viernes, 13 de febrero de 2026

Elcano

 Con motivo del 500 aniversario del fallecimiento de Juan Sebastián Elcano he escrito este libro.




Prólogo

El interés por la historia marítima de los vascos, interés que ambos compartimos, ha forjado la amistad entre el autor de la obra que prologamos, José Andrés Alvaro Ocáriz, y el que suscribe. La “Presencia vasca en la Armada española”, libro que tuve el honor de presentar en Madrid hace pocos años, su estudio sobre el “Elogio histórico de Churruca” y el no menos importante sobre el segundo comandante del San Juan Nepomuceno del mando del anterior y con igual cota de heroísmo que D. Cosme Damián, D. Francisco Moyua y Mazarredo, terminaron de anudar los lazos de nuestra amistad.

Ahora, con motivo del inminente V Centenario del fallecimiento en aguas de la Mar del Sur (por culpa de Magallanes, conocido como Pacífico como nos cuenta Pigaffetta) del que por primera vez circundó el mundo, el guetariano inmortal Juan Sebastián Elcano, ha buceado en la Historia para sacarlo a la superficie y así pueda ser apreciado por todos.

La ley dictada por los Reyes Católicos prohibía la exportación de naves construidas en los astilleros de sus unidos reinos de Castilla y Aragón, ley hecha para guardar el secreto de la excelente construcción naval española, que condujo al desarrollo de esa misma construcción en Inglaterra y Holanda, dado que España no les vendía buques.

Como Juan Sebastián vio embargada su embarcación de comercio por unos exigentes banqueros saboyanos, la Justicia consideró tal embargo como una venta a extranjeros y esos “antecedentes penales” van a pesar muy duramente en su honrada y heroica vida y tengo para mí que eso fue lo que le impidió tomar el hábito de alguna de las Ordenes Militares (a Magallanes le concedieron el de Santiago) y seguramente provocó la negativa del rey a concederle un título nobiliario, incluso creemos que no tomó el mando de la expedición que pusieron en manos del inexperto Loaisa por lo mismo, y además por la nobleza del de tierra adentro (Ciudad Real).

En el libro verán bien la tragedia final, cuando por fin Elcano accede a la capitanía general de la Armada, solamente la disfrutará, si es que le quedaba algo de consciencia, cuatro días, la ciguatera o el escorbuto dio con sus huesos en la mar que, con tantísimo esfuerzo, había dominado.

Para mi tengo también que la derrota de Timor a Cabo Verde, que él utilizó por primera vez y que nada tiene que ver con la utilizada por los portugueses, comiendo arroz cocido en agua de mar y aguantando así más de tres meses, arrojando un cadáver al mar casi todos los días, constituye uno de los actos más heroicos de la historia de la navegación mundial y nos resulta imposible comprender que, tras las penalidades que pasó, incluso después hasta Sevilla utilizando la vuelta de Mina, volviese a embarcar de segundo de Loaisa.

Muy oportuna me parece la inclusión del texto completo de su testamento, del cual la Armada Española cumplió una de las mandas, la relativa a la Santa Verónica que se venera en el monasterio de la Santa Faz de Alicante, en los años cuareta del pasado siglo, pero eso ya lo hemos contado en otras ocasiones.

Felicitamos muy de verás a nuestro amigo José Andrés que, a su biografía sobre Elcano, añade aspectos iconográficos poco conocidos y, con agradable escritura, deja constancia de esa increíble vida del guetariano (por cierto, en cartografía antigua del País Vasco, puede apreciarse un lugar muy cercano a Guetaria, llamado El Cano).


Introducción

Cinco siglos no bastan para medir la hondura de una estela. El mar, que todo lo borra, ha conservado sin embargo el nombre de Juan Sebastián Elcano como conserva ciertos secretos: no en la superficie brillante de la Historia, sino en su fondo más verdadero. En 2026 se cumplen quinientos años de su muerte, y este libro nace bajo el signo de esa efeméride, no como un ejercicio de memoria ritual, sino como una invitación a volver a pensar al hombre que cerró, por primera vez, el círculo del mundo.

Cuando las naves partieron de Sevilla en 1519, Elcano era uno más entre muchos. No encabezaba banderas ni discursos, no soñaba con hazañas universales. Era marino, y eso bastaba. El destino, esa fuerza sin rostro que gobierna las derrotas y las grandezas, lo condujo a asumir el mando de la Victoria tras la muerte de Magallanes. No lo hizo por ambición, sino por necesidad. Y así, sin buscarlo, completó la empresa más decisiva de la historia de la navegación: la primera vuelta al mundo.

Pero la vida de Elcano no concluyó con el regreso triunfal de 1522. La Historia, más exigente que la gloria, no le concedió reposo. Apenas cuatro años después, volvió a embarcarse en otra empresa extrema: la expedición de García Jofre de Loaisa, destinada a afianzar la presencia española en las Islas de las Especias. Era una navegación aún más incierta, más dura, más condenada desde su origen. Elcano, ya célebre, ya experimentado, eligió de nuevo el mar cuando podría haberse quedado en tierra. Eligió, una vez más, el camino más arduo.

Aquella expedición fue un calvario oceánico. Tempestades, hambre, enfermedades y muertes fueron deshaciendo la flota antes incluso de alcanzar el Pacífico. En agosto de 1526, en mitad del océano inmenso que él había ayudado a comprender, Juan Sebastián Elcano sucumbió al escorbuto. No hubo regreso, ni honores, ni sepultura conocida. El hombre que había cerrado el mundo quedó, para siempre, en su interior.

Este libro se escribe desde esa doble perspectiva: la del héroe involuntario que culmina una hazaña sin precedentes y la del marino fiel que muere en servicio, lejos de todo, sin más testigo que el horizonte. No pretende erigir una estatua retórica, sino recuperar una figura compleja, humana, profundamente moderna en su relación con el riesgo, la obediencia y el deber.

A quinientos años de su muerte, Elcano sigue interpelándonos. No por lo que conquistó, sino por lo que resistió. No por la gloria que recibió, sino por la que no reclamó. Su vida entera, desde Guetaria hasta los confines del Pacífico, fue una lección silenciosa sobre la perseverancia humana frente a lo desconocido.

Leer estas páginas es volver a embarcarse con él: aceptar la incertidumbre, escuchar el crujido de la nave, medir el mundo con el cuerpo y con el hambre, y comprender que la Historia no siempre la hacen quienes la imaginan, sino quienes no abandonan el timón cuando todo parece perdido.

Porque hay hombres que descubren mundos. Y hay otros, más raros aún, que los recorren hasta el final y mueren en ellos.

A quinientos años de su desaparición, estas páginas restituyen a Elcano su dimensión más profunda: la del hombre que no abandonó el mar cuando ya había cumplido la hazaña, la del navegante que eligió servir antes que descansar, la del protagonista silencioso de una epopeya que no se explica sin resistencia, lealtad y riesgo.

Un libro para comprender no sólo una gesta irrepetible, sino a un hombre que navegó hasta el final del mundo y de su propia vida.


Contraportada

Cinco siglos después de su muerte, la figura de Juan Sebastián Elcano sigue emergiendo entre la bruma del océano como símbolo de audacia, resistencia y destino.

No fue sólo el hombre que culminó la primera circunnavegación de la Tierra tras la muerte de Fernando de Magallanes; fue también el marino que, al mando de la nao Victoria, condujo a dieciocho hombres exhaustos de regreso a Sevilla en 1522, cerrando por vez primera el círculo del mundo y transformando para siempre la conciencia geográfica de la humanidad.

Pero esta obra no se detiene en la gloria. Acompaña a Elcano más allá del triunfo, cuando el reconocimiento real y el escudo concedido por Carlos I de España no bastaron para apartarlo del mar. Fiel a su vocación y a su tiempo, volvió a embarcarse hacia las islas de las Especias en la expedición de García Jofre de Loaísa. Allí, en la inmensidad del Pacífico que él mismo había atravesado por primera vez para Europa, halló no la fama, sino el desgaste, la enfermedad y la muerte en 1526, lejos de su Getaria natal y sin la pompa reservada a los héroes.

Entre la epopeya y el silencio final, este libro reconstruye la vida completa de Elcano: el comerciante vasco, el navegante audaz, el hombre enfrentado al hambre, al motín y a la incertidumbre de mares desconocidos; pero también el marino que pagó con su propia vida la fidelidad a una empresa imperial que apenas comenzaba.

En el quinto centenario de su muerte, esta obra invita a mirar más allá del mito para descubrir al hombre entero: el que abrió rutas imposibles, el que sostuvo la esperanza en la adversidad y el que, tras haber dado la vuelta al mundo, terminó fundiéndose con el océano que le hizo eterno.


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