En el número 7 de la revista Sansueña (2025), pp. 188- ss aparece esta reseña del libro:
ALVARO
OCÁRIZ, José Andrés
La
literatura española en el exilio: Agustín Argūelles Manso, un niño de la guerra
asturiano en la URSS
Desiréediciones,
2024, 208 pp.
Carla
Fernández Alarcón
GEXEL,
Universitat Autònoma de Barcelona
Tal
y como se ha venido haciendo en el último tiempo, la recuperación de la memoria
histórica en España ha pro movido la inclusión en el espacio público de
numerosas memorias de guerra que han contribuido, no sólo a la posibilidad de
obtener de este pasado un relato mucho menos fragmentario, sino también a la
dignificación de todas las que han sido víctimas por partida doble: de la
Guerra Civil y de las posteriores políticas de olvido implementadas durante el
periodo de Transición.
El
libro del escritor y filólogo José Andrés Alvaro Ocáriz La literatura española en el exilio: Agustín Argüelles Manso, un niño
de la guerra asturiano en la URSS, publicado en Desiréediciones, apunta en
este sentido, pues reivindica la relevancia de las memorias de Argüelles -quien
marchó a la URSS como «niño de la guerra»- y las erige como verdadero documento
histórico y archivo testimonial. Argüelles nació en Oviedo en 1927 y desde 1939
residió en la URSS en calidad de exiliado. No fue hasta 1990 que regresó a
España, donde fallecería cuatro años más tarde. José Andrés Alvaro Ocáriz,
durante la realización de un libro sobre el poeta ucraniano Tarás Shevchenko,
emplea diversas traducciones del español realizadas por Agustín Argüelles,
eligiendo estas sobre otras por su calidad y transparencia. Así es cómo entra
en contacto con la familia del traductor y conoce de la colaboración de éste
con diversos escritores de gran. relevancia, como Juan y José Agustín
Goytisolo, Ángela Figuera Аymerich, Blas de Otero y José Manuel Ullán. Las
memorias de Argüelles comprenden desde 1934, años antes de iniciar su primer
desplazamiento, hasta 1975. Adicionalmente, en el volumen se recoge una
antología de poemas traducidos por el autor, así como una selección de su
poesía personal.
Si
bien Argüelles y su familia no se vieron obligados a abandonar su ciudad hasta
1937, la relación de los hechos inicia años atrás, en 1934, momento en que el
autor refleja cómo el primer recuerdo infantil -el colegio del que su madre era
profesora, los amigos, los juegos- se han conservado en la memoria impregnados
de la atmósfera de tensión presente durante la Revolución de octubre de 1934.
En estos primeros desplazamientos, que realizaron en función de las directrices
del Ministerio de Instrucción Pública, la familia recorrió diversas ciudades,
partiendo de Oviedo hasta Gijón, para posteriormente descender desde Nava hasta
Castellet del Vallés y, finalmente, como tantos otros refugiados, cruzar la
frontera francesa por Figueres.
Dicha
estampa, lugar común en la literatura del exilio, es narrada en estas memorias
desde el ruido de los bombardeos dejados atrás en Barcelona, el desorden, la
confusión y el miedo. En el paso de la frontera se destaca la intervención con
las autoridades francesas de la escritora y política Margarita Nelken. La
llegada a Francia –a un pueblecito del Mediterráneo francés– (23) se ve marcada
por el régimen autoritario impuesto a todos los refugiados, violencia paliada
en la narración por una mirada infantil que dulcifica y prescinde de los hechos
más crueles.
Tras
su estancia en el campo de internamiento, Argüelles es finalmente desplazado
con su familia a París rumbo al puerto de El Havre, lugar desde el que partió
el buque María Uliánova en la última
de las evacuaciones efectuadas, el día 24 de noviembre de 1938. El buque, en el
que se refugiaron más de 300 niños, llegó a Leningrado el 6 de diciembre del
mismo año.
El
periodo transcurrido en la URSS es el que ocupa la gran parte de las memorias,
ya que Argüelles permaneció allí desde su llegada a Leningrado en diciembre de
1938 hasta que fue repatriado a España en 1990. Los primeros años narrados
insisten en la gran acogida que recibieron los niños españoles por parte de los
soviéticos y las actividades allí organizadas, como bailes, cine y teatro.
Asimismo, Argüelles no duda en integrar entre sus páginas una extensa nómina de
compañeros y profesores: «Guardo un grato recuerdo de muchos maestros. María
Luisa González, alumna de Unamuno en RESEÑAS Salamanca [...] Leonardo García
Cámara, aragonés y comisario en la Batalla del Ebro. Se casó con una asturiana,
Quintina Calvo. Carmen Roure, maestra de botánica y zoología, catalana (35).
Corría
el mes de junio de 1941. El domingo día 22 anuncian por el altavoz que está
colgado de un poste que los alemanes atacaron a la Unión Soviética» (46).
Los
cuatro años que siguieron al inicio de la Gran Guerra Patria son descritos en
estas páginas como un gran cambio para los niños de la guerra, pues la primera
tranquilidad allí encontrada se tornaría ahora en preocupación colectiva: «Los
estragos de la hambruna se mezclan con los de un invierno atroz en el que dormíamos
en el suelo, vestidos. Íbamos a clase y no nos quitábamos ni el gorro de
orejeras» (61).
El
fin de la Gran Guerra Patria y la victoria sobre el fascismo vertieron sobre
los españoles en Rusia la esperanzadora posibilidad del retorno, ilusión que se
desvaneció ante la falta de relaciones diplomáticas entre España y Rusia y que
se materializa en el texto con la ensoñación del colectivo español de una nueva
patria a la que regresar: «Cosas así, o algo parecidas, hablábamos entre
nosotros. Los camaradas mayores se creían que llegarían a sus pueblos o
ciudades y que, por eso de estar políticamente bien preparados, ocuparían los
sillones de gobernadores, alcaldes o, por lo menos, concejales» (73).
Tras
la muerte de Stalin se iniciaron las primeras repatriaciones, no sin antes enfrentar
numerosas dificultades que, en muchas ocasiones, tal y como constata el autor,
no permitían completar el retorno. Los años vividos y la paulatina integración
en la sociedad rusa aumentó la sensación de desasosiego tras la marcha de los
que habían sido compañeros desde la infancia: «Se fue el tren y, en él, amigos
invade de los mejores años. Un poso de soledad el alma. Tienen que pasar varios
días para recuperarte» (129).
Como
tantos otros niños de la guerra, Argüelles culminó sus estudios ejerció de en
letras y ese momento en adelante como traductor. En su texto figuran numerosas
estampas de cómo la literatura española permaneció viva a la luz de seminarios
profesores y como César M. Arconada. Como muestra el autor, la revolución
cubana resultó una gran oportunidad de desarrollo profesional para muchos de
los españoles formados en Rusia, en especial, en el empleo de la traducción.
Fue
así como Argüelles conoció autores como Blas de Otero -con quien conversó
largamente en una de sus estancias en Rusia- y Juan Goytisolo -а quien conoció
en un viaje a París-, traduciendo posteriormente su obra. En 1961, el autor
publicó su poemario en la editorial Sovietski Pisatel, bajo el título de Palomitas de papel.
Las
memorias finalizan tras la muerte de Franco, parte a la que sigue la compilación
de algunos de los poemas que tradujo de autores como Mijail Lermontov, Tarás
Shevchenko, Esenin. Iván Frankó y Esenin. En último lugar, se recoge la poesía
de Argüelles, muy marcada por la búsqueda e interrogación de la identidad
propia y la rememoración de las víctimas tras la Guerra Civil y el exilio. Así
lo manifiesta en el poema “Porque el peso de mis muertos” (238):
Porque el peso de mis muertos
es mayor que el de mis vivos.
No nos dejan vivir tranquilos.
Una gota de petróleo,
un pedazo de hierro,
valen más que una vida,
valen más que los sueños:
Que el juguete del niño
y que el beso primero...
(¡cuántos se fueron
sin dar el primer beso!)
Una gota de petróleo,
un pedazo de hierro...
El
texto de Argüelles representa un documento histórico de gran valor testimonial.
Su narración en primera persona, que alterna entre el presente y el pretérito,
dibuja con precisión los hechos vividos durante su exilio en la URSS y el
desarrollo de su empleo como traductor. Su detallada relación, alejada de la
búsqueda de literariedad, obra sugiere que la se inscribe con mayor propiedad
en la categoría de egodocumento que en el género memorialístico. Con todo, la
recuperación de este texto, como testimonio de un pasado silenciado, supone un
aporte relevante para la compleción reconstrucción y de la memoria histórica.
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