El acto será a las siete de la tarde en el Casino de Navia.
El libro se puede adquirir el librerías. Basta decir el título, el nombre del autor y que los distribuye Elkar.
También se puede comprar en Amazon.
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Haré todo lo posible por acudir.
Ya sabéis que los libros los podéis adquirir en Amazon y que sus beneficios se destinan a un proyecto humanitario en Ucrania.
La acción de Belascoain (poemas finales)
Ya
el doblar aguerrido |
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del
trémulo atambor se va atenuando, |
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y el
hórrido estampido |
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se trueca
del cañón en eco blando. |
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El humo
ennegrecido, |
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que, como
denso velo, |
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roba la
luz del cielo, |
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raudo
disipa el aquilón soplando. |
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El Arga
turbio en campos de esmeralda |
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se
arrastra ensangrentado, |
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y afean
charcos de carmín y gualda |
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el verde
esmalte del florido prado. |
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Cadáveres
sin fin del monte frío |
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coronan el
altura; |
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cadáveres
sin fin del soto umbrío |
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ocupan la
llanura. |
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Ya el
estruendo se aleja; |
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cesó la
guerra dura; |
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sólo en el
valle, como en son de queja, |
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callan los
ecos y murmura el río. El alcornoque y la enredadera Nació una enredadera al pie de un alcornoque descarnado; vistióle de manera, que fue en la primavera, siendo un bodoque ruin, blasón del prado.
Como propios primores lucía el corcho vil ajenas galas; siendo con tantas
flores envidia de
pastores y blanco del amor de las zagalas.
- ¡Oh, qué árbol tan florido, decían; qué gentil, qué primoroso!- Elogio merecido, pues gracias al vestido, por Dios que el alcornoque estaba hermoso.
Mas llegaron sin cuento del otoño las ráfagas sonoras, y soplando violento, dejó alcornoque el viento, al que el ídolo fue de las pastoras.
“¡Cuántas de esta manera, Elvira, adoran a un galán bodoque, y hasta que el aura fiera lleva la enredadera, no advierten que han amado a un alcornoque!” El chico, el mulo y el gato Pasando por un pueblo un maragato llevaba sobre un mulo atado un gato, al que un chico, mostrando disimulo, le asió la cola por detrás del mulo. Herido el gato, al parecer sensible, pególe al macho un arañazo horrible; y herido entonces el sensible macho, pegó una coz, y derribó al muchacho.
“Es el mundo, a mi ver, una cadena, do rodando la bola. el mal que hacemos en cabeza ajena, refluye en nuestro mal, por carambola” El viejo y el mendigo Rodeado el tío Blas de gente, dijo: “vaya un cuento ahora”; y ya iban tres cuartos de hora, cuando él iba en lo siguiente: - Aunque pobre, el juez prudente le hizo justicia al momento. Y un pobre, que oía atento, dijo al tío Blas con malicia: “¿Pobre, y se le hizo justicia? Dice
usted bien: eso es cuento”.
Insuficiencia de las
leyes
Tuvo
un reino una vez tantos beodos, que
se puede decir que lo eran todos, en
el cual por ley justa se previno: -Ninguno
cate el vino.
Con
júbilo el más loco aplaudióse la ley, por costar poco: acatarla
después, ya es otro paso; pero
en fin, es el caso que
la dieron un sesgo muy distinto, creyendo
que vedaba sólo el tinto, y
del modo más franco se
achisparon después con vino blanco.
Extrañando
que el pueblo no la entienda, el
Senado a la ley pone una enmienda, y
a aquello de Ninguno cate el vino, añadió,
blanco, al parecer, con tino. Respetando
la enmienda el populacho, volvió
con vino tinto a estar borracho, creyendo
por instinto ¡mas qué instinto! que
el privado en tal caso no era el tinto.
Corrido
ya el Senado, en
la segunda enmienda, de contado, -Ninguno
cate el vino, sea
blanco, sea tinto- les previno; y
el pueblo, por salir del nuevo atranco, con
vino tinto entonces mezcló el blanco; hallando
otra evasión de esta manera, pues
ni blanco ni tinto entonces era.
Tercera vez burlado, -No
es eso, no señor - dijo el Senado -o
el pueblo es muy zoquete, o muy ladino: se
prohíbe mezclar vino con vino-
Mas
¡cuánto un pueblo rebelado fragua! ¿Creeréis
que luego lo mezcló con agua? Dejando
entonces el Senado el puesto, de
este modo al cesar dio un manifiesto: La
ley es red, en la que siempre se halla descompuesta
una malla, por
donde el ruin que en su razón no fía, se
evade suspicaz... ¡Qué bien decía! Y
en lo demás, colijo que
debiera decir, si no lo dijo: Jamás
la ley enfrena al
que a su infamia su malicia iguala: si
se ha de obedecer, la mala es buena; mas
si se ha de eludir, la buena es mala. La ambición A un monte una vez subí, y de cansado me eché; mas luego que lo bajé, de confiado caí. ¡Déjame, ambición, aquí hasta morir descansando! ¿Qué ganaré ambicionando, si cuanto más suba entiendo que me he de cansar subiendo, y me he de caer bajando?
Hastío Sin el amor que encanta, la soledad de un ermitaño espanta. Pero es más espantosa todavía la soledad de dos en compañía.
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