jueves, 26 de febrero de 2026

Reseña en la revista Sansueña

 


En el número 7 de la revista Sansueña (2025), pp. 188- ss  aparece esta reseña del libro:

 

ALVARO OCÁRIZ, José Andrés

La literatura española en el exilio: Agustín Argūelles Manso, un niño de la guerra asturiano en la URSS

Desiréediciones, 2024, 208 pp.

Carla Fernández Alarcón

GEXEL, Universitat Autònoma de Barcelona

 

 

Tal y como se ha venido haciendo en el último tiempo, la recuperación de la memoria histórica en España ha pro movido la inclusión en el espacio público de numerosas memorias de guerra que han contribuido, no sólo a la posibilidad de obtener de este pasado un relato mucho menos fragmentario, sino también a la dignificación de todas las que han sido víctimas por partida doble: de la Guerra Civil y de las posteriores políticas de olvido implementadas durante el periodo de Transición.

El libro del escritor y filólogo José Andrés Alvaro Ocáriz La literatura española en el exilio: Agustín Argüelles Manso, un niño de la guerra asturiano en la URSS, publicado en Desiréediciones, apunta en este sentido, pues reivindica la relevancia de las memorias de Argüelles -quien marchó a la URSS como «niño de la guerra»- y las erige como verdadero documento histórico y archivo testimonial. Argüelles nació en Oviedo en 1927 y desde 1939 residió en la URSS en calidad de exiliado. No fue hasta 1990 que regresó a España, donde fallecería cuatro años más tarde. José Andrés Alvaro Ocáriz, durante la realización de un libro sobre el poeta ucraniano Tarás Shevchenko, emplea diversas traducciones del español realizadas por Agustín Argüelles, eligiendo estas sobre otras por su calidad y transparencia. Así es cómo entra en contacto con la familia del traductor y conoce de la colaboración de éste con diversos escritores de gran. relevancia, como Juan y José Agustín Goytisolo, Ángela Figuera Аymerich, Blas de Otero y José Manuel Ullán. Las memorias de Argüelles comprenden desde 1934, años antes de iniciar su primer desplazamiento, hasta 1975. Adicionalmente, en el volumen se recoge una antología de poemas traducidos por el autor, así como una selección de su poesía personal.

Si bien Argüelles y su familia no se vieron obligados a abandonar su ciudad hasta 1937, la relación de los hechos inicia años atrás, en 1934, momento en que el autor refleja cómo el primer recuerdo infantil -el colegio del que su madre era profesora, los amigos, los juegos- se han conservado en la memoria impregnados de la atmósfera de tensión presente durante la Revolución de octubre de 1934. En estos primeros desplazamientos, que realizaron en función de las directrices del Ministerio de Instrucción Pública, la familia recorrió diversas ciudades, partiendo de Oviedo hasta Gijón, para posteriormente descender desde Nava hasta Castellet del Vallés y, finalmente, como tantos otros refugiados, cruzar la frontera francesa por Figueres.

Dicha estampa, lugar común en la literatura del exilio, es narrada en estas memorias desde el ruido de los bombardeos dejados atrás en Barcelona, el desorden, la confusión y el miedo. En el paso de la frontera se destaca la intervención con las autoridades francesas de la escritora y política Margarita Nelken. La llegada a Francia –a un pueblecito del Mediterráneo francés– (23) se ve marcada por el régimen autoritario impuesto a todos los refugiados, violencia paliada en la narración por una mirada infantil que dulcifica y prescinde de los hechos más crueles.

Tras su estancia en el campo de internamiento, Argüelles es finalmente desplazado con su familia a París rumbo al puerto de El Havre, lugar desde el que partió el buque María Uliánova en la última de las evacuaciones efectuadas, el día 24 de noviembre de 1938. El buque, en el que se refugiaron más de 300 niños, llegó a Leningrado el 6 de diciembre del mismo año.

El periodo transcurrido en la URSS es el que ocupa la gran parte de las memorias, ya que Argüelles permaneció allí desde su llegada a Leningrado en diciembre de 1938 hasta que fue repatriado a España en 1990. Los primeros años narrados insisten en la gran acogida que recibieron los niños españoles por parte de los soviéticos y las actividades allí organizadas, como bailes, cine y teatro. Asimismo, Argüelles no duda en integrar entre sus páginas una extensa nómina de compañeros y profesores: «Guardo un grato recuerdo de muchos maestros. María Luisa González, alumna de Unamuno en RESEÑAS Salamanca [...] Leonardo García Cámara, aragonés y comisario en la Batalla del Ebro. Se casó con una asturiana, Quintina Calvo. Carmen Roure, maestra de botánica y zoología, catalana (35).

Corría el mes de junio de 1941. El domingo día 22 anuncian por el altavoz que está colgado de un poste que los alemanes atacaron a la Unión Soviética» (46).

Los cuatro años que siguieron al inicio de la Gran Guerra Patria son descritos en estas páginas como un gran cambio para los niños de la guerra, pues la primera tranquilidad allí encontrada se tornaría ahora en preocupación colectiva: «Los estragos de la hambruna se mezclan con los de un invierno atroz en el que dormíamos en el suelo, vestidos. Íbamos a clase y no nos quitábamos ni el gorro de orejeras» (61).

El fin de la Gran Guerra Patria y la victoria sobre el fascismo vertieron sobre los españoles en Rusia la esperanzadora posibilidad del retorno, ilusión que se desvaneció ante la falta de relaciones diplomáticas entre España y Rusia y que se materializa en el texto con la ensoñación del colectivo español de una nueva patria a la que regresar: «Cosas así, o algo parecidas, hablábamos entre nosotros. Los camaradas mayores se creían que llegarían a sus pueblos o ciudades y que, por eso de estar políticamente bien preparados, ocuparían los sillones de gobernadores, alcaldes o, por lo menos, concejales» (73).

Tras la muerte de Stalin se iniciaron las primeras repatriaciones, no sin antes enfrentar numerosas dificultades que, en muchas ocasiones, tal y como constata el autor, no permitían completar el retorno. Los años vividos y la paulatina integración en la sociedad rusa aumentó la sensación de desasosiego tras la marcha de los que habían sido compañeros desde la infancia: «Se fue el tren y, en él, amigos invade de los mejores años. Un poso de soledad el alma. Tienen que pasar varios días para recuperarte» (129).

Como tantos otros niños de la guerra, Argüelles culminó sus estudios ejerció de en letras y ese momento en adelante como traductor. En su texto figuran numerosas estampas de cómo la literatura española permaneció viva a la luz de seminarios profesores y como César M. Arconada. Como muestra el autor, la revolución cubana resultó una gran oportunidad de desarrollo profesional para muchos de los españoles formados en Rusia, en especial, en el empleo de la traducción.

Fue así como Argüelles conoció autores como Blas de Otero -con quien conversó largamente en una de sus estancias en Rusia- y Juan Goytisolo -а quien conoció en un viaje a París-, traduciendo posteriormente su obra. En 1961, el autor publicó su poemario en la editorial Sovietski Pisatel, bajo el título de Palomitas de papel.

Las memorias finalizan tras la muerte de Franco, parte a la que sigue la compilación de algunos de los poemas que tradujo de autores como Mijail Lermontov, Tarás Shevchenko, Esenin. Iván Frankó y Esenin. En último lugar, se recoge la poesía de Argüelles, muy marcada por la búsqueda e interrogación de la identidad propia y la rememoración de las víctimas tras la Guerra Civil y el exilio. Así lo manifiesta en el poema “Porque el peso de mis muertos” (238):

Porque el peso de mis muertos

es mayor que el de mis vivos.

No nos dejan vivir tranquilos.

Una gota de petróleo,

un pedazo de hierro,

valen más que una vida,

valen más que los sueños:

Que el juguete del niño

y que el beso primero...

(¡cuántos se fueron

sin dar el primer beso!)

Una gota de petróleo,

un pedazo de hierro...

 

El texto de Argüelles representa un documento histórico de gran valor testimonial. Su narración en primera persona, que alterna entre el presente y el pretérito, dibuja con precisión los hechos vividos durante su exilio en la URSS y el desarrollo de su empleo como traductor. Su detallada relación, alejada de la búsqueda de literariedad, obra sugiere que la se inscribe con mayor propiedad en la categoría de egodocumento que en el género memorialístico. Con todo, la recuperación de este texto, como testimonio de un pasado silenciado, supone un aporte relevante para la compleción reconstrucción y de la memoria histórica.


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