Diario de
Navarra, 21/06/26
Alvaro
Ocariz relata la vida de Florinda Chico, la actriz de la que nadie habló mal.
ION
STEIGMEIER
Pamplona
Después
de escribir decenas de libros sobre personajes como Blas de Otero, Navarro
Villoslada o Carlos, el príncipe de Viana, el prolífico escritor afincado desde
hace décadas en Puente la Reina, José Andrés Alvaro Ocáriz (San Sebastián,
1962) ha sorprendido con su última biografía Florinda Chico, la actriz de la
alegría, dedicada a una figura que pertenece más al imaginario popular que a
los libros de Historia. Alvaro Ocariz se dio cuenta de que se iba a cumplir el
centenario del nacimiento de Florinda Chico y que no contaba con un trabajo así,
de modo que se puso manos a la obra en Don Benito, Badajoz, donde nació la
actriz en 1926. “Fui a buscar documentación, hablé con el viudo y así salió la
cosa”, expone. La publicación (Desiréediciones) fue presentada en el Museo
Etnográfico de Don Benito, donde se inauguró una sala dedicada a Clori, como se la conocía en el pueblo,
con sus vestidos, trofeos, premios y publicaciones en las que fue apareciendo.
Como
tantos cómicos del siglo XX, la vida de Florinda Chico Martín-Mora no fue fácil.
Siempre quiso ser artista, pero en aquel entorno era imposible. En el bautizo
de un sobrino conoció al maestro Jacinto Guerrero, quien al verla dijo: “Qué
chica tan mona. ¿Es de teatro?” “Ojalá”, contestó ella. Guerrero le dijo que se
presentara en el Teatro de La Latina a las cuatro de la tarde del día siguiente
y a las siete de la tarde debutó en La
manca doble. “Vivió la posguerra y comenzó siendo una chica de revista”,
explica el autor del libro. “Era de los cómicos que iban con su baúl de gira por
España, era ese mundo de compañías ambulantes que iban de un pueblo a otro”,
apunta.
Pasó
también por la etapa del destape, y acabó haciendo un centenar de películas,
además de televisión y teatro. Fueron muchas comedias de Mariano Ozores, pero
también La casa de Bernarda Alba de
Mario Camus, o Cría Cuervos, de
Carlos Saura.
Alvaro
Ocáriz destaca el aprecio que le tenían todos sus compañeros. “Era muy
compañera de sus compañeros, nadie habla mal de ella”, asegura. El libro cuenta
con citas de José Luis Garci, Concha Velasco o José Sacristán, y con fotos de
su vida.
Chico
hizo amistad con otras compañeras. “Rafaela Aparicio y ella eran como hermanas
y también con Gracita Morales”, asegura el biógrafo. Su viudo (sus dos hijas provenían
de un matrimonio anterior) también se dedicaba al espectáculo. Era electricista
y se encargaba de las luces de la obra. Así se conocieron. Se llevaban 25 años.
“Le decían, ´ ¿quién es, su hijo? ´ Y ella contestaba: ´No, mi amante´, con ese
humor que tenía”, apunta. Murió en 2011.
“Florinda
Chico fue la mujer de barrio, la vecina, la criada, la madre sufrida o la amiga
parlanchina: tipos reconocibles y entrañables, pero siempre dotados de alma”,
dice el autor del libro

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