domingo, 14 de febrero de 2016

Blas de Otero, centenario de un poeta





A lo largo de este año, publicaremos diversos artículos sobre Blas de Otero. En 1953, Dámaso Alonso escribe  lo siguiente:  

“De Blas de Otero, como ejemplo de poesía desarraigada, diré ahora unas palabras. Hay cierta bronquedad, cierta hirsutez en su poesía, que a mí me gusta (estoy harto de versos barbilampiñados, y a veces una chispita bardajillos). Esa brusquedad se corresponde muy bien con el fondo de su poesía; y no nos engañemos: este poeta tiene un extraordinario dominio de su palabra. Su verso es áspero, no por otra cosa, sino porque se corresponde con el derrumbamiento en huída del mundo y de su imagen del mundo.
Por lo demás, yo ignoro dónde nació Blas de Otero. Le he situado provisionalmente en Bilbao, porque desde allí me ha escrito dos veces y sé que allí vive. El apellido bien castellano es.

No he visto nunca a Blas de Otero. No sé cuántos años tiene, aunque debe de tener ahora unos treinta y cinco; se nos sitúa, pues, entre Panero y Valverde; y esto sólo para probar que no se trata de diferencias generacionales.

La obra de Blas de Otero es hasta ahora breve; conozco dos libros: Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, libro que había obtenido el Premio Boscán en 1950. La poesía de Blas de Otero es quizá la que más me ha conmovido en estos dos últimos años . La elijo en gran parte por esto; en parte también porque, por ser tan compacta (sólo unas 135 páginas –y hay muchos blancos- entre ambos libros), puedo quizá orientarme algo mejor por ella en el brevísimo espacio de que dispongo. Y hay otra razón para traerle aquí: Otero es quien con más lucidez que nadie ha expresado –en el pórtico de su primer libro- los datos esenciales del problema del desarraigo. De ahí, de ahí es de donde brota todo este canto frenético y en jirones:

Un mundo como un árbol desgajado.
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que
apuntalar las ruinas.

Yo entiendo –pero el poeta probablemente no lo ha pensado así- “generación”  en el sentido más amplio: todos los vivientes, porque esa losa pesa lo mismo sobre jóvenes que viejos. Nuestro destino es ése. Lo mismo el de los grandes nombres internacionales que le quieren poner parches a la más precaria paz que el de ese pobre hombre que sólo busca unos metros con techo para refugiar a sus hijos, símbolo de una Humanidad deshogarada. Nuestro  terrible destino es ése: apuntaladores de ruinas.

El primer tema, el que antes ve el lector, y que, según avanza en la lectura, se le sitúa como centro obsesionante de esta poesía, es nihilista: desolación, vacío, vértigo:

Desolación y vértigo se juntan,
parece que nos vamos a caer,
que nos ahogan por dentro. Nos sentimos
solos…

Profundamente cala, agarra, esta desposeída sombra:

… y nuestra sombra en la pared
no es nuestra, es una sombra que no sabe,
que no puede acordarse de quién es.

Los sobresaltos de la pesadilla se suceden: la caída onírica en el vacío inacabable; la entrada en la región donde no hay “nadie, nadie, nadie”; la necesidad, la agonía de preguntar eso: todo, la “gran pregunta”; y no poder:

Cuando morir es ir donde no hay nadie,
nadie, nadie; caer, no llegar nunca,
nunca, nunca; morirse, y no poder
hablar, gritar, hacer la gran pregunta

Esta visión de enorme noche sin límite para el desconsuelo, de desolado vacío, está esparcida como una tristeza esencial que penetra todos los rincones por toda la poesía de Otero. Oquedad creciente, invasora, que nos absorbe y nos lleva a nuestro problema único, por la eficacia, el poder de captación del poeta. Posee Otero una capacidad idiomática condensadora , estrujadora de materia, superior quizá a la de casi todos sus coetáneos, comparable, por lo que toca a su fuerza y nitidez –dentro, claro, de lo más dispar-, a las de un García Lorca y de algunos otros poetas de mi misma generación, que tantas invenciones expresivas trajo a nuestra lengua; a veces, comparable al más angustiado y apretado Quevedo. Como en este soneto que tiene por título Hombre:

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte, 
al borde del abismo, estoy clamando 
a Dios. Y su silencio, retumbando, 
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte 
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo 
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando 
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas. 
Abro los ojos: me los sajas vivos. 
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas. 
Ser —y no ser— eternos, fugitivos. 
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Este eterno y fugitivo agonizante que pregunta desgarradoramente a Dios, grita horrorizado para mantenerle despierto, hablando solo, arañando las sombras en un vano intento de descubrir la esencia y la forma imposibles; sí, este miserable en agonía, expresa bien la angustia de nuestra búsqueda desesperada. Precisión conceptual en el primer terceto. Y el soneto termina con la imagen del ángel tristemente humano, contenida de modo exacto en el último verso: “Ángel con grandes alas de cadenas”. No, este soneto no desmerece al lado de los buenos de don Francisco.

Patente es en él cómo el tema del vacío se enlaza con el religioso. Porque, en definitiva, el vacío en el hombre es sólo un ansia de Dios. Y por ser infinito lo buscado, el no encontrarle es un infinito negativo: una angustia infinita, un vacío absoluto. Así, toda la poesía de Otero es una desesperada carrera hacia Dios, un buscar en soledad. Una búsqueda que es también una lucha con Dios, un luchar con él para hallarle, para que se revele, para mantenerle despierto como en el soneto Hombre. La expresión es a veces de pura energía. La mano de Dios llaga o hiela; el poeta no la puede resistir.

Me haces daño ,Señor. Quita tu mano
de encima. Déjame con mi vacío,
déjame. Para abismo, con el mío
tengo bastante. Oh, Dios, si eres humano,

compadécete ya, quita esa mano
de encima. No me sirve. Me da frío
y miedo.

Yo no soy teólogo; y, aunque lo fuera, me guardaría mucho de solicitar adhesiones. Pero no puedo menos de decir (porque lo he visto, personalmente, en mi campo literario) que, en escritores de acendrada catolicidad –bien que místicos o cercanos a la mística- se encuentran bastantes veces expresiones de parecida violencia. Y, por lo que toca al tema de la “mano de Dios” heridora y desgarradora del alma del hombre, más aún que el pasaje de San Juan de la Cruz con el que autoriza Otero su soneto (y de donde saca el título) se podría aducir otro del gran jesuita inglés Gerard Manley Hopkins, tan cerca en tantas cosas –por casual afinidad- de estos desgarrados poetas religiosos de hoy. Hopkins habla de la “diestra” divina: la “zarpa estrujamundos” , la llama él. La divinidad está representada como una enorme fuerza heridora:

Mas, ay, di , tú, terrible, dime ¿por qué sacudes
rudamente tu diestra, tu zarpa estrujamundos,
sobre mí? Di , ¿por qué, por qué me apesadumbran
tus miembros de león, y por qué atisbas
con tus oscuros ojos devorantes
estos mis huesos lacerados?
¿Por qué aventas
en borrascosas ráfagas,
a mí, apilado acervo enloquecido
por huirte, escapar?
Aquella noche, el año
aquel, entre tinieblas ya extinguidas,
miserable yací, yací luchando
con mi Dios.”

Estas coincidencias no son azar, y menos “literatura”·, son, sencillamente, nuestra radical angustia. Son eso: “hombre”, horror de hombre, miseria de hombre. San Juan de la Cruz también las sentía, y las condensó, teóricamente, en los túneles de sus noches.

Todos los temas de Otero se enlazan, se reducen a unidad: esa lucha con Dios no es sino representación concreta del más terrible amor, amor insatisfecho. Y aún en la más alta mística, el amor es insatisfecho, pues la unión permanente con la divinidad sólo es posible tras la muerte.

De la otra ladera, trasponiendo toda cima, estamos en el amor humano. ¿Podemos deslindarlo así, absolutamente? El amor, el amor humano es, en nuestra vida mortal, lo que más se aproxima a infinitud; es decir, lo que más se puede parecer a amor divino. El amor divino es, por esencia, inexpresable, inefable. Por eso, la literatura mística de todas las épocas ha hecho del amor humano símbolo o expresión del divino. El cruce, la voluntaria sustitución, está en el Cantar  de los cantares y en toda la  tradición mística de todos los pueblos y de todas las religiones. Para Blas de Otero, el amor humano no es más que un ansia de abismarse, una imagen o una insatisfactoria sustitución del otro más alto:

Cada beso que doy, como un zarpazo
en el vacío, es carne olfateada
de Dios, hambre de Dios, sed abrasada
en la trenzada hoguera de un abrazo.

Esa tierra con luz es cuerpo mío.
Alba de Dios, estremecidamente
subirá por mi sangre. Y un relente
de llama me dará tu escalofrío.

En esta zona de ternura, de vez en cuando, el poeta se vuelve del lado de la belleza mortal y de las dulces formas humanas. En esas ocasiones, la expresión se hace graciosa, se remansa, como en delicias (pero aún el frenesí, la sed de plenitud, precipitarán el final) Es del mismo soneto Cuerpo tuyo:

Puente de dos columnas; y yo, río.
Tú, río derrumbado; y yo, su puente,
abrazando, cercando su corriente
de luz, de amor, de sangre en desvarío.

 Todo está pensado en futuro en este soneto primaveral. El tema juvenil, virginal, alterna en los tercetos con el de la plenitud y la entrega. Luego serás, dice a la amada “fronda de Dios y sima mía”. El poeta vuelve, pues, en seguida, a su unidad temática.

Esos temas de Otero, tan trabados, tan enlazados entre sí –Dios, Amor, Muerte- , son los esenciales del hombre. En el centro de este triángulo se inserta (fue nuestro punto de partida y terminamos con él) un espantoso vacío, que fragua con imágenes casi con posibilidad de inmediata traducción cinematográfica:

Imagine mi horror por un momento
que Dios, el solo vivo, no existiera
o que existiendo, sólo consistiera
en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.

Y que la muerte, oh estremecimiento,
fuese el hueco sin luz de una escalera,
un colosal vacío que se hundiera
en un silencio desolado, liento…

La última palabra (liento; es decir, húmedo, blando) poco común en el habla de las ciudades, aunque aún con largo arraigo rural, nos invitaría a hablar de algunos rasgos del estilo de Otero. Pero quiero que esa nota se mantenga en los límites de una volandera apreciación crítica sin entrar en lo estilístico. Me limito, pues, a señalar la poesía de Otero como uno de los más claros depósitos de materias para análisis de estilo.

Muchos desprecian estos estudios. Despreciar es fácil. Sólo diré que, por ellos, la misteriosa forma de la palabra humana se nos transparenta algo, nos revela de algún modo, aunque aún mínimo, cómo y por qué es transportadora de mundos de pensamiento y emoción.

Todo es don de Dios, que ha querido que Otero fieramente le cantara -¿a quién sino a Dios, canta toda su poesía?- , no obra de artífice. Otero ha sido dotado de unos medios expresivos que extraordinariamente mueven al lector en un intervalo muy amplio, que va, desde la terrible sacudida, que es lo predominante, hasta la suave gracia de la brisa primaveral que algunas veces nos orea.

Asustan la fuerza y la madurez de esta voz. ¿Hasta dónde se alzará esta “torre de Dios”, azotada por tempestades? No sé. Dentro de la poesía desarraigada española, dentro de esta poesía en la que muchos buscamos angustiosamente nuestras amarras esenciales -¡no existenciales!-, estos libros de Blas de Otero son una maravillosa realidad. Y una larga esperanza.


 ALONSO,D.   Poetas españoles contemporáneos. (Ed Gredos, Madrid-1952)

jueves, 28 de enero de 2016

19 de febrero, EL GRAN CAPITÁN en Palencia


El viernes 19 de febrero a las 20,00 horas presentaré mi libro en la Biblioteca Pública de Palencia (calle Dato, 4)

Si alguien no lo ha adquirido aún, ya sabe que puede hacerlo acudiendo a su librería habitual, indicando el título  del libro, el del autor y que lo distribuyen Santos Ochoa y Elkar. Tambien se puede pedir on line en:

https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/gran-capitan-el/alvaro-ocariz-jose-andres/9788460656302

http://www.santosochoa.es/el-gran-capitan-9788460656302.html 

sábado, 23 de enero de 2016

18 de febrero, el Poema de Mío Cid en imágenes, en Madrid

(Estatua dedicada a Rodrigo Díaz de Vivar en el Poyo del Cid)

El jueves 18 de febrero a las siete de la tarde daré una charla sobre el Poema de Mío Cid y mostraré las fotos de los lugares en los que sucedió la primera epopeya de nuestra literatura. El acto tendrá lugar en la Casa de Burgos (Augusto Figueroa 3,3º)

jueves, 21 de enero de 2016

11 de febrero, Luis Mariano en Pamplona


El 11 de febrero a las cinco y media de la tarde en la Casa de Misericordia de Pamplona daré una charla sobre Luis Mariano. En ella se podrán contemplar unas cien imágenes de este cantante y escuchar varias de sus canciones.

Quien aún no tenga el libro del centenario de Luis Mariano, ya sabe que puede acudir a su librería habitual, indicar el título (Luis Mariano cien años, cent ans) el nombre del autor (José Andrés Alvaro Ocáriz) y que lo distribuye Elkar.

También se puede pedir on line en:

http://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/luis-mariano-cien-anos-=-cent-ans/alvaro-ocariz-jose-andres/9788461702053

Ya sabéis que, adquiriéndolo, colaboráis con el proyecto LIBRO SOLIDARIO   

sábado, 19 de diciembre de 2015

balance de un año

En enero recibí una invitación de una asociación de Bruselas para ir a hablar allí sobre Luis Mariano. Se ofrecieron a pagarme la comida y a enseñarme la ciudad pero querían que yo pagara el viaje hasta allí y el alojamiento en Bruselas. Hace falta ser caraduras.

En febrero nació mi cuarto libro: EL GRAN CAPITÁN. Di una charla en Madrid sobre Francisco Salinas, el músico que inspiró la inmortal Oda a Salinas. Y hablé sobre Prim en Vitoria.

En marzo hablé en Tudela sobre Luis Mariano, en Loja presenté mi libro El Gran Capitán, así como en Córdoba y en Granada capital. La asociación de Córdoba no nos pagó ni la comida. Una cuadrilla de miserables y de inútiles.

En abril hablé en Rentería sobre Gabriel Celaya y en Pamplona sobre El Gran Capitán.

En mayo, en San Sebastián sobre Goya y en Madrid sobre Luis Mariano.

En junio, en Alcobendas sobre Santa Teresa.

En agosto, en Santoña acerca de Luis Mariano y en Santander sobre El Gran Capitán.

En octubre, en Alsasua sobre Luis Mariano, en San Sebastián sobre el vino y la literatura y en Santoña sobre El Gran Capitán.

En noviembre, en Vitoria y en la Casa de Córdoba en Madrid sobre El Gran Capitán, en Madrid sobre Santa Teresa y en Círculo Riojano de San Sebastián sobre el vino y la literatura.

Respecto a los libros, he vendido durante este año 15 ejemplares del Celaya esencial, 159 de Luis Mariano cien años, cent ans y 183 de El Gran Capitán   

viernes, 18 de diciembre de 2015

Un libro, el mejor regalo





Ya se acercan las fiestas de Navidad y todos, quien más quien menos, estamos pensando en hacer un regalo a nuestros seres queridos.

Os propongo este libro. Es el LIBRO DEL V CENTENARIO DEL GRAN CAPITÁN 


¿Dónde se puede encontrar?

En cualquier librería indicando el título, el nombre del autor y diciendo que lo distribuyen Elkar y Santos Ochoa.

Más concretamente, en las librerías de Elkar en  el País Vasco y Navarra.

Además:

en San Sebastián, en Lagun, Hontza y Zubieta

en Pamplona, en Librerías Gómez y Troa

en Estella, Clarín

en Logroño, Santos Ochoa y Cerezo

en Soria, Santos Ochoa

Se puede adquirir on line en:

http://www.santosochoa.es/el-gran-capitan-9788460656302.html

https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/gran-capitan-el/alvaro-ocariz-jose-andres/9788460656302



Acordaos que, adquiriendo este libro, colaboráis con el proyecto LIBRO SOLIDARIO, haciendo posible que continúe la labor social que tenemos en marcha

Muchas gracias y que la lectura de este libro  os ayude a pasar unas muy felices fiestas   






jueves, 3 de diciembre de 2015

En la Casa de Córdoba en Madrid


El 27 de noviembre presenté mi libro en la Casa de Córdoba en Madrid. El ambiente fue buenísimo y la organización excelente. Desde aquí quiero agradecer a la Junta Directiva todas las atenciones que tuvieron. Este es el resumen del acto que aparece en su  web:

http://www.casadecordobaenmadrid.es/index.php/grupos-de-actividad/social/215-presentacion-de-el-gran-capitan-en-la-casa-de-cordoba

Ya sabéis que si aún no tenéis el libro, lo podéis adquirir en vuestra librería habitual indicando el título, mi nombre y que lo distribuyen Elkar y Santos Ochoa. También lo encontraréis on line en
https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/gran-capitan-el/alvaro-ocariz-jose-andres/9788460656302


http://www.santosochoa.es/el-gran-capitan-9788460656302.html









Desde la Casa de Córdoba en Madrid, hemos querido sumarnos a la celebración del V centenario de uno de los héroes más importantes de nuestra Historia, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.   
Para hablarnos de él, ha venido desde Navarra, el profesor don José Andrés Álvaro Ocáriz.
Nació en San Sebastián. Realizó los estudios de Magisterio con la especialidad de Filología Francesa y es Licenciado en Filología Hispánica. Durante veinticinco años ha impartido la docencia en diversos colegios e institutos de Aragón, Barcelona, Navarra y País Vasco.

A su labor docente se suma su trabajo como divulgador cultural. Ha escrito varios libros, uno de ellos el que el día 27 de noviembre presentamos en la Casa de Córdoba.  Ha formado parte de jurados de premios literarios y, en estos últimos años, ha ofrecido, más de ciento setenta  conferencias y recitales poéticos tanto a nivel nacional como internacional.
El acto fue introducido por el Vicepresidente de Cultura de la Casa, Don Carlos Mora Hervías que dio la bienvenida a los presentes y señaló la composición de la mesa de autoridades. El profesor Ocáriz fue presentado por el Presidente de la Casa de Córdoba Don Antonio Mora Hervías.

A continuación y con un gran despliegue de medios visuales, el conferenciante expuso su disertación sobre la figura de “El Gran Capitán” y presentó su libro sobre el personaje histórico.

Al acabar, el profesor respondió a las interesantes preguntas  de los asistentes, resolviendo magistralmente sus dudas, y tras la firma de  su libro a los interesados lo celebramos con un vino español.

entrevista en Italia



En http://www.historiaregni.it/elgrancapitanunamodernabiografia/ aparece esta entrevista que me realizaron para un medio italiano.

Ya hemos vendido 200 ejemplares del libro. Si alguien no lo tiene aún, que vaya a su librería habitual, indique el título del libro y el nombre del autor y que lo distribuyen Elkar y Santos Ochoa. También se puede pedir on line en:


http://www.santosochoa.es/el-gran-capitan-9788460656302.html


https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/gran-capitan-el/alvaro-ocariz-jose-andres/9788460656302

“El Gran Capitán”, una moderna biografa

Jose Andres Alvaro Ocariz è un docente spagnolo, esperto in filologia francese e spagnola, che vive a San Sebastian e che ha dedicato l’ultima sua pubblicazione, dal titolo “El Gran Capitán”, a Gonzalo Fernández de Córdoba. Siamo lieti di potergli rivolgere queste domande in occasione del cinquecentenario della morte del primo vicerè di Napoli.

Proviamo ad individuare le ragioni dell’intervento militare del re Ferdinando il Cattolico a Napoli. Inoltre le chiedo perchè Ferdinando si affidò a Gonzalo de Cordoba?
All’origine dell’intervento di Ferdinando il Cattolico a Napoli vi fu l’accordo che si stabilì tra Luigi Sforza e Carlo VIII di Francia. Alla morte di Lorenzo dei Medici, Luigi Sforza iniziò a nutrire seri timori che tanto i fiorentini quanto i napoletani potessero muoversi contro i milanesi, così provò a rivolgersi a Carlo VIII, re di Francia, incoraggiandolo a conquistare il Regno di Napoli. I diritti che la casa d’Angiò pretendeva di avere su questo stato erano stati trasferiti a Carlo da suo padre Luigi XI, re di Francia. A ciò si univa l’idea che sarebbe stato facile sottrarre Napoli alla sua casa regnante indebolita dall’inimicizia della nobiltà e del popolo per la sua crudeltà ed avidità.
Regnava a Napoli Ferdinando II, figlio di Alfonso II, principe avido e crudele, ma capace e pieno di iniziativa. Egli, scorgendo la tempesta che gli si stava per abbattere addosso, iniziò a pensare a tutte le soluzioni che la sua saggezza e la sua esperienza potevano suggerirgli. Scelse in fine di abdicare lasciando il trono al figlio Ferdinando II, ancor più odiato da popolo e nobiltà, e pure privo dei talenti del padre.
La stretta parentela con la casa d’Aragona avrebbe potuto essere un contrappeso politico al pericolo imminente, ma Carlo VIII, ardendo dal desiderio di fare conquista, aveva eliminato tutti gli ostacoli su questo fronte e, cedendo gli stati di Roussillon e Sardegna ai Re Cattolici, aveva ottenuto di non essere intralciato nei suoi progetti. Lo stesso aveva fatto con l’imperatore Massimiliano, cedendo la Franca Contea e l’Artois nonchè parte della dote della moglie, e mentre ad Enrico VII d’Inghilterra pagò 620.000 scudi d’oro purchè non intervenisse. Carlo VIII approfittò poi della divisione interna degli italiani e puntò dritto su Napoli in quella che fu più una passeggiata che una conquista. Successivamente, gli stati d’Italia presero a reagire per espellere i francesi. L’imperatore Massimiliano, il Papa, i veneziani, il re di Spagna, lo stesso Luigi Sforza, duca di Milano, si unirono per combattere promettendo ognuno di contribuire con le sue forze per la causa comune. Il Re di Napoli, in particolare, si rivolse al cugino Ferdinando il Cattolico, re di Spagna in una relazione politica che sappiamo poi la piega che prese.
Perchè questi si affidò a Gonzalo de Cordoba? Dal momento che Isabella fu incoronata Regina di Castiglia, Gonzalo de Cordoba fu a corte per offrire i suoi servigi alla regina. La sua abilità sul campo di battaglia nella guerra contro il Portogallo come nella guerra di Granada gli fecero conquistare la fiducia di Isabella e Ferdinando e di conseguenza, il re decise di inviare lui in Italia.

Cosa accadde sui campi di battaglia italiani tra il 1495 ed 1496 che gli valse il titolo di Gran Capitano?
Sembra che la sua fama crebbe enormemente prima di conquistare Atella nel luglio del 1496. Le prime azioni dell’esercito spagnoli in Calabria furono veloci e brillanti. Si presero d’assalto la fortezza di Reggio, Sant’Agata, Fiumara, Muro e Calanna. Si arresero Crotone, Squillace, Sibari e tutta la costa del Mar Ionio. Gonzalo de Cordoba percorse da Nicastro fino al principato di Melfi, dove infiammava la guerra tra il re ed i francesi. Come faccio notare nella mia biografia, ogni passo era un attacco ed ogni attacco una vittoria. Entrò vincitore a Cosenza e Laino. Spianandosi la strada con queste vittorie continuò la sua marcia rapidamente e venne al cospetto del re mentre i francesi, in numero di settemila uomini, con il loro generale Gilberto Borbone, Conte di Montpensier, venivano bloccati in Atella. Raggiunsero il campo il Re in persona accompagnato dal legato pontificio e dal marchese di Mantova, generale della Lega italiana, e tutti gli fecero tutti gli onori per la sua audace marcia. In questa occasione gli italiani ed i francesi iniziarono a dargli pubblicamente il nome di Gran Capitano che è poi sempre stato legato alla sua memoria.
Ci descrive il percorso militare del Gran Capitano nelle ultime vicende della conquista del Regno?
Dopo aver vinto a Ruvo e Cerignola, Canosa, Melfi e tutte le province vicine si arresero, diresse allora la sua marcia verso Napoli. I rappresentanti della capitale accorsero a salutarlo e si complimentarono con lui per le vittorie. Lo pregarono di entrare in città dove avrebbero giurato obbedienza a Ferdinando.
L’entrata a Napoli fu celebrata con un vero e proprio apparato reale. La città giurò fedeltà alla Spagna e Gonzalo de Cordoba, a nome del re, giurò di conservare le sue leggi ed i suoi privilegi. Bisognava però vincere i due castelli di Napoli, difese da una guarnigione numerosa e fornita di tutto il necessario per una lunga resistenza. Il Gran Capitano, prima di partire per Gaeta dove si trovavano i resti dell’esercito nemico, volle annientare questi due punti di forza per lasciare la capitale al sicuro.
Se ne occupò Pedro Navarro, altra grande figura esaminata nella mia biografia, noto per le sue abilità e competenze nella costruzione di mine. Queste di fatti furono la più importante risorsa per superare le difficoltà della conquista dei castelli. Grazie a lui fu possibile vincere l’assedio di Castelnuovo e quello di Castel dell’Ovo. Nel frattempo il Gran Capitano si stabilì a Gaeta dove resistevano i resti dell’esercito sconfitto a Cerignola. La battaglia del Garigliano sancì il completo successo delle sue operazioni.
Quale è il legame tra il Gran Capitano ed il Tercio?
La connessione è molto forte. Il Grande Capitano era convinto del fatto che le battaglie si vincono con una combinazione di fuoco, movimento ed urti. Così si lasciò alle spalle il concetto medievale di guerra imperniata sull’uso esclusivo della cavalleria e riorganizzò la fanteria. Inoltre, usò fucili, artiglieria, mine, valorizzò pure il lavoro degli ingegneri sui campi di battaglia. A ciò dobbiamo sicuramente aggiungere la creazione di “coronelías”. La coronelía fu un addestramento militare ideato da Gonzalo Fernandez de Cordoba e utilizzato con grande efficacia durante le Guerre italiane (1494-1559). Tutto ciò rappresentava la naturale evoluzione delle vecchie compagnie di milizie, efficaci in schermaglie e battaglie in piccoli fronti, ma non idonee per una campagna su larga scala. Pertanto, le compagnie furono integrate in una unità più grande, la “coronelía” appunto, composta da ben quattro di essi. Ciò permise una maggiore potenza di combattimento senza sacrificare la manovrabilità dei reparti. Con gli anni le “coronelías” furono integrate in unità più grandi, i “Tercios”, creati dopo la riforma militare fatta da Carlo V nel 1534.