el blog de don benito
viernes, 27 de marzo de 2026
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sábado, 21 de marzo de 2026
Pinocho, lo que no te contaron
Prólogo
A la verdad de Pinocho
En el año en
que se conmemora el bicentenario del nacimiento de Carlo Collodi, volver al
texto original de Le avventure di Pinocchio. Storia di un burattino es, en cierto modo, regresar al bosque del que salió
la madera con la que fue tallado el más célebre de los muñecos de la
literatura.
Muchos creen conocer a Pinocho. Lo han visto convertido en una figura amable, ingenua y moralizante, difundida por la tradición popular y fijada para millones de lectores y espectadores por la poderosa imaginación visual de Walt Disney en su película Pinocchio. En esa versión, el relato adquiere la suavidad de una fábula para la infancia: un niño de madera que aprende, tras algunos errores, el valor de la obediencia y la bondad.
Pero el Pinocho de Collodi —el verdadero Pinocho— es otra cosa.
Nacido en las páginas de un periódico italiano en 1881, el muñeco de madera apareció primero como una criatura áspera, desobediente, impulsiva y profundamente humana. No era el protagonista pulido de un cuento moral, sino un personaje turbulento, lleno de contradicciones, capaz de la ternura y de la crueldad, de la inocencia y de la picaresca. Su historia no transcurre en un mundo dulcificado, sino en un paisaje de pobreza, engaño, hambre, castigos y tentaciones, muy cercano a la realidad social de la Italia de su tiempo.
Collodi escribió una obra para niños, sí, pero no infantil. Su relato participa de la tradición popular de los cuentos crueles y de la sátira social. Bajo la apariencia de una fábula fantástica, se esconde una mirada irónica sobre la educación, la sociedad, la moral y la condición humana. El camino de Pinocho no es un paseo pedagógico: es un aprendizaje lleno de golpes, caídas y errores, como lo es la vida misma.
Con el paso del tiempo, muchas de estas aristas fueron limadas. Las adaptaciones —teatrales, cinematográficas, escolares— suavizaron la historia, transformaron personajes, omitieron episodios y moralizaron el relato. El resultado fue un Pinocho más amable, pero también más distante del espíritu original de su creador.
Este libro nace del deseo de recuperar esa voz primera.
La traducción que el lector tiene entre sus manos busca acercarse lo más posible al tono y al ritmo del texto de Collodi: su ironía, su vivacidad narrativa, su mezcla de ternura y severidad. De ahí el título que encabeza esta edición: Pinocho, lo que no te contaron. No porque la historia haya estado oculta, sino porque durante décadas hemos conocido sobre todo sus versiones adaptadas, no siempre fieles a la intención del autor.
Leer hoy a
Collodi es descubrir que Pinocho pertenece tanto al territorio de la literatura
como al de los mitos modernos. Como todos los grandes personajes, ha escapado a
su creador y ha vivido muchas vidas. Pero siempre merece la pena volver al
origen, a la madera sin pulir de la que surgió.
Porque allí,
en esa veta irregular y viva, late todavía el verdadero Pinocho.
El lector
está invitado a redescubrirlo.
Introducción
Carlo Collodi y el nacimiento de Pinocho
Cuando en
1881 comenzó a publicarse por entregas la historia de un muñeco de madera que
hablaba, mentía y se metía en constantes problemas, pocos podían imaginar que
aquel relato acabaría convirtiéndose en una de las obras más difundidas de la
literatura universal. Su autor, Carlo Collodi, no era entonces un novelista
consagrado ni un escritor especializado en literatura infantil, sino un
periodista, satírico y hombre profundamente marcado por la historia turbulenta
de la Italia del siglo XIX.
Carlo Collodi —cuyo verdadero nombre era Carlo Lorenzini— nació en Florencia en 1826, en una época en que la península italiana aún no constituía un Estado unificado. Italia era entonces un mosaico de reinos, ducados y territorios sometidos a diversas potencias. Durante su juventud estallaron los movimientos políticos que acabarían conduciendo al proceso de unificación conocido como el Risorgimento, y Lorenzini participó activamente en él, alistándose como voluntario en las campañas militares contra Austria.
Aquella experiencia dejó en él una mirada crítica y desencantada sobre la sociedad. Durante años trabajó como periodista y escritor satírico, colaborando en distintos periódicos florentinos. Sus artículos, agudos y a menudo irónicos, se ocupaban de la política, la moral pública y las costumbres de su tiempo. En ese ambiente intelectual nació también su seudónimo literario: “Collodi”, tomado del pequeño pueblo toscano de donde procedía su madre.
Antes de crear a Pinocho, Collodi había desarrollado ya una importante labor como traductor y adaptador de cuentos clásicos franceses —especialmente de Charles Perrault— y había comenzado a interesarse por la literatura dirigida a los jóvenes lectores. Sin embargo, su acercamiento a este género no respondía a la idea de un mundo infantil idealizado. Para Collodi, la infancia no era un territorio de inocencia absoluta, sino un periodo de formación lleno de errores, impulsos, tentaciones y aprendizajes.
Esta visión se reflejaría plenamente en la obra que lo haría inmortal.
En 1881 el periodista Ferdinando Martini fundó en Roma el periódico infantil Giornale per i bambini, una publicación destinada a ofrecer relatos, cuentos y textos educativos para los jóvenes lectores del nuevo Reino de Italia. Collodi fue invitado a colaborar en sus páginas, y en el primer número apareció el inicio de una historia titulada Storia di un burattino (“Historia de un muñeco”).
Aquella narración por entregas acabaría convirtiéndose en Le avventure di Pinocchio. Storia di un burattino.
Desde sus primeras páginas el relato mostraba un tono muy distinto del que hoy suele asociarse al personaje. El muñeco creado por el carpintero Geppetto —un trozo de madera que ríe, habla y desobedece— no es un héroe ejemplar ni un niño ideal. Es impulsivo, caprichoso, desagradecido y profundamente curioso. Huye de la escuela, se deja engañar por estafadores, desoye los consejos de quienes intentan ayudarlo y tropieza una y otra vez con las consecuencias de sus propios actos.
El mundo en el que se mueve Pinocho tampoco es un escenario amable. La pobreza, el hambre, el engaño, la violencia y la astucia forman parte del paisaje cotidiano. Collodi construye así una historia que mezcla la tradición de los cuentos populares con elementos de sátira social y de comedia moral.
No debe olvidarse que la obra nace en la Italia recién unificada, un país que intentaba construir una identidad nacional y educar a nuevas generaciones de ciudadanos. La escuela, la disciplina y el trabajo eran valores constantemente promovidos en la cultura de la época. En este contexto, la historia de un muñeco que se resiste a aprender, que huye del estudio y que se deja seducir por el ocio y la picaresca tenía también una evidente dimensión pedagógica.
Sin embargo, la fuerza de la obra no reside en su moral, sino en su vitalidad narrativa. Collodi no sermonea: cuenta. Y al contar, crea un universo lleno de personajes inolvidables —la misteriosa Hada, el astuto Zorro, el Gato, el temible titiritero Mangiafuoco— que acompañan a Pinocho en una sucesión de episodios tan fantásticos como profundamente humanos.
De hecho, la historia estuvo a punto de terminar de forma mucho más sombría de lo que hoy conocemos. En una de las primeras versiones publicadas en el periódico, Collodi concluía el relato con Pinocho colgado de un árbol por sus enemigos. La reacción de los lectores fue inmediata: los niños pedían saber qué ocurría después. Ante esa presión, el autor retomó la narración y la continuó hasta darle el final que hoy forma parte del imaginario universal.
El éxito fue inmediato. En 1883 el relato se publicó por primera vez en forma de libro y comenzó una difusión que no ha dejado de crecer desde entonces. Traducido a decenas de lenguas y adaptado innumerables veces al teatro, al cine y a la televisión, Pinocho se convirtió en uno de los personajes más reconocibles de la cultura moderna.
Sin embargo,
muchas de esas adaptaciones suavizaron el tono original del relato. Con el paso
del tiempo, el personaje fue transformándose en una figura más amable, más
sentimental y más moralizante, especialmente a partir de la influyente versión
cinematográfica producida por Walt Disney en Pinocchio.
La obra de Collodi, en cambio, conserva una energía narrativa distinta: más irónica, más áspera y también más cercana a la tradición de los cuentos populares europeos, donde el aprendizaje se produce a través del error y el castigo.
Volver al texto original significa, por tanto, redescubrir al verdadero Pinocho: un personaje imperfecto, inquieto y contradictorio que, como todos los grandes héroes literarios, refleja algo profundamente humano.
En el bicentenario del nacimiento de Collodi, esta edición invita precisamente a eso: a regresar al origen de la historia y a escuchar de nuevo la voz del autor que dio vida, en un trozo de madera parlante, a uno de los mitos más duraderos de la literatura universal.
Nota del traductor
Traducir Le avventure di Pinocchio. Storia di un
burattino, la obra más célebre de Carlo Collodi, supone enfrentarse a un
texto que, pese a su enorme popularidad, rara vez llega al lector tal como fue
concebido por su autor.
A lo largo de más de un siglo, la historia de Pinocho ha sido objeto de innumerables adaptaciones, versiones abreviadas y reinterpretaciones. Muchas de ellas, destinadas a un público infantil, han suavizado el tono del relato, han simplificado su lenguaje o han omitido episodios considerados demasiado ásperos. De este modo, la imagen que la mayoría de los lectores posee hoy del personaje difiere en algunos aspectos del espíritu original de la obra.
La presente traducción nace precisamente del deseo de regresar a ese texto inicial.
El propósito fundamental de esta versión ha sido respetar, en la medida de lo posible, la vivacidad narrativa de Collodi: su tono irónico, su ritmo ágil y su peculiar mezcla de humor, fantasía y severidad moral. El italiano del autor es claro y directo, pero también está impregnado de giros populares, expresiones coloquiales y una cadencia oral que remite al mundo de los cuentos tradicionales.
Uno de los principales desafíos de la traducción ha sido trasladar al español ese equilibrio entre simplicidad y expresividad sin caer en una excesiva modernización del lenguaje ni en un arcaísmo artificial. Se ha optado por una lengua natural y fluida, cercana al lector actual, pero procurando conservar el sabor narrativo del original.
También se han respetado los episodios y matices que en otras versiones suelen ser modificados o abreviados. El lector encontrará aquí un Pinocho más impulsivo, más contradictorio y, en definitiva, más humano: el personaje tal como surgió de la imaginación de Collodi en las páginas del Giornale per i bambini, donde la historia apareció por primera vez en 1881.
El título de esta edición, Pinocho, lo que no te contaron, no pretende sugerir que la obra haya estado oculta, sino recordar que durante décadas hemos conocido sobre todo sus versiones adaptadas. Volver al texto original permite redescubrir la riqueza literaria del relato y la complejidad de un personaje que, más allá de su fama universal, sigue sorprendiéndonos por su vitalidad.
Si esta traducción logra acercar al lector a la voz auténtica de Collodi y devolverle al Pinocho original —travieso, obstinado, vulnerable y profundamente humano—, su propósito habrá quedado cumplido.
Proyecto
solidario
Los beneficios de la venta del libro se
destinan al tratamiento de una niña de 4 años que padece una de esas llamadas
enfermedades raras, la duplicidad del cromosoma 22.
El
libro se puede adquirir en Amazon tanto en formato libro como en formato
e-book.
jueves, 19 de marzo de 2026
Acto de Soria
El cartel del acto fue muy original porque manifiesta ese aspecto clandestino de Estanislao Fernández, que era el nombre por el que se hacía llamar en la clandestinidad Salvador Manzanares. Su nombre era Salvador Estanislao Manzanares Fernández.
Tuve el placer de estar acompañado en el acto por el profesor Jesús Lope, una de las personas que más sabe sobre la trayectoria vital de Manzanares.
sábado, 14 de marzo de 2026
El problema de Argüelles es haber nacido en Asturias y no llamarse Víctor Manuel
Cuando escribí este libro, me
puse en contacto con memoria democrática del gobierno de Asturias. Me indicaron
que querían publicarlo, pero que no me darían nada. Les propuse que lo
publicaría yo y que, si querían, podrían adquirir ejemplares. Me dijeron que me
comprarían libros para las bibliotecas de Asturias. Al cabo de varios meses se
echaron atrás con la excusa de que no tenían presupuesto. O sea, que tenían
dinero para que algún amigo lo editara, pero no para
adquirirme a mí ejemplares del libro.
Organizaron un acto en Nava en
homenaje a la madre de Argüelles ya que había sido una de esas maestras de la
república. Querían que fuera a presentar el libro. Pedí dinero para el viaje a memoria
democrática y no contestaron. Escribí al alcalde de Nava y no sé si entendería
el mensaje que le envié, pero el caso es que no contestó. Escribí
al presunto concejal de cultura de Nava y nadie me contestó. Parece que es un
pueblo al que le sacas de la sidra y de la gaita y ya no hay más cultura para
ellos.
Escribí a la consejera de
cultura. Me contestó el director de acción cultural. Buenas palabras, pero no compraron ningún
ejemplar. Como no está en bable,...
Hablé con el director de las
bibliotecas de Asturias. Me dijo que se pondrían en contacto conmigo los
distribuidores con los que trabajan y llevo desde septiembre esperando a que lo
hagan, aunque no sé si sabrán usar un teléfono y ese será el problema.
Si se hubiera llamado Víctor Manuel tal vez la cosa hubiese sido distinta. Víctor Manuel, el que dedicó a Franco la canción que se titulaba “Un gran hombre” y que decía:
«Hay un país
que la guerra marcó sin piedad.
Ese país
de cenizas logró resurgir.
Años costó
su tributo a la guerra pagar.
Hoy consiguió
que se admire y respete su paz.
No, no conocí
el azote de aquella invasión.
Vivo feliz
en la tierra que aquel levantó.
Gracias le doy
al gran hombre que supo alejar
esa invasión
que la senda venía a cambiar.
Otros vendrán
que el camino no habrán de labrar.
Él lo labró,
a los otros les toca sembrar.
Otros vendrán,
el camino más limpio hallarán.
Deben seguir
por la senda que aquel nos marcó.
No han de ocultar,
hacia el hombre que trajo esta paz,
su admiración.
Y por favor pido siga esta paz»
A ese cantante, el gobierno de Asturias le cedió gratis y corrió con los gastos de los 80 músicos de la orquesta Sinfónica de Asturias para que hiciera cuatro conciertos por los que facturó hasta 1,5 millones. Pero para Argüelles no hay dinero.
Por no hablar del Real Instituto
de Estudios Asturianos, uno de esos chiringuitos con nombre rimbombante, que no
tiene dinero para hablar de Argüelles, pero se gasta más de
10.000 euros en la compra de un tresillo.
Y por no hablar de los centros
asturianos repartidos por la geografía española, a quienes se les ha informado de la existencia del libro. Como para los de Nava, no se
les puede sacar de la sidra y de tocar , o tocarse, la gaita.
No hagáis como los asturianos, comprad este libro. Lo podéis adquirir en Amazon.
viernes, 13 de marzo de 2026
jueves, 5 de marzo de 2026
El Astillero, Galdós y Trafalgar
jueves, 26 de febrero de 2026
Reseña en la revista Sansueña
En el número 7 de la revista Sansueña (2025), pp. 188- ss aparece esta reseña del libro:
ALVARO
OCÁRIZ, José Andrés
La
literatura española en el exilio: Agustín Argūelles Manso, un niño de la guerra
asturiano en la URSS
Desiréediciones,
2024, 208 pp.
Carla
Fernández Alarcón
GEXEL,
Universitat Autònoma de Barcelona
Tal
y como se ha venido haciendo en el último tiempo, la recuperación de la memoria
histórica en España ha pro movido la inclusión en el espacio público de
numerosas memorias de guerra que han contribuido, no sólo a la posibilidad de
obtener de este pasado un relato mucho menos fragmentario, sino también a la
dignificación de todas las que han sido víctimas por partida doble: de la
Guerra Civil y de las posteriores políticas de olvido implementadas durante el
periodo de Transición.
El
libro del escritor y filólogo José Andrés Alvaro Ocáriz La literatura española en el exilio: Agustín Argüelles Manso, un niño
de la guerra asturiano en la URSS, publicado en Desiréediciones, apunta en
este sentido, pues reivindica la relevancia de las memorias de Argüelles -quien
marchó a la URSS como «niño de la guerra»- y las erige como verdadero documento
histórico y archivo testimonial. Argüelles nació en Oviedo en 1927 y desde 1939
residió en la URSS en calidad de exiliado. No fue hasta 1990 que regresó a
España, donde fallecería cuatro años más tarde. José Andrés Alvaro Ocáriz,
durante la realización de un libro sobre el poeta ucraniano Tarás Shevchenko,
emplea diversas traducciones del español realizadas por Agustín Argüelles,
eligiendo estas sobre otras por su calidad y transparencia. Así es cómo entra
en contacto con la familia del traductor y conoce de la colaboración de éste
con diversos escritores de gran. relevancia, como Juan y José Agustín
Goytisolo, Ángela Figuera Аymerich, Blas de Otero y José Manuel Ullán. Las
memorias de Argüelles comprenden desde 1934, años antes de iniciar su primer
desplazamiento, hasta 1975. Adicionalmente, en el volumen se recoge una
antología de poemas traducidos por el autor, así como una selección de su
poesía personal.
Si
bien Argüelles y su familia no se vieron obligados a abandonar su ciudad hasta
1937, la relación de los hechos inicia años atrás, en 1934, momento en que el
autor refleja cómo el primer recuerdo infantil -el colegio del que su madre era
profesora, los amigos, los juegos- se han conservado en la memoria impregnados
de la atmósfera de tensión presente durante la Revolución de octubre de 1934.
En estos primeros desplazamientos, que realizaron en función de las directrices
del Ministerio de Instrucción Pública, la familia recorrió diversas ciudades,
partiendo de Oviedo hasta Gijón, para posteriormente descender desde Nava hasta
Castellet del Vallés y, finalmente, como tantos otros refugiados, cruzar la
frontera francesa por Figueres.
Dicha
estampa, lugar común en la literatura del exilio, es narrada en estas memorias
desde el ruido de los bombardeos dejados atrás en Barcelona, el desorden, la
confusión y el miedo. En el paso de la frontera se destaca la intervención con
las autoridades francesas de la escritora y política Margarita Nelken. La
llegada a Francia –a un pueblecito del Mediterráneo francés– (23) se ve marcada
por el régimen autoritario impuesto a todos los refugiados, violencia paliada
en la narración por una mirada infantil que dulcifica y prescinde de los hechos
más crueles.
Tras
su estancia en el campo de internamiento, Argüelles es finalmente desplazado
con su familia a París rumbo al puerto de El Havre, lugar desde el que partió
el buque María Uliánova en la última
de las evacuaciones efectuadas, el día 24 de noviembre de 1938. El buque, en el
que se refugiaron más de 300 niños, llegó a Leningrado el 6 de diciembre del
mismo año.
El
periodo transcurrido en la URSS es el que ocupa la gran parte de las memorias,
ya que Argüelles permaneció allí desde su llegada a Leningrado en diciembre de
1938 hasta que fue repatriado a España en 1990. Los primeros años narrados
insisten en la gran acogida que recibieron los niños españoles por parte de los
soviéticos y las actividades allí organizadas, como bailes, cine y teatro.
Asimismo, Argüelles no duda en integrar entre sus páginas una extensa nómina de
compañeros y profesores: «Guardo un grato recuerdo de muchos maestros. María
Luisa González, alumna de Unamuno en RESEÑAS Salamanca [...] Leonardo García
Cámara, aragonés y comisario en la Batalla del Ebro. Se casó con una asturiana,
Quintina Calvo. Carmen Roure, maestra de botánica y zoología, catalana (35).
Corría
el mes de junio de 1941. El domingo día 22 anuncian por el altavoz que está
colgado de un poste que los alemanes atacaron a la Unión Soviética» (46).
Los
cuatro años que siguieron al inicio de la Gran Guerra Patria son descritos en
estas páginas como un gran cambio para los niños de la guerra, pues la primera
tranquilidad allí encontrada se tornaría ahora en preocupación colectiva: «Los
estragos de la hambruna se mezclan con los de un invierno atroz en el que dormíamos
en el suelo, vestidos. Íbamos a clase y no nos quitábamos ni el gorro de
orejeras» (61).
El
fin de la Gran Guerra Patria y la victoria sobre el fascismo vertieron sobre
los españoles en Rusia la esperanzadora posibilidad del retorno, ilusión que se
desvaneció ante la falta de relaciones diplomáticas entre España y Rusia y que
se materializa en el texto con la ensoñación del colectivo español de una nueva
patria a la que regresar: «Cosas así, o algo parecidas, hablábamos entre
nosotros. Los camaradas mayores se creían que llegarían a sus pueblos o
ciudades y que, por eso de estar políticamente bien preparados, ocuparían los
sillones de gobernadores, alcaldes o, por lo menos, concejales» (73).
Tras
la muerte de Stalin se iniciaron las primeras repatriaciones, no sin antes enfrentar
numerosas dificultades que, en muchas ocasiones, tal y como constata el autor,
no permitían completar el retorno. Los años vividos y la paulatina integración
en la sociedad rusa aumentó la sensación de desasosiego tras la marcha de los
que habían sido compañeros desde la infancia: «Se fue el tren y, en él, amigos
invade de los mejores años. Un poso de soledad el alma. Tienen que pasar varios
días para recuperarte» (129).
Como
tantos otros niños de la guerra, Argüelles culminó sus estudios ejerció de en
letras y ese momento en adelante como traductor. En su texto figuran numerosas
estampas de cómo la literatura española permaneció viva a la luz de seminarios
profesores y como César M. Arconada. Como muestra el autor, la revolución
cubana resultó una gran oportunidad de desarrollo profesional para muchos de
los españoles formados en Rusia, en especial, en el empleo de la traducción.
Fue
así como Argüelles conoció autores como Blas de Otero -con quien conversó
largamente en una de sus estancias en Rusia- y Juan Goytisolo -а quien conoció
en un viaje a París-, traduciendo posteriormente su obra. En 1961, el autor
publicó su poemario en la editorial Sovietski Pisatel, bajo el título de Palomitas de papel.
Las
memorias finalizan tras la muerte de Franco, parte a la que sigue la compilación
de algunos de los poemas que tradujo de autores como Mijail Lermontov, Tarás
Shevchenko, Esenin. Iván Frankó y Esenin. En último lugar, se recoge la poesía
de Argüelles, muy marcada por la búsqueda e interrogación de la identidad
propia y la rememoración de las víctimas tras la Guerra Civil y el exilio. Así
lo manifiesta en el poema “Porque el peso de mis muertos” (238):
Porque el peso de mis muertos
es mayor que el de mis vivos.
No nos dejan vivir tranquilos.
Una gota de petróleo,
un pedazo de hierro,
valen más que una vida,
valen más que los sueños:
Que el juguete del niño
y que el beso primero...
(¡cuántos se fueron
sin dar el primer beso!)
Una gota de petróleo,
un pedazo de hierro...
El
texto de Argüelles representa un documento histórico de gran valor testimonial.
Su narración en primera persona, que alterna entre el presente y el pretérito,
dibuja con precisión los hechos vividos durante su exilio en la URSS y el
desarrollo de su empleo como traductor. Su detallada relación, alejada de la
búsqueda de literariedad, obra sugiere que la se inscribe con mayor propiedad
en la categoría de egodocumento que en el género memorialístico. Con todo, la
recuperación de este texto, como testimonio de un pasado silenciado, supone un
aporte relevante para la compleción reconstrucción y de la memoria histórica.
Ya saben que el libro se puede adquirir en Amazon. En librerías, lo distribuye Elkar.
La Concos y la Noser contra Miguel Hernández
Nieves Concostrina, a quien le encanta hablar de lo que no sabe, ha atacado a la Fundación Miguel Hernández.
Este es un artículo de Info Vega baja:
Aitor
Larrabide denuncia insultos y acusaciones de censura en el programa “La
Ventana”
El director de la Fundación Miguel
Hernández, Aitor Larrabide, acusa a Nieves Concostrina y a Carles Francino de
“injuriar sin contrastar la información” en un programa de la Ser, y defiende
su decisión de retirar un texto por contener descalificaciones personales
Por Info
Vegabaja 5 horas.
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El director
de la Fundación Cultural Miguel Hernández, Aitor Larrabide, ha
hecho público un comunicado en el que denuncia haber sido objeto de “insultos
directos” y acusaciones de censura en el programa “La Ventana”, de la Cadena
SER, presentado por Carles Francino y con la participación de la
periodista Nieves Concostrina.
Según expone Larrabide, durante la
emisión del pasado 18 de febrero, en la sección “Acontece que no es poco”,
Concostrina se refirió a él con expresiones como “hipócrita” y “personajes que
viven a costa de Miguel Hernández”, además de calificarlo como “Aitor el
censor”. Por su parte, Francino habló de la “torpeza del director de la
Fundación”.
El origen de la polémica
El detonante de las críticas fue la
no inclusión de un texto titulado “Rebelión”, firmado por
Concostrina, en el catálogo Indómito, vinculado a una exposición
del artista cordobés Fernando Somé. El catálogo iba a contar con el sello
editorial de la Fundación, condición que, según Larrabide, aceptó con el
requisito de revisar previamente los textos.
En su comunicado, el director
explica que solicitó a la autora la retirada de determinadas expresiones que
consideraba insultantes. Entre ellas, la referencia al obispo Luis Almarcha
como “canalla” y la acusación de haber “participado activamente” en la muerte
del poeta oriolano mirando “para otro lado”, así como la mención al alcalde de
Madrid, José Luis Martínez-Almeida, al que se aludía en términos críticos.
Ante la negativa de la periodista a
modificar el contenido, Larrabide decidió retirar el texto del catálogo en el
ejercicio de su “responsabilidad como director”. En el comunicado, sostiene que
“si no se es capaz de criticar sin llegar al insulto o descalificación
personal, pobre periodista se puede calificar”.
Acusaciones de falta de contraste
Larrabide reprocha tanto a
Concostrina como a Francino no haberse puesto en contacto con él para
contrastar la información antes de realizar las afirmaciones en antena.
Asimismo, niega que su decisión respondiera a presiones políticas o a la
intención de “dejar contento” a responsables municipales.
En este sentido, menciona al alcalde
de Orihuela, Pepe Vegara, y al exconcejal de Cultura Gonzalo Montoya,
aludiendo a que fue incluido por Concostrina en lo que denominó el “trío del
postureo”. También señala que el Premio Internacional de Poesía al que se hizo
referencia está promovido por la propia Fundación y recuerda que la entidad se
manifestó en contra de la decisión del equipo de gobierno local de rechazar la
moción sobre la nulidad de la condena a Miguel Hernández.
El director subraya además su
trayectoria en la investigación y promoción del legado del poeta, así como su
vinculación con el Ateneo Socio-Cultural Viento del Pueblo y la
Coordinadora de Asociaciones de Memoria Histórica de la Provincia de Alicante
(COAMHI). También recuerda que fue cesado como consejero independiente de la
empresa municipal Orihuela Cultural en mayo de 2024.
“Sin derecho a réplica”
En la parte final del comunicado,
Larrabide lamenta no haber tenido oportunidad de ejercer su derecho de réplica
y critica que quienes denuncian el “seudoperiodismo de ultraderecha” incurran,
a su juicio, en prácticas similares “injuriando sin contrastar la información”.
El
comunicado concluye con una reflexión sobre la responsabilidad mediática y la
construcción del relato histórico en torno a la figura de Miguel Hernández y su
legado cultural en Orihuela.
Os recuerdo que mi libro sobre Miguel Hernández lo podéis adquirir en Amazon.





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