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sábado, 14 de marzo de 2026

El problema de Argüelles es haber nacido en Asturias y no llamarse Víctor Manuel


 

 

Cuando escribí este libro, me puse en contacto con memoria democrática del gobierno de Asturias. Me indicaron que querían publicarlo, pero que no me darían nada. Les propuse que lo publicaría yo y que, si querían, podrían adquirir ejemplares. Me dijeron que me comprarían libros para las bibliotecas de Asturias. Al cabo de varios meses se echaron atrás con la excusa de que no tenían presupuesto. O sea, que tenían dinero para que algún amigo   lo editara, pero no para adquirirme a mí ejemplares del libro.

Organizaron un acto en Nava en homenaje a la madre de Argüelles ya que había sido una de esas maestras de la república. Querían que fuera a presentar el libro. Pedí dinero para el viaje a memoria democrática y no contestaron. Escribí al alcalde de Nava y no sé si entendería el mensaje que le envié, pero el caso es que no contestó.   Escribí al presunto concejal de cultura de Nava y nadie me contestó. Parece que es un pueblo al que le sacas de la sidra y de la gaita y ya no hay más cultura para ellos. 

Escribí a la consejera de cultura. Me contestó el director de acción cultural. Buenas palabras, pero no compraron ningún ejemplar. Como no está en bable,...

Hablé con el director de las bibliotecas de Asturias. Me dijo que se pondrían en contacto conmigo los distribuidores con los que trabajan y llevo desde septiembre esperando a que lo hagan, aunque no sé si sabrán usar un teléfono y ese será el problema.

Si se hubiera llamado Víctor Manuel tal vez la cosa hubiese sido distinta. Víctor Manuel,  el que dedicó a Franco la canción que se titulaba “Un gran hombre” y que decía:

«Hay un país

que la guerra marcó sin piedad.

Ese país

de cenizas logró resurgir.

Años costó

su tributo a la guerra pagar.

Hoy consiguió

que se admire y respete su paz.

No, no conocí

el azote de aquella invasión.

Vivo feliz

en la tierra que aquel levantó.

Gracias le doy

al gran hombre que supo alejar

esa invasión

que la senda venía a cambiar.

Otros vendrán

que el camino no habrán de labrar.

Él lo labró,

a los otros les toca sembrar.

Otros vendrán,

el camino más limpio hallarán.

Deben seguir

por la senda que aquel nos marcó.

No han de ocultar,

hacia el hombre que trajo esta paz,

su admiración.

Y por favor pido siga esta paz»


A ese cantante, el gobierno de Asturias le cedió gratis y corrió con los gastos de los 80 músicos de la orquesta Sinfónica de Asturias para que hiciera cuatro conciertos por los que facturó hasta 1,5 millones. Pero para Argüelles no hay dinero.

Por no hablar del Real Instituto de Estudios Asturianos, uno de esos chiringuitos con nombre rimbombante, que no tiene dinero para hablar de Argüelles, pero se gasta   más de 10.000 euros en la compra de un tresillo.


(Tresillo del ridae)


Y por no hablar de los centros asturianos repartidos por la geografía española, a quienes se les ha informado de la existencia del libro. Como para los de Nava, no se les puede sacar de la sidra y de tocar , o tocarse, la gaita.


No hagáis como los asturianos, comprad este libro. Lo podéis adquirir en Amazon.

jueves, 26 de febrero de 2026

Reseña en la revista Sansueña

 


En el número 7 de la revista Sansueña (2025), pp. 188- ss  aparece esta reseña del libro:

 

ALVARO OCÁRIZ, José Andrés

La literatura española en el exilio: Agustín Argūelles Manso, un niño de la guerra asturiano en la URSS

Desiréediciones, 2024, 208 pp.

Carla Fernández Alarcón

GEXEL, Universitat Autònoma de Barcelona

 

 

Tal y como se ha venido haciendo en el último tiempo, la recuperación de la memoria histórica en España ha pro movido la inclusión en el espacio público de numerosas memorias de guerra que han contribuido, no sólo a la posibilidad de obtener de este pasado un relato mucho menos fragmentario, sino también a la dignificación de todas las que han sido víctimas por partida doble: de la Guerra Civil y de las posteriores políticas de olvido implementadas durante el periodo de Transición.

El libro del escritor y filólogo José Andrés Alvaro Ocáriz La literatura española en el exilio: Agustín Argüelles Manso, un niño de la guerra asturiano en la URSS, publicado en Desiréediciones, apunta en este sentido, pues reivindica la relevancia de las memorias de Argüelles -quien marchó a la URSS como «niño de la guerra»- y las erige como verdadero documento histórico y archivo testimonial. Argüelles nació en Oviedo en 1927 y desde 1939 residió en la URSS en calidad de exiliado. No fue hasta 1990 que regresó a España, donde fallecería cuatro años más tarde. José Andrés Alvaro Ocáriz, durante la realización de un libro sobre el poeta ucraniano Tarás Shevchenko, emplea diversas traducciones del español realizadas por Agustín Argüelles, eligiendo estas sobre otras por su calidad y transparencia. Así es cómo entra en contacto con la familia del traductor y conoce de la colaboración de éste con diversos escritores de gran. relevancia, como Juan y José Agustín Goytisolo, Ángela Figuera Аymerich, Blas de Otero y José Manuel Ullán. Las memorias de Argüelles comprenden desde 1934, años antes de iniciar su primer desplazamiento, hasta 1975. Adicionalmente, en el volumen se recoge una antología de poemas traducidos por el autor, así como una selección de su poesía personal.

Si bien Argüelles y su familia no se vieron obligados a abandonar su ciudad hasta 1937, la relación de los hechos inicia años atrás, en 1934, momento en que el autor refleja cómo el primer recuerdo infantil -el colegio del que su madre era profesora, los amigos, los juegos- se han conservado en la memoria impregnados de la atmósfera de tensión presente durante la Revolución de octubre de 1934. En estos primeros desplazamientos, que realizaron en función de las directrices del Ministerio de Instrucción Pública, la familia recorrió diversas ciudades, partiendo de Oviedo hasta Gijón, para posteriormente descender desde Nava hasta Castellet del Vallés y, finalmente, como tantos otros refugiados, cruzar la frontera francesa por Figueres.

Dicha estampa, lugar común en la literatura del exilio, es narrada en estas memorias desde el ruido de los bombardeos dejados atrás en Barcelona, el desorden, la confusión y el miedo. En el paso de la frontera se destaca la intervención con las autoridades francesas de la escritora y política Margarita Nelken. La llegada a Francia –a un pueblecito del Mediterráneo francés– (23) se ve marcada por el régimen autoritario impuesto a todos los refugiados, violencia paliada en la narración por una mirada infantil que dulcifica y prescinde de los hechos más crueles.

Tras su estancia en el campo de internamiento, Argüelles es finalmente desplazado con su familia a París rumbo al puerto de El Havre, lugar desde el que partió el buque María Uliánova en la última de las evacuaciones efectuadas, el día 24 de noviembre de 1938. El buque, en el que se refugiaron más de 300 niños, llegó a Leningrado el 6 de diciembre del mismo año.

El periodo transcurrido en la URSS es el que ocupa la gran parte de las memorias, ya que Argüelles permaneció allí desde su llegada a Leningrado en diciembre de 1938 hasta que fue repatriado a España en 1990. Los primeros años narrados insisten en la gran acogida que recibieron los niños españoles por parte de los soviéticos y las actividades allí organizadas, como bailes, cine y teatro. Asimismo, Argüelles no duda en integrar entre sus páginas una extensa nómina de compañeros y profesores: «Guardo un grato recuerdo de muchos maestros. María Luisa González, alumna de Unamuno en RESEÑAS Salamanca [...] Leonardo García Cámara, aragonés y comisario en la Batalla del Ebro. Se casó con una asturiana, Quintina Calvo. Carmen Roure, maestra de botánica y zoología, catalana (35).

Corría el mes de junio de 1941. El domingo día 22 anuncian por el altavoz que está colgado de un poste que los alemanes atacaron a la Unión Soviética» (46).

Los cuatro años que siguieron al inicio de la Gran Guerra Patria son descritos en estas páginas como un gran cambio para los niños de la guerra, pues la primera tranquilidad allí encontrada se tornaría ahora en preocupación colectiva: «Los estragos de la hambruna se mezclan con los de un invierno atroz en el que dormíamos en el suelo, vestidos. Íbamos a clase y no nos quitábamos ni el gorro de orejeras» (61).

El fin de la Gran Guerra Patria y la victoria sobre el fascismo vertieron sobre los españoles en Rusia la esperanzadora posibilidad del retorno, ilusión que se desvaneció ante la falta de relaciones diplomáticas entre España y Rusia y que se materializa en el texto con la ensoñación del colectivo español de una nueva patria a la que regresar: «Cosas así, o algo parecidas, hablábamos entre nosotros. Los camaradas mayores se creían que llegarían a sus pueblos o ciudades y que, por eso de estar políticamente bien preparados, ocuparían los sillones de gobernadores, alcaldes o, por lo menos, concejales» (73).

Tras la muerte de Stalin se iniciaron las primeras repatriaciones, no sin antes enfrentar numerosas dificultades que, en muchas ocasiones, tal y como constata el autor, no permitían completar el retorno. Los años vividos y la paulatina integración en la sociedad rusa aumentó la sensación de desasosiego tras la marcha de los que habían sido compañeros desde la infancia: «Se fue el tren y, en él, amigos invade de los mejores años. Un poso de soledad el alma. Tienen que pasar varios días para recuperarte» (129).

Como tantos otros niños de la guerra, Argüelles culminó sus estudios ejerció de en letras y ese momento en adelante como traductor. En su texto figuran numerosas estampas de cómo la literatura española permaneció viva a la luz de seminarios profesores y como César M. Arconada. Como muestra el autor, la revolución cubana resultó una gran oportunidad de desarrollo profesional para muchos de los españoles formados en Rusia, en especial, en el empleo de la traducción.

Fue así como Argüelles conoció autores como Blas de Otero -con quien conversó largamente en una de sus estancias en Rusia- y Juan Goytisolo -а quien conoció en un viaje a París-, traduciendo posteriormente su obra. En 1961, el autor publicó su poemario en la editorial Sovietski Pisatel, bajo el título de Palomitas de papel.

Las memorias finalizan tras la muerte de Franco, parte a la que sigue la compilación de algunos de los poemas que tradujo de autores como Mijail Lermontov, Tarás Shevchenko, Esenin. Iván Frankó y Esenin. En último lugar, se recoge la poesía de Argüelles, muy marcada por la búsqueda e interrogación de la identidad propia y la rememoración de las víctimas tras la Guerra Civil y el exilio. Así lo manifiesta en el poema “Porque el peso de mis muertos” (238):

Porque el peso de mis muertos

es mayor que el de mis vivos.

No nos dejan vivir tranquilos.

Una gota de petróleo,

un pedazo de hierro,

valen más que una vida,

valen más que los sueños:

Que el juguete del niño

y que el beso primero...

(¡cuántos se fueron

sin dar el primer beso!)

Una gota de petróleo,

un pedazo de hierro...

 

El texto de Argüelles representa un documento histórico de gran valor testimonial. Su narración en primera persona, que alterna entre el presente y el pretérito, dibuja con precisión los hechos vividos durante su exilio en la URSS y el desarrollo de su empleo como traductor. Su detallada relación, alejada de la búsqueda de literariedad, obra sugiere que la se inscribe con mayor propiedad en la categoría de egodocumento que en el género memorialístico. Con todo, la recuperación de este texto, como testimonio de un pasado silenciado, supone un aporte relevante para la compleción reconstrucción y de la memoria histórica.


Ya saben que el libro se puede adquirir en Amazon. En librerías, lo distribuye Elkar.

jueves, 30 de octubre de 2025

17 de octubre en Madrid


 El 17 de octubre presentamos este libro en Madrid.

Hacía dos años que no iba a Madrid. Qué caros se han puesto los hoteles.

El libro se puede adquirir en Amazon.

martes, 15 de julio de 2025

La vida de un español en la Ucrania soviética

 


En mi libro La literatura española en el exilio; Agustín Argüelles Manso, un niño de la guerra asturiano en la URSS, pueden encontrar las Memorias que escribió.

En ellas, nos habla de que tuvo que salir, cuando era un niño, de su Asturias natal y exiliarse, junto con su madre y hermana, en la antigua Unión Soviética.

En 21 ocasiones cita a Kyiv, donde había una colonia de niños españoles expatriados.

Seguí trabajando y preparándome para ingresar en un instituto. En 1953 empecé a estudiar en el Instituto pedagógico de Kiev. Hermosa ciudad la capital de Ucrania. La Kievskaya Rus (la Rusia de Kiev) era antiguamente una especie de Meca. Está impregnada de Historia. Hay muchos monumentos arquitectónicos, como la catedral de Santa Sofía y el monasterio Pechersky. De por aquí era Taras Shevchenko; en Kiev vivió este poeta rebelde, indómito Murió en San Petersburgo, y más tarde fue enterrado a las orillas del Dnieper. Como pedía él en su Testamento:

Cuando yo muera, enterradme

en una tumba allá arriba,

sobre un cerro que domine

toda mi tierra querida.

Que inmensos campos se vean,

y al Dnipró con sus colinas

que se le vea y se oiga

cómo ruge y cómo grita.

Cuando el Dnipró desde Ucrania

al mar azul lleve en clamor

de todos los enemigos la sangre,

entonces yo dejaré la fría tumba

y he de volar hasta Dios

para rezar. Y antes de esto

a Dios no reconozco yo.

Y después de sepultarme

alzaos, romped las cadenas,

rociad con sangre enemiga

la libertad, que es tan vuestra.

Y a mí en esa gran familia,

la familia libre, nueva,

no me olvidéis, recordadme

con palabras dulces, buenas ...

(Traducción de Agustín Argüelles)


Hay que decir que Kiev es una ciudad en la que viven muchos judíos. Si en las ciudades que estuve no se les siente hablar en voz alta el yidish, aquí sí. En la fábrica Zaporoshstal o en la empresa de aluminio, trabajaban muy pocos judíos como simples obreros. En la ciudad de Zaporozhie, por lo general, se dedican al comercio. Aquí pasa otro tanto. Si, por ejemplo, cuando el asunto aquel de los médicos que asistían a Stalin, en Zaporozhie se leían pintadas de “Biei shidov, spassi Rossíu” (Duro con los judíos y salva a Rusia), en Kiev no hubo nada de eso.


Cortejo una muchacha de mi curso, jovencita. Acaba de terminar la escuela; o sea, que no tiene más de 18 años.Se llama Galina Yermolaieva y es de aquí, de Kiev. Su padrastro es teniente coronel de tanques. Vive Galina con su madre y un hermanastro y con el teniente coronel.


Nos pasamos un mes de veraneo en los alrededores de Kiev. El grupo de chavales que me tocó a mí y a una chica que hacía de monitora de pioneros era una tribu de bárbaros. Gracias a Dios que figuraba Gerardo entre ellos.


Hay otro asturiano, José Antonio González, que nació en Oviedo. Terminó la Escuela de Arte y cerámica de Kiev. Trabaja en Kiev, tiene hoy muchas obras en exposiciones y museos: Museo de Lavra en Kiev, en exposiciones mundiales: Canadá, Egipto, Leipzig y en la exposición de adelantos de la URSS. Está preparando la repatriación de su familia (esposa y dos hijos)

José Antonio me escribe desde Kiev a menudo. La última la encabeza así: Asturias, patria querida / yes el trabayu y el llar /xuntai les nuestres banderes/ cantemos la llibertá.


De Odesa habla en cuatro ocasiones.


Su madre vive en Crimea, a donde va a visitarla y acaba viviendo allí.


En casa de Rufino no se aburre nadie. Incluso Raquel, la hija de Carmen y Rufino, compañera de mi madre en los sovjoses de Crimea y que yace atada al lecho hace muchos años, pasa con alivio esta desgracia al lado de su padre.


Después, hasta el año 47, en la fábrica 45 de Moscú, y luego Jesús Saiz me mandó para Crimea, a trabajar en el sovjos.


Mi padrastro, Andrés Contreras, fue desmovilizado del ejército y se fue a trabajar a Crimea. Al cabo de poco tiempo, se fueron mi madre y mi hermano Gerardo.


Me escribe mi madre desde Crimea. Este verano del 46 voy a ir a verla. Vive en Simferópol. Andrés, mi padrastro, trabaja en una empresa.


Recibo una carta de mi madre en la que me dice que Andrés está enfermo y que, si quiero, que me vaya con ella a Crimea. Viene Tamayo de un recorrido nocturno. “¿Te vas?” “Sí, me voy con mi madre a Crimea”.


Andrés se repuso. Estaba dispuesto a volver a Simferópol. Hace ya varios domingos que juego en el equipo de Bielogorsk, en el Spartak. Seguramente hago buen papel porque el alcalde llama al director del sovjos para que me libere de vez en cuando del trabajo. Viajó a Simferópol, Sebastopol (ciudad cerrada), Kech, Fedosia, Dzankoi y otras, el campeonato de Crimea.


Viven en Simferopol, donde , además de trabajar. juega al fútbol.

Andrés se fue a Simferópol y se colocó en una empresa. Le dieron un cuarto. Recogimos la cosecha de nuestro huerto, los trastos, los cargamos en una camioneta y nos fuimos a vivir a Simferópol. Me coloqué en una empresa donde hacían aparatos eléctricos. Al mismo tiempo, jugaba al fútbol en el Spartak de Simferópol.


Me escribe mi madre desde Crimea. Este verano del 46 voy a ir a verla. Vive en Simferópol. Andrés, mi padrastro, trabaja en una empresa. Viven en una casa que tiene habitación y una sola ventana, cegada con tablas. Como por allí pasaron los alemanes, hay muchas destrucciones. El mes pasado lo pasamos mal. Le metí a tu hermano Gerardo, tiene 6 años, en la bolsita de pan las cartillas y una mujer le engañó miserablemente y se las robó.


Vive, trabaja y juega a fútbol en   Zaporozhie:


Un día vino diciendo que se marchaba a la región de Zaporozhie, a una pequeña ciudad llamada Bolshoi Tomac, que iba a entrenar al equipo de una empresa constructora de motores diésel navales. A principio del año 49 recibí una carta de él en la que me decía que había hablado con el director de la empresa acerca de mí, que este señor era un gran aficionado al fútbol y que incluso me había prometido un apartamento. “Tú, déjate de historias y trabaja aquí. Nuestra situación mejora”, me decía Andrés, “ese Teliak me parece un tipo aventurero”. “Mire, ya que me llama, voy yo solo, estudio del asunto y el lugar”.

En el mes de abril recibo una invitación oficial y dinero para el traslado.

Con un atillo de ropa usada, pantalón bombacho de deportista, llegué a Bolshoi Tomac.


Me dieron residencia en el hotel Metalurg, perteneciente a la empresa Zaporoshtal. Jugaba al fútbol y estudiaba. Había escrito una carta a Moscú para lo de la beca. Nadie contestó ni al instituto ni a mí. Estudié unos tres meses, recogí los documentos y me coloqué en la empresa Zaporoshtal. En esta época me ayudaron mucho dos españoles (habían venido a la URSS a estudiar como pilotos, pero terminó la guerra de España y se quedaron aquí) que también jugaban en el equipo: Ortega, madrileño, y Esmeralda, extremeño.

Yo trabajaba en el taller de laminación supervisando la calidad del acero que salía del tren laminador.

Al poco tiempo pasaron a vivir a Zaporoshie mi madre y Andrés y mi hermano. Mi padrastro se colocó también en la misma empresa, en el taller de aparatos de precisión. El director le proponía el puesto de mecánico en el garaje de la fábrica, pero Andrés no quiso por el problema del idioma.


Tenía un mes por delante, julio, e iba a pasarlo a casa de mi madre, a Zaporozhie.


Además de su vida en Ucrania, tradujo a Shevchenko y a Frankó, autores de los que encontrarán una selección de poemas.


El libro lo pueden adquirir en Amazon. Como en el caso de mis otros libros de temática ucraniana, los beneficios se destinan a un proyecto humanitario en Ucrania.


Estos son los otros cuatro libros que he escrito sobre Ucrania:

















martes, 11 de marzo de 2025

En El Comercio de Gijón 090325









El niño de Rusia que conectó con Cela 

Memorias. El investigador José Andrés Alvaro Ocáriz recupera la obra del ovetense Agustín Argüelles, evacuado en 1939 a la URSS y que sirvió de puente con los escritores españoles en los años 60. 

Pablo Antón Marín Estrada 

Agustín Argüelles Manso (Oviedo, 1927 – Madrid, 1994) fue uno de los más de 1200 niños asturianos de Rusia Traductor, poeta y divulgador de la literatura española en la antigua Unión Soviética, colaboró desde allí en la década de los 60 con la revista de Camilo José Cela “Papeles de Son Armadans” y mantuvo una estrecha relación con autores españoles como los hermanos Juan y José Agustín Goytisolo, Ángela Figuera o Blas de Otero. El escritor y filólogo José Andrés Álvaro Ocáriz (San Sebastián, 1962) ha recuperado su historia en el libro La literatura española en el exilio: Agustín Argüelles Manso, un niño de la guerra asturiano en la Unión Soviética. 

“Es una figura tan importante como olvidada”, afirma el investigador sobre el desconocimiento de Argüelles Manso en su propio país. Él mismo no tenía noticias de su obra hasta que descubrió su nombre entre los traductores al español del poeta nacional de Ucrania Taras Shevchenko cuando preparaba un libro sobre este clásico. “Lo habían traducido varios niños de la guerra, pero las versiones suyas destacaban por su calidad”, explica. Esto le llevó a interesarse por su figura y a localizar en Barcelona a su viuda, la también evacuada Lina Pozuelo, y al hijo de ambos Juan José. En su casa encontró el archivo personal de Argüelles con la correspondencia mantenida con relevantes escritores españoles, su propia obra poética y, lo más fascinante, las Memorias que dejó inéditas. “Me pareció increíble. Son un recorrido por su estancia en la URSS y abarcan desde su infancia en Oviedo hasta la muerte de Franco, señala Álvaro Ocáriz. Ahora ven la luz por vez primera en una publicación autoeditada y disponible en Amazon, que incluye, además, una selección de las versiones que realizó el asturiano de autores como Shevchenko, Mijail Lermontov o Sergei Esenin, junto a una antología de sus propios poemas. 

Hijo de una maestra republicana, Mercedes Manso del Abad, Agustín Argüelles Manso era sobrino de Jesús Argüelles Fernández, Pichilatu, el único civil condenado a muerte y ejecutado por los sucesos de octubre del 34, y también del dirigente y diputado comunista Juan José Manso del Abad. Fue evacuado, junto a su madre y su hermana, a Burdeos en 1937, de donde pasaron a Cataluña, para volver a cruzar la frontera francesa dos años después junto a miles de refugiados republicanos. Allí se reencontrarán con su tío Manso del Abad, que les facilitará la salida hacia la Unión Soviética, el país en el que residirá Agustín hasta su regreso a España en 1990. 

Sus Memorias empiezan precisamente con una infancia marcada por el fusilamiento de su tío Jesús, a lo que seguirá el traslado a Gijón tras el estallido de la guerra civil, y el largo camino del exilio que le llevaría a la URSS en 1939. En el país de acogida se uniría a los niños llegados dos años antes y compartiría con ellos un destino itinerante por diversas ciudades, de Leningrado a Krasnovidovo, Stalingrado, Ufá, Kiev o Moscú. En la ciudad del Kremlin se licenciará en el Instituto de Literatura Máximo Gorki en 1960, tras una juventud en la que combinó su dedicación al fútbol con el trabajo en diferentes fábricas. Sería en esa década en la que, con su amigo el vasco Vicente Arana, traduciría clásicos españoles al ruso y rusos al español. En sus memorias relata sus encuentros en Moscú con Blas de Otero y Juan Goytisolo, al que luego visitará en París. Envía poemas suyos y traducciones a Cela para “Papeles de Son Armadans” y publica una traducción de Esenin con José Agustín Goytisolo. 

Por sus recuerdos desfilan decenas de asturianos. Otros niños de la guerra como el escritor José Fernández, el actor de “El espejo” de Tarkovski, Ángel Gutiérrez, o el poeta Celso Amieva, con el que trabaja en la agencia Novostil. El investigador que ha recuperado su historia lamenta el desinterés que asegura haber recibido en Asturias sobre el legado de Argüelles. Su correspondencia está ahora en el fondo Goytisolo de la Universidad de Barcelona, y parte de su archivo en una asociación de País Vasco dedicada al exilio, desvela.

jueves, 28 de noviembre de 2024

La literatura española en el exilio: Agustín Argüelles Manso, un niño de la guerra asturiano en la URSS

 




Este es mi nuevo libro. 

En 2019 escribí mi libro titulado Tarás Shevchenko, la voz de la Ucrania libre. Para llevarlo a cabo, utilicé una serie de traducciones realizadas por españoles que se exiliaron en su día a la entonces Unión Soviética. Ahí es donde encontré la obra de Agustín Argüelles Manso. Cuando había que elegir entre una traducción de Argüelles y de otro escritor, siempre me decantaba por la del primero ya que no traducía palabras, sino conceptos, con lo que se reforzaba el carácter poético del poema que trabajaba.

Este escritor fue uno de los llamados “niños de la guerra”. Ante el avance de las tropas franquistas, su madre tuvo que marchar al exilio con sus dos hijos, Agustín y Mercedes.  La primera etapa del exilio fue Francia y luego recalaron en la antigua Unión Soviética.

Agustín Argüelles se dedicó a traducir a los clásicos soviéticos, siendo el primer escritor español que tradujo a los rusos Lermontov y Esenin, o a los ucranianos Shevchenko y Frankó.

Con motivo del trabajo que realicé sobre Shevchenko, me he podido poner en contacto con su hijo y con quien fue la esposa y compañera de exilio de Argüelles. Por ellos supe que colaboró con escritores como los Goytisolo, Angela Figuera Aymerich o José Manuel Ullán. Además de su labor de traductor, produjo una importante poesía personal.

Porque es necesario reivindicar a estos españoles que, como Argüelles, tuvieron que abandonar su patria y acogerse en otras tierras que les permitieran vivir en libertad, hemos pensado publicar un libro para visibilizar a esa generación de la que se habla poco, o nada, y que produjeron una cultura muy estimable.

El libro tiene tres grandes apartados. En el primero de ellos van a encontrar las Memorias de Agustín Argüelles. Por esas casualidades de la vida, ordenando los papeles de su padre, el hijo de Agustín encontró sus Memorias. Abarcan desde 1934 hasta la muerte de Franco. Creo que son un documento histórico importante para conocer cómo fue ese periodo de nuestra Historia y cómo era la vida de los exiliados españoles en la URSS.

En el segundo de los bloques hemos realizado una antología de los poemas que tradujo, incluyendo una pequeña biografía de cada uno de los autores en cuestión. Y en el tercero, como no podía ser menos, hemos llevado a cabo una selección de sus poemas personales.

Quiero dar las gracias a su esposa, Lina Pozuelo, y a su hijo, Juan José, porque sin su ayuda no habríamos podido llevar a cabo esta obra. Y, por supuesto, a Begoña Collado y al personal de la Dirección de Memoria Democrática del Gobierno de Asturias. Espero que  disfruten de este libro.


Se puede adquirir en Amazon.

En este enlace podéis ver un video sobre el libro:

https://youtu.be/DKYcE_ehk6I