momento admirar a Marilyn Monroe, con quien coincidió en una recepción en el palacio de Buckingham con Isabel II.

Viajó bastante. En España rodó varias películas. La primera de ellas en Ronda y Almería, año 1957, Los joyeros del claro de luna, encabezando un reparto internacional con Alida Valli, Stephen Boyd y nuestro Fernando Rey. El guion era de Roger Vadim, todavía casado con B.B., a la que impuso al productor como protagonista. Hubo escenas de peligro, con un coche a toda velocidad. A Brigitte la dobló la especialista de siempre.

B.B. volvió a rodar en nuestro país en 1968: Shalako, filme de acción junto a Sean Connery, delante de ella en el reparto. El director fue Edward Dmytryk. Presupuesto, cinco millones de dólares. Iba a hacerse en México, pero la Bardot impuso España, en este caso, Almería. En el mejor hotel de Aguadulce ocupó una planta entera solo para ella y Günther Sachs, su marido. Llevaba este séquito: secretaria, chófer negro particular, mánager personal, fotógrafo particular y un empresario suyo. Los exteriores fueron en Gérgal, Tabernas, las playas de Mónsul, Roquetas de Mar y Aguadulce.

En 1971 volvimos a tenerla entre nosotros, para filmar Las petroleras, cuyo realizador fue Christian-Jaque. Un western. Brigitte Bardot mano a mano con otra gran estrella, Claudia Cardinale. La rivalidad entre ambas llegó, según el argumento, a peleas físicas. Los exteriores se fijaron en Almería, Burgos y Daganzo (Madrid). Sesenta millones de pesetas se recaudaron en las taquillas españolas. La coproducción contó entre otros actores conocidos con José Luis López Vázquez, hombre educado, exquisito siempre, quien comentó no haber cruzado ni un breve saludo con la antipática B.B.

Quien tampoco le tuvo simpatía alguna fue José Luis de Vilallonga. Publicó que la había conocido en Venecia, yendo ella de la mano de un novio fugaz, el cantante Sacha Distel. Se hicieron amigos, contaba él, y la definía como una pequeña burguesa, no muy inteligente "pero dotada de un tremendo sentido común rayano en el cinismo". Al preguntarle sobre los hombres que había tenido, respondió: "Me he movido siempre en el mundo del cine y la verdad es que en él no he encontrado hombres de calidad extraordinaria. Se acercan otros no a una mujer cualquiera, sino a una superstar que soy yo".


Le gustaba mucho el dinero. Avariciosa, siempre siguiendo la opinión de Villalonga. Observó en Saint-Tropez que se servía de amigos y vecinos para no gastar un franco en los pedidos al mercado. Era, por cierto, vegetariana. Le pidió José Luis opinión sobre B.B. a una parapsicóloga. Su estudio decía que acabaría la vida de la estrella en la más completa soledad, prematuramente envejecida, rodeada de toda clase de animales, amargada y abandonada por todos aquellos que vivieron a costa de su fama.


Más o menos, acertó en algunas cosas. En soledad, no del todo porque contrajo su cuarto matrimonio con Bernard d'Ormale, ex senador de Jean Marie Le Pen, líder del Frente Nacional, el 16 de agosto de 1992. Con él ha vivido hasta la fecha y compartiendo las ideas políticas del marido pasó hace tiempo a ser votante del partido ahora en manos de la hija de aquel, de extrema derecha. Tiempo hacía que B.B. se había radicalizado y fue multada por algunas de sus declaraciones racistas.


Entre elogios y críticas, Brigitte Bardot quedará para la historia del espectáculo como una mujer que revolucionó el cinema de los años 50 y 60, siempre independiente e inconformista.