Este sábado tuve el placer de presentar el libro en un acto organizado en Vitoria por la Casa de Aragón en Alava.
Estas son algunas fotos del acto:
Quiero agradecer a la Casa de Aragón en Alava la amabilidad que tuvo al invitarme ya que hablar sobre Aragón y difundir la cultura aragonesa es, o debería ser, uno de los cometidos principales de las Casas de Aragón extendidas por España y de los gestores culturales de Aragón.
También debería ser una obligación del Gobierno de Aragón, pero....
Ya sabéis que podéis adquirir el libro (Yo, el conde de Aranda) en Amazon.
El jueves 14 de marzo a las siete y media de la tarde en la Comandancia Militar de Pamplona presentaré la edición crítica que he realizado de Trafalgar.
Este es el artículo que el Diario de Navarra le dedicó:
Si no puedes acudir, ve a tu librería habitual e indica el
nombre del autor, la editorial y que lo distribuyen Elkar y Santos Ochoa.
Además:
En Madrid, en la librería Pérez Galdós (calle Hortaleza)
En el País Vasco y Navarra, en las librerías del grupo Elkar y
En la revista de la Sociedad de Estudios Vascos- Eusko Ikaskuntza han publicado un artículo que he escrito sobre la edición crítica que he realizado de Trafalgar:
Ya sabéis que para conseguir el libro puedes ir a tu librería habitual e indicar el
nombre del autor, la editorial y que lo distribuyen Elkar y Santos Ochoa.
Además:
En Madrid, en la librería Pérez Galdós (calle Hortaleza)
En el País Vasco y Navarra, en las librerías del grupo Elkar y
En este artículo no vamos a hablar de los marinos que tuvieron la
desgracia de perder la vida a causa del combate de Trafalgar, sino de
algo en cierto modo distinto, aunque no totalmente, ya que nos
referiremos al Trafalgar novelesco, que está profundamente ligado al
Trafalgar histórico.
En 1873 Benito Pérez Galdós escribió Trafalgar, obra con la que da inicio a la primera serie de sus Episodios nacionales.
Desde esa fecha, hace unos 150 años, han sido muchas las ediciones que
se han realizado de este libro, pero nadie había reparado, hasta que
llevamos a cabo una edición crítica del libro de Galdós[1], en que estaban mal escritos los nombres de dos marinos vascos.
El
primero es el de un marino de Tudela. En el capítulo IV de la obra,
Galdós pone en boca del personaje llamado Marcial lo siguiente:
Yo iba en el Real Carlos, de 112 cañones, que mandaba Ezguerra, y además llevábamos el San Hermenegildo, de 112 también; el San Fernando, el Argonauta, el San Agustín y la fragata Sabina.
Todos
jurábamos como demonios y pedíamos a Dios que nos pusiera un cañón en
cada dedo para contestar al ataque. Ezguerra subió al alcázar y mandó
disparar la andanada de estribor...
Dos mil hombres apagaron fuegos aquel día, entre ellos nuestro comandante Ezguerra, y Emparán el del otro barco.
No es Ezguerra, como aparece en las ediciones que se han realizado de Trafalgar, sino Ezquerra.
Se trata de José de Ezquerra y Guirior, marino nacido en Tudela el 25
de enero de 1756. Tomó posesión de las islas de Fernando Poo y Anobón y
realizó las cartas hidrográficas de aquellos parajes. En enero de 1800
se le confirió el mando del navío Real Carlos.
Tras
participar en la defensa de Ferrol, se dirigió a Algeciras para socorrer
a la escuadra francesa del contralmirante Linois, que estaba bloqueada
por una flota británica. Al regreso, el almirante francés quería llevar a
Cádiz el navío británico apresado Hannibal, de 74 cañones. Los franceses iban en vanguardia y los españoles, a retaguardia y los últimos, el Real Carlos y el San Hermenegildo, mandado por el azpeitiarra Manuel de Emparan.
La noche del 12 al 13 de julio de 1801 fue aprovechada por el navío británico Superb, que se acercó todo lo posible al Real Carlos, sobre el que descargó casi toda su artillería. Algunos de los proyectiles fueron a impactar en el San Hermenegildo, que pensó que algún enemigo estaba a su altura aprovechando la oscuridad. Dio orden de abrir fuego, pero dio de lleno en el Real Carlos. Este, a su vez, pensó lo mismo y disparó contra el San Hermenegildo.
Se perdieron los dos navíos y más de dos mil hombres, entre ellos los
dos comandantes de ambas embarcaciones: Manuel de Emparan y José de
Ezquerra.
Esa alteración de la q que se convierte en g se ha producido también en la placa que le recuerda en el Panteón de Marinos Ilustres de la gaditana San Fernando.
El segundo caso es el de un marino nacido en la localidad guipuzcoana de Bergara.
En el capítulo XIV Galdós relata la lucha en la que se vio envuelto el San Juan Nepomuceno. Cuando se está refiriendo a los últimos momentos de la vida de Churruca, indica lo siguiente:
Llamó
a Moyna, su segundo, y le dijeron que había muerto; llamó al comandante
de la primera batería y éste, aunque gravemente herido, subió al
alcázar y tomó posesión del mando.
Todos los que desde hace 150
años han editado esta obra de Galdós confunden el nombre de este marino.
Se trata de Francisco de Moyúa y Mazarredo[2], sobrino de José de Mazarredo.
Francisco de Moyúa y Mazarredo nació en Bergara en 1764. Su padre, Roque Javier de Moyúa y Ozaeta[3]
ocupó el cargo de alcalde de Vergara, así como el de diputado general
de Guipúzcoa y fue uno de los socios fundadores de la Real Sociedad
Bascongada de los Amigos del País.
Francisco de Moyúa, desde sus
primeros años, se mostró como una persona versada en matemáticas,
astronomía e hidrografía, así como un buen conocedor de las estrategias
náuticas.
En enero de 1786[4],
Antonio Valdés, secretario del despacho de Marina, comunica a José de
Mazarredo que Francisco de Moyúa queda destinado a sus órdenes. El 1
febrero de 1788[5]
Mazarredo pide a Valdés que concedan a Francisco de Moyúa un destino en
una fragata que irá a Constantinopla. Cuando termina la campaña de
Constantinopla, en noviembre de 1788, se reintegra a su destino anterior[6].
Al año siguiente, Mazarredo pide que Moyúa embarque en el paquebote Santa Casilda al mando del donostiarra Ventura Barcaiztegui[7].
El
25 de enero de 1794 es ascendido a capitán de fragata y en julio de ese
año, Mazarredo pide que a su sobrino se le dé el mando de una fragata[8]. En enero de 1796 toma el mando de la Soledad para el viaje a Constantinopla del embajador del bajá de Trípoli[9].
El 16 de abril de 1796[10] realiza unas pruebas de comparación entre la goleta bombardera la Furia y la corbeta Colón y elabora un informe al respecto. Ese mismo año realiza unas pruebas para colocar un cañón en las lanchas de los navíos[11].
Había ideado un procedimiento para instalar un cañón en dichas lanchas a
través de un sistema de correderas. Ante el éxito que tiene en la
fragata Pomona, Mazarredo pide que se instale en el San Juan Nepomuceno y en todos los barcos de la Armada.
En
julio de ese año se le encomienda que traslade de Alicante a Nápoles al
marqués de Oyra, embajador de Portugal en aquella corte. Entre los
papeles pertenecientes a Moyúa que fueron recogidos por los oficiales
ingleses que se hicieron cargo del San Juan Nepomuceno tras el
combate de Trafalgar, se encuentra un documento de Moyúa en el que, en
abril de 1802, reclama la cantidad que gastó en dicho viaje[12].
La
alianza con Francia lleva a la escuadra española a permanecer en Brest.
Durante ese periodo, viajará a París durante dos meses, junto con Cosme
de Churruca, a visitar diversas instalaciones científicas.[13]
En 1802 solicita licencia para recuperar la salud al lado de su familia, que vivía en San Sebastián.
Mientras está gozando de dicho permiso se entera de que no ha sido ascendido a Capitán de navío y dirige una carta a Godoy[14]. El 23 julio de 1803 le llega un regalo de Napoleón[15]
que consistía en un par de pistolas guarnecidas en plata, el cañón
cincelado y enriquecido de humo de oro, colocado en una cajita con todos
los útiles necesarios a su servicio, un sable de bronce dorado y un
cinturón de terciopelo negro bordado en oro con trofeos de Marina.
Al
problema de la deuda que el Estado tiene con él y al de no haber sido
incluido en la promoción a Capitán de navío, se va a añadir uno nuevo,
ya que quieren que deje la Armada voluntariamente, como expresa una
carta que se encontró entre sus papeles y que iba dirigida al rey [16]. De 1805 es este documento que Moyúa envía a Godoy con copia para el Director general de la Armada[17].
(Instancia de Moyúa:)
c.c. Excmo, Sr. Director General de la Armada.
Excmo. Sr. Generalísimo:
Don Francisco de Moyúa, Capitán de Fragata de la Real Armada y segundo comandante del navío San Juan Nepomuceno,
con 26 años de buenos servicios, recurre a la infalible justicia de V.
E. y la reclama respetuosamente, rogando a V. E. que se digne prestar su
atención a los clamores de un militar perseguido y no menos maltratado
en su honor que en su carrera.
Desde la
edad de 13 años que empecé a servir al rey en su armada naval, he
cultivado siempre mi profesión con una afición singular, por lo cual fui
empleado distinguidamente mientras estuve en las clases subalternas. En
el año de 1794, luego que llegué a graduación de mandos, se me confirió
el de la fragata Pomona, en 96 el de la Perla que conservé hasta la paz de Amiens, y seguidamente el del navío San Telmo
para traerla de Brest a desarmar al Ferrol. V. E. dispuso que,
conservando este mando superior a mi grado, me preparase para una nueva
comisión, e informado después del mal estado del navío, se sirvió
ordenar que la desempeñase con el señor Fulgencio, pero cuando me
disponía a salir a la mar, fue electo Ministro de Marina el teniente
general don Domingo Grandallana, y por su conducto se mandó desarmar. A
poco tiempo llegó aquí, la fragata Clara, cuyo capitán se
desembarcó enfermo, y el capitán general del Departamento me dio su
mando, para cruzar con ella sobre el cabo de San Vicente pero, por la
vía reservada, se mandó también desarmar esta fragata en el momento que
iba a dar la vela. Fui a mi país con licencia cuatrimestre concedida por
V. E. para ver a mis ancianos padres; y me hallaba en el seno de mi
familia cuando se publicó la promoción de octubre de 1802. V. E.
concebirá fácilmente cuál debió ser la sorpresa de un oficial que había
mandado con distinción y con créditos durante ocho años, al verse
excluido de ella, siendo promovidos doce más modernos a la clase de
capitanes de navío, y cuál mi pena al contemplar la de una familia
numerosa, que me veía entonces por primera vez al cabo de 25 años; pero
la paz de mi conciencia, la seguridad consiguiente de que no podía
existir ninguna nota justa contra mí, el concepto con que me honra la
generalidad de la Armada, el empeño que había hecho el ministro de
quitarme los mandos que se me habían conferido, desarmando los buques y
otros antecedentes de enemistad personal hubieran salvado enteramente mi
honor en la opinión pública si algunos meses después no se me hubiese
mandado por la misma vía reservada que pidiese mi retiro, sin decirme
por qué y sin que jamás se me hubiese hecho la menor reconvención ni
cargo de ninguna especie; me rehusé a ello como debía, solicitando que
se me oyese en justicia, y no se me oyó, ni se me dio el retiro injusto
que se me mandaba pedir, porque yo no podía convenir en que hubiese
merecido semejante intimación, cohonestando yo mismo tal violencia con
una conformidad forzada y pusilánime, no habiendo obtenido en el tiempo
que sirvo, más que elogios y recomendaciones de mis jefes.
Consta de oficio, Excmo. Sr, que yo mandaba la Perla
en el combate desgraciado de 14 de febrero de 1797, como que a todos
los comandantes de fragatas se hicieron cargos en el curso del proceso,
menos a mí, y nadie puede informar sobre mi conducta en aquella ocasión y
en las campañas antecedentes con más conocimiento que el brigadier don
Cosme de Churruca, mi actual comandante, no sólo por haber sido fiscal
de aquella causa, sino porque examinó entonces todos los diarios de mi
fragata y de los demás buques de la escuadra.
Consta
igualmente en la secretaría del despacho de Marina que yo fui el
primero a quien ocurrió la idea feliz de poner cañón y hacer servir como
cañoneras a las lanchas de todos los navíos y fragatas, idea que ha
producido tantos bienes, que puede producir muchos más, que economiza
tanto dinero y que fue tan útil cuando la Inglaterra intentó el
bombardeo de Cádiz. Y si no consta así mismo, es por lo menos notorio y
se podrá inferir de los informes que debe haber sobre mi desempeño en la
Dirección General, a los cuales me remito, que los buques mandados por
mí se han distinguido siempre, tanto por su organización y disciplina
como por mi buen manejo en las escuadras.
Por
tanto, a V. E. suplico reverentemente que tomando los informes que
estime convenientes, con exclusión del teniente general don Domingo
Grandallana y del jefe de escuadra don Juan José García, notoriamente
enemigos míos, se digne recomendarme a la piedad del Rey para que me
ascienda con la antigüedad que me correspondía en la citada promoción de
octubre de 1802 y quede reparado el agravio que se me hizo en ella;
gracia que espero obtener de la notoria justificación de V. E.
A bordo del navío San Juan Nepomuceno, en la bahía del Ferrol, 22 de marzo de 1805.
A bordo, precisamente, del San Juan de Nepomuceno, junto a su amigo Churruca, le encontrará la muerte el 21 de octubre de 1805, en el combate de Trafalgar.
José
de Mazarredo, desde su destierro en Pamplona, dirige varios escritos a
Godoy para reclamar una pensión para la familia de Moyúa.[18]
Sólo
me resta añadir que Francisco de Moyúa fue ascendido a capitán de navío
el 9 de noviembre de 1805, a consecuencia de su fallecimiento en el
combate de Trafalgar.
Sirvan estas líneas de homenaje a estos dos
marinos vascos que perdieron su vida en la citada batalla y que debido a
un error en la transcripción de sus nombres estuvieron desaparecidos en
una de las obras que escribió Benito Pérez Galdós. El que tras 150 años
hayamos detectado estos errores nos permite recordarlos.
[1] PÉREZ GALDÓS, Benito: Trafalgar (ed. de José Andrés ÁLVARO OCÁRIZ). Desiréediciones, 2018. ISBN 9781973569749
[2] Vid. Alvaro Ocáriz, José Andrés. “Presencia vasca en la Armada española. Sexta parte”, en Revista de Historia Naval. Madrid: Instituto de Historia y Cultura Naval, 2017.
[3] Datos tomados del Archivo municipal de Bergara.
[4] AMN Colección Antonio de Mazarredo, Tomo XXIV Fol. 17-18.
El sábado nueve de marzo a las siete y media de la tarde en el Seminario de Vitoria ofreceremos una charla sobre el conde de Aranda y presentaremos el libro YO, EL CONDE DE ARANDA.
Me he encontrado con un texto que Manuel José Quintana dedicó a Vasco
Núñez de Balboa y lo he adaptado al castellano que hablamos en el siglo
XXI.
El trabajo ha consistido en sustituir las palabras que hoy no se
utilizan como las empleó Quintana, bien porque ya no se emplean o porque
tienen otro significado. También ha habido que simplificar la
enmarañada sintaxis romántica; es decir, el modo de construir las frases
y buscar un modo más sencillo y más atractivo para el lector actual. Y
lo que he dejado ha sido el tono épico de nuestro Romanticismo, hijo de
nuestro Siglo de Oro, tono muy a propósito para hablar de nuestros
héroes.
Ahora que se van a cumplir los quinientos años de la injusta
muerte de Vasco Núñez de Balboa, quiero dedicar este libro a su
recuerdo, para hacer presente, a través de estas líneas, a este
conquistador español que descubrió, ni más ni menos que el Océano
Pacífico, al que puso el nombre de Mar del Sur.
Detrás de Balboa no está
esa leyenda negra, muchas veces injusta, que persigue a otros
conquistadores de nuestro país. Por su vida y, sobre todo, por las
circunstancias de su muerte, la figura de este extremeño está en un
nivel distinto al de quienes como él viajaron al Nuevo Mundo para hacer
más grandes las fronteras de nuestro país.
No fue un líder sanguinario
que imponía a sangre y fuego sus órdenes. Prefería el diálogo con los
pobladores de las tierras de conquistaba e, incluso, se unió a Anayansi,
una indígena del país. La envidia, ese mal endémico que dicen que
padecemos, provocó una brutal respuesta de Pedrarias Dávila, que mandó
apresarlo y le condenó a muerte.
Tanto por su vida como por la muerte
que sufrió, creo que es necesario, por lo menos en éste su quinto
centenario, que hablemos de él y de la gesta que llevó a cabo. En este
libro encontrarán el relato de su vida, con ese tono épico que les
comentaba.
Además, lo he ilustrado con una serie de imágenes con la
intención de que faciliten una mejor comprensión de los acontecimientos
de los que se habla. He insertado una serie de documentos que ayudan a
crear el contexto histórico del momento del que hablamos. Así, acompaño
el texto con citas de Bartolomé de las Casas y de Gaspar Fernández de
Oviedo, así como con documentos oficiales de la época, algunos de ellos
difíciles de encontrar, en los que queda palpable la evolución del modo
de pensar del Rey Católico respecto a Balboa y cómo prosiguió en el
tiempo la demanda de sus herederos.Balboa supone uno de los nexos de
unión entre dos países: España y Panamá.
Por eso, he elegido como
portada la estatua que erigieron en honor de Balboa en la capital
panameña y he querido, para dar mayor visibilidad a las mujeres que
tomaron parte en la gesta americana, incluir los fragmentos de un libro
de un autor panameño, Octavio Méndez Pereira, en los que se refiere a
Anayansi, la fiel compañera de Balboa sin cuya presencia la vida del
conquistador español habría sido muy distinta. Para situar al
descubridor extremeño en su contexto, he incluido también las biografías
de algunos de los personajes relacionados de una u otra manera con él. Y
en el deseo de actualizar el relato de su vida, he añadido algunos
artículos, tanto de publicaciones españolas como hispanoamericanas,
sobre Balboa y el tiempo que le tocó vivir. Espero que este libro les
permita conocer un poco más a Vasco Núñez de Balboa, uno de los
personajes fundamentales de nuestra Historia común.
El 22 de febrero se cumplen 80 años del fallecimiento de uno de nuestros mejores poetas: don Antonio Machado.
Aunque para acercarse a Machado todos los momentos son buenos, se podría aprovechar la fecha para leer el libro que he escrito. En él, hablo de los dos amores que Cupido inspiró en el alma de
Machado: el amor a su esposa y el amor a las tierras sorianas.
Si
alguien desea adquirir un ejemplar, puede acudir a
su librería habitual, indicar el nombre del autor, el título y que lo
distribuye Santos Ochoa.
Además:
En Soria, en Cosas de Soria, Las Heras y Santos Ochoa
El jueves 14 de febrero, a las siete y media de la tarde, en
el Aquarium de San Sebastián presentaré la edición crítica que he realizado de Trafalgar,
la obra de Benito Pérez Galdós. Me acompañarán en la tribuna de oradores don
Angel García Ronda, presidente del Ateneo Guipuzcoano, que hablará sobre Galdós
y el Trafalgar literario; don Luis Rodríguez Garat, Comandante Naval de San
Sebastián, que versará sobre el Trafalgar histórico; y don José Angel Lizardi
Agirregomezkorta, que dirá unas palabras sobre Trafalgar y Mutriku, que están
unidos por la figura de Cosme Damián de Churruca.
Esta obra recoge en su portada la imagen que el
mismo Galdós eligió para la edición ilustrada de su obra. También hemos
juzgado interesante insertar el prólogo que Galdós escribió para dicha edición.
En la
biografía de Galdós se añaden detalles de los que hasta ahora no se había
hablado y se acompaña el texto con las fotografías, tomadas por el editor, de
los lugares en los que vivió el autor.
En el
texto aparecen más de trescientas notas a pie de página en las que no sólo se
explican los términos de difícil comprensión, sino que también se habla sobre
el contexto histórico en que se desenvuelve el combate de Trafalgar y se
corrigen los fallos que aparecen en las anteriores ediciones de esta obra de
Galdós, como los nombres auténticos de varios marinos que participaron en
Trafalgar. Hasta ahora, en ninguna edición se había reparado en este tema que
creemos fundamental ya que puede propiciar estudios posteriores sobre esos
marinos cuya identidad se recupera después de casi 150 años.
Nos
estamos refiriendo a un marino de Cartagena, a uno de Tudela y al segundo de
Churruca en la escala del mando. Sus nombres han estado mal escritos durante
150 años. Durante este tiempo nadie había reparado en ello y en esta edición,
se subsanan estos errores y aparecen con su auténtica identidad.
El
libro, además, incluye dos apéndices. Un apéndice documental en el que
aparecen, por primera vez en una edición de la obra de Galdós, los documentos
que sobre Trafalgar se encuentran en el Archivo del Museo Naval.
Lo hemos
realizado así ya que somos conscientes de que es necesario acercarnos a esta
obra con una perspectiva de interdisciplinariedad ya que Galdós escribe sobre
un suceso que ocurrió realmente.
Por lo
tanto, intentamos unir a la ficción narrada por Galdós los elementos históricos
del hecho que se narra, uniendo, de este modo, la Historia con la
Literatura.
Además,
este libro se incluye un apéndice fotográfico sobre los marinos que tomaron
parte en Trafalgar, con imágenes tomadas por el editor en el Museo Naval de
Madrid que pretender "poner cara" a los personajes reales de los que
se habla en el libro. Y se incluyen fotografías de las lápidas que los
recuerdan en el Panteón de Marinos Ilustres de la localidad gaditana de San
Fernando.
Añadimos
una bibliografía completa y actualizada por si se desea profundizar en la vida
de Galdós, en los Episodios
nacionales y en Trafalgar,
tanto desde un punto de vista literario como histórico.
En
resumen, nos encontramos ante una edición crítica concienzudamente elaborada
que aporta una serie de elementos nuevos que nunca habían aparecido en
ediciones anteriores y que la convierten en un texto único y necesario tanto
para quien se acerca a él como lector que quiere simplemente disfrutar con el
texto de Galdós, como para el investigador que tiene en sus manos las claves
para nuevos estudios.
Reseña del libro en
la Revista de Historia Naval 141, pp.137-138
PÉREZ GALDÓS, Benito: Trafalgar (ed. de José
Andrés ÁLVARO OCÁRIZ). Desiréediciones (ISBN 9781973569749), 2018,
220 páginas.
Plausible aportación al acervo galdosiano es esta
edición crítica de Trafalgar, el conocido «episodio nacional» de don
Benito, cuyo editor, José Andrés Álvaro Ocáriz, enriquece notablemente la
información histórica proporcionada por la novela.
El libro se divide en tres partes. En la primera,
el editor nos presenta la obra y traza una semblanza de Benito Pérez Galdós,
nacido el 10 de mayo de 1843 y fallecido el 4 de enero de 1920, analizando con
especial énfasis las 46 novelas que se agrupan en los Episodios nacionales.
Escrita entre 1873 y 1912, esta colección se compone de cinco series. El marco
cronológico de la primera se extiende desde el reinado de Carlos IV hasta la
Guerra de la Independencia; el de la segunda, desde el regreso de Fernando VII
hasta la «década ominosa», y el de la tercera, desde la primera guerra carlista
hasta la boda de Isabel II con Francisco de Asís de Borbón. El trasfondo
histórico de la
cuarta es el reinado isabelino, y el de la quinta,
en fin, el Sexenio, la Regencia
y los primeros años de la Restauración. Trafalgar,
publicada en 1873, es
precisamente la obra que inaugura la colección.
La novela propiamente dicha ocupa íntegramente la
segunda parte. En ella, Galdós narra la vida de Gabriel Araceli, protagonista
de la serie, criatura de pura ficción que, siguiendo el esquema de la novela de
madurez, desde su infancia de pícaro seguirá una peripecia vital que le llevará
a convertirse en un honorable ciudadano. La novela nos describe el entorno de
Araceli y los personajes que en él se movían: don Alonso, Marcial, doña
Francisca, Malespina, doña Flora, doña Rosita...
Pero el nudo de la narración es el desastroso
combate del 21 de octubre de 1805 en Trafalgar, que es relatado detalladamente,
con una amenidad que no excluye el rigor, desde la perspectiva de Gabriel,
quien participa en la legendaria batalla a bordo del enorme navío de línea Santísima
Trinidad. Como no podía ser de otro modo tratándose de una edición crítica,
este apartado viene acompañado de un aparato de notas que
enriquecen el texto galdosiano mostrando sus
concordancias con obras literarias
como el Quijote, el Lazarillo de Tormes,
El sí de las niñas o el Buscón, y aportando aclaraciones históricas
o geográficas y explicaciones sobre términos náuticos o caídos en desuso, cuya
comprensión puede resultar difícil para el lector.
La tercera parte la componen una serie de apéndices
en los que se insertan documentos de tanto interés como el discurso de ingreso
de Galdós en la Real Academia Española, pronunciado el 7 de febrero de 1897; el
prólogo que el propio autor redactó para una de las ediciones de Trafalgar,
donde desgrana interesantes comentarios e indica las fuentes documentales que
utilizó; una detallada relación de los documentos que sobre Trafalgar se
conservan en el Museo Naval; y, por último, un archivo fotográfico de placas
votivas conservadas en el Panteón de Marinos Ilustres, y de los retratos y
objetos que se
conservan en el Museo Naval de Madrid relacionados
con personajes que tomaron parte en el combate y son citados a lo largo de la
novela: Churruca, Cisneros, Alcedo y Bustamante, Escaño o Cayetano Valdés.
Interesante obra, que enriquece la de por sí
estimable novela de Galdós y que con sus acotaciones históricas, técnicas,
literarias y lingüísticas ayuda a mejor comprender la narración del ilustre
escritor canario.
Una edición crítica de
'Trafalgar' recupera un personaje nacido en Tudela
La obra del escritor
navarro José Andrés Álvaro Ocáriz hace referencia al marino José de Ezquerra y
Guirior
El escritor navarro José
Andrés Álvaro Ocáriz ha publicado una edición crítica de la obra
Trafalgar de Benito Pérez Galdós. Autor de libros como Celaya esencial
(2011), Antonio Tovar, el filólogo que encontró el idioma de la paz (2012),
Luis Mariano, cien años, cent ans (2014), El Gran Capitán (2015), Sebastián
Iradier. Si a tu ventana llega una paloma (2016), El Madrid de Blas de Otero
(2016), La flecha que me asignó Cupido (2017), en la biografía de Galdós
realizada por Álvaro Ocáriz se añaden detalles de los que hasta ahora no se
había hablado y se acompaña el texto con las fotografías, tomadas por el
editor, de los lugares en los que vivió el autor. Además, ha recuperado a un
marino que en todas las ediciones de Galdós aparece como Ezguerra y “que se
trata realmente del tudelano José de Ezquerra y Guirior”, nacido el 25 de enero
de 1756 y fallecido el 13 de julio de 1801 en la voladura del barco Real San
Carlos, en el marco de la llamada batalla de Algeciras, en palabras del
autor.
En el texto aparecen más de trescientas notas a pie de página en
las que se explican los términos de difícil comprensión y se habla sobre el
contexto histórico en que se desenvuelve el combate de Trafalgar, “corrigiendo
los fallos que aparecen en las anteriores ediciones de esta obra de Galdós,
como los nombres auténticos de marinos que participaron en Trafalgar”. “Hasta
ahora en ninguna edición se había reparado en este tema que creemos fundamental
ya que puede propiciar estudios posteriores sobre esos marinos cuya identidad
se recupera después de casi 150 años”.
“No sabemos si Galdós, cuando escribió su obra, puso con g o con q el nombre de
este navarro. El caso es que desde la primera edición de su obra el nombre que
aparece es Ezguerra y ahora se recupera el verdadero nombre”.
El libro, además, incluye dos apéndices. Uno documental en el que
aparecen, por primera vez en una edición de la obra de Galdós, los documentos
que sobre Trafalgar se encuentran en el Archivo del Museo Naval. Es la forma de
intentar unir la ficción narrada por Galdós con los elementos históricos del
hecho que se narra, uniendo, de este modo, la Historia con la Literatura.
Además, incluye un apéndice fotográfico sobre los marinos que
tomaron parte en Trafalgar, con imágenes del editor en el Museo Naval de
Madrid. Y se incluyen fotografías de las lápidas que los recuerdan en el
Panteón de Marinos Ilustres de la localidad gaditana de San Fernando.
Edición crítica de Trafalgar por el escritor
navarro José Andrés Álvaro Ocáriz
El escritor navarro
José Andrés Alvaro Ocáriz publica una edición crítica de Trafalgar en la
que recupera un personaje histórico nacido en Tudela (Navarra)
Recoge en portada
la imagen que el mismo Galdós eligió para la edición ilustrada de su obra. En
la biografía de Galdós se añaden detalles de los que hasta ahora no se había
hablado y se acompaña el texto con las fotografías, tomadas por el editor, de
los lugares en los que vivió el autor.
En el texto
aparecen más de trescientas notas a pie de página en las que no sólo se
explican los términos de difícil comprensión, sino que también se habla sobre
el contexto histórico en que se desenvuelve el combate de Trafalgar y se
corrigen los fallos que aparecen en las anteriores ediciones de esta obra de
Galdós, como los nombres auténticos de marinos que participaron en Trafalgar.
Hasta ahora, en ninguna edición se había reparado en este tema que creemos
fundamental ya que puede propiciar estudios posteriores sobre esos marinos cuya
identidad se recupera después de casi 150 años.
En este caso, se hace
referencia a un marino que en todas las ediciones de Galdós aparece como
Ezguerra y que se trata , realmente, del tudelano José de Ezquerra y
Guirior, nacido 25 de enero de 1756 y fallecido el 13 de julio de
1801 en la voladura del barco Real San Carlos, en el marco de la llamada
batalla de Algeciras.
No se sabe, dice el
autor, si Galdós, cuando escribió su obra, puso con ‘g’ o con ‘q’ el nombre de
este navarro . El caso es que desde la primera edición de su obra el nombre que
aparece es Ezguerra y ahora se recupera el verdadero nombre de este
navarro.
El libro, además, incluye
dos apéndices. Un apéndice documental en el que aparecen, por
primera vez en una edición de la obra de Galdós, los documentos que sobre
Trafalgar se encuentran en el Archivo del Museo Naval.
“Lo hemos realizado así
ya que somos conscientes de que es necesario acercarnos a esta obra con una
perspectiva de interdisciplinariedad ya que Galdós escribe sobre un suceso que
ocurrió realmente. Por lo tanto, intentamos unir a la ficción narrada por
Galdós los elementos históricos del hecho que se narra, uniendo, de este modo,
la Historia con la Literatura”, añade Álvaro Ocáriz.
Además, este libro se
incluye un apéndice fotográfico sobre los marinos que tomaron parte en
Trafalgar, con imágenes tomadas por el editor en el Museo Naval de Madrid que
pretender “poner cara” a los personajes reales de los que se habla en el libro.
Y se incluyen fotografías de las lápidas que los recuerdan en el Panteón de
Marinos Ilustres de la localidad gaditana de San Fernando.
Finalmente, se incorpora
también “una bibliografía actualizada por si se desea profundizar en la
vida de Galdós, en los Episodios Nacionales y en Trafalgar, tanto desde un
punto de vista literario como histórico”.
“En resumen, nos
encontramos ante una edición crítica concienzudamente elaborada que aporta
una serie de elementos nuevos que nunca habían aparecido en ediciones
anteriores y que la convierten en un texto único y necesario tanto para quien
se acerca a él como lector que quiere simplemente disfrutar con el texto de
Galdós, como para el investigador que tiene en sus manos las claves para nuevos
estudios”, señala el autor.
Los beneficios de su
venta se destinan al proyecto LIBRO SOLIDARIO.
Obras del autor
José Andrés Alvaro
Ocáriz, es autor de libros como Celaya
esencial (2011), Antonio Tovar, el filólogo que encontró el idioma de la
paz (2012), Luis Mariano, cien años, cent ans (2014), El Gran
Capitán (2015), Sebastián Iradier. Si a tu ventana llega una paloma
(2016), El Madrid de Blas de Otero (2016), La flecha que me asignó
Cupido (2017)
Lo que nadie leyó: un escritor navarro lanza
una edición con contenido inédito del Trafalgar de Galdós Contiene más de trescientas notas a pie de
página en las que se explican desde los términos de difícil
comprensión hasta el contexto histórico en que se desenvuelve el
combate de Trafalgar
José Andrés Alvaro
Ocáriz, autor navarro de libros como 'Celaya
esencial' (2011), 'Antonio Tovar, el filólogo que encontró el idioma
de la paz' (2012), 'Luis Mariano, cien años, cent ans' (2014), 'El Gran
Capitán' (2015), 'Sebastián Iradier. Si a tu ventana llega una paloma' (2016),
'El Madrid de Blas de Otero' (2016), 'La flecha que me asignó Cupido' (2017) ha
publicado en Amazon una edición crítica de la obra 'Trafalgar' de
Benito Pérez Galdós.
Mientras que
en portada recoge la imagen que el mismo Galdós eligió para la edición
ilustrada de su obra, en la biografía de Galdós se añaden detalles inéditos y
se acompaña el texto con las fotografías, tomadas por el editor, de los lugares
en los que vivió el autor.
En el texto aparecen
más de trescientas notas a pie de página en las que se explican desde los
términos de difícil comprensión hasta el contexto histórico en que se
desenvuelve el combate de Trafalgar. Por otro lado, también se corrigen
los fallos que aparecen en las anteriores ediciones de esta obra, como los nombres
auténticos de marinos que participaron en el enfrentamiento.
"Hasta ahora, en
ninguna edición se había reparado en este tema que creemos
fundamental ya que puede propiciar estudios posteriores sobre esos marinos
cuya identidad se recupera después de casi 150 años", señala Ocáriz en una
nota.
"Nos estamos
refiriendo, en este caso, a un marino que en todas las ediciones de Galdós
aparece como Ezguerra y que se trata, realmente, del tudelano José de
Ezquerra y Guirior, nacido 25 de enero de 1756 y fallecido el 13 de
julio de 1801 en la voladura del barco Real San Carlos, en el marco
de la llamada batalla de Algeciras", continúa el escritor.
"No sabemos si
Galdós, cuando escribió su obra, puso con g o con q el
nombre de este navarro . El caso es que desde la primera edición de su obra el
nombre que aparece es Ezguerra y ahora se recupera el verdadero
nombre de este navarro", agrega Ocáriz.
Por otro lado, el
libro incluye dos apéndices. Uno documental en el que aparecen, por
primera vez en una edición de la obra de Galdós, los documentos que sobre
Trafalgar se encuentran en el Archivo del Museo Naval.
Se han realizado así ya
que Ocáriz señala que son "conscientes" de que es necesario acercarnos
a esta obra con una perspectiva de interdisciplinariedad puesto
que Galdós escribe sobre un suceso que ocurrió realmente.
"Intentamos unir
a la ficción narrada por Galdós los elementos históricos del hecho que se
narra, uniendo, de este modo, la Historia con la Literatura", apunta en
este sentido.
Además, este libro incluye
un apéndice fotográfico sobre los marinos que tomaron parte en Trafalgar,
con imágenes tomadas por el editor en el Museo Naval de Madrid que pretender
'poner cara' a los personajes reales de los que se habla en el
libro. También se incluyen fotografías de las lápidas que los recuerdan en
el Panteón de Marinos Ilustres de la localidad gaditana de San Fernando.
Por otro lado, se añade
una bibliografía actualizada por si se desea profundizar en la vida de
Galdós, en los Episodios Nacionales y en Trafalgar, tanto desde un punto de
vista literario como histórico.
Ocáriz concluye señalando
que "nos encontramos ante una edición crítica concienzudamente
elaborada que aporta una serie de elementos nuevos que
nunca habían aparecido en ediciones anteriores y que la convierten en un texto
único y necesario tanto para quien se acerca a él como lector que quiere
simplemente disfrutar con el texto de Galdós, como para el investigador que
tiene en sus manos las claves para nuevos estudios".
Los beneficios de su
venta se destinan al proyecto Libro Solidario.
Diario de Navarra, 4
de febrero de 2018
La historia del
tudelano José de Ezquerra y Guirior en el mar
Una
edición crítica del libro Trafalgar de Benito
Pérez Galdós recupera la figura del insigne marino José de Ezquerra y Guirior,
nacido en Tudela y muerto en el 13 de julio de 1801 al estallar su navío de 112
cañones durante una batalla en el estrecho de Gibraltar.
En esas lides, la flota
británica fondeada en Gibraltar sufrió en junio de 1801 un varapalo en la
conocida batalla de Algeciras. La contienda enfrentó a “una escuadra de 3
navíos de línea y una fragata francesa apoyados eficazmente por las baterías de
costa y cañoneras españolas contra la escuadra británica de Gibraltar del
vicealmirante Saumarez compuesta por 6 navíos de línea y que se saldó con la
derrota de los británicos, que perdieron uno de sus buques, el Hannibal de 74
cañones y otro quedó desmantelado, varado y a punto de perderse, el Pompee,
también de 74 cañones. Los británicos se retiraron a la cercana Gibraltar a
reparar daños y prepararse para un posible desquite” (www.todoababor.es).
Cuenta Eugenio de
Ezquerra que ese primer ataque costó la vida a los oficiales del mando -salvo
el segundo, Francisco Vizcarrondo- que se encontraban en la cámara de popa,
entre ellos su ascendiente. Del modo en que se efectuó, pero sobre todo del
tipo de proyectil utilizado no tiene dudas del empleo de bala roja.
“En el libro “Informe dado por el brigadier de la Real Armada D. Francisco de
Hoyos ...” (-...) hay unas notas realizadas por el nieto de Juan Joaquín
Moreno, que como familiar del mismo tenía información privilegiada sobre las
acciones en las que se vio envuelto éste. En el episodio que nos ocupa este
artículo afirma que su abuelo siempre sostuvo que los ingleses fueron los
verdaderos causantes del incendio de los navíos. Para ello se basaba en el
aviso que recibió, antes de su salida de Cádiz en busca de la escuadra francesa
en Algeciras, del comandante general del Campo de Gibraltar, Adrián Jacome y
Ricardos, que sabía por confidentes que tenía en la plaza británica, que la
escuadra inglesa, muy dolida por su derrota en Algeciras, se preparaba para
incendiar a la escuadra combinada por todos los medios posibles con mixtos y
bala roja”. (www.todoababor.es). La bala roja “usada en alta mar era considerada como una
práctica inhumana”. Consistía en un
proyectil puesto al rojo vivo con efectos incendiarios en su objetivo.
Eugenio de Ezquerra
concede credibilidad a esta hipótesis con un documento que alude al “testimonio
de un marinero inglés desertor de Gibraltar: los ingleses quemaron nuestros
barcos con bala roja”. “Informó -añade- de los hornillos utilizados para
calentar las bolas de cañón así como de la situación de los mismos en el navío
Superb, en el que estaba embarcado”. El fragmento que ampara su opinión aparece
“en un documento del 2 de octubre de 1801, firmado por el general de la Plaza
del Campo de Gibraltar Marqués de Arellano, dirigido al Secretario (Ministro)
de Marina, Caballero, para que se lo comunicase al Rey”.
Un segundo fragmento de
un testamento de la madre de Ezquerra, Paula de Guirior y Otazu, refuerza la
misma versión. En ninguno de los 13 documentos con su última voluntad varió su
contenido. Antes de morir siguió creyendo que los ingleses quemaron a los buques
españoles con bala roja.
“Fue ésta la verdadera
causa del desastre, ocultada por españoles, ingleses y franceses, cuando todos
lo sabían. Pero callaron por razones políticas y de alianzas cambiantes entre
las tres naciones”, señala. Godoy participó del silencio y de una versión
oficial que apuntaba al fuego amigo del San Hermenegildo que, aunque se
produjo, no fue la causa de destrucción de los buques, incendiados desde el
primer momento.
Del por qué ambos
acabaron abordados, en orden a una instrucción recibida, los barcos de
retaguardia tenían la orden de “virar 90 grados” al recibir un ataque. “El Real
Carlos viró a babor pero el barco francés que iba con ellos no lo hizo. El Real
Carlos volvió al rumbo para no abordarlo”, apunta. En medio de la confusión, el
San Hermenegildo ya había completado su maniobra y llegó a situarse a la par de
su gemelo de 112 cañones.
El capitán de fragata
Francisco Vizcarrondo, el segundo de a bordo, de origen también navarro, contó
después de naufragar que en la cubierta llegó a escucharse una voz de alerta:
“¡Fuego, fuego!”. Según su testimonio, el Real Carlos no llegó a disparar.
Quedó entre dos fuegos, el enemigo y el amigo del San Hermenegildo, que no
distinguió su pabellón y lo confundió con un inglés. Pasada la medianoche, ya
el 13 de julio, se oyó la explosión del buque de José de Ezquerra. Quince
minutos después sucedió una segunda deflagración. El San Hermenegildo siguió su
destino y se fue también a pique. El desastre, señalado como tal en los
anales de la Armada, truncó una brillante carrera militar del insigne marino de
Tudela.
“Con 19 años de edad
-expone su descendiente- certificó con su firma la toma de posesión de Guinea
Ecuatorial". El traspaso de Portugal a España de Fernando Poo llevó
impresa su rúbrica como uno de los mandos militares que sobrevivieron a un
ataque de paludismo que menguó las fuerzas del contingente español. En 1793,
declarada la Revolución francesa, le fue concedido el mando del navío
San Fermín. Participó en la toma de Tolón desde donde ayudó a repatriar a
familias monárquicas de ese país. Del por qué unió su vida a la Armada hay una
explicación en la atracción que despertó el mar en Navarra. “En el siglo XVIII
había mucho marino navarro”, sostiene Eugenio de Ezquerra Cobertera. No en vano
Pedro González Castejón y Salazar (Tudela, 1719 - Madrid, 1783), fue marino y
militar español que alcanzó el grado de Teniente general de la Real Armada
Española.
Tuvo ejemplos José de
Ezquerra en su familia para seguir la estela del mar. Un tío suyo, José Manuel
de Guirior Portal de Huarte Herdozain y González de Sepúlveda (Aoiz, 1708 -
Madrid, 25 de noviembre de 1788), primer Marqués de Guirior, fue militar y
administrador de la Corona en América. Tuvo el grado de teniente general y fue
virrey de Nueva Granada y Perú. Del pasado del capitán de navío muerto en 1801
hay una huella en la plaza de los Fueros, de Tudela. De los 60 escudos
esculpidos a su alrededor, uno de ellos exhibe dos anclas. Por José de Ezquerra
y Guirior.
Cómo
conseguirlo:
Puedes ir a tu librería habitual e indicar el
nombre del autor, la editorial y que lo distribuyen Elkar y Santos Ochoa.
Además:
En Madrid, en la librería Pérez Galdós (calle Hortaleza)
En el País Vasco y Navarra, en las librerías del grupo Elkar y
El día uno de febrero presentamos en Siétamo n uestro libro sobre el conde de Aranda.
He aquí algunas fotos del acto.
Ya sabéis que podéis encontar el libro en Amazon
Álvaro Ocáriz reivindica en un libro la figura del Conde de Aranda en su tercer centenario
El autor presentó en Siétamo la novela sobre el político más importante de su época
S. C.
03/02/2019
HUESCA.- Cuando se habla de personajes de Aragón, todo el mundo piensa
en Fernando el Católico, Goya, Miguel Servet o Ramón y Cajal, pero casi
nadie se acuerda del Conde de Aranda, pese a haber sido el político
más importante de su época.
El historiador José Andrés Álvaro Ocáriz reivindica en
Yo, el Conde de Aranda al que fue "el político más influyente
en su momento, con una vida muy dilatada. Vivió además en un momento en
el que los aragoneses tuvieron más peso en el gobierno, lo que podría
denominarse la "hora aragonesa" en España".
El autor presentó el pasado viernes en Siétamo, localidad natal del
personaje, un recorrido novelado en el que ha querido huir del exceso de erudición
y ha optado por un acercamiento sencillo y ameno.
José Andrés Álvaro lamenta el olvido en el que ha caído su figura:
"Se habla mucho de Carlos III, pero el que solucionaba sus problemas era
el Conde de Aranda, el que siempre estaba detrás apoyándole".
El libro quiere "recordar su labor en el tercer centenario de su nacimiento,
ver quién era esta persona e intentar sacar enseñanzas para nuestra vida".
El noble y estadista ilustrado español es un ejemplo de "cómo una
persona puede llegar a donde se propone y arreglar la sociedad en la que se
encuentra".
Para ello, el escritor y profesor recurre a la ficción literaria del documento
encontrado, como ya hicieron en su momento Cervantes y el autor de La Celestina.
En este caso se parte de unas supuestas memorias, apócrifas pero con hechos
históricos, y con ellas hace "literatura con la historia, en lugar
de hacer historia con la literatura, que es lo que se hace muchas veces. Yo he querido
contar la historia, de forma que atraiga a la gente".
En primera persona, el conde narra su vida. "Vemos su modo de pensar y los
problemas a los que tiene que enfrentarse", explica José Andrés
Álvaro, que repasa los muchos títulos que acumuló, su trayectoria
como militar y embajador y el deseo de reforma en el contexto del despotismo ilustrado.
Fuentes como La Cibeles y Neptuno o el Paseo del Prado de Madrid fueron idea suya,
y muchas otras obras que luego pasaron a la historia.
El autor agradece el apoyo recibido desde el Ayuntamiento de Siétamo,
donde tuvo lugar la primera presentación, y espera poder darlo a conocer próximamente
en localidades como Huesca, Zaragoza o Épila. El libro se puede adquirir a
través de la plataforma Amazon.
El mensaje pretende ser ilustrativo para el público de hoy y llenar lagunas,
porque el escritor considera que "estamos en un olvido total de los personajes
históricos de nuestro país. Nos hemos olvidado de grandes nombres
como este, y con este libro queremos reivindicarlo, aunque sea con la excusa del
centenario".