el blog de don benito
jueves, 5 de marzo de 2026
El Astillero, Galdós y Trafalgar
jueves, 26 de febrero de 2026
Reseña en la revista Sansueña
En el número 7 de la revista Sansueña (2025), pp. 188- ss aparece esta reseña del libro:
ALVARO
OCÁRIZ, José Andrés
La
literatura española en el exilio: Agustín Argūelles Manso, un niño de la guerra
asturiano en la URSS
Desiréediciones,
2024, 208 pp.
Carla
Fernández Alarcón
GEXEL,
Universitat Autònoma de Barcelona
Tal
y como se ha venido haciendo en el último tiempo, la recuperación de la memoria
histórica en España ha pro movido la inclusión en el espacio público de
numerosas memorias de guerra que han contribuido, no sólo a la posibilidad de
obtener de este pasado un relato mucho menos fragmentario, sino también a la
dignificación de todas las que han sido víctimas por partida doble: de la
Guerra Civil y de las posteriores políticas de olvido implementadas durante el
periodo de Transición.
El
libro del escritor y filólogo José Andrés Alvaro Ocáriz La literatura española en el exilio: Agustín Argüelles Manso, un niño
de la guerra asturiano en la URSS, publicado en Desiréediciones, apunta en
este sentido, pues reivindica la relevancia de las memorias de Argüelles -quien
marchó a la URSS como «niño de la guerra»- y las erige como verdadero documento
histórico y archivo testimonial. Argüelles nació en Oviedo en 1927 y desde 1939
residió en la URSS en calidad de exiliado. No fue hasta 1990 que regresó a
España, donde fallecería cuatro años más tarde. José Andrés Alvaro Ocáriz,
durante la realización de un libro sobre el poeta ucraniano Tarás Shevchenko,
emplea diversas traducciones del español realizadas por Agustín Argüelles,
eligiendo estas sobre otras por su calidad y transparencia. Así es cómo entra
en contacto con la familia del traductor y conoce de la colaboración de éste
con diversos escritores de gran. relevancia, como Juan y José Agustín
Goytisolo, Ángela Figuera Аymerich, Blas de Otero y José Manuel Ullán. Las
memorias de Argüelles comprenden desde 1934, años antes de iniciar su primer
desplazamiento, hasta 1975. Adicionalmente, en el volumen se recoge una
antología de poemas traducidos por el autor, así como una selección de su
poesía personal.
Si
bien Argüelles y su familia no se vieron obligados a abandonar su ciudad hasta
1937, la relación de los hechos inicia años atrás, en 1934, momento en que el
autor refleja cómo el primer recuerdo infantil -el colegio del que su madre era
profesora, los amigos, los juegos- se han conservado en la memoria impregnados
de la atmósfera de tensión presente durante la Revolución de octubre de 1934.
En estos primeros desplazamientos, que realizaron en función de las directrices
del Ministerio de Instrucción Pública, la familia recorrió diversas ciudades,
partiendo de Oviedo hasta Gijón, para posteriormente descender desde Nava hasta
Castellet del Vallés y, finalmente, como tantos otros refugiados, cruzar la
frontera francesa por Figueres.
Dicha
estampa, lugar común en la literatura del exilio, es narrada en estas memorias
desde el ruido de los bombardeos dejados atrás en Barcelona, el desorden, la
confusión y el miedo. En el paso de la frontera se destaca la intervención con
las autoridades francesas de la escritora y política Margarita Nelken. La
llegada a Francia –a un pueblecito del Mediterráneo francés– (23) se ve marcada
por el régimen autoritario impuesto a todos los refugiados, violencia paliada
en la narración por una mirada infantil que dulcifica y prescinde de los hechos
más crueles.
Tras
su estancia en el campo de internamiento, Argüelles es finalmente desplazado
con su familia a París rumbo al puerto de El Havre, lugar desde el que partió
el buque María Uliánova en la última
de las evacuaciones efectuadas, el día 24 de noviembre de 1938. El buque, en el
que se refugiaron más de 300 niños, llegó a Leningrado el 6 de diciembre del
mismo año.
El
periodo transcurrido en la URSS es el que ocupa la gran parte de las memorias,
ya que Argüelles permaneció allí desde su llegada a Leningrado en diciembre de
1938 hasta que fue repatriado a España en 1990. Los primeros años narrados
insisten en la gran acogida que recibieron los niños españoles por parte de los
soviéticos y las actividades allí organizadas, como bailes, cine y teatro.
Asimismo, Argüelles no duda en integrar entre sus páginas una extensa nómina de
compañeros y profesores: «Guardo un grato recuerdo de muchos maestros. María
Luisa González, alumna de Unamuno en RESEÑAS Salamanca [...] Leonardo García
Cámara, aragonés y comisario en la Batalla del Ebro. Se casó con una asturiana,
Quintina Calvo. Carmen Roure, maestra de botánica y zoología, catalana (35).
Corría
el mes de junio de 1941. El domingo día 22 anuncian por el altavoz que está
colgado de un poste que los alemanes atacaron a la Unión Soviética» (46).
Los
cuatro años que siguieron al inicio de la Gran Guerra Patria son descritos en
estas páginas como un gran cambio para los niños de la guerra, pues la primera
tranquilidad allí encontrada se tornaría ahora en preocupación colectiva: «Los
estragos de la hambruna se mezclan con los de un invierno atroz en el que dormíamos
en el suelo, vestidos. Íbamos a clase y no nos quitábamos ni el gorro de
orejeras» (61).
El
fin de la Gran Guerra Patria y la victoria sobre el fascismo vertieron sobre
los españoles en Rusia la esperanzadora posibilidad del retorno, ilusión que se
desvaneció ante la falta de relaciones diplomáticas entre España y Rusia y que
se materializa en el texto con la ensoñación del colectivo español de una nueva
patria a la que regresar: «Cosas así, o algo parecidas, hablábamos entre
nosotros. Los camaradas mayores se creían que llegarían a sus pueblos o
ciudades y que, por eso de estar políticamente bien preparados, ocuparían los
sillones de gobernadores, alcaldes o, por lo menos, concejales» (73).
Tras
la muerte de Stalin se iniciaron las primeras repatriaciones, no sin antes enfrentar
numerosas dificultades que, en muchas ocasiones, tal y como constata el autor,
no permitían completar el retorno. Los años vividos y la paulatina integración
en la sociedad rusa aumentó la sensación de desasosiego tras la marcha de los
que habían sido compañeros desde la infancia: «Se fue el tren y, en él, amigos
invade de los mejores años. Un poso de soledad el alma. Tienen que pasar varios
días para recuperarte» (129).
Como
tantos otros niños de la guerra, Argüelles culminó sus estudios ejerció de en
letras y ese momento en adelante como traductor. En su texto figuran numerosas
estampas de cómo la literatura española permaneció viva a la luz de seminarios
profesores y como César M. Arconada. Como muestra el autor, la revolución
cubana resultó una gran oportunidad de desarrollo profesional para muchos de
los españoles formados en Rusia, en especial, en el empleo de la traducción.
Fue
así como Argüelles conoció autores como Blas de Otero -con quien conversó
largamente en una de sus estancias en Rusia- y Juan Goytisolo -а quien conoció
en un viaje a París-, traduciendo posteriormente su obra. En 1961, el autor
publicó su poemario en la editorial Sovietski Pisatel, bajo el título de Palomitas de papel.
Las
memorias finalizan tras la muerte de Franco, parte a la que sigue la compilación
de algunos de los poemas que tradujo de autores como Mijail Lermontov, Tarás
Shevchenko, Esenin. Iván Frankó y Esenin. En último lugar, se recoge la poesía
de Argüelles, muy marcada por la búsqueda e interrogación de la identidad
propia y la rememoración de las víctimas tras la Guerra Civil y el exilio. Así
lo manifiesta en el poema “Porque el peso de mis muertos” (238):
Porque el peso de mis muertos
es mayor que el de mis vivos.
No nos dejan vivir tranquilos.
Una gota de petróleo,
un pedazo de hierro,
valen más que una vida,
valen más que los sueños:
Que el juguete del niño
y que el beso primero...
(¡cuántos se fueron
sin dar el primer beso!)
Una gota de petróleo,
un pedazo de hierro...
El
texto de Argüelles representa un documento histórico de gran valor testimonial.
Su narración en primera persona, que alterna entre el presente y el pretérito,
dibuja con precisión los hechos vividos durante su exilio en la URSS y el
desarrollo de su empleo como traductor. Su detallada relación, alejada de la
búsqueda de literariedad, obra sugiere que la se inscribe con mayor propiedad
en la categoría de egodocumento que en el género memorialístico. Con todo, la
recuperación de este texto, como testimonio de un pasado silenciado, supone un
aporte relevante para la compleción reconstrucción y de la memoria histórica.
Ya saben que el libro se puede adquirir en Amazon. En librerías, lo distribuye Elkar.
La Concos y la Noser contra Miguel Hernández
Nieves Concostrina, a quien le encanta hablar de lo que no sabe, ha atacado a la Fundación Miguel Hernández.
Este es un artículo de Info Vega baja:
Aitor
Larrabide denuncia insultos y acusaciones de censura en el programa “La
Ventana”
El director de la Fundación Miguel
Hernández, Aitor Larrabide, acusa a Nieves Concostrina y a Carles Francino de
“injuriar sin contrastar la información” en un programa de la Ser, y defiende
su decisión de retirar un texto por contener descalificaciones personales
Por Info
Vegabaja 5 horas.
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El director
de la Fundación Cultural Miguel Hernández, Aitor Larrabide, ha
hecho público un comunicado en el que denuncia haber sido objeto de “insultos
directos” y acusaciones de censura en el programa “La Ventana”, de la Cadena
SER, presentado por Carles Francino y con la participación de la
periodista Nieves Concostrina.
Según expone Larrabide, durante la
emisión del pasado 18 de febrero, en la sección “Acontece que no es poco”,
Concostrina se refirió a él con expresiones como “hipócrita” y “personajes que
viven a costa de Miguel Hernández”, además de calificarlo como “Aitor el
censor”. Por su parte, Francino habló de la “torpeza del director de la
Fundación”.
El origen de la polémica
El detonante de las críticas fue la
no inclusión de un texto titulado “Rebelión”, firmado por
Concostrina, en el catálogo Indómito, vinculado a una exposición
del artista cordobés Fernando Somé. El catálogo iba a contar con el sello
editorial de la Fundación, condición que, según Larrabide, aceptó con el
requisito de revisar previamente los textos.
En su comunicado, el director
explica que solicitó a la autora la retirada de determinadas expresiones que
consideraba insultantes. Entre ellas, la referencia al obispo Luis Almarcha
como “canalla” y la acusación de haber “participado activamente” en la muerte
del poeta oriolano mirando “para otro lado”, así como la mención al alcalde de
Madrid, José Luis Martínez-Almeida, al que se aludía en términos críticos.
Ante la negativa de la periodista a
modificar el contenido, Larrabide decidió retirar el texto del catálogo en el
ejercicio de su “responsabilidad como director”. En el comunicado, sostiene que
“si no se es capaz de criticar sin llegar al insulto o descalificación
personal, pobre periodista se puede calificar”.
Acusaciones de falta de contraste
Larrabide reprocha tanto a
Concostrina como a Francino no haberse puesto en contacto con él para
contrastar la información antes de realizar las afirmaciones en antena.
Asimismo, niega que su decisión respondiera a presiones políticas o a la
intención de “dejar contento” a responsables municipales.
En este sentido, menciona al alcalde
de Orihuela, Pepe Vegara, y al exconcejal de Cultura Gonzalo Montoya,
aludiendo a que fue incluido por Concostrina en lo que denominó el “trío del
postureo”. También señala que el Premio Internacional de Poesía al que se hizo
referencia está promovido por la propia Fundación y recuerda que la entidad se
manifestó en contra de la decisión del equipo de gobierno local de rechazar la
moción sobre la nulidad de la condena a Miguel Hernández.
El director subraya además su
trayectoria en la investigación y promoción del legado del poeta, así como su
vinculación con el Ateneo Socio-Cultural Viento del Pueblo y la
Coordinadora de Asociaciones de Memoria Histórica de la Provincia de Alicante
(COAMHI). También recuerda que fue cesado como consejero independiente de la
empresa municipal Orihuela Cultural en mayo de 2024.
“Sin derecho a réplica”
En la parte final del comunicado,
Larrabide lamenta no haber tenido oportunidad de ejercer su derecho de réplica
y critica que quienes denuncian el “seudoperiodismo de ultraderecha” incurran,
a su juicio, en prácticas similares “injuriando sin contrastar la información”.
El
comunicado concluye con una reflexión sobre la responsabilidad mediática y la
construcción del relato histórico en torno a la figura de Miguel Hernández y su
legado cultural en Orihuela.
Os recuerdo que mi libro sobre Miguel Hernández lo podéis adquirir en Amazon.
sábado, 14 de febrero de 2026
viernes, 13 de febrero de 2026
Elcano
Con motivo del 500 aniversario del fallecimiento de Juan Sebastián Elcano he escrito este libro.
Prólogo
El interés por la historia marítima de
los vascos, interés que ambos compartimos, ha forjado la amistad entre el autor
de la obra que prologamos, José Andrés Alvaro Ocáriz, y el que suscribe. La “Presencia
vasca en la Armada española”, libro que tuve el honor de presentar en
Madrid hace pocos años, su estudio sobre el “Elogio histórico de
Churruca” y el no menos importante sobre el segundo comandante del San
Juan Nepomuceno del mando del anterior y con igual cota de heroísmo que D.
Cosme Damián, D. Francisco Moyua y Mazarredo, terminaron de anudar los lazos de
nuestra amistad.
Ahora, con motivo del inminente V
Centenario del fallecimiento en aguas de la Mar del Sur (por culpa de
Magallanes, conocido como Pacífico como nos cuenta Pigaffetta) del que por
primera vez circundó el mundo, el guetariano inmortal Juan Sebastián Elcano, ha
buceado en la Historia para sacarlo a la superficie y así pueda ser apreciado
por todos.
La ley dictada por los Reyes Católicos
prohibía la exportación de naves construidas en los astilleros de sus unidos
reinos de Castilla y Aragón, ley hecha para guardar el secreto de la excelente
construcción naval española, que condujo al desarrollo de esa misma
construcción en Inglaterra y Holanda, dado que España no les vendía buques.
Como Juan Sebastián vio embargada su
embarcación de comercio por unos exigentes banqueros saboyanos, la Justicia
consideró tal embargo como una venta a extranjeros y esos “antecedentes
penales” van a pesar muy duramente en su honrada y heroica vida y tengo para mí
que eso fue lo que le impidió tomar el hábito de alguna de las Ordenes
Militares (a Magallanes le concedieron el de Santiago) y seguramente provocó la
negativa del rey a concederle un título nobiliario, incluso creemos que no tomó
el mando de la expedición que pusieron en manos del inexperto Loaisa por lo
mismo, y además por la nobleza del de tierra adentro (Ciudad Real).
En el libro verán bien la tragedia
final, cuando por fin Elcano accede a la capitanía general de la Armada,
solamente la disfrutará, si es que le quedaba algo de consciencia, cuatro días,
la ciguatera o el escorbuto dio con sus huesos en la mar que, con tantísimo
esfuerzo, había dominado.
Para mi tengo también que la derrota de
Timor a Cabo Verde, que él utilizó por primera vez y que nada tiene que ver con
la utilizada por los portugueses, comiendo arroz cocido en agua de mar y
aguantando así más de tres meses, arrojando un cadáver al mar casi todos los
días, constituye uno de los actos más heroicos de la historia de la navegación
mundial y nos resulta imposible comprender que, tras las penalidades que pasó,
incluso después hasta Sevilla utilizando la vuelta de Mina, volviese a embarcar
de segundo de Loaisa.
Muy oportuna me parece la inclusión del
texto completo de su testamento, del cual la Armada Española cumplió una de las
mandas, la relativa a la Santa Verónica que se venera en el monasterio de la
Santa Faz de Alicante, en los años cuareta
del pasado siglo, pero eso ya lo hemos contado en otras ocasiones.
Felicitamos muy de verás a nuestro
amigo José Andrés que, a su biografía sobre Elcano, añade aspectos iconográficos
poco conocidos y, con agradable escritura, deja constancia de esa increíble
vida del guetariano (por cierto, en cartografía antigua del País Vasco, puede
apreciarse un lugar muy cercano a Guetaria, llamado El Cano).
Introducción
Cinco siglos no bastan para
medir la hondura de una estela. El mar, que todo lo borra, ha conservado sin
embargo el nombre de Juan Sebastián Elcano como conserva ciertos secretos: no
en la superficie brillante de la Historia, sino en su fondo más verdadero. En
2026 se cumplen quinientos años de su muerte, y este libro nace bajo el signo
de esa efeméride, no como un ejercicio de memoria ritual, sino como una
invitación a volver a pensar al hombre que cerró, por primera vez, el círculo
del mundo.
Cuando las naves partieron de
Sevilla en 1519, Elcano era uno más entre muchos. No encabezaba banderas ni
discursos, no soñaba con hazañas universales. Era marino, y eso bastaba. El
destino, esa fuerza sin rostro que gobierna las derrotas y las grandezas, lo
condujo a asumir el mando de la Victoria tras la muerte de Magallanes.
No lo hizo por ambición, sino por necesidad. Y así, sin buscarlo, completó la
empresa más decisiva de la historia de la navegación: la primera vuelta al
mundo.
Pero la vida de Elcano no
concluyó con el regreso triunfal de 1522. La Historia, más exigente que la
gloria, no le concedió reposo. Apenas cuatro años después, volvió a embarcarse
en otra empresa extrema: la expedición de García Jofre de Loaisa, destinada a
afianzar la presencia española en las Islas de las Especias. Era una navegación
aún más incierta, más dura, más condenada desde su origen. Elcano, ya célebre,
ya experimentado, eligió de nuevo el mar cuando podría haberse quedado en
tierra. Eligió, una vez más, el camino más arduo.
Aquella expedición fue un
calvario oceánico. Tempestades, hambre, enfermedades y muertes fueron
deshaciendo la flota antes incluso de alcanzar el Pacífico. En agosto de 1526,
en mitad del océano inmenso que él había ayudado a comprender, Juan Sebastián
Elcano sucumbió al escorbuto. No hubo regreso, ni honores, ni sepultura
conocida. El hombre que había cerrado el mundo quedó, para siempre, en su
interior.
Este libro se escribe desde esa
doble perspectiva: la del héroe involuntario que culmina una hazaña sin
precedentes y la del marino fiel que muere en servicio, lejos de todo, sin más
testigo que el horizonte. No pretende erigir una estatua retórica, sino
recuperar una figura compleja, humana, profundamente moderna en su relación con
el riesgo, la obediencia y el deber.
A quinientos años de su muerte,
Elcano sigue interpelándonos. No por lo que conquistó, sino por lo que
resistió. No por la gloria que recibió, sino por la que no reclamó. Su vida
entera, desde Guetaria hasta los confines del Pacífico, fue una lección
silenciosa sobre la perseverancia humana frente a lo desconocido.
Leer estas páginas es volver a
embarcarse con él: aceptar la incertidumbre, escuchar el crujido de la nave,
medir el mundo con el cuerpo y con el hambre, y comprender que la Historia no
siempre la hacen quienes la imaginan, sino quienes no abandonan el timón cuando
todo parece perdido.
Porque hay hombres que descubren
mundos. Y hay otros, más raros aún, que los recorren hasta el final y mueren en
ellos.
A quinientos años de su
desaparición, estas páginas restituyen a Elcano su dimensión más profunda: la
del hombre que no abandonó el mar cuando ya había cumplido la hazaña, la del
navegante que eligió servir antes que descansar, la del protagonista silencioso
de una epopeya que no se explica sin resistencia, lealtad y riesgo.
Un libro para comprender no sólo
una gesta irrepetible, sino a un hombre que navegó hasta el final del mundo y
de su propia vida.
Contraportada
Cinco siglos después de su muerte, la figura de
Juan Sebastián Elcano sigue emergiendo entre la bruma del océano como símbolo
de audacia, resistencia y destino.
No fue sólo el hombre
que culminó la primera circunnavegación de la Tierra tras la muerte de Fernando de Magallanes; fue también el marino
que, al mando de la nao Victoria, condujo
a dieciocho hombres exhaustos de regreso a Sevilla en 1522, cerrando por vez
primera el círculo del mundo y transformando para siempre la conciencia
geográfica de la humanidad.
Pero esta obra no se
detiene en la gloria. Acompaña a Elcano más allá del triunfo, cuando el reconocimiento
real y el escudo concedido por Carlos I de España
no bastaron para apartarlo del mar. Fiel a su vocación y a su tiempo, volvió a
embarcarse hacia las islas de las Especias en la expedición de García Jofre de Loaísa. Allí, en la inmensidad
del Pacífico que él mismo había atravesado por primera vez para Europa, halló
no la fama, sino el desgaste, la enfermedad y la muerte en 1526, lejos de su
Getaria natal y sin la pompa reservada a los héroes.
Entre la epopeya y
el silencio final, este libro reconstruye la vida completa de Elcano: el
comerciante vasco, el navegante audaz, el hombre enfrentado al hambre, al motín
y a la incertidumbre de mares desconocidos; pero también el marino que pagó con
su propia vida la fidelidad a una empresa imperial que apenas comenzaba.
En el quinto centenario de su muerte, esta obra invita a
mirar más allá del mito para descubrir al hombre entero: el que abrió rutas
imposibles, el que sostuvo la esperanza en la adversidad y el que, tras haber
dado la vuelta al mundo, terminó fundiéndose con el océano que le hizo eterno.
Se puede adquirir en Amazon
sábado, 7 de febrero de 2026
Francisco Pizarro, entre la espada y el mito
Prólogo del libro
Hubo un tiempo en que los
hombres cruzaban el mar persiguiendo una línea de fuego en el horizonte. Creían
en los presagios, en la salvación y en la fortuna; empuñaban la cruz y la
espada como si ambas fueran una sola. En ese tiempo, la Historia se escribía a
golpes de audacia y sangre, y los nombres de sus protagonistas —Colón, Cortés,
Pizarro— quedaron grabados en la memoria del mundo con el mismo hierro con que
forjaron su destino.
Francisco Pizarro nació en
Trujillo, en una tierra donde la pobreza templaba el carácter y el horizonte
empujaba al exilio. No aprendió letras ni heredó fortuna, pero sí conoció la
aspereza de la vida y la obstinación del que sobrevive. En su infancia, los
caminos eran polvo, las palabras eran órdenes, y el futuro —si existía— se
medía en jornadas. De ese silencio y esa rudeza nació el hombre que un día
marcharía hacia lo desconocido, guiado por un sueño de grandeza.
Cuando Pizarro zarpó hacia el
Nuevo Mundo, en su espíritu ardía la certidumbre de que el mar podía ofrecer lo
que la tierra le negó. En Panamá, entre selvas y fracasos, aprendió a esperar;
y fue allí donde oyó hablar de un imperio poderoso, de templos cubiertos de oro
y de una civilización ordenada como un misterio. Aquel nombre —Perú— se convirtió
en promesa, en destino, en condena.
La conquista que siguió fue
tan deslumbrante como terrible. La llegada a Cajamarca, el encuentro con
Atahualpa, la caída de Cuzco: episodios donde la Historia se confunde con la
leyenda y donde cada gesto tiene la densidad del símbolo. Fue el choque de dos
mundos que se desconocían, dos visiones del cosmos que no podían entenderse sin
destruirse. Y en medio de ese torbellino, Pizarro se alzó como un hombre de
frontera: entre la fe y la ambición, entre la valentía y la crueldad, entre la
gloria y la ruina.
Pero más allá de los hechos,
el nombre de Francisco Pizarro ha sobrevivido como un enigma. En él convergen
las luces y las sombras de una época. Pizarro pertenece tanto a la épica como a
la tragedia: es el símbolo de la grandeza humana y de su caída.
Este libro intenta acercarse a
ese enigma sin prejuicio ni absolución. No se trata de rendir homenaje ni de
dictar sentencia, sino de comprender el sentido profundo de su aventura: la
expansión del mundo, el encuentro de civilizaciones, el precio de la conquista.
Entre la espada y el mito se abre un espacio donde el hombre aparece, desnudo
de gloria, frente a su destino. Allí, donde la Historia se convierte en espejo,
aún resuena el eco de sus pasos sobre las piedras de Cuzco, el silencio de la
sierra que lo vio nacer y la sombra que aún proyecta sobre la memoria de
América.
Porque hablar de Pizarro es
hablar de nosotros: de la herencia que nos une, de esa sed de inmortalidad que
siempre acompaña al ser humano cuando cree estar haciendo Historia.
Contraportada
Francisco Pizarro fue uno de esos hombres que
cambiaron el curso de la historia sin sospechar del todo lo que hacían. Nació
en Trujillo, en una Extremadura pobre y áspera, sin fortuna ni educación, y sin
embargo su nombre quedó inscrito entre los grandes conquistadores del Nuevo
Mundo. Su vida fue una sucesión de riesgos, fracasos y victorias imposibles,
guiada por una mezcla de ambición, fe y fatalidad.
En el vasto escenario del siglo XVI, cuando el
mundo se ensanchaba bajo las velas de los imperios, Pizarro emprendió la
empresa más temeraria de todas: la conquista del Perú. A su paso se cruzaron el
esplendor del imperio inca y el sueño imperial de Castilla; se encontraron dos
civilizaciones distintas, dos maneras de entender la vida, la muerte y lo
sagrado. De ese choque surgió una historia que aún hoy resuena con fuerza: la
de un encuentro que fue también una herida.
Este libro no busca la simple exaltación ni la
condena. Su propósito es comprender al hombre detrás del mito: al extremeño
endurecido por la pobreza, al capitán que desafiaba el mar y la montaña, al
fundador que levantó ciudades y destruyó imperios. En Pizarro conviven la
audacia y la crueldad, la fe y la codicia, la gloria y la ruina.
Francisco Pizarro, entre la espada y el mito
invita al lector a recorrer los claroscuros de una época donde el heroísmo y la
violencia marchaban de la mano. Es una mirada hacia los orígenes de la
conquista, pero también hacia los dilemas eternos del poder, la ambición y el
destino. Porque, al final, Pizarro no pertenece solo al pasado: pertenece a la
memoria viva de aquello que fuimos —y de lo que aún somos.
Se puede adquirir en Amazon
domingo, 1 de febrero de 2026
Fernando Esteso
Ha fallecido Fernando Esteso. He aquí el artículo de Manuel Román que publica Libertad Digital:
Fernando Esteso, el cómico que pasó del éxito a
malograr su vida
Su
familia tenía compañía propia, modesta,
e iban de pueblo en pueblo cantando jotas y representando además de zarzuelas,
sainetes cómicos.
Faltaban
quince días para que cumpliera ochenta y un años. Toda una vida, desde que era
un niño, dedicado al escenario y, ya adulto, al cine y la televisión, donde en
los 70 y 80 se convirtió en un popularísimo cómico. Fama y dinero ganó a espuertas. Y buena parte de su
patrimonio lo echó a perder por sus adicciones. Como también su matrimonio se
fue a pique y su mujer acabó muriéndose de tanto sufrimiento. Padre de dos
hijos en los que pudo apoyarse en los años en los que iba dejando de ser aquel gracioso actor, cantante, imitador y taquillero humorista por sus
películas, muchas de ellas junto a Andrés Pajares.
Tardaría en ir recuperando parte de su vis cómica, para subsistir, cuando ya
hacía tiempo que había dejado de ser el triunfador que fue y malogró su carrera
y su vida.
Viajó
a Madrid con su madre, donde el maestro Legaza, descubridor
de Antonio Molina, le hizo unas pruebas para entrar en la
compañía de Los Chavalillos de España. No había emisora de radio que no
frecuentara, como "Conozca usted a sus vecinos", de Radio Madrid.
Ganó quinientas pesetas como premio, las necesitaba él y sus padres para ir
comiendo…, y como en esos días sucedió el desbordamiento
del río Turia y Valencia vivió una tragedia, Fernando donó ese dinero en favor
de los damnificados, que había percibido por la canción "El escapulario",
en aquel programa-concurso.
Vida azarosa de Fernando Esteso, que
pasó unos años viviendo en Barcelona, donde con catorce años actuaba en
sesiones de cine, en los descansos del Selecto, junto a Escamillo. Y en el cine
Versalles, lo mismo, con Manolo Escobar y sus hermanos. Cantaba coplas y
contaba chistes. Y así fueron transcurriendo temporadas en espectáculos de
variedades encabezados por Estrellita de Palma, Antonio Amaya y El Titi. Me
decía:
Yo era el cómico
cantante, un caricato que interpretaba canción española, canción ligera y
números cómicos. Me contrataron en el Teatro Chino de Manolita Chen a razón de
veinte duros diarios. Actuando seis o siete veces al día en ferias por todos
los pueblos de España.
Y así, año tras año hasta la mayoría de
edad continuó en otras agrupaciones de variedades, que encabezaban,
respectivamente, Estrellita Castro, Rafael Farina, La Paquera de Jerez y el
gran bailaor Faíco, Gracia Montes… Y en 1967, Rocío Jurado lo contrató,
recomendado por Andrés Pajares, para aparecer en "Pasodoble", un
espectáculo que había sido estrenado en el madrileño teatro de la Zarzuela.
Allí fue cuando conocí a Fernando Esteso y lo traté en muchas ocasiones.
Estrenó allí un "sketch", "Coñac la Parra", que repetiría
miles de veces entre las risas del respetable.
Su
golpe de fortuna fue cuando lo contrataron para
cuatro programas de "Tarde para todos", en Televisión Española. Su
trampolín para darse a conocer en toda España, donde popularizó sus monólogos
de "El Agustinico", "El Bellotero" y el flamenco que
repetía aquello de "Azuquiqui". Época en la que el inefable Lauren
Postigo le proporcionó la letra de unas "Sevillanas tartamudas" y
"Mariquita la yeyé", con música de Felipe Campuzano.
Durante
mucho tiempo Fernando Esteso no se desentendió de su parcela musical y
hasta participó en el Festival de Benidorm con una
canción, toda en serio, que le compuso Augusto Algueró. Quedó en un honroso
séptimo puesto. Y a sus espectáculos de variedades y revisteriles, añadimos su
estreno madrileño de una comedia de Neil Simon, junto a Andrés Pajares,
"La extraña pareja", en 1987, durante una larga temporada. Era la
misma que habían llevado al cine Jack Lemmon y Walter Matthau.
Citado
su colega y gran amigo, como hermanos, Andrés Pajares, es el referente más
destacado de su filmografía. Les proporcionó a los dos grandes beneficios,
artísticos y económicos. Unas películas al alimón y otras por separado. Entre
ellas, muchas de las que siguen programándose en programas televisivos:
"Los bingueros", "El soplagaitas", "Yo hice a Roque III", "Los
liantes", "Los chulos", "La Lola nos lleva al huerto",
"El cura ya tiene hijo"… Nueve fueron las que protagonizaron juntos,
la última en 1983. Escritas y dirigidas por Mariano Ozores. Y unas catorce él
solo.
Fernando
Esteso no supo asimilar su gran éxito llegado a lo más alto de su carrera,
cuando fue echando a perder su patrimonio: aparte de sus saneadas cuentas
bancarias se había comprado un lujoso chalé, propio de millonarios. Y él lo
era. Le gustaba jugar al póker a menudo. Y por ese conducto se le iba yendo a
diario buena parte de su dinero. Coincidiendo con sus adicciones a sustancias que fueron diezmando su salud y sus
elevados ahorros. Su representante artístico me confió, como amigo,
que dejaba de firmarle contratos, puesto que o no los cumplía o salía al
escenario en penosa presencia.
Y
así, poco a poco, finalizando la década de los 80 y los 90, la caída a los
infiernos de la droga llevó a Fernando Esteso a una situación gravísima. Hubo
de malvender su casoplón. Se separó de María José, su esposa durante más de
veinte años, en 1992, con quien tuvo dos hijos, Arancha y Fernando.
Ella falleció víctima de un cáncer, deprimida desde su ruptura matrimonial, en
2003. Ya entonces, Fernando Esteso iba recobrando poco a poco su sentido común,
recuperándose del efecto nocivo que le causaron sus adicciones.
La
existencia de Fernando desde entonces, después de su caída y de nuevo dispuesto
a continuar su vida de cómico, no le fue fácil. Y montó un bar en una localidad
levantina, experiencia de la que salió por piernas del local. Y entre Barcelona
y Valencia fue transcurriendo el tiempo para él, actuando en pueblos, en sitios
de dudosa categoría para quien había disfrutado de tantas audiencias en
televisión e incontables escenarios de primera. Santiago
Segura lo tuvo en cameos de alguna de sus secuelas de "Torrente".
Y así, lentamente, conseguía pequeños papeles en otras películas, series o
programas de televisión. Viviendo un poco de las rentas de su pasado. La última
aparición en la pantalla fue en 2023, en "Loli Tormenta", un filme de
Agustí Villaronga, con Susi Sánchez de protagonista.
Hacía entonces dos años que fue diagnosticado de
insuficiencia respiratoria debido a una bronquitis. No hace muchas semanas que
decía: "Por las mañanas me tomo diez pastillas y estoy
como nuevo". Ingresado en un centro médico en Valencia, donde
ya llevaba años radicado, con la ayuda de su hija Arancha, falleció este
domingo, 1 de febrero. Su muerte ha conmocionado al mundo artístico y a quienes
lo recordaban como un gran cómico.
miércoles, 21 de enero de 2026
Prólogo de la alcaldesa de Don Benito
PRÓLOGO DE LA SEÑORA ALCALDESA DE
DON BENITO
Natural de Don Benito, Florinda Chico es Hija Predilecta de nuestra ciudad y una
de las figuras más reconocidas del panorama artístico español. Su trayectoria
profesional, que abarcó cine, teatro y televisión, la convirtió en un referente
de la interpretación popular gracias a su talento.
Desde muy joven mostró una gran vocación artística que la llevó a abrirse camino en un medio entonces difícil para las mujeres. Debutó en el teatro y pronto se consolidó como actriz cómica, destacando por su habilidad para conectar con el público y dotar de autenticidad y calidez a cada uno de sus personajes. Su trabajo en el cine español de los años sesenta y setenta, así como sus innumerables intervenciones en programas y series de televisión, forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.
Como alcaldesa de Don Benito, es para mí un honor subrayar el orgullo que sentimos al contar entre nuestros hijos ilustres con una artista de su talla. Florinda Chico llevó siempre con ella el nombre de nuestra tierra, y supo transmitir con humor, sencillez y humanidad la esencia de la cultura popular que forma parte de nuestra identidad.
La figura de Florinda Chico nos recuerda la riqueza cultural de Don Benito, una ciudad que ha sabido cultivar el talento y que continúa apostando con firmeza por el arte y la creatividad. Nuestra localidad ha sido tradicionalmente un crisol de expresiones culturales, desde el teatro aficionado y profesional hasta la música, la danza y las artes plásticas. Ese dinamismo cultural forma parte de nuestra ciudad.
En este contexto celebramos la publicación del libro “Florinda Chico, la actriz de la alegría”, obra del escritor y filólogo José Andrés Alvaro Ocáriz, a quien agradecemos su dedicación y su sensibilidad al retratar la vida y el arte de una mujer excepcional.
De manera aún más destacada, esta obra adquiere un valor especial al destinar sus beneficios a un proyecto solidario; un gesto que habla de la generosidad del autor y que convierte este homenaje en un acto doblemente significativo.
Invito a toda la ciudadanía a disfrutar de este merecido reconocimiento, a redescubrir a la Florinda más cercana y auténtica, y a celebrar juntos el legado de una dombenitense que supo emocionar, divertir y unir a un país entero a través de la risa.
Elisabeth Medina
Alcaldesa de Don Benito











