Prólogo
A la verdad de Pinocho
En el año en
que se conmemora el bicentenario del nacimiento de Carlo Collodi, volver al
texto original de Le avventure di Pinocchio. Storia di un burattino es, en cierto modo, regresar al bosque del que salió
la madera con la que fue tallado el más célebre de los muñecos de la
literatura.
Muchos creen conocer a Pinocho. Lo han visto convertido en una figura amable, ingenua y moralizante, difundida por la tradición popular y fijada para millones de lectores y espectadores por la poderosa imaginación visual de Walt Disney en su película Pinocchio. En esa versión, el relato adquiere la suavidad de una fábula para la infancia: un niño de madera que aprende, tras algunos errores, el valor de la obediencia y la bondad.
Pero el Pinocho de Collodi —el verdadero Pinocho— es otra cosa.
Nacido en las páginas de un periódico italiano en 1881, el muñeco de madera apareció primero como una criatura áspera, desobediente, impulsiva y profundamente humana. No era el protagonista pulido de un cuento moral, sino un personaje turbulento, lleno de contradicciones, capaz de la ternura y de la crueldad, de la inocencia y de la picaresca. Su historia no transcurre en un mundo dulcificado, sino en un paisaje de pobreza, engaño, hambre, castigos y tentaciones, muy cercano a la realidad social de la Italia de su tiempo.
Collodi escribió una obra para niños, sí, pero no infantil. Su relato participa de la tradición popular de los cuentos crueles y de la sátira social. Bajo la apariencia de una fábula fantástica, se esconde una mirada irónica sobre la educación, la sociedad, la moral y la condición humana. El camino de Pinocho no es un paseo pedagógico: es un aprendizaje lleno de golpes, caídas y errores, como lo es la vida misma.
Con el paso del tiempo, muchas de estas aristas fueron limadas. Las adaptaciones —teatrales, cinematográficas, escolares— suavizaron la historia, transformaron personajes, omitieron episodios y moralizaron el relato. El resultado fue un Pinocho más amable, pero también más distante del espíritu original de su creador.
Este libro nace del deseo de recuperar esa voz primera.
La traducción que el lector tiene entre sus manos busca acercarse lo más posible al tono y al ritmo del texto de Collodi: su ironía, su vivacidad narrativa, su mezcla de ternura y severidad. De ahí el título que encabeza esta edición: Pinocho, lo que no te contaron. No porque la historia haya estado oculta, sino porque durante décadas hemos conocido sobre todo sus versiones adaptadas, no siempre fieles a la intención del autor.
Leer hoy a
Collodi es descubrir que Pinocho pertenece tanto al territorio de la literatura
como al de los mitos modernos. Como todos los grandes personajes, ha escapado a
su creador y ha vivido muchas vidas. Pero siempre merece la pena volver al
origen, a la madera sin pulir de la que surgió.
Porque allí,
en esa veta irregular y viva, late todavía el verdadero Pinocho.
El lector
está invitado a redescubrirlo.
Introducción
Carlo Collodi y el nacimiento de Pinocho
Cuando en
1881 comenzó a publicarse por entregas la historia de un muñeco de madera que
hablaba, mentía y se metía en constantes problemas, pocos podían imaginar que
aquel relato acabaría convirtiéndose en una de las obras más difundidas de la
literatura universal. Su autor, Carlo Collodi, no era entonces un novelista
consagrado ni un escritor especializado en literatura infantil, sino un
periodista, satírico y hombre profundamente marcado por la historia turbulenta
de la Italia del siglo XIX.
Carlo Collodi —cuyo verdadero nombre era Carlo Lorenzini— nació en Florencia en 1826, en una época en que la península italiana aún no constituía un Estado unificado. Italia era entonces un mosaico de reinos, ducados y territorios sometidos a diversas potencias. Durante su juventud estallaron los movimientos políticos que acabarían conduciendo al proceso de unificación conocido como el Risorgimento, y Lorenzini participó activamente en él, alistándose como voluntario en las campañas militares contra Austria.
Aquella experiencia dejó en él una mirada crítica y desencantada sobre la sociedad. Durante años trabajó como periodista y escritor satírico, colaborando en distintos periódicos florentinos. Sus artículos, agudos y a menudo irónicos, se ocupaban de la política, la moral pública y las costumbres de su tiempo. En ese ambiente intelectual nació también su seudónimo literario: “Collodi”, tomado del pequeño pueblo toscano de donde procedía su madre.
Antes de crear a Pinocho, Collodi había desarrollado ya una importante labor como traductor y adaptador de cuentos clásicos franceses —especialmente de Charles Perrault— y había comenzado a interesarse por la literatura dirigida a los jóvenes lectores. Sin embargo, su acercamiento a este género no respondía a la idea de un mundo infantil idealizado. Para Collodi, la infancia no era un territorio de inocencia absoluta, sino un periodo de formación lleno de errores, impulsos, tentaciones y aprendizajes.
Esta visión se reflejaría plenamente en la obra que lo haría inmortal.
En 1881 el periodista Ferdinando Martini fundó en Roma el periódico infantil Giornale per i bambini, una publicación destinada a ofrecer relatos, cuentos y textos educativos para los jóvenes lectores del nuevo Reino de Italia. Collodi fue invitado a colaborar en sus páginas, y en el primer número apareció el inicio de una historia titulada Storia di un burattino (“Historia de un muñeco”).
Aquella narración por entregas acabaría convirtiéndose en Le avventure di Pinocchio. Storia di un burattino.
Desde sus primeras páginas el relato mostraba un tono muy distinto del que hoy suele asociarse al personaje. El muñeco creado por el carpintero Geppetto —un trozo de madera que ríe, habla y desobedece— no es un héroe ejemplar ni un niño ideal. Es impulsivo, caprichoso, desagradecido y profundamente curioso. Huye de la escuela, se deja engañar por estafadores, desoye los consejos de quienes intentan ayudarlo y tropieza una y otra vez con las consecuencias de sus propios actos.
El mundo en el que se mueve Pinocho tampoco es un escenario amable. La pobreza, el hambre, el engaño, la violencia y la astucia forman parte del paisaje cotidiano. Collodi construye así una historia que mezcla la tradición de los cuentos populares con elementos de sátira social y de comedia moral.
No debe olvidarse que la obra nace en la Italia recién unificada, un país que intentaba construir una identidad nacional y educar a nuevas generaciones de ciudadanos. La escuela, la disciplina y el trabajo eran valores constantemente promovidos en la cultura de la época. En este contexto, la historia de un muñeco que se resiste a aprender, que huye del estudio y que se deja seducir por el ocio y la picaresca tenía también una evidente dimensión pedagógica.
Sin embargo, la fuerza de la obra no reside en su moral, sino en su vitalidad narrativa. Collodi no sermonea: cuenta. Y al contar, crea un universo lleno de personajes inolvidables —la misteriosa Hada, el astuto Zorro, el Gato, el temible titiritero Mangiafuoco— que acompañan a Pinocho en una sucesión de episodios tan fantásticos como profundamente humanos.
De hecho, la historia estuvo a punto de terminar de forma mucho más sombría de lo que hoy conocemos. En una de las primeras versiones publicadas en el periódico, Collodi concluía el relato con Pinocho colgado de un árbol por sus enemigos. La reacción de los lectores fue inmediata: los niños pedían saber qué ocurría después. Ante esa presión, el autor retomó la narración y la continuó hasta darle el final que hoy forma parte del imaginario universal.
El éxito fue inmediato. En 1883 el relato se publicó por primera vez en forma de libro y comenzó una difusión que no ha dejado de crecer desde entonces. Traducido a decenas de lenguas y adaptado innumerables veces al teatro, al cine y a la televisión, Pinocho se convirtió en uno de los personajes más reconocibles de la cultura moderna.
Sin embargo,
muchas de esas adaptaciones suavizaron el tono original del relato. Con el paso
del tiempo, el personaje fue transformándose en una figura más amable, más
sentimental y más moralizante, especialmente a partir de la influyente versión
cinematográfica producida por Walt Disney en Pinocchio.
La obra de Collodi, en cambio, conserva una energía narrativa distinta: más irónica, más áspera y también más cercana a la tradición de los cuentos populares europeos, donde el aprendizaje se produce a través del error y el castigo.
Volver al texto original significa, por tanto, redescubrir al verdadero Pinocho: un personaje imperfecto, inquieto y contradictorio que, como todos los grandes héroes literarios, refleja algo profundamente humano.
En el bicentenario del nacimiento de Collodi, esta edición invita precisamente a eso: a regresar al origen de la historia y a escuchar de nuevo la voz del autor que dio vida, en un trozo de madera parlante, a uno de los mitos más duraderos de la literatura universal.
Nota del traductor
Traducir Le avventure di Pinocchio. Storia di un
burattino, la obra más célebre de Carlo Collodi, supone enfrentarse a un
texto que, pese a su enorme popularidad, rara vez llega al lector tal como fue
concebido por su autor.
A lo largo de más de un siglo, la historia de Pinocho ha sido objeto de innumerables adaptaciones, versiones abreviadas y reinterpretaciones. Muchas de ellas, destinadas a un público infantil, han suavizado el tono del relato, han simplificado su lenguaje o han omitido episodios considerados demasiado ásperos. De este modo, la imagen que la mayoría de los lectores posee hoy del personaje difiere en algunos aspectos del espíritu original de la obra.
La presente traducción nace precisamente del deseo de regresar a ese texto inicial.
El propósito fundamental de esta versión ha sido respetar, en la medida de lo posible, la vivacidad narrativa de Collodi: su tono irónico, su ritmo ágil y su peculiar mezcla de humor, fantasía y severidad moral. El italiano del autor es claro y directo, pero también está impregnado de giros populares, expresiones coloquiales y una cadencia oral que remite al mundo de los cuentos tradicionales.
Uno de los principales desafíos de la traducción ha sido trasladar al español ese equilibrio entre simplicidad y expresividad sin caer en una excesiva modernización del lenguaje ni en un arcaísmo artificial. Se ha optado por una lengua natural y fluida, cercana al lector actual, pero procurando conservar el sabor narrativo del original.
También se han respetado los episodios y matices que en otras versiones suelen ser modificados o abreviados. El lector encontrará aquí un Pinocho más impulsivo, más contradictorio y, en definitiva, más humano: el personaje tal como surgió de la imaginación de Collodi en las páginas del Giornale per i bambini, donde la historia apareció por primera vez en 1881.
El título de esta edición, Pinocho, lo que no te contaron, no pretende sugerir que la obra haya estado oculta, sino recordar que durante décadas hemos conocido sobre todo sus versiones adaptadas. Volver al texto original permite redescubrir la riqueza literaria del relato y la complejidad de un personaje que, más allá de su fama universal, sigue sorprendiéndonos por su vitalidad.
Si esta traducción logra acercar al lector a la voz auténtica de Collodi y devolverle al Pinocho original —travieso, obstinado, vulnerable y profundamente humano—, su propósito habrá quedado cumplido.
Proyecto
solidario
Los beneficios de la venta del libro se
destinan al tratamiento de una niña de 4 años que padece una de esas llamadas
enfermedades raras, la duplicidad del cromosoma 22.
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