sábado, 1 de diciembre de 2018

Feliz Navidad

La mula y el buey,
de Benito Pérez Galdós
 
- I -
Cesó de quejarse la pobrecita, movió la cabeza, fijando los tristes ojos en las personas que rodeaban su lecho, extinguióse poco a poco su aliento, y expiró. El ángel de la guarda, dando un suspiro, alzó el vuelo y se fue.
La infeliz madre no creía tanta desventura; pero el lindísimo rostro de Celinina se fue poniendo amarillo y diáfano como cera; enfriáronse sus miembros y quedó rígida y dura como el cuerpo de una muñeca. Entonces llevaron fuera de la alcoba a la madre, al padre y a los más inmediatos parientes, y dos o tres amigas y criadas se ocuparon en cumplir el último deber con la pobre niña muerta.
La vistieron con riquísimo traje de batista, la falda blanca y ligera como una nube, toda llena de encajes y rizos que la asemejaban a espuma. Pusiéronle los zapatos, blancos también, y apenas ligeramente gastada la suela, señal de haber dado pocos pasos, y después tejieron, con sus admirables cabellos de color castaño oscuro, graciosas trenzas enlazadas con cintas azules. Buscaron flores naturales, mas no hallándolas, por ser tan impropia de ellas la estación, tejieron una linda corona con flores de tela, escogiendo las más bonitas y las que más se parecían a verdaderas rosas frescas traídas del jardín.
Un hombre antipático trajo una caja algo mayor que la de un violín, forrada de seda azul con galones de plata, y por dentro guarnecida de raso blanco. Colocaron dentro a Celinina, sosteniendo su cabeza en preciosa y blanda almohada, para que no estuviese en postura violenta, y después que la acomodaron bien en su fúnebre lecho, cruzaron sus manecitas, atándolas con una cinta, y entre ellas pusiéronle un ramo de rosas blancas, tan hábilmente hechas por el artista, que parecían hijas del mismo abril.
Luego las mujeres aquellas cubrieron de vistosos paños una mesa, arreglándola como un altar, y sobre ella fue colocada la caja. En breve tiempo armaron unos al modo de doseles de iglesia, con ricas cortinas blancas que se recogían gallardamente a un lado y otro; trajeron de otras piezas cantidad de santos e imágenes que ordenadamente distribuyeron sobre el altar, como formando la corte funeraria del ángel difunto, y sin pérdida de tiempo encendieron algunas docenas de luces en los grandes candelabros de la sala, los cuales en torno a Celinina derramaban tristísimas claridades.
Después de besar repetidas veces las heladas mejillas de la pobre niña, dieron por terminada su piadosa obra.
 
- II -
 
Allá en lo más hondo de la casa sonaban gemidos de hombres y mujeres. Era el triste lamentar de los padres, que no podían convencerse de la verdad del aforismo angelitos al cielo que los amigos administran como calmante moral en tales trances. Los padres creían entonces que la verdadera y más propia morada de los angelitos es la tierra; y tampoco podían admitir la teoría de que es mucho más lamentable y desastrosa la muerte de los grandes que la de los pequeños.
Sentían, mezclada a su dolor, la profundísima lástima que inspira la agonía de un niño, y no comprendían que ninguna pena superase a aquella que destrozaba sus entrañas.
Mil recuerdos e imágenes dolorosas les herían, tomando forma de agudísimos puñales que les traspasaban el corazón. La madre oía sin cesar la encantadora media lengua de Celinina, diciendo las cosas al revés, y haciendo de las palabras de nuestro idioma graciosas caricaturas filológicas que afluían de su linda boca como la música más tierna que puede conmover el corazón de una madre.
Nada caracteriza a un niño como su estilo, aquel genuino modo de expresarse y decirlo todo con cuatro letras, y aquella gramática prehistórica, como los primeros vagidos de la palabra en los albores de la humanidad, y su sencillo arte de declinar y conjugar, que parece la rectificación inocente de los idiomas regularizados por el uso. El vocabulario de un niño de tres años, como Celinina, constituye el verdadero tesoro literario de las familias. ¿Cómo había de olvidar la madre aquella lengüecita de trapo que llamaba al sombrero tumeyo y al garbanzo babancho?
Para colmo de aflicción, vio la buena señora por todas partes los objetos con que Celinina había alborozado sus últimos días, y como éstos eran los que preceden a navidad rodaban por el suelo pavos de barro con patas de alambre, un san José sin manos, un pesebre con el Niño Dios, semejante a una bolita de color de rosa, un rey mago montado en arrogante camello sin cabeza. Lo que habían padecido aquellas pobres figuras en los últimos días, arrastrados de aquí para allí, puestas en esta o en la otra forma, sólo Dios, la mamá y el purísimo espíritu que había volado al cielo lo sabían.
Estaban las rotas esculturas impregnadas, digámoslo así, del alma de Celinina, o vestidas, si se quiere, de una singular claridad muy triste, que era la claridad de ella. La pobre madre, al mirarlas, temblaba toda, sintiéndose herida en lo más delicado y sensible de su íntimo ser. ¡Extraña alianza de las cosas! ¡Cómo lloraban aquellos pedazos de barro! ¡Llenos parecían de una aflicción intensa y tan doloridos que su vista sola producía tanta amargura como el espectáculo de la misma criatura moribunda, cuando miraba con suplicantes ojos a sus padres y les pedía que le quitasen aquel horrible dolor de su frente abrasada! La más triste cosa del mundo era para la madre aquel pavo con patas de alambre clavadas en tablilla de barro, y que en sus frecuentes cambios de postura había perdido el pico y el moco.
 
 

- III -
 
Pero si era aflictiva la situación de espíritu de la madre, éralo mucho más la del padre. Aquélla estaba traspasada de dolor; en éste el dolor se agravaba con un remordimiento agudísimo. Contaremos brevemente el peregrino caso, advirtiendo que esto quizá parecerá en extremo pueril a algunos; pero a los que tal crean les recordaremos que nada es tan ocasionado a puerilidades como un íntimo y puro dolor, de ésos en que no existe mezcla alguna de intereses de la tierra, ni el desconsuelo secundario del egoísmo no satisfecho.
Desde que Celinina cayó enferma, sintió el afán de las poéticas fiestas que más alegran a los niños, las fiestas de navidad. Ya se sabe con cuánta ansia desean la llegada de estos risueños días y cómo les trastorna el febril anhelo de los regalitos, de los nacimientos y las esperanzas del mucho comer y del atracarse de pavo, mazapán, peladillas y turrón. Algunos se creen capaces, con la mayor ingenuidad, de embuchar en sus estómagos cuanto ostentan la Plaza Mayor y calles adyacentes.
Celinina, en sus ratos de mejoría, no dejaba de la boca el tema de la pascua y como sus primitos, que iban a acompañarla, eran de más edad y sabían cuanto hay que saber en punto a regalos y nacimientos, se alborotaba más la fantasía de la pobre niña oyéndoles, y más se encendían sus afanes de poseer golosinas y juguetes. Delirando, cuando la metía en su horno de martirios la fiebre, no cesaba de nombrar lo que de tal modo ocupaba su espíritu, y todo era golpear tambores, tañer zambombas, cantar villancicos. En la esfera tenebrosa que rodeaba su mente no había sino pavos haciendo clau clau; pollos que gritaban pío pío; montones de turrón que llegaban al cielo formando un Guadarrama de almendras; nacimientos llenos de luces y que tenían lo menos cincuenta mil millones de figuras; ramos de dulce; árboles cargados de cuantos juguetes puede idear la más fecunda imaginación tirolesa; el estanque del Retiro lleno de sopa de almendras; besugos que miraban a las cocineras con sus ojos cuajados; naranjas que llovían del cielo, cayendo en más abundancia que las gotas de agua en día de temporal, y otros mil prodigios que no tienen número ni medida.
 
- IV -
El padre, por no tener más chicos que Celinina, no cabía en sí de inquieto y desasosegado. Sus negocios le llamaban fuera de la casa; pero muy a menudo entraba en ella para ver cómo iba la enfermita. El mal seguía su marcha con alternativas traidoras; unas veces dando esperanzas de remedio, otras quitándolas.
El buen hombre tenía presentimientos tristes. El lecho de Celinina, con la tierna persona agobiada en él por la fiebre y los dolores, no se apartaba de su imaginación. Atento a lo que pudiera contribuir a regocijar el espíritu de la niña, todas las noches, cuando regresaba a la casa, le traía algún regalito de pascua, variando siempre de objeto y especie; pero prescindiendo siempre de toda golosina. Trájole un día una manada de pavos, tan al vivo hechos, que no les faltaba más que graznar; otro día sacó de sus bolsillos la mitad de la sacra familia, y al siguiente a san José con el pesebre y portal de Belén. Después vino con unas preciosas ovejas a quienes conducían gallardos pastores, y luego se hizo acompañar de unas lavanderas que lavaban, y de un choricero que vendía chorizos, y de un rey mago negro, al cual sucedió otro de barba blanca y corona de oro. Por traer, hasta trajo una vieja que daba azotes en cierta parte a un chico por no saber la lección.
Conocedora Celinina, por lo que charlaban sus primos, de todo lo necesario a la buena composición de un nacimiento, conoció que aquella obra estaba incompleta por la falta de dos figuras muy principales, la mula y el buey. Ella no sabía lo que significaban la tal mula ni el tal buey; pero atenta a que todas las cosas fuesen perfectas, reclamó una y otra vez del solícito padre el par de animales que se había quedado en Santa Cruz.
Él prometió traerlos y en su corazón hizo propósito firmísimo de no volver sin ambas bestias; pero aquel día, que era el 23, los asuntos y quehaceres se le aumentaron de tal modo que no tuvo un punto de reposo. Además de esto, quiso el cielo que se sacase la lotería, que tuviera noticia de haber ganado un pleito, que dos amigos cariñosos le embarazaran toda la mañana..., en fin, el padre entró en la casa sin la mula, pero también sin el buey.
Gran desconsuelo mostró Celinina al ver que no venían a completar su tesoro las dos únicas joyas que en él faltaban. El padre quiso al punto remediar su falta; mas la nena se había agravado considerablemente durante el día; vino el médico, y como sus palabras no eran tranquilizadoras, nadie pensó en bueyes, más tampoco en mulas.
El 24 resolvió el pobre señor no moverse de la casa. Celinina tuvo por breve rato un alivio tan patente que todos concibieron esperanzas, y lleno de alegría dijo el padre: "Voy al punto a buscar eso".
Pero como cae rápidamente un ave, herida al remontar el vuelo a lo más alto, así cayó Celinina en las honduras de una fiebre muy intensa. Se agitaba trémula y sofocada en los brazos ardientes de la enfermedad, que la constreñía sacudiéndola para expulsar la vida. En la confusión de su delirio, y sobre el revuelto oleaje de su pensamiento, flotaba, como el único objeto salvado de un cataclismo, la idea fija del deseo que no había sido satisfecho, de aquella codiciada mula y de aquel suspirado buey, que aún proseguían en estado de esperanza.
El papá salió medio loco, corrió por las calles; pero en mitad de una de ellas se detuvo y dijo: "¿Quién piensa ahora en figuras de nacimiento?".
Y corriendo de aquí para allí, subió escaleras, y tocó campanillas, y abrió puertas sin reposar un instante hasta que hubo juntado a siete u ocho médicos, y les llevó a su casa. Era preciso salvar a Celinina.
 
- V -
Pero Dios no quiso que los siete u ocho (pues la cifra no se sabe a punto fijo) alumnos de Esculapio contraviniesen la sentencia que él había dado, y Celinina fue cayendo, cayendo más a cada hora, y llegó a estar abatida, abrasada, luchando con indescriptibles congojas, como la mariposa que ha sido golpeada y tiembla sobre el suelo con las alas rotas. Los padres se inclinaban junto a ella con afán insensato, cual si quisieran con la sola fuerza del mirar detener aquella existencia que se iba, suspender la rápida desorganización humana, y con su aliento renovar el aliento de la pobre mártir que se desvanecía en un suspiro.
Sonaron en la calle tambores y zambombas y alegres chasquidos de panderos. Celinina abrió los ojos, que ya parecían cerrados para siempre, miró a sus padres, y con la mirada tan sólo y un grave murmullo que no parecía venir ya de lenguas de este mundo, pidió a su padre lo que éste no había querido traerle. Traspasados de dolor padre y madre quisieron engañarla, para que tuviese una alegría en aquel instante de suprema aflicción y, presentándole los pavos, le dijeron: "Mira, hija de mi alma, aquí tienes la mulita y el bueyecito".
Pero Celinina, aun acabándose, tuvo suficiente claridad en su entendimiento para ver que los pavos no eran otra cosa que pavos, y los rechazó con agraciado gesto. Después siguió con la vista fija en sus padres y ambas manos en la cabeza señalando sus agudos dolores. Poco a poco fue extinguiéndose en ella aquel acompasado son, que es el último vibrar de la vida, y al fin todo calló, como calla la máquina del reloj que se para; y la linda Celinina fue un gracioso bulto, inerte y frío como mármol, blanco y transparente como la purificada cera que arde en los altares.
¿Se comprende ahora el remordimiento del padre? Porque Celinina tornara a la vida, hubiera él recorrido la tierra entera para recoger todos los bueyes y todas, absolutamente todas las mulas que en ella hay. La idea de no haber satisfecho aquel inocente deseo era la espada más aguda y fría que traspasaba su corazón. En vano con el raciocinio quería arrancársela, pero ¿de qué servía la razón, si era tan niño entonces como la que dormía en el ataúd, y daba más importancia a un juguete que a todas las cosas de la tierra y del cielo?
- VI -
En la casa se apagaron al fin los rumores de la desesperación como si el dolor, internándose en el alma, que es su morada propia, cerrara las puertas de los sentidos para estar más solo y recrearse en sí mismo.
Era nochebuena, y si todo callaba en la triste vivienda recién visitada de la muerte, fuera, en las calles de la ciudad, y en todas las demás casas, resonaban placenteras bullangas de groseros instrumentos músicos, y vocería de chiquillos y adultos cantando la venida del mesías. Desde la sala donde estaba la niña difunta, las piadosas mujeres que le hacían compañía oyeron espantosa algazara, que a través del pavimento del piso superior llegaba hasta ellas, conturbándolas en su pena y devoto recogimiento. Allá arriba, muchos niños chicos, congregados con mayor número de niños grandes y felices papás y alborozados tíos y tías, celebraban la pascua, locos de alegría ante el más admirable nacimiento que era dado imaginar, y atentos al fruto de juguetes y dulces que en sus ramas llevaba un frondoso árbol con mil vistosas candilejas alumbrado.
Hubo momentos en que con el grande estrépito de arriba parecía que retemblaba el techo de la sala, y que la pobre muerta se estremecía en su caja azul, y que las luces todas oscilaban, cual si, a su manera, quisieran dar a entender también que estaban algo peneques. De las tres mujeres que velaban se retiraron dos; quedó una sola, y ésta, sintiendo en su cabeza grandísimo peso, a causa sin duda del cansancio producido por tantas vigilias, tocó el pecho con la barba y se durmió.
Las luces siguieron oscilando y moviéndose mucho, a pesar de que no entraba aire en la habitación. Creeríase que invisibles alas se agitaban en el espacio ocupado por el altar. Los encajes del vestido de Celinina se movieron también, y las hojas de sus flores de trapo anunciaban el paso de una brisa juguetona o de manos muy suaves. Entonces Celinina abrió los ojos.
Sus ojos negros llenaron la sala con una mirada viva y afanosa que echaron en derredor y de arriba abajo. Inmediatamente después, separó las manos sin que opusiera resistencia la cinta que las ataba, y cerrando ambos puños se frotó con ellos los ojos, como es costumbre en los niños al despertarse. Luego se incorporó con rápido movimiento, sin esfuerzo alguno, y mirando al techo, se echó a reír; pero su risa, sensible a la vista, no podía oírse. El único rumor que fácilmente se percibió era una bullanga de alas vivamente agitadas, cual si todas las palomas del mundo estuvieran entrando y saliendo en la sala mortuoria y rozaran con sus plumas el techo y las paredes.
Celinina se puso en pie, extendió los brazos hacia arriba, y al punto le nacieron unas alitas cortas y blancas. Batiendo con ellas el aire, levantó el vuelo y desapareció.
Todo continuaba lo mismo; las luces ardiendo, derramando en copiosos chorros la blanca cera sobre las arandelas; las imágenes en el propio sitio, sin mover brazo ni pierna ni desplegar sus austeros labios; la mujer sumida plácidamente en su sueño que debía saberle a gloria; todo seguía lo mismo, menos la caja azul, que se había quedado vacía.


- VII -
Hermosa fiesta la de esta noche en casa de los señores de *. Los tambores atruenan la sala. No hay quien haga comprender a esos endiablados chicos que se divertirán más renunciando a la infernal bulla de aquel instrumento de guerra. Para que ningún humano oído quede en estado de funcionar al día siguiente, añaden al tambor esa invención del Averno llamada zambomba, cuyo ruido semeja a gruñidos de Satanás. Completa la sinfonía el pandero, cuyo atroz chirrido de calderetería vieja alborota los nervios más tranquilos. Y sin embargo, esta discorde algazara sin melodía y sin ritmo, más primitiva que la música de los salvajes, es alegre en aquesta singular noche, y tiene cierto sonsonete lejano de coro celestial.
El nacimiento no es una obra de arte a los ojos de los adultos; pero los chicos encuentran tanta belleza en las figuras, expresión tan mística en el semblante de todas ellas, y propiedad tanta en sus trajes, que no creen haya salido de manos de los hombres obra más perfecta, y la atribuyen a la industria peculiar de ciertos ángeles dedicados a ganarse la vida trabajando en barro. El portal de corcho, imitando un arco romano en ruinas, es monísimo y el riachuelo representado por un espejillo con manchas verdes que remedan acuáticas hierbas y el musgo de las márgenes, parece que corre por la mesa adelante con plácido murmullo. El puente por donde pasan los pastores es tal, que nunca se ha visto el cartón tan semejante a la piedra, al contrario de lo que pasa en muchas obras de nuestros ingenieros modernos, los cuales hacen puentes de piedra que parecen de cartón. El monte que ocupa el centro se confundiría con un pedazo de los Pirineos, y sus lindas casitas, más pequeñas que las figuras, y sus árboles figurados con ramitas de evónimus, dejan atrás a la misma naturaleza.
En el llano es donde está lo más bello y las figuras más características: las lavanderas que lavan en el arroyo; los paveros y polleros conduciendo sus manadas; un guardia civil que lleva dos granujas presos; caballeros que pasean en lujosas carretelas junto al camello de un rey mago, y Perico el ciego tocando la guitarra en un corrillo donde curiosean los pastores que han vuelto del portal. Por medio a medio, pasa un tranvía lo mismito que el del barrio Salamanca, y como tiene dos rails y sus ruedas, a cada instante le hacen correr de oriente a occidente con gran asombro del rey negro, que no sabe qué endiablada máquina es aquélla.
Delante del portal hay una lindísima plazoleta, cuyo centro lo ocupa una redoma de peces, y no lejos de allí vende un chico La correspondencia, y bailan gentilmente dos majos. La vieja que vende buñuelos y la castañera de la esquina son las piezas más graciosas de este maravilloso pueblo de barro, y ellas solas atraen con preferencia las miradas de la infantil muchedumbre. Sobre todo, aquel chicuelo andrajoso que en una mano tiene un billete de lotería y con la otra le roba bonitamente las castañas del cesto a la tía Lambrijas, hace desternillar de risa a todos.
En suma, el nacimiento número uno de Madrid es el de aquella casa, una de las más principales, y ha reunido en sus salones a los niños más lindos y más juiciosos de veinte calles a la redonda.
 
 
- VIII -
Pues, ¿y el árbol? Está formado de ramas de encina y cedro. El solícito amigo de la casa que lo ha compuesto con gran trabajo, declara que jamás salió de sus manos obra tan acabada y perfecta. No se pueden contar los regalos pendientes de sus hojas. Son, según la suposición de un chiquitín allí presente, en mayor número que las arenas del mar. Dulces envueltos en cáscaras de papel rizado; mandarinas, que son los niños de pecho de las naranjas; castañas arropadas en mantillas de papel de plata; cajitas que contienen glóbulos de confitería homeopática; figurillas diversas a pie y a caballo, cuanto Dios crió para que lo perfeccionase luego la Mahonesa o lo vendiese Scropp, ha sido puesto allí por una mano tan generosa como hábil. Alumbran aquel árbol de la vida candilejas en tal abundancia que, según la relación de un convidado de cuatro años, hay allí más lucecitas que estrellas en el cielo.
El gozo de la caterva infantil no puede compararse a ningún sentimiento humano: es el gozo inefable de los coros celestiales en presencia del sumo bien y de la belleza suma. La superabundancia de satisfacción casi les hace juiciosos, y están como perplejos, en seráfico arrobamiento, con toda el alma en los ojos, saboreando de antemano lo que han de comer, y nadando, como los ángeles bienaventurados, en éter puro de cosas dulces y deliciosas, en olor de flores y de canela, en la esencia increada del juego y de la golosina.

- IX -
Mas de repente sintieron un rumor que no provenía de ellos. Todos miraron al techo y, como no veían nada, se contemplaban los unos a los otros, riendo. Oíase gran murmullo de alas rozando contra la pared y chocando en el techo. Si estuvieran ciegos, habrían creído que todas las palomas de todos los palomares del universo se habían metido en la sala. Pero no veían nada, absolutamente nada.
Notaron, sí, de súbito, una cosa inexplicable y fenomenal. Todas las figurillas del nacimiento se movieron, todas variaron de sitio sin ruido. El coche del tranvía subió a lo alto de los montes y los reyes se metieron de patas en el arroyo. Los pavos se colaron sin permiso dentro del portal, y san José salió todo turbado, cual si quisiera saber el origen de tan rara confusión. Después, muchas figuras quedaron tendidas en el suelo. Si al principio las traslaciones se hicieron sin desorden, después se armó una barahúnda tal que parecían andar por allí cien mil manos afanosas de revolverlo todo. Era un cataclismo universal en miniatura. El monte se venía abajo, faltándole sus cimientos seculares; el riachuelo variaba de curso y, echando fuera del cauce sus espejillos, inundaba espantosamente la llanura; las casas hundían el tejado en la arena; el portal se estremecía cual si fuera combatido de horribles vientos, y como se apagaron muchas luces, resultó nublado el sol y oscurecidas las luminarias del día y de la noche.
Entre el estupor que tal fenómeno producía, algunos pequeñuelos reían locamente y otros lloraban. Una vieja supersticiosa les dijo:
-¿No sabéis quién hace este trastorno? Hácenlo los niños muertos que están en el cielo, y a los cuales permite Padre Dios, esta noche, que vengan a jugar con los nacimientos.
Todo aquello tuvo fin y se sintió otra vez el batir de alas alejándose.
Acudieron muchos de los presentes a examinar los estragos y un señor dijo:
-Es que se ha hundido la mesa y todas las figuras se han revuelto.
Empezaron a recoger las figuras y ponerlas en orden. Después del minucioso recuento y de reconocer una por una todas las piezas, se echó de menos algo. Buscaron y rebuscaron; pero sin resultado. Faltaban la mula y el buey.
- X -
Ya cercano el día, iban los alborotadores camino del cielo, más contentos que unas pascuas, dando brincos por esas nubes, y eran millones de millones, todos preciosos, puros, divinos, con alas blancas y cortas que batían más rápidamente que los más veloces pájaros de la tierra. La bandada que formaban era más grande que cuanto pueden abarcar los ojos en el espacio visible, y cubría la luna y las estrellas, como cuando el firmamento se llena de nubes.
-A prisa, a prisa, caballeritos, que va a ser de día -dijo uno-, y el abuelo nos va a reñir si llegamos tarde. No valen nada los nacimientos de este año... ¡Cuando uno recuerda aquellos tiempos!...
Celinina iba con ellos y, como por primera vez andaba en aquellas altitudes, se atolondraba un poco.
-Ven acá -le dijo uno-, dame la mano y volarás más derecha... Pero ¿qué llevas ahí?
-Esto -repuso Celinina oprimiendo contra su pecho dos groseros animales de barro-. Son pa mí, pa mí.
-Mira, chiquilla, tira esos muñecos. Bien se conoce que sales ahora de la tierra. Has de saber que, aunque en el cielo tenemos juegos eternos y siempre deliciosos, el abuelo nos manda al mundo esta noche para que enredemos un poco en los nacimientos. Allá arriba se divierten también esta noche y yo creo que nos mandan abajo porque los mareamos con el gran ruido que metemos... Pero si Padre Dios nos deja bajar y andar por las casas es a condición de que no hemos de coger nada; y tú has tomado eso.
Celinina no se hacía cargo de estas poderosas razones y, apretando más contra su pecho los dos animales, repitió:
-Pa mí, pa mí.
-Mira, tonta -añadió el otro-, que si no haces caso nos vas a dar un disgusto. Baja en un vuelo y deja eso, que es de la tierra y en la tierra debe quedar. En un momento vas y vuelves, tonta. Yo te espero en esta nube.
Al fin Celinina cedió y, bajando, entregó a la tierra su hurto.
 
-XI-
 
Por eso observaron que el precioso cadáver de Celinina, aquello que fue su persona visible, tenía en las manos, en vez del ramo de flores, dos animalillos de barro. Ni las mujeres que la velaron, ni el padre, ni la madre, supieron explicarse esto; pero la linda niña, tan llorada de todos, entró en la tierra apretando en sus frías manecillas la mula y el buey.
 
 
 


martes, 27 de noviembre de 2018

Sebastián Iradier

 
Este es el manifiesto que el miércoles 28 se presenta a la sociedad alavesa:
 
 
ADONDE VIVO YO - MANIFIESTO REIVINDICATIVO DE LA MEMORIA DE SEBASTIÁN IRADIER SALABERRI
 
Vitoria-Gasteiz a 23 de noviembre de 2018
 
Si realizamos una encuesta en Vitoria-Gasteiz, en Lanciego, en Agurain o en cualquier otro lugar de Álava sobre la figura de Sebastián Iradier, el resultado sería más que decepcionante.
 
Muy pocas alavesas y alaveses, fuera del ambiente musical y cultural, ponen rostro o nombre al compositor de “La Paloma”, una de las canciones más versionadas de la historia de la música. Y son menos menos aún, quienes saben que es también autor de “El arreglito”, la melodía que Bizet “tomó prestada” en su celebérrima habanera de la ópera “Carmen”.
 
Y si lo desconocen es porque no hemos sabido, hasta aquí, valorar la trascendencia y la relevancia que este autor y sus composiciones han ejercido en la historia de la música durante los últimos 150 años.
 
En estos tiempos donde las distancias físicas y culturales se acortan y donde las fronteras entre países, idiomas y culturas se diluyen, es justo reivindicar La Paloma como la canción más internacional de la historia que ha viajado a lo largo del tiempo, y a lo ancho del mundo:
 
• Hasta convertirse en la habanera de referencia y ser reconocida en la isla caribeña como uno de sus máximos ejemplos de folklore nacional.
 
• Hasta transformarse en el mayor exponente de la canción protesta mejicana que, generación tras generación pone música a las gestas de revolucionarios como Pancho Villa, Zapata o el Subcomandante Marcos. Durante décadas, a comienzos del siglo XX, se consideró en toda lationamérica su versión “A chiquita” una canción popular mejicana.
 
• Hasta llegar a ser ovacionada en los más prestigiosos escenarios del bel canto internacional por formar parte del repertorio de las más grandes voces líricas. Paradójicamente, la única ópera existente basada en esta famosa canción, es instrumental.
 
• Hasta terminar siendo el himno fúnebre austriaco por antonomasia, al haber marcado la vida y la muerte del emperador prusiano Maximiliano I y de su esposa Carlota, y por haber resonado en los órganos de aquel país en los funerales de los miles de soldados que murieron en Méjico.
 
• Hasta convertirse en una melodía típica nupcial en la isla africana de Zanzibar a donde llegó en la voz de misioneros jesuitas.
 
• Hasta formar parte de la idiosincrasia musical hawaina donde se exhibe como máximo referente del “guitar slack key”. Es en este archipiélago donde Elvis Presley la conoce y la versiona en su trabajo Hawai Blue con el título No More.
 
• Hasta terminar siendo una obra de obligado estudio en diversos instrumentos de cuerda como la guitarra española (por el arreglo del maestro F. Tárrega), o la domra rusa (por el arreglo que para este instrumento realizó A. Tsygankov).
 
• Hasta ser llevada al cine en varias ocasiones y ser utilizada como banda sonora en infinidad de películas, algunas verdaderas obras maestras como EL Padrino de F. F. Coppola, y otras tan nuestras como la recién rodada Vitoria 3 de marzo de V. Cabaco.
 
• Hasta alcanzar las listas de éxitos internacionales en diversas épocas, con versiones diferentes en distintos idiomas. Durante la segunda guerra mundial se dio la paradójica circunstancia de que se escuchaba en ambos frentes a la vez, y en tres idiomas distintos porque tanto alemanes, como franceses e ingleses la reconocían como una canción propia. Son muchos los testimonios de judíos supervivientes que la recuerdan como el himno que se escuchaba en Auschwitz de camino a las cámaras de gas.
 
• Hasta ser grabada en miles de versiones en cualquier ritmo conocido, en los cinco continentes y en idiomas imaginables (existen documentadas versiones en afrikáner o parsi, por ejemplo, por lo que varios musicólogos la consideran la canción más versionada de la historia, aunque su entrada en el Libro Guinness de los récords fuera por haber sido cantada por el coro más grande del mundo, (88.600 personas) en Hamburgo, Alemania, el 9 de mayo de 2004.
 
Quienes abajo firmamos creemos que es tiempo de que la ciudadanía alavesa, con sus representantes políticos y sus referentes sociales al frente, pongamos manos a la obra para situar la figura y la obra de Sebastián Iradier en el lugar que por méritos propios merece.
 
Quienes abajo firmamos apoyamos que en nuestra ciudad se erija una escultura a la memoria de Sebastián Iradier. A día de hoy, seguimos sin el “recuerdo perenne” que acordó por unanimidad en pleno municipal nuestro Consistorio hace más de dos años.
 
Quienes abajo firmamos, queremos que se estudie la viabilidad de abrir un espacio permanente dedicado a Sebastián Iradier en Vitoria-Gasteiz, una casa museo que se convierta en una referencia turística de la ciudad que nos permita conocer quién fue y qué supuso para la historia de la música Sebastián Iradier Salaberri.
 
Quienes abajo firmamos, queremos que por fin y para siempre traigamos La Paloma y a su autor...
adonde vivo yo.
 
 
Para quienes quieran saber más sobre su vida, pueden encontrar mi libro:
 
Acercándose a su librería habitual, indicando el título, el nombre del autor y que lo distribuyen Elkar, Santos Ochoa y El Argonauta. 
 
En el País Vasco y Navarra, en las librerías del grupo Elkar.
 
En Logroño, en Santos Ochoa y Cerezo.
 
En Soria, en Santos Ochoa.
 
En Vitoria, en Ayala.
 
En San Sebastián, en Lagun y Hontza.
 
En Madrid, en El Argonauta
 
On line:
 
 
 

domingo, 18 de noviembre de 2018

Antonio Machado en Arcos de Jalón y en Berlanga


Esta semana presentaré mi libro LA FLECHA QUE ME ASIGNÓ CUPIDO en dos localidades sorianas.

En este libro  hablo de los dos amores que Cupido inspiró en el alma de Machado: el amor a su esposa y el amor a las tierras sorianas, tierras que fueron cantadas con frecuencia a lo largo de la literatura. Desde los juglares sorianos que escribieron el Poema de Mio Cid hasta Blas de Otero, pasando por Gerardo Diego, Gustavo Adolfo Bécquer   o Dionisio Ridruejo.

El viernes 23 de noviembre a las 19,30 de la tarde lo presentaré en el Espacio Cultural de Arcos de Jalón y el sábado 24 de noviembre de las seis de la tarde, en un acto organizado por la Asociación de Mujeres La Rueda, en el salón de actos del ayuntamiento de Berlanga de Duero.


Si alguien no puede asistir y desea adquirir un ejemplar, puede acudir a su librería habitual, indicar el nombre del autor, el título y que lo distribuyen Elkar y Santos Ochoa.


Además:

 
En Soria, en Cosas de Soria, Las Heras y Santos Ochoa



 
 







sábado, 17 de noviembre de 2018

Trafalgar, de Benito Pérez Galdós



Tras muchas vicisitudes, ya ve la luz mi edición crítica de Trafalgar. Recordaréis que primero la publiqué en Amazon, pero me obligaron a retirarla. Les intenté explicar que era una edición crítica pero parece que no entendían qué quería decir eso. El caso es que la he conseguido publicar y ya está distribuida.

Este es un fragmento del texto que aparece en la presentación del libro:


Desde siempre me ha atraído Trafalgar. He intentado contagiar de este gusto a los alumnos que he tenido y leíamos en cuarto de ESO esta obra de Galdós. Para ello elaboré una guía de lectura con unas preguntas a las que debían responder para cerciorarme de que habían comprendido el significado de esta obra.

Cuando me he animado a realizar esta edición crítica, quería hacer algo distinto a lo que hasta ahora se había realizado, si era posible, claro está.

Lo primero era elegir qué edición de la obra de Galdós iba a tomar por guía en mi trabajo. Me he basado en la de 1882, la que ilustraron Arturo y Enrique Mélida. ¿Por qué? Lo hice porque es una edición ilustrada, en la que el mismo Galdós participó para escoger la portada. De ahí que la portada sea la misma que la que eligió Galdós en su día. También he juzgado interesante insertar el prólogo que Galdós escribió para dicha edición.

He sido fiel al texto de Galdós, pero me he permitido señalar algunos fallos que pueden deberse a los editores de sus obras. Por ejemplo, el nombre auténtico de varios personajes no es el que se repite de edición en edición. Es la primera vez, después de ciento cincuenta años, en que alguien repara en que los nombres de tres marinos están escritos incorrectamente. Uno de ellos es bastante importante ya que se trata del segundo de Churruca en la escala de mando, otro es un capitán de navío nacido en la localidad navarra de Tudela y el tercero un marino de Cartagena.

Dado el carácter histórico del Episodio galdosiano, he juzgado conveniente, desde una perspectiva interdisciplinaria, aportar las referencias de los documentos que aparecen en el Archivo del Museo Naval (AMN) y, para “poner cara” a algunos lugares relacionados con Galdós y con Trafalgar, he incluido una serie de fotografías con la intención de unir la realidad histórica con la realidad narrada.
Ha sido un trabajo concienzudo ya que he incluido más de trescientas notas a pie de página. En ellas recojo el significado que la Real Academia da a algunos términos de difícil comprensión y aludo a referencias históricas y literarias de la obra. He sido fiel al texto de Galdós, aun cuando he modificado los signos de puntuación para facilitar mejor el significado de la obra.



Y ésta es una reseña que puede encontrarse en la Revista de Historia Naval, nº 141, pp 137-138:


PÉREZ GALDÓS, Benito: Trafalgar (ed. de José Andrés ÁLVARO OCÁRIZ). Desiréediciones  (ISBN 9781973569749), 2018, 220 páginas.

 
Plausible aportación al acervo galdosiano es esta edición crítica de Trafalgar, el conocido «episodio nacional» de don Benito, cuyo editor, José Andrés Álvaro Ocáriz, enriquece notablemente la información histórica proporcionada por la novela.

 El libro se divide en tres partes. En la primera, el editor nos presenta la obra y traza una semblanza de Benito Pérez Galdós, nacido el 10 de mayo de 1843 y fallecido el 4 de enero de 1920, analizando con especial énfasis las 46 novelas que se agrupan en los Episodios nacionales. Escrita entre 1873 y 1912, esta colección se compone de cinco series. El marco cronológico de la primera se extiende desde el reinado de Carlos IV hasta la Guerra de la Independencia; el de la segunda, desde el regreso de Fernando VII hasta la «década ominosa», y el de la tercera, desde la primera guerra carlista hasta la boda de Isabel II con Francisco de Asís de Borbón. El trasfondo histórico de la cuarta es el reinado isabelino, y el de la quinta, en fin, el Sexenio, la Regencia y los primeros años de la Restauración. Trafalgar, publicada en 1873, es precisamente la obra que inaugura la colección.

 La novela propiamente dicha ocupa íntegramente la segunda parte. En ella, Galdós narra la vida de Gabriel Araceli, protagonista de la serie, criatura de pura ficción que, siguiendo el esquema de la novela de madurez, desde su infancia de pícaro seguirá una peripecia vital que le llevará a convertirse en un honorable ciudadano. La novela nos describe el entorno de Araceli y los personajes que en él se movían: don Alonso, Marcial, doña Francisca, Malespina, doña Flora, doña Rosita...

Pero el nudo de la narración es el desastroso combate del 21 de octubre de 1805 en Trafalgar, que es relatado detalladamente, con una amenidad que no excluye el rigor, desde la perspectiva de Gabriel, quien participa en la legendaria batalla a bordo del enorme navío de línea Santísima Trinidad. Como no podía ser de otro modo tratándose de una edición crítica, este apartado viene acompañado de un aparato de notas que enriquecen el texto galdosiano mostrando sus concordancias con obras literarias
como el Quijote, el Lazarillo de Tormes, El sí de las niñas o el Buscón, y aportando aclaraciones históricas o geográficas y explicaciones sobre términos náuticos o caídos en desuso, cuya comprensión puede resultar difícil para el lector.

La tercera parte la componen una serie de apéndices en los que se insertan documentos de tanto interés como el discurso de ingreso de Galdós en la Real Academia Española, pronunciado el 7 de febrero de 1897; el prólogo que el propio autor redactó para una de las ediciones de Trafalgar, donde desgrana interesantes comentarios e indica las fuentes documentales que utilizó; una detallada relación de los documentos que sobre Trafalgar se conservan en el Museo Naval; y, por último, un archivo fotográfico de placas votivas conservadas en el Panteón de Marinos Ilustres, y de los retratos y objetos que se conservan en el Museo Naval de Madrid relacionados con personajes que tomaron parte en el combate y son citados a lo largo de la novela: Churruca, Cisneros, Alcedo y Bustamante, Escaño o Cayetano Valdés. 

Interesante obra, que enriquece la de por sí estimable novela de Galdós y que con sus acotaciones históricas, técnicas, literarias y lingüísticas ayuda a mejor comprender la narración del ilustre escritor canario.


Se puede encontrar:

En Madrid, en la librería Pérez Galdós (calle Hortaleza)

En el País Vasco y Navarra, en las librerías del grupo Elkar y, además,

En San Sebastián, en Lagun y Hontza

En Pamplona, en Walden

En Logroño: Santos Ochoa y Cerezo

En Soria: Santos Ochoa

Por internet:


https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/trafalgar-ed-centenario/perez-galdos-benito/alvaro-ocariz-jose-a-ed/9781973569749
 

 

jueves, 15 de noviembre de 2018

Navarro Villoslada en Vitoria y Madrid

Tengo que agradecer la amabilidad del Hogar Navarro de Vitoria y de la Asociación Cultural Navarra de la capital de España por la amabilidad que tuvieron al llamarme para hablar sobre ese escritor navarro que fue Navarro Villoslada.

 
Foto del acto de Vitoria el 12 de noviembre


 
Foto del acto de Madrid el 13 de noviembre
 
 
Si alguien desea el libro ya sabe que lo distribuye Elkar y que también se puede encontrar en Amazon.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Francisco Navarro Villoslada en Vitoria, Madrid y Pamplona


 
Francisco Navarro Villoslada es uno de los principales escritores navarros, pese a que sea un escritor olvidado e incluso desconocido. Razones en parte literarias y en parte políticas has contribuido a que su obra quedara silenciada o relegada a un segundo o tercer plano.

Quienes le conocen, suelen recordar, sobre todo, sus tres novelas históricas:  Doña Blanca de Navarra, Doña Urraca de Castilla y Amaya o los vascos del siglo VIII. Son novelas históricas, bien documentadas, no como muchas que se autodenominan como novelas históricas y que son, simple y llanamente, novelas de aventuras y, a veces, de aventuras mal contadas.

Pero Navarro Villoslada fue un personaje polifacético que brilló en varios campos. En el contexto de la novela histórica española es uno de los mejores cultivadores del género en su versión seria y bien documentada, hasta el punto de merecer el nombre de El Walter Scott español. Como periodista fue fundador, redactor y director de algunos de los periódicos más prestigiosos de su época, y como político, fue varias veces diputado, senador y secretario personal del pretendiente al trono Carlos María Isidro.

Cada una de las facetas por separado hace a Navarro Villoslada merecedor de un estudio monográfico. Todas juntas le convierten en una figura de primer orden en la historia de nuestro siglo XIX.
 
El lunes 12 de noviembre  a las siete de la tarde presentaré el libro y hablaré sobre Navarro Villoslada en el Hogar Navarro de Vitoria.(c/Barrancal 17)
El martes 13 de noviembre a las ocho de la tarde en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid (calle Serrano 122)
El jueves 15 a las siete de la tarde, en la Biblioteca Central de Navarra. 

El Gran Capitán, en Amazon





He publicado en Amazon la segunda edición del libro. De momento se puede encontrar en formato de libro se toda la vida. Cuando lo publiquen en ebook os informaré.

Lo podéis encontrar en:

https://www.amazon.es/dp/173073197X





Esta es la segunda edición del libro que en 2015 escribió José Andrés Alvaro Ocáriz. Antes había escrito Celaya, esencial (2011), Antonio Tovar, el filólogo que encontró el idioma de la paz (2012) y Luis Mariano, cien años, cent ans (2013), y después vendrían Sebastián Iradier. Si a tu ventana llega una paloma (2016), El Madrid de Blas de Otero (2016) La flecha que me asignó Cupido (2017), Los relatos navarros de Francisco Navarro Villoslada (2018), Trafalgar (2018)

En este libro encontrarán reflejada la vida de uno de los personajes de nuestra Historia cuyo conocimiento es indispensable: Gonzalo Fernández de Córdoba, también conocido por El Gran Capitán. A lo largo de las páginas del libro encontrarán sus hazañas, sus victorias,… todo ello acompañado con una selección de fotografías, los planos de sus batallas, la explicación de las mismas, etc.

En el V Centenario del fallecimiento de este bravo militar, este libro pretende darnos una visión actualizada de su vida y de la labor que llevó a cabo, huyendo de todo eruditismo, por lo que su agradable lectura lo convierte en un libro ameno, apto para todo quien quiera recordar las páginas más vibrantes de nuestra Historia y a uno de los héroes principales de la misma.









martes, 9 de octubre de 2018

Navarro Villoslada, en la prensa navarra

Los relatos navarros de Francisco Navarro Villoslada’, nuevo libro del escritor Álvaro Ocáriz
‘Los relatos navarros de Francisco Navarro Villoslada’, nuevo libro del escritor Álvaro Ocáriz
NAVARRAINFORMACIÓN.ES

El escritor navarro José Andrés Álvaro Ocáriz, acaba de publicar, con motivo del bicentenario del nacimiento del escritor navarro Francisco Navarro Villoslada, ‘Los relatos navarros de Francisco Navarro Villoslada’

Álvaro Ocáriz es autor de libros como Celaya esencial (2011), Antonio Tovar, el filólogo que encontró el idioma de la paz (2012), Luis Mariano, cien años, cent ans (2014), El Gran Capitán (2015), Sebastián Iradier. Si a tu ventana llega una paloma (2016), El Madrid de Blas de Otero (2016), La flecha que me asignó Cupido (2017), Trafalgar (2017) nos acerca en esta ocasión, la vida y la obra de Francisco Navarro Villoslada.

Libro 

Según destaca el autor del libro, Francisco Navarro Villoslada es uno de los principales escritores navarros, pese a que sea un escritor olvidado e incluso desconocido. “Razones en parte literarias y en parte políticas has contribuido a que su obra quedara silenciada o relegada a un segundo o tercer plano”, dice.

Quienes le conocen, suelen recordar, sobre todo, sus tres novelas históricas:  Doña Blanca de Navarra, Doña Urraca de Castilla y Amaya o los vascos del siglo VIII. “Son novelas históricas, bien documentadas, no como muchas que se autodenominan como novelas históricas y que son, simple y llanamente, novelas de aventuras y, a veces, de aventuras mal contadas”, destaca el autor.

Pero Navarro Villoslada fue un personaje polifacético que brilló en varios campos. En el contexto de la novela histórica española es uno de los mejores cultivadores del género en su versión seria y bien documentada, hasta el punto de merecer el nombre de El Walter Scott español. Como periodista fue fundador, redactor y director de algunos de los periódicos más prestigiosos de su época, y como político, fue varias veces diputado, senador y secretario personal del pretendiente al trono Carlos María Isidro.

Cada una de las facetas por separado hace a Navarro Villoslada merecedor de un estudio monográfico. Todas juntas le convierten en una figura de primer orden en la historia de nuestro siglo XIX.

En esta obra van a encontrar, en primer lugar, una biografía detallada de este escritor navarro; biografía acompañada de fotografías referidas a su vida y a su obra. En segundo lugar, hemos seleccionado varios relatos de Navarro Villoslada que tienen relación con Navarra.

El primero se titula La princesa de Viana y nos transporta a las guerras civiles que se producían en la Navarra del siglo XV.   En el segundo, que Villoslada tituló La muerte de César Borja, se nos cuentan los últimos momentos de la vida de ese hijo de un Papa que murió en Navarra. El tercero lleva por título El castillo de Marcilla, y en él se nos narra cómo se libró este castillo de la orden dada por el cardenal Cisneros para que se destruyeran los castillos navarros, tras la conquista de Navarra por las tropas de Fernando el Católico, en 1512.

El último que hemos seleccionado no tiene que ver con la Historia de Navarra, como los tres primeros. Se trata de La mujer de Navarra. Es una muestra de un tipo de literatura muy propia del romanticismo, ya que, por una parte, se tratan de buscar los orígenes míticos de Navarra, que se pierden en la noche de los tiempos y, por otra, se idealiza a las mujeres de Navarra. Este relato es una muestra de la visión romántica de este escritor que idealiza su tierra natal, apartándose del rigor histórico de sus novelas históricas.

Álvaro Ócariz quiere que con esta obra se pueda conocer mejor, o descubrir, si no lo conocían a este importante escritor navarro.

Si alguien desea adquirirlo, puede dirigirse a su librería habitual e indicar el título, el nombre del autor y que lo distribuye Elkar.

O también, lo puede encontrar en Amazon:

formato ebook:
https://www.amazon.es/dp/B07BSQTCH5

formato libro:
https://www.amazon.es/dp/1980691460

sábado, 6 de octubre de 2018

La sencillez de una diva


Ha fallecido LA SOPRANO. Sucesora de la Callas, la voz de la Caballé era/es lo más parecido a la de los ángeles, si es que éstos cantaran. Aquí mi homenaje. Se nos fue la Caballé pero nos seguirán acompañando sus obras. 



https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2018-10-06/muere-fallece-cantante-opera-montserrat-caballe-vida-matrimonio-1276626088/


El titular es un oxímoron, aunque el adjetivo diva tiene en el mundo del "bel canto" una connotación especial. Montserrat Caballé, de acuerdo con esa denominación, claro que era considerada como una diva, una excelsa soprano. Pero en el plano personal se comportaba con auténtica sencillez, no en vano procedía de una modestísima familia, algo que nunca olvidó, esos orígenes humildes que marcarían su carácter. No por ser aclamada en los mejores teatros del mundo operístico iban a convertirla en un ser prepotente.

Conversé con ella en un par de ocasiones. La primera, en Marbella, con ocasión de actuar en una plaza de toros, la de "Nueva Andalucía" para representar "La Traviata". Nunca había cantado en un coso taurino, lo que para ella constituía una novedad. Se lo pidió la esposa del empresario José Banús. Y Montserrat la complació. Imagino que a cambio de un buen "caché", que venía a ser lo de menos, dada su categoría. Le pedí una entrevista y Montserrat me citó a la mañana siguiente en su hotel, donde nada más saludarnos, me preguntó: "¿Trae usted magnetófono? Porque en caso contrario, como observo, tendrá que firmarme un papel. Estoy acostumbrada a hacerlo así. Me evito complicaciones desagradables". No hizo falta porque, tras una hora de entrevista, que ella aceptó finalmente de buen grado, extendiéndose en sus respuestas, consideraría que era innecesario que le firmara documento alguno ni que le llevara el texto que luego publiqué.

"No entiendo por qué se nos llama divos a los cantantes de ópera", comentó tras la primera de mis interrogantes, prosiguiendo: "Es una especie de mito que crea el público". Le quise observar lo que para ella consistía ser una primerísima figura de la ópera, si un lujo, una necesidad, un divertimento para quienes pueden pagar una elevada cantidad en el Liceo o la Scala milanesa… Y ella, me dijo esto: "Trabajamos para la diversión de los demás, es cierto. Pero a nosotros, los profesionales que nos dedicamos a este género por nuestra vocación y nuestras cualidades, también nos sirve de distracción y alivio. Por un momento nos puede proporcionar una hora de felicidad. La ópera es una faceta de la cultura en general, la muestra de un arte. ¿Que si puede popularizarse o es sólo para élites, me pregunta usted? Yo creo que hay que atraer a las masas para que escuchen ópera. Todo ser humano tiene una sensibilidad de espíritu, aunque vamos demasiado deprisa en nuestra sociedad, sobe todo la juventud. Ésta, en su afán de superación cultiva otras cosas, menos el espíritu. Convendría que a los niños se les educara musicalmente. El Estado debería proporcionar funciones operísticas a precios reducidos. A mí, fíjese, no me importaría cobrar menos en casos así". Derivamos la conversación acerca de los sacrificios de un cantante, si en verdad merecía la pena renunciar a esa lucha. Aunque también apunté que la gente los veía como seres muy especiales, del gran mundo: "Se nos reprocha, puede ser, que vayamos siempre a hoteles de gran lujo, lo que aparenta que siempre vivamos a bombo y platillo. Ignoran los que eso piensan que hay cantantes arruinados. Esos que nunca se acostumbraron a una vida más sencilla, de ahorro… La voz no dura siempre, ¿sabe? Y hemos de administrar lo que ganamos, pues nuestros gastos son muy elevados asimismo".

Y además, prosiguió: "Cuantas veces hemos de asistir a fiestas, sin ganas, prefiriendo irnos a casa o al hotel para descansar tras una dura jornada de ensayos o de actuaciones. Pero, no sería correcto. Para encontrar el equilibrio que a veces preciso dispongo con mi marido y mis dos hijos una casa en el Pirineo catalán, a la que voy cuantas veces puedo".

Estaba casada con el también cantante de ópera, el mañico Bernabé Martí, quien sacrificó su carrera para estar junto a su mujer, acompañándola en todas sus giras. De sus dos vástagos, la hija, Montxita, heredó la profesión de sus progenitores, con excelentes críticas. Claro que sin alcanzar remotamente la categoría de su madre. Hablamos también sobre esos contratos a los que con mucha anticipación han de someterse los cantantes de ópera: "A menudo con cinco años de antelación. Suelo preguntarme… ¿pero… estaré viva para entonces?". Una característica de la Caballé, como un tic, era la risa que rubricaba algunas de sus respuestas. Tenía un gran sentido del humor, desde luego.

Había debutado en noviembre de 1957 en Basilea con "La Bohéme". Y la entrevista que le hice era cuando Montserrat llevaba diecisiete temporadas ininterrumpidas, en tanto Victoria de los Ángeles, me recordó la propia Caballé, alcanzaba los treinta años en activo, lo mismo que Renata Tebaldi, en tanto María Callas sumaba veinticinco. Me habló muy bien de todas ellas: "Es el público quien inventa las rencillas, nunca nosotras". (Por cierto: corrió años más una maliciosa frase atribuida a Plácido Domingo, al que endosaron una maledicencia acerca del peso de Montserrat a la que era difícil sostener en brazos si así lo obligaba el libreto. Por supuesto Plácido negó haber dicho tal cosa).

"Las gordas caemos bien al público (me confesó ella), quizás porque tenemos un aspecto maternal con el que gustamos mucho a los hombres, por nuestra dulzura, y a las mujeres las tenemos como amigas, quizás porque no somos rivales. Yo no sigo régimen alimenticio alguno. Por ejemplo, en cuanto terminemos esta charla me iré a tomarme una paella", Lo que concluyó con una de sus habituales risotadas.

Terminamos refiriéndonos a sus humildes orígenes, cuando de jovencita le bordaba pañuelos a su madre, porque siempre fue muy hacendosa con las labores caseras: "Sí, mi familia no es que fuera modesta, es que era humildísima. Mi padre trabajaba como químico de productos del campo y gracias a una beca yo pude estudiar. Somos dos hermanos. Carlos, es mi "mánager".

Nunca he olvidado aquel encuentro periodístico, que me ha complacido evocar hoy en el triste momento de conocer la desaparición de una mujer llena de sencillez, que a fuerza de sacrificio y con su natural talento triunfó en los mejores escenarios del mundo. La ópera estará de luto no sólo en este día otoñal teñido de negro por un largo tiempo.









viernes, 5 de octubre de 2018

Antonio Tovar vuelve



Después el éxito que tuvo la primera edición, he decidido publicarlo de nuevo, con más documentos y con interesante material gráfico. Se puede encontrar en Amazon:

en formato ebook:  https://www.amazon.es/dp/B07J2GDV4G

en formato libro: https://www.amazon.es/dp/1726752445

Espero que disfruten con su lectura.

sábado, 29 de septiembre de 2018

en la prensa oscense

http://www.diariodelaltoaragon.es/Movil/Noticia.aspx?Id=1138743




José Andrés Álvaro Ocáriz: "A la gente le falta información y pretendo cubrirla con mis libros"

El escritor y profesor de Lengua Española presenta su libro "El Madrid de Blas de Otero"



CARLOS TRAVER
29/09/2018


HUESCA.- "En la vida del profesor funcionario hay una especie de evolución. Primero es hora de ser "Sancho el fuerte" y ser activo, aunque con el paso del tiempo uno se convierte en "Sancho panza" y yo no quise que me pasara eso". Así explica el profesor de Lengua Española, José Andrés Álvaro Ocáriz, el motivo que le llevó a iniciarse en la literatura.

Ahora, después de su jubilación y con quince años de experiencia como escritor, su obra se compone de un total de nueve libros en los que se exalta la figura de ciertos personajes ilustres y olvidados  de la historia para reivindicarlo. "Creo que a la gente le falta información, por ello intento cubrir un poco este aspecto con mis libros". Así, el famoso Celaya, el filólogo Antonio Tovar, el cantante Luis Mariano o el recuerdo del Gran Capitán con motivo de su quinto centenario han sido algunos de los protagonistas que Ocáriz ha plasmado en las páginas de sus libros.

Su última obra es "El Madrid de Blas de Otero", un texto con el que pretende rendir homenaje al que fue uno de los principales representantes de la poesía intimista y social de los años cincuenta en España, y que el pasado jueves se presentó al público en el Instituto de Estudios Altoaragoneses.

Respecto a este personaje de la historia literaria, el escritor manifiesta que "Blas de Otero nos habla de la lucha por la libertad y la justicia", y esto es lo que ha pretendido reflejar, ya que Ocáriz considera que "está muy bien recordar una figura que defendió la idea de que toda persona debe recuperar su plenitud".

Este libro, cuyos capítulos se corresponden con las letras del abecedario, tiene un fin principal: que la gente conozca quién fue Blas de Otero. Como anécdota, el escritor explica que en Madrid existen cinco colegios que reciben el nombre del poeta, y dice al respecto que "se llaman Blas de Otero como podrían llamarse Perico de los Palotes porque no hay ninguna conciencia", algo que afirma con conocimiento de causa porque fue él mismo quien se ofreció para dar algún recital y recibió una negativa como respuesta.

Por otra parte, el autor informa de que los beneficios obtenidos con la venta de libros se destinan a un proyecto educativo para seguir la idea de que "la poesía y la educación son un arma cargada de futuro".

miércoles, 19 de septiembre de 2018

27 de septiembre, Blas de Otero en Huesca






Vamos a comenzar ya la temporada.

El jueves 27 de septiembre a las siete y media de la tarde, en el Instituto de Estudios Altoaragoneses, rendiremos un homenaje a este poeta que simboliza la lucha por la libertad y la justicia y que tanto luchó por los derechos de todos.

El acto consistirá en una charla, acompañada de un recital de sus poemas más significativos, un power point con imágenes de su vida, la audición de canciones de Paco Ibáñez y la presentación de mi libro EL MADRID DE BLAS DE OTERO, cuyos beneficios se destinan al proyecto Libro Solidario de la Asociación Cultural Literatura y Sociedad.

Recordaremos el poema que Otero dedicó al gran oscense que fue Joaquín Costa:

Libertad en el aire
y en la tierra,
que el hombre puje
como el árbol,
realice, como el río,
su camino.
Libertad,
humano tesoro,
primicia y última
conquista de la luz,
día y diadema del mundo.



Quienes no puedan asistir y deseen colaborar en esta labor social,  pueden adquirir el libro en su librería habitual indicando el título, el nombre del autor y que lo distribuyen Elkar y Santos Ochoa.

Además, en el País Vasco y Navarra en las librerías del grupo Elkar

En Pamplona, en  Auzolan y Troas

En Logroño, en Santos Ochoa y Cerezo

En Soria, Santos Ochoa

Y por internet:

https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/madrid-de-blas-de-otero-el/alvaro-ocariz-jose-andres/9788493664336

 http://www.santosochoa.es/el-madrid-de-blas-de-otero-9788493664336.html

domingo, 9 de septiembre de 2018

Publicado en Amazon






En agosto de 2017 publiqué este libro y en un año se han vendido 250 ejemplares de los 300 que edité. La conmovedora historia del amor entre Antonio y Leonor me ha llevado a presentarlo en Logroño, Pamplona, Agreda, el Centro Soriano de Zaragoza, Segovia y Soria. A todos, muchas gracias por vuestra amabilidad.

Aún se pueden encontrar ejemplares del libro en:

Logroño: Santos Ochoa y Cerezo

Soria:   Las Heras, Santos Ochoa

Si alguien desea adquirirlo, puede acercarse a su librería habitual, indicar el nombre del autor, el título del libro y que lo distribuye Santos Ochoa.

Para facilitar la labor, se puede adquirir por internet en:

  https://www.santosochoa.es/a/9788469745434/LA_FLECHA_QUE_ME_ASIGNO_CUPIDO

Si se prefiere en formato ebook:

https://www.amazon.es/flecha-que-asign%C3%B3-Cupido-ebook/dp/B07FRZH2BK/ref=sr_1_4_twi_kin_1?s=books&ie=UTF8&qid=1536556045&sr=1-4


Y en Amazon se puede encontrar también en formato de libro de toda la vida:


https://www.amazon.es/dp/1717879098?ref_=pe_870760_150889320

Recordad que con su compra colaboráis en el proyecto LIBRO SOLIDARIO