viernes, 31 de julio de 2026

31 de julio, San Ignacio de Loyola


 El 31 de julio se celebra la fiesta de Sa n Ignacio de Loyola, santo patrón de Guipúzcoa.


Esta es la Marcha de San Ignacio:


Inazio, gure Patroi handia

Jesusen Konpainia

fundatu eta duzu armatu,

ez da, ez, etsairik jarriko zaizunik

inolaz aurrean gaurko egunean,

nahiz betor Luzifer deabrua

utzirik infernua.

 

Zure soldaduak

dirade aingeruak

zure gidaria

da Jesus haundia;

garaitu ditu zure Konpainiak, etsaiak.

Ez dauka fedeak,

ez kristau herriak,

ez dauka beldurrik 

inongo aldetik.

 

Inazio hor dago,

beti ernai dago,

armetan jarria

dauka konpainia

txispaz armaturik,

bandera zabalik,

gau eta egun gu guztiok

pakea dezagun

beti gau eta egun.

 

 

 

Ignacio, nuestro gran Patrón,

fundaste y armaste

a la Compañía de Jesús;

ningún enemigo podrá resistir

ante ti en este día,

ni siquiera si el mismo Lucifer

saliera del infierno.

 

Tus soldados

son ángeles,

tu caudillo

es el gran Jesús;

tu Compañía ha vencido al enemigo.

Ni la fe

ni el pueblo cristiano

temen amenaza alguna

venga de donde venga.

 

Ignacio permanece allí,

siempre vigilante;

ha puesto a la Compañía

en armas,

equipada con fuego,

con los estandartes desplegados,

para que, noche y día,

todos gocemos de paz:

siempre, noche y día.


sábado, 18 de julio de 2026

1936-2026, 90 años del comienzo de la guerra civil

 




La Guerra Civil no comenzó el 18 de julio, sino la tarde anterior en la Comisión Geográfica de Melilla

 

La historia oficial suele fechar el inicio del «Alzamiento Nacional» y de la Guerra Civil Española el 18 de julio de 1936. Sin embargo, los hechos documentados demuestran que la sublevación militar comenzó de manera anticipada, precipitada y arrastrada por la improvisación en el protectorado de Marruecos, muy lejos de la meticulosa planificación que a menudo se le atribuye.

Guerra y conflicto

El mito del plan original y el factor Franco

Existe la creencia popular de que la sublevación debía comenzar de manera sincronizada en todo el protectorado el 17 de julio a las 17:00 horas. Sin embargo, investigaciones como la de Miguel Platón en Así comenzó la  Guerra Civil desmienten esta teoría. No había una hora «H» ni un día «D» fijados rígidamente para Melilla. El plan original establecido por Francisco Franco era muy distinto y mucho más prudente.

El plan de Franco consistía en poner a salvo a su familia a bordo de un barco en el Puerto de la Luz (Las Palmas de Gran Canaria) con destino a Francia el domingo 19 de julio por la tarde. Una vez asegurados los suyos, volaría al Marruecos español para declarar el estado de  guerra en Ceuta (y no en Melilla) en el momento y bajo las circunstancias que él considerase más oportunos.

La delación que lo precipitó todo el 17 de julio

La teoría y la planificación saltaron por los aires debido a un soplón. Álvaro González de la Cruz, un infiltrado en la Falange local de Melilla, descubrió que esa misma tarde se iban a repartir armas a los falangistas en el edificio de la Sección de Límites de África de la Comisión  Geográfica. El confidente alertó a las autoridades republicanas alrededor de las 14:30 del 17 de julio.

Fiestas y eventos de temporada

Al recibir el soplo, el delegado del Gobierno en Melilla, Jaime Fernández Gil de Terradillos, se puso en contacto con el general de brigada Manuel Romerales Quintero, comandante jefe de la circunscripción oriental. Ambos ordenaron al teniente del Cuerpo de Seguridad y Asalto, Juan Zazo Fraguas, que se dirigiera al edificio con un contingente de policías y guardias de asalto para realizar un registro.

El choque en la Comisión Geográfica

Mientras tanto, ajenos a la delación, varios oficiales golpistas como el coronel Darío Gazapo Valdés y el teniente coronel en la reserva Juan Seguí se encontraban en la sala de cartografía del edificio distribuyendo el armamento clandestino. Al enterarse de que el teniente Zazo y sus hombres se aproximaban para registrarlos, el coronel Gazapo reaccionó con rapidez y ordenó la intervención inmediata de una unidad de la Legión acantonada cerca.

Al llegar al lugar, los legionarios superaron ampliamente en número y potencia de fuego a los guardias de asalto del teniente Zazo. Ante la imposibilidad de resistir, Zazo y sus hombres no tuvieron más remedio que deponer las armas y rendirse. Aunque su capitulación pacífica les salvó la vida en ese instante, el destino de la mayoría de los miembros de las fuerzas del orden republicanas que se rindieron sería trágico en las semanas posteriores. Este sería la primera acción armada de la Guerra Civil Española.

La toma de Melilla y el telegrama a Las Palmas

Con la iniciativa de su lado, el teniente coronel Seguí acudió al despacho del general Romerales y, bajo amenaza de fuerza, lo obligó a rendirse. Los sublevados se desplegaron rápidamente por la ciudad, ocupando los principales edificios públicos. El coronel Luis Solans Labedán, jefe de la agrupación de Cazadores acuartelada en Melilla, asumió el mando provisional de la plaza y proclamó el estado de guerra publicando un bando firmado en su propio nombre como máxima autoridad militar de la plaza.

Esa misma noche, Solans nombró al teniente coronel Juan Seguí como su jefe de Estado Mayor. Con el apoyo coordinado por vía telegráfica y telefónica de otros conspiradores clave en el Protectorado, como Eduardo Sáenz de Buruaga (en Tetuán) y Juan Yagüe (en Ceuta), el control rebelde sobre el norte de África comenzó a consolidarse a gran velocidad.

En la madrugada del 18 de julio, el coronel Solans envió un telegrama decisivo a Franco, quien aguardaba acontecimientos en Las Palmas de Gran Canaria:

Historia

«Este Ejército, levantado en armas, se ha apoderado en la tarde de hoy de todos los resortes del Mando en este territorio. La tranquilidad es absoluta. ¡Viva España!»

Las primeras consecuencias de la represión

La victoria de los sublevados en Melilla marcó el trágico patrón de lo que ocurriría en el resto del territorio español controlado por los rebeldes. Para asegurar el control absoluto de la plaza y evitar cualquier atisbo de contragolpe, se desató una inmediata campaña de detenciones contra civiles de izquierdas, sindicalistas, policías y militares leales a la República. Muchos de ellos, incluido el propio general Manuel Romerales por negarse a secundar el golpe, acabaron frente a los pelotones de fusilamiento en los días subsiguientes. La  Guerra Civil Española había comenzado de facto en las calles de Melilla.

Así comenzó la Guerra Civil Española.

(Tomado del blog de Darío Madrid)

 

El 19 de julio de 1936 se podían leer los siguientes titulares en los periódicos de Madrid:

 - "Algunas guarniciones se alzaron ayer en armas contra el régimen" (Ahora).

- "Se sublevan núcleos del Ejército en Marruecos y Sevilla, con los cuales luchan fuerzas leales" (El Sol).

- "En Marruecos se inicia un foco de rebelión contra la República" (El Liberal).

 

El Gobierno del Frente Popular, a las ocho y media de la mañana del 18 de julio, había emitido la siguiente nota a través de la radio: "Se ha frustrado un nuevo intento criminal contra la República. El Gobierno no ha querido dirigirse al país hasta tener el conocimiento exacto de lo sucedido y poner las medidas para combatirlo. Una parte del Ejército que representa a España en Marruecos se ha sublevado en armas contra la República, volviéndose contra su propia patria, realizando actos vergonzosos contra el Poder nacional. El Gobierno declara que el movimiento está circunscrito a determinadas ciudades del Protectorado, y que nadie, absolutamente nadie, se ha sumado en la Península a tan absurdo intento. Por el contrario, los españoles han reaccionado unánimemente y con la más profunda indignación contra esa tentativa, frustrada en su nacimiento".

 

Nada más lejos de la realidad. En la misma página del diario Ahora en la que se publicaba el comunicado del Gobierno aparecía una nota del Ministerio de la Gobernación que ya reconocía lo contrario: "El general Queipo de Llano ha declarado facciosamente el estado de guerra en Sevilla. En Sevilla las autoridades legítimas tienen a raya a los sediciosos. La población civil presta fervoroso y entusiasta auxilio al gobernador y fuerzas a sus órdenes, que se mantienen con magnífico espíritu, realizando una admirable defensa de la República, con la confianza de que solo con sus propios medios pueden dominar muy pronto la situación. De lugares cercanos salen fuerzas de auxilio para Sevilla".

 

El 19 de julio la sublevación había triunfado, o estaba en vías de hacerlo, en un territorio de unos 240.000 kilómetros cuadrados que se extendía desde Galicia hasta la línea formada por las tres capitales aragonesas, abarcando la práctica totalidad de León y Castilla la Vieja, parte de Cáceres, y las provincias de Álava y Navarra. En Andalucía el alzamiento se hizo con Cádiz, Sevilla, Córdoba y Granada, capitales cuyo control facilitó el traslado de las tropas africanas a la Península.

 

Había comenzado la Guerra Civil.

Argeles Sorazu, Zumaiako idazle mistikoa


 


Bizitza batzuk isiltasunean garatzen dira, baina denbora gainditzen duen intentsitate batekin oihartzuna egiten dute. Ez dute atzean oihartzun edo ekintza ikusgarririk uzten, baizik eta arrasto ahul eta iraunkorra, inoiz itzaltzen ez den argi baten antzera. Sor Angeles Sorazuren bizitza leinu arraro eta ia ahaztu horretakoa da: barnetik bizi izan zirenena eta, hain zuzen ere, horregatik, gaur egun ere oihartzuna duen sakontasuna lortu zutenena.

 

Liburu hau ahots hori entzuteko nahitik sortzen da. Ez hainbeste bidaia biografiko bat berreraikitzea —nahiz eta egiten duen—, baizik eta ikusgaiaren ertzean kokatutako esperientzia gizatiar eta espiritual batean murgiltzea. Abiadura bizian mugitzen den mundu batean, barnekotasunak, diziplinak eta absolutuaren bilaketak markatutako existentzia bat aztertzeko gelditzea kontrakulturako keinu bat dirudi. Eta hala ere, agian gaur egun inoiz baino beharrezkoagoa da.

 

Sor Angeles Sorazu (1873–1921) aldaketa, tentsio eta gizarte-eraldaketa sakoneko garaian bizi izan zen. Baina bere benetako etapa ez zen gertaera historikoena, kontzientziarena baizik. Han borrokatu zen, bere zalantzei aurre egin zien, eta intentsitate handiko erlijio-esperientzia bat moldatu zuen, zeinaren idatzizko adierazpenak balio kultural paregabea gehitzen dion.

 

Beraz, hurrengo orrialdeek ikuspegi anitzekoa eskaintzea dute helburu: biografikoa, bai, baina baita espirituala, literarioa eta gizatiarra ere. Helburua ez da figura idealizatu bat sortzea, prozesu bati laguntzea baizik: emakume espezifiko batena, bere mugekin eta handitasunarekin, isiltasunean zentzua bilatu eta bertan betetze modu bat aurkitu zuena.

 

Agian irakurleak ez ditu haren sinesmenak partekatzen. Agian urrun daudela ere dirudite. Baina bizitza batzuen benetakotasunean badago zerbait edozein doktrina-esparru gainditzen duena. Liburu honek apaltasunez hori nabarmendu nahi du: bizitza batzuen bihotzean, ez bakarrik haien garaikoa den egia bat dago, baita gure garaikoa ere.



Liburu hau ixten denean, beti geratzen da errealitate zabalago, sakonago bat ukitu izanaren sentsazioa, agian ulertezina ere bai. Sor Angeles Sorazuren bizitza ezin da hitzez guztiz jaso, ezta kronologia edo interpretazio zehatz batera murriztu ere.

Errespetatu beharreko misterio bat dago berari buruz.

Orrialde hauetan zehar, bere egunak, idatziak eta isiluneak zeharkatu ditugu. Gure ikuspuntutik ulertzen saiatu gara, betetasunerako bide gisa erretiratzea aukeratu zuen existentzia baten logika. Eta hala ere, azkenean, galdera ireki bat geratzen da: zerk irauten du benetan bizitza horretan?

Irauten duena, agian, munduan egoteko modu bat da. Errealitatetik ihes egin gabe barrura begiratzeko modu bat, bere premiari amore eman gabe denbora bizitzeko modu bat, berehalakoaz haragoko esanahia bilatzeko modu bat. Zarata eta distrakzioz markatutako garai batean, Sor Angelesen figura gonbidapen isila baina sendoa da: funtsezkora itzultzeko.

Ezinezkoa litzateke haren bizitza imitatzea, baina bertan testigantza bat antzeman daiteke. Barnetasuna ez dela ihesbide bat, baizik eta presentzia erradikal bat dela dioen testigantza. Isiltasuna emankorra izan daitekeela. Ikusezinak diren bideak badaudela, baina eraldatzen gaituztenak.

Agian, azken finean, horixe da liburu honek uzten duena: ez ondorio bat, baizik eta oihartzun bat.

Eta oihartzun hori, irakurleak bereganatzen badu, jarraitasun modu bat da dagoeneko.


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miércoles, 15 de julio de 2026

José Legrá, in memoriam


 Hoy ha fallecido el gran boxeador José Legrá.

Este es el artículo que Manuel Román ha escrito en Libertad digital:


José Legrá, el juguete roto y campeón mundial que dilapidó 400 millones y acabó en una residencia de ancianos

Un recorrido por la vertiginosa caída de una de las grandes figuras de nuestro deporte, atrapado por la ludopatía y las malas compañías.

De la miseria a la gloria deportiva para, una vez alcanzada, terminar arruinado por su mala cabeza, sus vicios, el derroche con muchas mujeres y el olvido ya al final de su vida en una residencia de ancianos. Ha muerto a los ochenta y tres años un campeón que no supo ser hormiga.

 

José Legrá Utria me contó su vida como a tantos otros periodistas que publicaron sus triunfos. Y su miseria. Había nacido en Baracoa, Cuba, en un hogar muy pobre. Salía a la calle para ganarse el pan limpiando zapatos o vendiendo periódicos. A los guiris los encaminaba a casas de prostitución a cambio de unas monedas. Algunos de aquellos turistas se divertían arrojando al mar unos pesos para que José se lanzara al agua a ver si podía hacerse con algunas de aquellas monedas.

 

El boxeo lo practicó como aficionado, pero cuando quiso hacerse profesional no pudo: Fidel Castro lo prohibió. Y entonces, José reunió poco a poco lo que le costó un pasaje a España, en barco, y llegó a La Coruña en 1963. Tenía veintiún años. A partir de entonces fue buscándose la vida, ya en Madrid, donde un compatriota, antiguo campeón, Kid Tunero, lo fue preparando para conseguir el campeonato de España de los pesos pluma, luego el europeo y finalmente el mundial, en 1968.

 

La circunstancia de que el doctor Vicente Gil, médico de Franco, presidiera la Federación Española de Boxeo, favoreció a José Legrá, quien se había hecho acreedor como idolatrado púgil tras sus memorables triunfos. Consiguió en su carrera deportiva ciento treinta y tres victorias, sólo once derrotas y cuatro combates nulos. El Jefe del Estado lo recibió, encantado, en audiencia privada. "Me regaló un chalé", me reveló José. En realidad, un piso modesto en la barriada obrera de San Blas, en Madrid.

Lo cierto es que en esos años, la segunda mitad de los 60, José Legrá se hizo millonario, estimándose que con sus combates llegó a ganar cuatrocientos millones de pesetas, una cantidad de dinero suficiente para haber ahorrado, montar algún negocio y vivir sin problemas. Que es lo que no hizo.

 

Gozaba de la admiración popular. Era simpático, muy hablador, repetía aquello de "¡soy el mejor, soy el mejor!", cantinela que había aprendido del ídolo mundial Cassius Clay. Un buen escritor, cronista de boxeo, el gran articulista malagueño Manuel Alcántara, lo motejó como el Puma de Baracoa, apodo que hizo fortuna entre los periodistas.

 

La época gloriosa de Legrá fue la de la expansión del boxeo a través de TVE. Ahí se presumía la influencia del doctor Vicente Gil. Pedro Carrasco, Miguel Velázquez o José Manuel Urtain eran los ídolos junto a José Legrá.

 

El dinero se le iba escapando entre sus manos al cubano nacionalizado español en 1966. Juergas compartidas con amiguetes de ocasión, chupópteros que se arrimaban al campeón para, a costa de José, comer, beber y cerrar cabarés muchas madrugadas. Y con mujeres. Las tuvo a montones. Corría el champán mientras él festejaba diarias francachelas cuando no tenía urgencia para entrenar. Nunca se le conoció ninguna novia formal, ni deseos de casarse. Solamente pensaba en acostarse con cuantas se acercaban a él, con quienes solía encerrarse en la habitación de su apartamento, en camas redondas, con las que reía a placer. "El boxeo me proporcionó grandes satisfacciones... sexuales", me comentó un día. Creía vivir en Jauja y que aquello le duraría siempre.

Y eso acabó como era previsible. Aún tenía cuentas en los bancos con el dinero para emprender un negocio de calzado deportivo con un socio que lo estafó. Recuerdo un viaje a Marruecos con Legrá, que también estuvo relacionado con una empresa de importación-exportación. Lo que tampoco le fue bien.

 

En resumidas cuentas, en 1973 su estrella declinó. Y sus ahorros se evaporaron. La soledad pasó a ser su compañera. Una tal Nines fue una de las pocas mujeres que estuvieron a su lado en esa época, en la que casi nadie lo reconocía ya por la calle. Lo comprobé la mañana en la que tomé un autobús y me senté a su lado. No observé miradas de nadie hacia nosotros.

Amigos de verdad tuvo pocos, quizás ninguno. Exceptuamos la ayuda constante que le proporcionó José María García, el periodista que mejor lo conoció y trató, autor de un libro biográfico sobre el púgil cubano. Gracias a él fue atendido en una residencia.

 

Ya en época cercana, en abril de 2020 fue hospitalizado a causa del covid-19, del que se recuperó. Siguió viviendo en una residencia de ancianos. No sabemos si aún la memoria la tenía de veraneo, como tituló uno de sus libros César González-Ruano. ¿Conservaba recuerdos de sus años triunfales? Por ejemplo, cuando protagonizó la película Cuadrilátero, de Eloy de la Iglesia, en 1970. O ya retirado, como atracción de dos programas de variedades en TelecincoTutti Frutti y Vip Noche.

 

Millones de españoles estaban electrizados por el triunfo de España en la semifinal frente a Francia en los Mundiales. A la misma hora que el deporte también se vestía de luto por la desaparición de un gran campeón, José Legrá, faltando unos pocos minutos para que acabara ese 14 de julio de gloria y de muerte.




Este es el libro que he escrito sobre otro de nuestros grandes púgiles. En librerías, lo distribuye Elkar. También se puede adquirir en Amazon.


domingo, 21 de junio de 2026

En el Diario de Navarra


 El libro se puede adquirir en Amazon. También en librerías, lo distribuye Elkar

Diario de Navarra, 21 de junio de 2026

 


Diario de Navarra, 21/06/26

 

Alvaro Ocariz relata la vida de Florinda Chico, la actriz de la que nadie habló mal.

 El escritor de Puente la Reina presentó la biografía en Don Benito, localidad natal de la artista, el día en que hubiera cumplido un siglo de vida.

 

ION STEIGMEIER

Pamplona

 

Después de escribir decenas de libros sobre personajes como Blas de Otero, Navarro Villoslada o Carlos, el príncipe de Viana, el prolífico escritor afincado desde hace décadas en Puente la Reina, José Andrés Alvaro Ocáriz (San Sebastián, 1962) ha sorprendido con su última biografía Florinda Chico, la actriz de la alegría, dedicada a una figura que pertenece más al imaginario popular que a los libros de Historia. Alvaro Ocariz se dio cuenta de que se iba a cumplir el centenario del nacimiento de Florinda Chico y que no contaba con un trabajo así, de modo que se puso manos a la obra en Don Benito, Badajoz, donde nació la actriz en 1926. “Fui a buscar documentación, hablé con el viudo y así salió la cosa”, expone. La publicación (Desiréediciones) fue presentada en el Museo Etnográfico de Don Benito, donde se inauguró una sala dedicada a Clori, como se la conocía en el pueblo, con sus vestidos, trofeos, premios y publicaciones en las que fue apareciendo.

Como tantos cómicos del siglo XX, la vida de Florinda Chico Martín-Mora no fue fácil. Siempre quiso ser artista, pero en aquel entorno era imposible. En el bautizo de un sobrino conoció al maestro Jacinto Guerrero, quien al verla dijo: “Qué chica tan mona. ¿Es de teatro?” “Ojalá”, contestó ella. Guerrero le dijo que se presentara en el Teatro de La Latina a las cuatro de la tarde del día siguiente y a las siete de la tarde debutó en La manca doble. “Vivió la posguerra y comenzó siendo una chica de revista”, explica el autor del libro. “Era de los cómicos que iban con su baúl de gira por España, era ese mundo de compañías ambulantes que iban de un pueblo a otro”, apunta.

Pasó también por la etapa del destape, y acabó haciendo un centenar de películas, además de televisión y teatro. Fueron muchas comedias de Mariano Ozores, pero también La casa de Bernarda Alba de Mario Camus, o Cría Cuervos, de Carlos Saura.

Alvaro Ocáriz destaca el aprecio que le tenían todos sus compañeros. “Era muy compañera de sus compañeros, nadie habla mal de ella”, asegura. El libro cuenta con citas de José Luis Garci, Concha Velasco o José Sacristán, y con fotos de su vida.

Chico hizo amistad con otras compañeras. “Rafaela Aparicio y ella eran como hermanas y también con Gracita Morales”, asegura el biógrafo. Su viudo (sus dos hijas provenían de un matrimonio anterior) también se dedicaba al espectáculo. Era electricista y se encargaba de las luces de la obra. Así se conocieron. Se llevaban 25 años. “Le decían, ´ ¿quién es, su hijo? ´ Y ella contestaba: ´No, mi amante´, con ese humor que tenía”, apunta. Murió en 2011.

“Florinda Chico fue la mujer de barrio, la vecina, la criada, la madre sufrida o la amiga parlanchina: tipos reconocibles y entrañables, pero siempre dotados de alma”, dice el autor del libro



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