Estos días se recuerda el 500 aniversario del fallecimiento de Juan Sebastián Elcano. Con este motivo, he escrito el libro cuya portada acompaña estas líneas.
He contado con el prólogo del Capitán de Navío José María Blanco Núñez:
"El
interés por la historia marítima de los vascos, interés que ambos compartimos,
ha forjado la amistad entre el autor de la obra que prologamos, José Andrés
Alvaro Ocáriz, y el que suscribe. La “Presencia vasca en la Armada española”,
libro que tuve el honor de presentar en Madrid hace pocos años, su estudio
sobre el “Elogio histórico de Churruca” y el no menos importante
sobre el segundo comandante del San Juan Nepomuceno del mando del
anterior y con igual cota de heroísmo que D. Cosme Damián, D. Francisco Moyua y
Mazarredo, terminaron de anudar los lazos de nuestra amistad.
Ahora,
con motivo del inminente V Centenario del fallecimiento en aguas de la Mar del
Sur (por culpa de Magallanes, conocido como Pacífico como nos cuenta
Pigaffetta) del que por primera vez circundó el mundo, el guetariano inmortal
Juan Sebastián Elcano, ha buceado en la Historia para sacarlo a la superficie y
así pueda ser apreciado por todos.
La
ley dictada por los Reyes Católicos prohibía la exportación de naves
construidas en los astilleros de sus unidos reinos de Castilla y Aragón, ley
hecha para guardar el secreto de la excelente construcción naval española, que
condujo al desarrollo de esa misma construcción en Inglaterra y Holanda, dado
que España no les vendía buques.
Como
Juan Sebastián vio embargada su embarcación de comercio por unos exigentes
banqueros saboyanos, la Justicia consideró tal embargo como una venta a
extranjeros y esos “antecedentes penales” van a pesar muy duramente en su
honrada y heroica vida y tengo para mí que eso fue lo que le impidió tomar el
hábito de alguna de las Ordenes Militares (a Magallanes le concedieron el de
Santiago) y seguramente provocó la negativa del rey a concederle un título
nobiliario, incluso creemos que no tomó el mando de la expedición que pusieron
en manos del inexperto Loaisa por lo mismo, y además por la nobleza del de
tierra adentro .
En
el libro verán bien la tragedia final, cuando por fin Elcano accede a la
capitanía general de la Armada, solamente la disfrutará, si es que le quedaba
algo de consciencia, cuatro días, la ciguatera o el escorbuto dio con sus
huesos en la mar que, con tantísimo esfuerzo, había dominado.
Para
mi tengo también que la derrota de Timor a Cabo Verde, que él utilizó por
primera vez y que nada tiene que ver con la utilizada por los portugueses,
comiendo arroz cocido en agua de mar y aguantando así más de tres meses,
arrojando un cadáver al mar casi todos los días, constituye uno de los actos
más heroicos de la historia de la navegación mundial y nos resulta imposible
comprender que, tras las penalidades que pasó, incluso después hasta Sevilla
utilizando la vuelta de Mina, volviese a embarcar de segundo de Loaisa.
Muy
oportuna me parece la inclusión del texto completo de su testamento, del cual
la Armada Española cumplió una de las mandas, la relativa a la Santa Verónica
que se venera en el monasterio de la Santa Faz de Alicante, en los años cuarenta del pasado siglo, pero eso ya lo
hemos contado en otras ocasiones.
Felicitamos
muy de verás a nuestro amigo José Andrés que, a su biografía sobre Elcano,
añade aspectos iconográficos poco conocidos y, con agradable escritura, deja
constancia de esa increíble vida del guetariano (por cierto, en cartografía
antigua del País Vasco, puede apreciarse un lugar muy cercano a Guetaria,
llamado El Cano)."
Tras el prólogo, viene la introducción:
Cinco siglos no bastan para
medir la hondura de una estela. El mar, que todo lo borra, ha conservado sin
embargo el nombre de Juan Sebastián Elcano como conserva ciertos secretos: no
en la superficie brillante de la Historia, sino en su fondo más verdadero. En
2026 se cumplen quinientos años de su muerte, y este libro nace bajo el signo
de esa efeméride, no como un ejercicio de memoria ritual, sino como una
invitación a volver a pensar al hombre que cerró, por primera vez, el círculo
del mundo.
Cuando las naves partieron de
Sevilla en 1519, Elcano era uno más entre muchos. No encabezaba banderas ni
discursos, no soñaba con hazañas universales. Era marino, y eso bastaba. El
destino, esa fuerza sin rostro que gobierna las derrotas y las grandezas, le
condujo a asumir el mando de la Victoria tras la muerte de Magallanes.
No lo hizo por ambición, sino por necesidad. Y así, sin buscarlo, completó la
empresa más decisiva de la historia de la navegación: la primera vuelta al
mundo.
Pero la vida de Elcano no
concluyó con el regreso triunfal de 1522. La Historia, más exigente que la
gloria, no le concedió reposo. Apenas cuatro años después, volvió a embarcarse
en otra empresa extrema: la expedición de García Jofre de Loaisa, destinada a
afianzar la presencia española en las Islas de las Especias. Era una navegación
aún más incierta, más dura, más condenada desde su origen. Elcano, ya célebre, ya
experimentado, eligió de nuevo el mar cuando podría haberse quedado en tierra.
Eligió, una vez más, el camino más arduo.
Aquella expedición fue un
calvario oceánico. Tempestades, hambre, enfermedades y muertes fueron
deshaciendo la flota antes incluso de alcanzar el Pacífico. En agosto de 1526,
en mitad del océano inmenso que él había ayudado a comprender, Juan Sebastián
Elcano sucumbió al escorbuto. No hubo regreso, ni honores, ni sepultura
conocida. El hombre que había cerrado el mundo quedó, para siempre, en su
interior.
Este libro se escribe desde esa
doble perspectiva: la del héroe involuntario que culmina una hazaña sin
precedentes y la del marino fiel que muere en servicio, lejos de todo, sin más
testigo que el horizonte. No pretende erigir una estatua retórica, sino
recuperar una figura compleja, humana, profundamente moderna en su relación con
el riesgo, la obediencia y el deber.
A quinientos años de su muerte,
Elcano sigue interpelándonos. No por lo que conquistó, sino por lo que
resistió. No por la gloria que recibió, sino por la que no reclamó. Su vida
entera, desde Guetaria hasta los confines del Pacífico, fue una lección
silenciosa sobre la perseverancia humana frente a lo desconocido.
Leer estas páginas es volver a
embarcarse con él: aceptar la incertidumbre, escuchar el crujido de la nave,
medir el mundo con el cuerpo y con el hambre, y comprender que la Historia no
siempre la hacen quienes la imaginan, sino quienes no abandonan el timón cuando
todo parece perdido.
Porque hay hombres que descubren
mundos. Y hay otros, más raros aún, que los recorren hasta el final y mueren en
ellos.
A quinientos años de su
desaparición, estas páginas restituyen a Elcano su dimensión más profunda: la
del hombre que no abandonó el mar cuando ya había cumplido la hazaña, la del
navegante que eligió servir antes que descansar, la del protagonista silencioso
de una epopeya que no se explica sin resistencia, lealtad y riesgo.
Un libro para comprender no sólo
una gesta irrepetible, sino a un hombre que navegó hasta el final del mundo y
de su propia vida.
A continuación, el relato Elcano, rumbo al fin del mundo. He pensado que el modo de hacer más amena la lectura era crear una novela histórica en la q2ue se narrara la vida de este marino.
A continuación, he incluido un artículo sobre la expedición Magallanes Elcano, otro sobre la iconografía de Elcano y, ya que estamos recordando su fallecimiento, he considerado pertinente incluir su testamento íntegro.
Y este sería el epílogo del libro:
La figura de Juan Sebastián Elcano emerge como una
síntesis poderosa entre la determinación individual y el espíritu colectivo de
una época. Marinos como él —sin abolengo, sin títulos, sin respaldo político—
formaban la columna vertebral de las grandes empresas oceánicas del siglo XVI.
Sin embargo, pocos como Elcano lograron materializar una hazaña que no sólo
cambió la percepción del mundo, sino también la historia misma: la primera
circunnavegación de la Tierra.
Lo que comenzó como una expedición imperial liderada
por Fernando de Magallanes se transformó, tras muertes, motines, descubrimientos
y sacrificios, en una epopeya de supervivencia y conocimiento. Al tomar el
mando de la Victoria en las Islas Molucas y regresar a Sanlúcar de
Barrameda en 1522 con solo 17 hombres, Elcano no sólo cerró el círculo físico
de la Tierra, sino también abrió uno
simbólico: el del mundo como totalidad conectada por rutas, intereses y
culturas.
La Historia no siempre ha sido justa con Elcano.
Durante siglos, su figura quedó relegada a un segundo plano, eclipsada por el
carisma trágico de Magallanes o la necesidad de los Estados de construir héroes
más afines a sus relatos nacionales. Sin embargo, en las últimas décadas, una historiografía más crítica y rigurosa
ha comenzado a restituir su papel no como simple sustituto, sino como
protagonista de una gesta que supo llevar hasta el final.
Recordar a Elcano es, también, recordar a cientos de
marinos que lo acompañaron y murieron en la travesía. Desde Guetaria hasta las
Molucas, desde el estrecho de Magallanes hasta el cabo de Buena Esperanza,
Elcano dejó una huella invisible en los mares. Pero esa huella ha trazado un
mapa en la conciencia histórica: el de la capacidad humana para ir más allá de los límites conocidos, para
cruzar fronteras físicas y mentales, y para mirar el horizonte no como un
final, sino como el inicio de otra travesía.
El libro se puede adquirir en Amazon, tanto en formato e-book como en formato libro de toda la vida.
En Amazon se puede adquirir también el e-book en inglés.
También lo pueden encontrar en librerías. Indiquen el nombre del autor, el título y que lo distribuye Elkar. Por ello, pueden preguntar por él en las librerías de Elkar del País Vasco y Navarra.

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