“España ha
sido un pueblo de conquistadores; América es su gesta inmortal. Pero España no
ha conquistado nunca para sí misma, no ha sido nunca un pueblo de presa, como
lo han sido otros muchos. Sus conquistas en América van precedidas del
descubrimiento de un continente, de todo un mundo nuevo.
(Antonio Machado)
Hay hombres cuyo nombre no envejece. Cambia de
significado, se discute, se mancha o se glorifica, pero no se apaga. Hernán
Cortés es uno de ellos. Cinco siglos después de su muerte, su nombre sigue estando
presente en la memoria de dos continentes.
Para unos, fue el genio audaz que, con unos pocos
cientos de hombres, derribó un imperio. Para otros, el rostro implacable de la
destrucción, el inicio de una catástrofe irreversible. Entre ambas imágenes —el
héroe y el malvado— se ha levantado una muralla de simplificaciones que impide
ver al hombre real: complejo, contradictorio, profundamente humano.
Esta no es la historia de un mito, sino de una
voluntad.
Cortés no fue el primero en llegar a América, ni el
único conquistador, ni siquiera el más noble. Pero sí fue, quizá, el más
consciente de lo que hacía. Entendió, antes que otros, que la conquista no se
ganaba sólo con la espada, sino con la palabra, la ley, la alianza y el miedo.
Supo leer un mundo ajeno con una rapidez asombrosa y explotarlo hasta sus
últimas consecuencias.
Nada en su vida fue inevitable. Cada paso implicó una
elección. Y cada elección tuvo un precio.
Nacido en Extremadura, Cortés creció en un mundo donde
el linaje ya no garantizaba nada y donde la ambición encontraba cada vez menos
espacio. Las Indias aparecieron entonces no sólo como una promesa de riqueza,
sino como una salida existencial: la posibilidad de rehacerse a sí mismo lejos
de los límites impuestos por la cuna.
Pero América no fue un escenario vacío esperando ser
ocupado. Allí existían civilizaciones complejas, estados organizados,
religiones profundas, ciudades que desmentían cualquier idea de inferioridad.
La conquista de México no fue el choque entre civilización y barbarie, sino
entre dos órdenes del mundo incompatibles.
Cortés lo comprendió. Y, aun así, avanzó.
Esta obra no busca absolverlo ni condenarlo. Busca
narrarlo. Mostrar cómo un solo hombre, armado de inteligencia, audacia y
ambición, logró alterar el curso de la Historia. Y cómo ese mismo hombre,
incapaz de detenerse, terminó siendo vencido por aquello que había conquistado.
Porque la victoria de Cortés fue también su derrota.
Conquistó un imperio, pero no supo gobernarlo sin
destruirlo. Ganó fama, pero perdió el control de su legado. Sirvió a un rey que
nunca llegó a confiar plenamente en él. Y murió lejos del lugar que definió su
vida, convertido más en problema que en gloria.
Hernán Cortés no pertenece sólo al pasado. Pertenece a
esa categoría incómoda de personajes que obligan a pensar qué entendemos por
grandeza, por éxito, por civilización. Su historia no ofrece consuelo. Ofrece
preguntas.
Tal vez por eso sigue siendo necesario volver a
contarla.
No para decidir de una vez por todas quién fue Cortés,
sino para aceptar que en su figura —como en toda gran tragedia histórica—
conviven la audacia, el genio, la construcción y el vacío.
Esta es la historia de ese hombre. Y del mundo que cambió para siempre.
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FERNANDO CORTES DE PALLARS:
ResponderEliminarUn rey que nunca llegó a confiar plenamente en él. Normal, un príncipe Carlos de Habsburgo que hasta el 16 de mayo de 1528 en la catedral de Valencia, ante el jerónimo alyetzireño Gilaverto Martí, obispo de Segorbe y juez apostólico, en que juró los Fueros del Reyno de Valencia, no se pudo legalmente titularse Carlos I REY de ESPAÑA.
Hernando Cortes de Pallars, sirvió como Capitán General en Nueva España, para la madre de Carlos de Habsburgo, custodiada por Bernardo Gómez de Sandoval Roxas y Guzmán, marqués de SantYago y Denia conde de Lerma, y dueño de La Yndia norte, divisoria en la bahía Semana de la isla la Spañola; hasta que llegó el virrey Antonio de Mendoza en 1532 nombrado por el emperador Carlos I de España, con mayor autoridad que Fernando Cortes de Pallars, valenciano, del río Suquer, cerca de L’Énova, cuarter de Sativa, lugar de nacimiento, de la vida paralela, almirante En Johàn-Christófol Berthomeu i Colom, vilipendiado en Santo Domingo de la isla la Spañola en octubre de 1500.
Sirvieron a reyes que nunca llegaron a confiar plenamente en ellos; que, apostaron por el extranjero Imperio Romano Germánico; y embaucados castellanos con su lllengua castellana, eclipsaron la melosa valenciana oficial de los Bòrja en Roma.
La historia es la que es, no la manipulada.
Johàn-Anthòni
23 - 04 - 2026